jueves, 30 de junio de 2011

Voy contra mi interés al confesarlo. El prosaísmo de una rima de Bécquer






Gustavo Adolfo Bécquer de reclamo en el anverso de un billete con la mujer de la sombrilla en el reverso.

Voy contra mi interés al confesarlo,
no obstante, amada mía,
Pienso cual tú que una oda sólo es buena
de un billete del Banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
se haga cruces y diga:
¡Mujer al fin del siglo diez y nueve,
material y prosaica!... ¡Boberías!
¡Voces que hacen correr cuatro poetas
que en invierno se embozan con la lira!
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo sé que en esta vida
con genio es muy contado el que la escribe
y con oro cualquiera hace poesía.

Rima XXVI de la edición publicada por sus amigos en 1871 y la 7 del Libro de los Gorriones.



El poema es un lamento. El poeta se dirige a una mujer cualquiera innominada a la que tilda de “amada mía” con un tono distante, indiferente; pero derrochando sinceridad y autocrítica: “Voy contra mi interés al confesarlo”, para lamentar el vasallaje de la poesía a los intereses del mercantilismo que se va apoderando del S. XIX. La prosperidad que se adivina desde el hondón de la miseria, desde el atraso secular de la sociedad española, también significa la deshumanización de la literatura, su sometimiento a la escala de valores que encabeza la rentabilidad del producto; a partir de ahora lo que cuentan son las cuentas, dejémonos de cuentos. En eso andamos y seguimos siglo y medio después.

En efecto, los catorce versos significan la rendición del poeta ante su amada, tomada aquí como oponente, como elemento material y fiscalizador de la pareja e insensible a los valores poéticos. Se trata de una mujer moderna para su tiempo, pero prosaica, en contraposición a la mujer idealista, amante de los sentimientos: “¡Mujer al fin del siglo diez y nueve, / material y prosaica!... ¡Boberías!”, o “Sin dejar de ser la seductora bruja que escondía bajo la falda una calculadora” (El blues de lo que pasa en mi escalera) como decía Joaquín Sabina.

Recrimina la actitud de los poetas que se envuelven en sus versos para reclamar lo imposible, como perros que se encaran con la luna. Tras el alejamiento de los versos centrales, al final el poeta se duele, regresando a la primera persona del primer verso: “tú sabes y yo sé”, del predicamento que consiguen algunos con mucho menos talento creador: “con oro cualquiera hace poesía”. El poema hay que entenderlo desde la mirada irónica de su autor. Critica la poesía desde dentro, como si tirara piedras sobre su propio tejado: “[…] una oda sólo es buena / de un billete del Banco al dorso escrita”.

Doce versos endecasílabos y dos heptasílabos con rima asonante significativa en los versos 2, 8 y 14 en palabras con hiato que suman: mía, bobería y poesía, le dan ritmo al poema. Se puede considerar una silva asonantada con alguna licencia.

Es reseñable la abundancia de formas verbales en presente de indicativo como si se tratara de un texto narrativo que intentara exponer un pensamiento, por ello mismo no exento de dinamismo: Voy, pienso, es (x2), hacen correr, se embozan, sabes, sé, escribe, hace. Igualmente es de destacar la habitual escasez de adjetivos en los poemas de GAB: buena, necio, material, prosaica; pero colocados con cuidado para ganar en expresividad a lo que ayudan las oraciones entre exclamaciones y el lenguaje coloquial en: ¡Boberías! Para nada el poeta abandona su estilo en esta composición, incluso se acerca más que nunca a los cánones clásicos que gobiernan la poesía en cuanto a forma y métrica. Disiento pues de lo leído sobre ella, tachándola de prosaísmo o de hacer poesía como si de prosa se tratara.

En resumen, GAB arremete contra los que únicamente hacen poesía al calor de los ingresos, contra la mujer interesada que pide cuentas de la productividad de los escritos del poeta y contra aquellos que sólo valoran lo que lleva adosado algún billete al dorso escrito. El poeta redacta con su desnudez habitual, dejando bien visible el fondo dolido de su alma. Qué moderna y actual se nos antoja esta reflexión de Hölderlin: ¿Para qué poetas en tiempos de miseria? Ignorando que lo que permanece es la palabra dicha y recogida en un escrito o que el poeta es el ser privilegiado, guía de la sociedad.


Este comentario pertenece al grupo de lectura que desde La Acequia dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

martes, 28 de junio de 2011

Habla popular de Lumbrales (90)

Puerta carretera.

