lunes, 22 de mayo de 2017

La saga/fuga de J.B. (31) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. No llamó.




"Resulta que cada uno era al mismo tiempo generante y generado, lo cual repugna la razón"


La saga/fuga de J.B. (31) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

Don Jacobo Ballantyne se mueve con soltura por el alcázar del navío. Le acompañan dos oficiales de derrota, don Jorge Juan y don Antonio Ulloa, “matemáticos profundos y bastante teólogos” que ven más allá de sus narices. La doble identidad de clérigos y tenientes de navío bien asimilada y evidente. Sin misterio ni novedad que valgan: La cruz y la espada. Ni siquiera pueden conjeturar cuál sería la reacción si al acercarse Julia a la habitación, no encontrara a Joseíño entre las sábanas. Tampoco Julia podría imaginarse que José Bastida se hubiera ido de viaje al interior de los JB sin proponérselo. El deseo más ferviente de Bastida es dejarse de una vez por todas de misterios insondables de JB, personalidades asuntas y desdoblamientos. Ordenarse por dentro, escriturarse, calibrar las cosas. Tiene que estar despierto para responder cuando Julia se acerque a la puerta de la habitación con su campana de gloria y pregunte: “¿Está ahí, don Joseíño? Ya puede dejar de desenfundarse, no puede defraudarla, no puede incumplir la promesa que le hizo de estar esa noche con ella. No le sirve la solución del vehículo viable: mandarle un mensaje en una botella donde le señale la localización en longitud y latitud porque aunque quede resuelto el conflicto del espacio terrenal, aún queda fuera la situación sentimental. 

La perplejidad va in crescendo en la mente de los oficiales de derrota que recurren a la teología cuando algo no es matemáticamente inteligible. Siempre hay un margen que se escapa, que pertenece al ámbito del misterio y del disparate. Uno de ellos propone la consulta del plano de las combinaciones binarias. Un conjunto de cuarenta y nueve círculos ordenados geométricamente en filas de a siete. Todo encerrado en un cuadrilátero orlado, primorosamente dibujado en tinta china: 



La intersección mitra-casaca corresponde a la primera fila tercera columna que mediante un sistema de claves permite la interpretación de los círculos. Por la Vía Real u otro camino más retorcido se llega a José Bastida, personaje matriz. De los personajes matrices sabemos bastantes cosas, de los híbridos como John Balseiro o Jacobo Ballantyne apenas sabemos nada, y vistos los cruces que le corresponden como obispo-nigromante o desgraciado-poeta, los personajes resultantes encierran personalidades atractivas. No se conocen aristas en la asociación entre poeta y nigromante, una combinación feliz. 

Pueden existir variantes de personalidad interior porque no es lo mismo ser almirante-brujo que brujo-almirante, debido a la disposición de los elementos que la componen, cuestión de simple geometría existencial y teología. No es lo mismo Jerónimo Ballantyne que John Bermúdez. Lo cual llevado a la realidad significaría que en lugar de tener delante a oficiales de derrota tonsurados, tendríamos a dos curas con espada. La actuación a veces al unísono y a veces divergente o dispar de los oficiales de derrota siembra inquietud en la metamorfosis de don José Bastida. Le inquieta la simetría cabal, el movimiento robotizado de los autómatas con cuerda para rato. 




"Lo que me intranquilizaba en aquel momento no era la simetría cabal de mis oficiales, sino precisamente el que no fuesen enteramente simétricos"

Cabila delante del plano de cuatro dimensiones; cubo de cristal con aristas de plata y platino iridiado en su interior, siete planos de cuarenta y nueve bolitas de marfil: 7 x 7 x 7, unidas entre sí por hilitos dorados. Se puede formar la idea de las multiplicaciones posibles; el resultado se le escapa de las manos. Resulta imposible reducirlo a una fórmula, nada digamos del esplendor de la aritmética, las combinaciones posibles de n dimensiones. 

Después, poco después, está la cuestión no resuelta de la transición: cómo se viaja de una dimensión a otra, cómo es el éxodo del plano al cubo. Una ablación del espacio se hace necesaria. Una vez dentro de la esfera basta con una metonimia de contigüidad. Tomar la parte por el todo, teniendo claro el punto de inflexión: terrenos pantanosos. Se decide por la combinación binaria después de sopesar lo azaroso que resultan los emparejamientos múltiples que rompen la armonía de las matemáticas porque no todo está en los números. 