Generaciones de parederos antiguos trabaron la solidez de las piedras a prueba y plomo de siglos, eterno diálogo de tiempo detenido.


Lancha: Piedra llana y de poco grosor que sirve para enlanchar suelos, o hacer paredes. Al ser material muy abundante en la zona, las casas solían estar todas enlanchadas, sobre todo la cocina, el portal de la entrada y los pasillos.”Hemos cambiado las lanchas de la cocina por terrazo".
DRAE: 1. f. Piedra más bien grande, naturalmente lisa, plana y de poco grueso.
DCT: Piedra plana, lisa y de poco grosor.
BDE: 1232. Palabra dialectal del Oeste y Norte de España, de origen incierto.

Langares, longares: Persona alta, flaca, a veces desproporcionada.
No está en el DRAE.
DCT: adj. Despectivamente, persona alta y de piernas largas.

Lantero: El carro está lantero cuando pesa más por la parte del tiro y trasero al contrario. “Reloj lantero” es reloj adelantado.
No está en el DRAE.
DCT: Carro que por la carga se inclina hacia adelante y presiona sobre la caballería.

Largas (dar): Dar confianza excesiva. “Como le des largas, no te deja en paz.”
DRAE: 17. f. Dilación, retardación. Dar largas, Traer en largas.
No está en el DCT.
BDE: Dar alargas, 1495, o largas, 1605.

Largo: Lejos. “La perdiz salió muy larga, no le pude tirar.”
No está en el DRAE con esta acepción.
BDE: Hacia 1140. Del latín LARGUS “abundante, considerable”. Significó “abundante, generoso, ancho” hasta el siglo XV en que aparece por primera vez el sentido moderno. (antes expresado por luengo del latín LONGUS).

Latiza: Palo horizontal de los cañizos.
No está en el DRAE.
DCT: Cada una de las tablas largas horizontales que, sujetas en tres agujeros de madera, alargan por los costados el carro para que quepa más hierba.





Lavadero:
Haciendo plano inclinado. “No pongas las piedras con lavadero pa fuera o la pared
se te va a esgarrumbar enseguida”; “Una pared bien hecha siempre tiene el lavadero pa dentro”.
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT con esta acepción.
BDE: 1495.




Lelo:
Modo infantil de llamar a los abuelos."¡Lelo!, dame la paga".
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT.
BDE: 1734. Voz de creación expresiva, por repetición consonántica. Como memo, bobo o el francés gaga.

Lenguarón: Deslenguado, insolente, charlatán, bocazas.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Lesna: Lezna. Típica permutación de la zona de z por s: Tisnar, lesna.
DRAE: 1. f. Instrumento que se compone de un hierro con punta muy fina y un mango de madera, que usan los zapateros y otros artesanos para agujerear, coser y pespuntar.
DCT: mismo significado.

Leto: Atontado, ibao.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Levantarse: Picarse, avinagrarse el vino.
No está en el DRAE con esta acepción. Ninguna de las 34 acepciones la recoge.
No está en el DCT con esta acepción.
BDE: Mediados del S. X.


Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.

BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.

domingo, 26 de junio de 2011

Torre del Clavero

Anteayer.

La Torre del Clavero se construyó a finales del S. XV. Es lo único que queda en pie de la casa palacio de la que formara parte. El clavero era el encargado de guardar las llaves y de defender el palacio.


Los árboles de la Plaza de Colón son los que más han sentido el paso del tiempo.




Ayer. 1991.



Hoy.
El nuevo edificio de la derecha es la sede de los juzgados.





Desde otro ángulo, la Torre del Clavero parece tapar la calle. Su solidez le permite ser testigo del apuntalamiento que conlleva las reformas del edificio de enfrente.

jueves, 23 de junio de 2011

Sacudimiento extraño. Bécquer, inspiración y razón.

"cadencias que no tienen/ni ritmo ni compás."


Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel.

Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo
como volcán que sordo
anuncia que va a arder.

Deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como al través de un tul.

Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del iris
que nadan en la luz.

Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás.

Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar.

Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin riendas que le guíen,
caballo volador.

Locura que el espíritu
exalta y desfallece,
embriaguez divina
del genio creador...

Tal es la inspiración.


Gigante voz que el caos

ordena en el cerebro
y entre las sombras hace
la luz aparecer.

Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel.

Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el zenít.

Inteligente mano
que en un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reunir.

Armonioso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás.

Cincel que el bloque muerde
la estatua modelando,
y la belleza plástica
añade a la ideal.

Atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual átomos que agrupa
recóndita atracción.

Raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga,
oasis que al espíritu
devuelve su vigor...

Tal es nuestra razón.

Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo al genio es dado
a un yugo atar las dos.

Rima III de la edición publicada por sus amigos en 1871 y la 42 del Libro de los Gorriones.

En pocos poemas como en éste será tan fácil descubrir el tema sobre el que gira la composición. El poeta nos la ofrece en bandeja en la última estrofa. Concibe la poesía como el resultado de la tensión constante entre la Inspiración y la razón que sólo el poeta es capaz de hacer pasar por el recuelo de su sensibilidad de artista. Como el labrador que consigue armonizar la fuerza de sus animales, unciéndolos al yugo para que tomen al unísono la besana, al mismo compás que marca el labrador.

A través de una sucesión pródiga en imágenes de ocho estrofas independientes entre sí, el poeta va exponiendo progresivamente las razones que apoyan a la poesía que surge de los temblores de la inspiración. En paralelo empareja otras ocho que responden al concepto poético en cuanto orden armónico y razón.

Recurre de nuevo a los estados de la materia para hilvanar sus razonamientos: del aire, el huracán, su manifestación más extrema; de la tierra, el volcán que la hace fuego; de la mujer, el ser inalcanzable con silueta adivinada a través de tules. Los colores del arco iris que se funden en la luz. Las palabras que se agolpan sin ritmo ni sentido. Los sentimientos surgen sin tasar las alegrías y las penas. Caballo sin rienda desbocado y locura que exalta el espíritu.

Desglosa también a través de imágenes poéticas, una por una, las herramientas que la razón utiliza para someter el trigal de proyectos que como un torbellino revuelve las ideas en la mente creadora del poeta. Concibe a la razón como la luz que guía en la oscuridad, ordena el caos y clasifica los pensamientos. La rienda de oro que domina al corcel en la disciplina del jinete. La pluma del poeta que descubre, empareja, ensarta las palabras que son significantes y les otorga ritmo, medida y las somete. La razón es además la herramienta adecuada que desvela la belleza de un bloque informe. Se coloca, en fin, del lado del receptor de lo creado de forma ordenada al considerarlo atractivo: “Atmósfera en que giran/con orden las ideas, /cual átomos que agrupa/recóndita atracción”.

Las estrofas están formadas por cuatro versos de arte menor sin rima entre ellos. La mayoría son heptasílabos, pero también hay de seis: “Deformes siluetas” y de ocho: “Colores que fundiéndose”. A destacar el ritmo y cadencia que se consigue en el poema a través de la rima asonante de los cuartos versos agudos de las cuartetas (6+1): “las olas en tropel.” “anuncia que va a arder.”, o en “como a través de un tul” y “que nadan en la luz”. También contribuyen al ritmo, la repetición de las oraciones de relativo introducidas por “que”: “Actividad nerviosa/que no halla en qué emplearse; /sin riendas que le guíen, /caballo volador”.

Se identifica con el yo y trata de explicar la creación poética. Intenta dar una definición de poesía, ahora desde el conflicto: inspiración y razón. Recorre los distintos aspectos de la composición poética pero sin pontificar, dejando sugerencias en un tono sencillo que amplían el concepto a medida que avanza el poema, abriendo nuevos caminos que a otros corresponde transitar; deja que sea el lector el que saque conclusiones.



La diferencia entre un becquerio y un becquerelio es la misma que entre uno de letras y otro de ciencias. A los de letras nos entran en la cabeza sólo los números justos y sencillos. Por eso cuando leí la palabreja en el artículo de J.J. Millás, creí que el vocablo tendría algo que ver con GAB, pero no. Se trata de una unidad que mide el porcentaje de radiactividad de algo contaminado y que procede del hombre de ciencias francés que lo descubrió: Becquerel que parece lo mismo pero no lo es.



Este comentario pertenece al grupo de lectura que desde La Acequia dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

martes, 21 de junio de 2011

Habla popular de Lumbrales (89)

Desembarazados de lo que estorba, esperamos los largos días del desamparo.


Lagaña: Legaña.
DRAE: Legaña: 1. f. Humor procedente de la mucosa y glándulas de los párpados, cuajado en el borde de éstos o en los ángulos de la abertura ocular.
DCT: Legaña.
BDE: Legaña: Hacia 1600; la forma más extendida y antigua es lagaña, S. XIV. Voz común al castellano con el catalán, S. XII, y el occitano, S. XIII. Origen incierto, probablemente prerromano, quizá de la misma etimología proto-hispánica que el vasco lakaiña, que significa “hebra”, “aspereza”, “nudo de árbol”, “gajo”, suponiendo que el sentido primitivo fuese “brizna”( acepción al parecer documentada en el catalán antiguo, llaganya), de donde “broza “, “menudencia”, y de ahí “legaña”.

Lagarearse: Cuando las uvas se oprimen o golpean sin deber.
Las uvas del covanillo se han lagareao por venir tan encalcás.”
DRAE: 1. prnl. Sal. hacerse lagarejo.
DCT: estrujar la uva en el lagar.
BDE: Lagar procede de la acepción: “depósito de líquidos” del latino LACUS 1098. (De LACUS proceden el vasco lako y el valenciano llac, nombre del lagar en estos lenguajes); Lagarearse surgió en 1611.

Lagareta: Lugar grande de cemento con paredes de lanchas, donde se vacían las cestas vendimia con las uvas para pisarlas. La lagareta tiene una bica que da a un pilón por donde sale la
pichorra o mosto de las uvas recién pisadas. Posee también un dispositivo de prensado formado por la viga, el huso y un contrapeso. "Solía haber lagareta en casi todos los corrales.”
DRAE: 1. f. Lagar pequeño.
DCT: 1.- Costumbre típica de la vendimia que consistía en estrujar, con fines lúdicos, un racimo de uvas recién cortadas en la cara, pecho o posaderas de algún vendimiador o vendimiadora. 2.- Ventana del lagar desde donde se echa la uva para que caiga al suelo. 3.- Lagar pequeño. Recinto de cuatro paredes de cemento lucido, dentro del lagar, donde se pisa y exprime la uva.
BDE: Lagar procede de la acepción: “depósito de líquidos” del latino LACUS 1098. (De LACUS proceden el vasco lako y el val. llac, nombre del lagar en estos lenguajes);

Lagarta: Así se le llama a cualquier tipo de oruga.
DRAE: 2. f. Mariposa cuya oruga causa grandes daños a diversos árboles, principalmente a la encina. El macho es bastante más pequeño que la hembra, de coloración más oscura, y tiene antenas plumosas, que en la hembra son sencillas.
DCT: Oruga verde de los árboles.
BDE: Lagarto aparece en 1095. Corresponde al latín LACERTUS; más exactamente procede de una variante LACARTUS, que es probablemente una forma dialectal arcaica de esta voz latina.

Lagumán: Holgazán, gandul, poco dispuesto al trabajo. “Vaya un lagumán que está hecho, sólo piensa en comer y estar tumbao en la escañeta de la cocina.”
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Lambeculos: Ejemplo de la conservación del grupo consonántico latino “mb”. Adulador, zalamero.
DRAE: Lameculos: 1. com. vulg. Persona aduladora y servil. U. t. c. adj.
No está en el DCT.

Lambedura: Poco de algo. Cuando algo es una lambedura es escaso. “Aquello fue una lambedura, no tocamos a na”.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Lamber: Lamer. Típico ejemplo de conservación del grupo latino “mb”. “Con este tiempo amoroso, el ganao ya lambe en el campo, hacen por ellos”.
DRAE: 1. tr. desus. lamer. U. en Canarias, Extremadura, León, Salamanca y América.
DCT: mismo significado.
BDE: Del latín LAMBERE, mediados del siglo XIII.

Lamberón: Guto, que anda siempre lamiendo. Se dice del que es un "goloso de marca.” También significa tiralevitas, lambeculos o abraza farolas.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Lambrera: Cobertura del brasero, hecha de alambre, en forma de cono achatado."Los muchachos tienen la lambrera chafá de pisarla de continuo”.
DRAE: Alambrera: 2. f. Cobertera de red de alambre, generalmente en forma de campana, que por precaución se pone sobre los braseros encendidos.
No está en el DCT.

Lambucear: Comer de cada cosa un poco y a deshoras.
DRAE: 1. intr. Lamer, por glotonería, un plato o una vasija.
No está en el DCT.

Lambuzo: Se dice del que, a escondidas, mete los ganaos donde no debe. Amigo de aprovecharse del común.
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT.



El color verde aceituna en algunas palabras o expresiones indica que son de reciente incorporación, posterior a Mayo de 2007.


Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.

domingo, 19 de junio de 2011

El tamborilero. Alejo Hernández


1902. El tamborilero toca, los demás bailan en el patio de la Casa los Condes.

El tamborilero es una figura imprescindible para entender el rito y la fiesta en el Oeste de Salamanca que pega con la Raya de Portugal. Ha sido un vehículo importante en la transmisión del folklore. Aún hoy marca la pauta y ordena los días de fiesta. De sus toques dependía la organización de las ceremonias, pero también morían.


El tamborilero consideraba su dedicación y especialización musical como algo complementario a las ocupaciones agrícolas y ganaderas. Ajustaban sus servicios con los Ayuntamientos o con las cuadrillas de mozos sin dejar el montante económico a la improvisación: “tres fanegas de trigo anuales y dos jarros de vino por sesión...”.


Tamborilero de Lumbrales.



EL TAMBORILERO

Tendido en la humilde cama,
Cubierto con un berrendo
Sin amigos ni parientes
Se muere el tamborilero

Se muere como agoniza,
Todo lo manso y lo bueno:
Lentamente, lentamente
Resignado y en silencio.

Fue su vida oscura y dulce
Como un moderado “allegro”
Con que rematara siempre
El fin del baile en el pueblo.

Fué joven y amó el canto
Que irradian los ojos negros
Y los labios como rosas…
Mas todo lo amó en silencio.

Todas las fiestas gozaba
Con la dicha de los buenos,
Con el gozo que produce
Dar a otros lo que es nuestro.

Cada mozo con su moza
Bailaba alegre en el ruedo…
Sólo faltaba pareja
Al joven tamborilero.

El amó callado y paro
A cada moza del pueblo;
Aunque habló a todas su arte,
Ninguna entendió el requiebro.

Viejo ahora y achacoso,
Agonizaba en su lecho
Sin nadie más a su lado
Que el casto cura del pueblo.

Sintió una nube en sus ojos
Y un frío sacudimiento…
Se santiguó y se dispuso
Para el viaje postrero.

Alzó la vista turbada,
Y entró la pared y el techo
Vio su tamboril colgado
Debajo del rabel negro.

Por la ventana entreabierta
Llegaron dulces los ecos
De unos violines venidos
A reemplazarle en su puesto.

Nuevas tonadas tañían
¡Qué extraños los ritmos nuevos!
Mas eran ritmos, y eran
También alegres y bellos.

Tuvo una sonrisa plácida
De sano contentamiento;
Después beso un crucifijo
Y se extinguió cuando el beso.
Alejo Hernández.
Copla publicada en El Eco del Águeda (1924 - 1927)



Las fotos son de la página de Ricardo

PD: Descanse en paz uno de los grandes, el saxofonista Clarence Clemons de la mítica E-Street Band.


jueves, 16 de junio de 2011

Saeta que voladora. Bécquer incierto




 
El Café Bécquer se encuentra en una plaza algo escondida y literaria, adornada  en su mitad por una escultura dedicada al dramaturgo  Tirso de Molina. Camino de paso. Transitada únicamente por los que, como saetas voladoras que reparan en las esquinas, quieren trazar líneas rectas que acorten el camino hacia sus quehaceres diarios. 



Dedicado a uno de los más grandes dramaturgos del Siglo de Oro. 






Saeta que voladora
cruza arrojada al azar,
y que no sabe dónde
temblando se clavará;

hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá;

gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y se ignora
qué playa buscando va;

luz que en cercos temblorosos
brilla próxima a expirar
y que no se sabe de ellos
cuál el último será;

eso soy yo que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni adónde
mis pasos me llevarán.


Rima II de la edición publicada por sus amigos en 1871 y la 15 del Libro de los Gorriones.

Si en “yo sé un himno gigante y extraño” GAB intentaba una explicación de su concepto de poesía, en “Saeta que voladora” se define a sí mismo como hombre, como parte integrante de la naturaleza. Para ello utiliza la comparación con ejemplos tomados de los elementos clásicos del estado de la materia: de la tierra, elige la hoja seca que la fertiliza al morir; del agua, una ola gigante que desaparece en la playa; del fuego, una luz tenue y vacilante y del aire, el hálito, el espíritu que a todo le da vida: el amor que hace al mundo girar en forma de saeta voladora que se sepulta en un corazón al azar.

El poema presenta una estructura clara: cuatro estrofas en las que el poeta nos ofrece una sucesión de imágenes sacadas de la observación de la naturaleza para concluir en la última con la definición de sí mismo: “eso soy yo que al acaso/cruzo el mundo sin pensar”, todo para arropar la incertidumbre del poeta privado de certezas sobre su devenir vital. Se trata de una composición de gran pulcritud y rigor en cuanto a la forma, semejante al lead o entradilla de una noticia periodística que enuncia con esos sustantivos tan contundentes que encabezan las estrofas; se desarrolla en tres versos y concluye en el cuarto con la destreza de alguien cuya costumbre hace deslizar la pluma ligera por el papel, como si fuera una extensión de su imaginación.

La métrica es irregular, no sigue un esquema fijo: (7, 7+1, 7, 7+1); (8, 7+1, 8, 7+1); (7, 6+1, 8, 7+1); (8, 7+1, 8, 7+1); (8, 7+1, 8, 7+1). Cinco estrofas de cuatro versos de arte menor (cuarteta) con rima asonante en los pares, semejante a la copla asonantada con alguna licencia. El poeta en esta ocasión consigue el ritmo y la musicalidad del poema a través de la repetición del relativo “que” precedido de sustantivos femeninos que le dan solidez en los primeros versos de las cuartetas: “Saeta que voladora, hoja que del árbol seca, gigante ola que el viento, luz que en cercos temblorosos, eso soy yo que al acaso”. El efecto se multiplica al terminar las estrofas con futuros agudos que añaden una sílaba para semejar con los segundos versos también agudos que suman: “azar, clavará; vendaval, volverá; mar, buscando va; expirar, será; pensar, llevarán”.

El dinamismo del poema está perfectamente conseguido con la utilización repetida de formas verbales en presente de indicativo en la parte expositiva: “cruza, sabe, arrebata, brilla, sabe…” pero es la tercera estrofa la que llama especialmente la atención por la actividad y energía que trasmiten las formas verbales, ayudadas por el efecto que produce el reiterado uso de la conjunción “y”: “gigante ola que el viento/ riza y empuja en el mar,/y rueda y pasa, y se ignora/qué playa buscando va;” . No más de cuatro adjetivos: (voladora, seca, gigante y temblorosos), de gran fuerza descriptiva y estratégicamente colocados, son necesarios para trasmitir la carga de incertidumbre que subyace en los versos.

GAB juega, en definitiva, con el contraste. Elige los elementos de la naturaleza en cuanto seres en movimiento, en constante transformación. Sin embargo, muestra su desconcierto al considerarse incapaz de modificar el fluir del río de la vida, como el que se sienta al borde del camino a contemplar inmóvil la maravilla de la existencia, las verdades más hondas, dejándose llevar.



La casa que Gustavo Adolfo Bécquer habitara en Noviercas se vende por 78.000 Euros negociables; imagen de la Castilla del desarraigo y del abandono.


Fotografía tomada del blog: Andar ver y contar. No perderse la entrada.

Este comentario pertenece al club de lectura que desde La Acequia dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


martes, 14 de junio de 2011

Baladas de Castilla, Lumbrales. Alejo Hernández


Lumbrales en fiesta. El tropel de gente espera la llegada del encierro por la calle Larga.







Imágenes escaneadas del poema de Alejo Hernández Estévez dedicado a Lumbrales, en el que demuestra un profundo conocimiento de las costumbres y habla del pueblo y comarca del Abadengo. La poesía se publicó en el semanario El Eco del Águeda que fue referencia en Miróbriga durante tres años y medio ( 1924 - 1927 ).


LUMBRALES


I


LA PROMETIDA

¿Dónde estás moza garrida,
dónde hallarte virgen charra?
¿Estás trillando en la era
o recogiendo la parva?

¿Apajas en los boiles,
vas a la fuente a por agua?
¿Cuidas del hachero en misa,
mientras rezas por las ánimas?

¿Ostentas hilos y aretes,
mandila en oro bordada
o ciñe humilde tu cuerpo
de abalorios una sarta?

¿Tiene tu padre dehesas,
yeguas rumbonas y vacas
o es pobre gañán que, lento,
rotura ajena besana?..

Yo sólo sé que has nacido
en Lumbrales, y eres charra.

II
EL RIVAL


Quizá te ronda un buen mozo
con gorrilla floreada,
su buen chaleco de rizo
con los botones de plata
Y un camisón donde brilla
como una estrella incendiada
un botón de oro que tiene
dos onzas en filigrana…

Quizá te ronda un chalán
que cruza la calle Larga,
a la andadura, en su potro,
y deja arrastrar la manta
de Zamora, hasta que den
los madroños en las lanchas…

¡No me importa mi rival!
De mi destino la página
está escrita, y has de ser
tu mi esposa, virgen charra.

Yo venceré a quien te ronde
y enfrente de tu ventana
lo he de atar, por que lo veas,
con tres vueltas de mi faja;
yo haré callar a quien cante
coplas en la calle Larga
aunque tuviera más onzas
que entrambos Mellizos guardan,
aunque tuviera más dehesas
que una marquesa arrugada,
aunque fuera más galán
que el Sordito de Pedraza.

III

LA LEYENDA

Para sembrar mis amores
quiero roturar un alma
y cultivar en silencio
mi sentimental besana.

será una tarde serena
en que el lucero Apeajacas
brille en el cielo como una
milagrosa luminaria,
cuando llegue yo en silencio
y me acerque a tu ventana
para meter en tu oído
el poema de la raza…

Será la estrofa más honda,
más solemne, más cargada
de amor y de melodía
que se rimó en lengua charra…

Habrá fuego en mis pupilas,
te abrasarán mis palabras
y en tus pupilas ardientes
sentirás hervir dos lágrimas.

Rayará la media noche…
Traerá mi yegua enjaezada
diligente el posadero,
para partir con el alba.

Y las viejas de Lumbrales
harán en las resolanas,
con lenta voz de misterio
comentarios a mi estancia.

Nada sabrán del amor
secreto de nuestras almas…
Sólo dirán que crucé
la calle de la Fandanga;
que al pasar junto a tu puerta
canté una rítmica arada
y luego se oyó el galope,
sobre guijarros y lanchas,
de un caballo vigoroso
con herraduras de plata.



Alejo Hernández Estévez (Ciudad Rodrigo 1889 - Madrid 1972)





Antes de que el encierro se hiciera por la calle La Fandanga, los novillos venían por la calle Larga



Jose María Torrecilla.
La figura típica del tamborilero acapara la atención en la calle Larga.


En lugar de las consabidas doce palabras nuevas de los martes, hoy hemos optado por presentar un ejemplo del uso del habla popular de Lumbrales en la poesía de Alejo Hernández, con más que probable ascendiente lumbralense.


Las dos fotos B/N son de la página de Ricardo

domingo, 12 de junio de 2011

Bosque de piedras que arrancó la historia




Hoy.

Este es el aspecto que presenta la muralla una vez  comenzada la demolición de las casas adosadas a ella. Como si hubieran sido arrancadas a la historia.

Ayer. 1991.


Antier.

MI SALAMANCA

Alto soto de torres que al ponerse
tras las encinas que el celaje esmaltan
dora a los rayos de su lumbre el padre
Sol de Castilla;

bosque de piedras que arrancó la historia
a las entrañas de la tierra madre,
remanso de quietud, yo te bendigo,
¡mi Salamanca! […]

Al pie de tus sillares, Salamanca,
de las cosechas del pensar tranquilo
que año tras año maduró en tus aulas,
duerme el recuerdo.

Duerme el recuerdo, la esperanza duerme
y es tranquilo curso de tu vida
como el crecer de las encinas, lento,
lento y seguro.


Miguel de Unamuno. "Poesías", en Poesía Completa. Alianza Editorial






 
Últimas imágenes antes del derrumbe.





 
Aspecto que tenía la muralla antes de que le adosaran "las casas de la muralla". Diez años después de las primeras expropiaciones y  millones de coste para que las cosas vuelvan al origen, principios del S. XX.


Las dos primeras imágenes en B/N están escaneadas de la colección de láminas: Salamanca Ayer y Hoy de 1991. 

jueves, 9 de junio de 2011

Yo sé un himno gigante y extraño: sugerencias que doce versos de Bécquer provocan

"cadencias que el aire dilata en la sombra"

Café Bécquer de Salamanca


Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno
cadencias que el aire dilata en la sombra.

Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarle, y apenas ¡oh hermosa!
si teniendo en mis manos las tuyas
pudiera, al oído, cantártelo a solas.


Si GAB hubiera vivido en el S. XXI, habría sido el bloguero perfecto o el tuitero más intenso. Sus rimas tomadas de una en una se ajustan a la extensión de una entrada; sus poemas caben en un verso como el pensamiento entregado al breve espacio de un aforismo cifrado. A ello le ayudó su constante búsqueda de lo auténtico, su mirada atenta a la tradición que hunde sus raíces en generaciones de antepasados que nos conforman, esencia desvestida de artificio. Consigue, como nadie, elevar el lenguaje cotidiano a una categoría superior, de ahí su modernidad entre tantas generaciones de lectores.

GAB encuentra en la tradición de su tierra andaluza el molde en el que encauzar el caudal creador de poesía que le brota espontáneo como un torbellino de su corazón doliente. En su proceso creativo parte de la existencia del magma poético, “gigante y extraño”, difícil de acotar y definir. Sus poemas son fragmentos del todo poético inabarcable, arrancados a la racanería del idioma, no sin lucha.

El poeta utiliza los doce versos de la rima: “Yo sé un himno gigante y extraño” para explicar sus intenciones poéticas. Estructura el poema en tres estrofas independientes que viajan desde lo etéreo y abstracto a lo concreto. De la noche del alma y del aire que dilata la sombra, al roce físico de las manos y al oído que salva de la incomunicación de la soledad porque recibe, entiende e interpreta el mensaje. En su viaje no se olvida de resaltar el hecho creador, la lucha del poeta para que al casar las palabras resulten significantes al oyente.

Da la impresión de que el autor no quiere dejar lugar a la duda, nada de formulas de cortesía ni plural de modestia. Comienza la primera estrofa con “Yo sé”. Repite el pronombre en el comienzo de la segunda, pero ya suavizando la pretendida arrogancia inicial con el uso de un subjuntivo: “Yo quisiera escribirlo”. Sin embargo, lo que pudiera parecer a primera vista prepotencia del poeta por la presencia de tanto yo, lo hace para humillarse en la última. Aquí, declara su impotencia ante la labor ingente que abruma de pequeñez al poeta, incapaz de someter a su sensibilidad “al rebelde, mezquino idioma”. Sólo la inspiración, con forma de amor de mujer, puede sacarle de la aridez creativa.

Desde un punto de vista fonético, ni la métrica, ni la rima siguen un esquema fijo: (9, 12, 9, 12) (10, 11, 10, 12) (10, 11,10, 11). Sin embargo, la composición tiene un ritmo prodigioso, como si todos los elementos del poema estuvieran sometidos a la armonía estética y la musicalidad del mismo.

GAB elige vocablos sencillos de la lengua común que creen imágenes y al mismo tiempo despierten la imaginación del lector para su poema primero. Destaca el uso del modo indicativo en los verbos de la primera estrofa: sé, anuncia, son y dilata. Con ello nos narra la realidad de la que parte. En la segunda el poeta intenta expresar sus deseos y las dudas que le asaltan a través del uso del modo subjuntivo: quisiera y fuesen. Deseos y dudas que mantiene al final con el uso de pudiera. A destacar también desde el nivel morfológico y sintáctico la repetición de infinitivos: escribirlo, luchar, encerrarle y cantártelo, tres de ellos con objeto directo referidos al “himno gigante y extraño” que sin duda contribuyen a dar cohesión al poema. Hecho en el que abunda la repetición de los demostrativos “estas” y “este” del tercer verso: “y estas páginas son de este himno”. Como asimismo lo hace la conjunción “y” en: “suspiros y risas, colores y notas”.


Existen dos combinaciones de sustantivo con dos adjetivos; pospuestos: “Un himno gigante y extraño” y antepuestos: “el rebelde, mezquino idioma” merecedores de comentario no sólo por ser los únicos adjetivos del poema (con la excepción de la exclamación que acompaña a la interjección ¡Oh hermosa!) sino por el hecho de su posición. Dice la gramática que en el primer caso aportan un matiz preciso y objetivo y en el segundo le conceden al sustantivo un carácter subjetivo. Que el lector dé o quite razón, si es que alguien sigue el hilo.

En definitiva, para GAB la poesía es algo que está por encima del hombre. Es la cristalización del arte en un verso: “suspiros y risas, colores y notas”. La fusión de la palabra, la pintura y la música en un poema. Triste como los quejíos de un cantaor que acompaña el rasgueo de una guitarra flamenca y alegre y saltarín como el corazón que brinca de amor adolescente, o la luz “que anuncia en la noche del alma una aurora”. Todo eso y mucho más son Bécquer y su poesía.

El ritmo que hechiza:




Este comentario pertenece al club de lectura que desde La Acequia dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.