Una grita de órdenes, silbatos, pasos rápidos, detienen en seco las elucubraciones. Tienen a la vista la bicha, tres naves con las velas desplegadas, las banderas del Arzobispo de Villasanta y los gallardetes del Canónigo bien visibles y desafiantes avanzan hacia ellos. Las andanadas retiemblan el barco. José Bastida reflexiona que si se queda a dar el callo en la batalla, no llegará a tiempo para la cita con Julia y ya se sabe lo de las tetas y las carretas. Así que empujado por la inhibición, toma las de Villadiego, se ahíla otra vez y para la tercera andanada su cuerpo ya está camino de Jerónimo Balseyro, obispo-nigromante, en teoría menos comprometido para la integridad física. El shock de la transformación le deja medio mareado, a pesar de ser menos trabajoso y también bastante menos traumático que el trasvase de un JB a otro a través de los tubos estrechos y largos del tiempo con los que se relaciona y que le dejan como un arenque pelado. Porque el tubo no es liso, sino revestido por dentro de estrías y arrugas por las que tiene que pasar adaptando el cuerpo como un gusano y dejar túrdigas y pelos en la gatera. 




"Las aristas o las arrugas le van arrancando túrdigas hasta dejarlo como un arenque pelado"

Jerónimo Balseyro recibe la visita del Mariscal Bendaña y don Asclepiadeo por la tarde. Desde las almenas oye las aviesas intenciones de la soldadesca que vivaquea al otro lado del Baralla. Antes de quemar las brujas, ejercerán el derecho de violación de guerra que iguala al hombre con las bestias, derecho de saqueo y toma de posesión de las mujeres de la ciudad derrotada. Pero ahí está él, don Jerónimo Balseyro, para impedirlo. Morirá antes de permitir que las nueve diaconisas sufran daño alguno, sobre todo porque ya están preñadas, todas de distintos maridos. A Michel, el arquitecto francés, lo tranquiliza, no le pasará nada, la guerra no va con él. Que se acoja a sagrado en la Colegiata y siga trabajando en las esculturas y en los relieves como si nada. Él se encarga de poner a salvo a su mujer con todas las demás. Un barco las llevará esa misma noche Más Allá de las Islas hasta que las cosas se sosieguen porque todo alboroto termina, hasta que se arme otra nueva algarabía. 

Al despedirse de su mujer la ordena presbítera para que diga misa y pueda perdonar los pecados de las compañeras. Él se inhibe en el adiós por miedo a que la separación lo lleve donde no quiere ir, “quizás a una de las salidas que terminan en la nada.” 

Entre viaje y viaje de metamorfosis tiene algún momento de lucidez en la lucha contra la dictadura de los párpados: le viene la imagen de Julia desesperada llamando a la puerta del viajante catalán (los viajantes catalanes que ya quieren viajar solos) o tirándose por el hueco de la escalera. Hasta que siente el cuerpo dolorido por el giro contrario al retorcimiento para desenroscarse del bucle melancólico. Giro de derviche. La operación presenta una novedad: del ahilamiento sale una sombra alargada que va adquiriendo de manera progresiva la chatura natural de toda sombra, independiente del ente que la genera. Sólo al juntarse los pies con la sombra cae en la cuenta de que su nueva identidad es el Canónigo Balseyro y que el tubo solo tontea con el tiempo, el espacio es el mismo: no se ha movido de Castroforte del Baralla. Unidad de espacio con variante temporal.


There's no need for argument 
There's no argument at all 
And if you never hear from him 
That just means he didn't call or viceversa 
That depends on wherever you're at 
Or and if you never hear from me 
That just means I would rather not 
 Oh oh Domino 
Roll me over Romeo 
There you go 
Lord have mercy 
I said oh oh Domino 
Roll me over Romeo
Van Morrison




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


Las imágenes que acompañan esta entrada son de la exposición de Miguel Barceló para conmemorar el ochocientos aniversario de la Universidad de Salamanca. 


sábado, 13 de mayo de 2017

La saga/fuga de J.B. (30) Scherzo y fuga. Capítulo 3. Gonzalo Torrente Ballester. Yo.





"Sumando los sumandos, dan un buen coeficiente"


La saga/fuga de J.B. (30) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

El autor introduce el capítulo tres de la novela con un poema que titula “Invitación al vals.” Nos invita al baile a ritmo de vals. La mayor parte de él escrito en versos alejandrinos. Comienza el baile con un yo rotundo, una ostentación del ego: “Yo canto a la olimpiada de las metamorfosis” Nos aconseja que no nos dejemos engañar por las apariencias: “La verdad impecable está en las estadísticas,” lo demás es cuento. Luego, suaviza la impostura del yo, se vuelve conciliador y más amplio al introducir la primera persona del plural y hacer cómplice al lector en “Procedamos con método y vayamos por partes” para explicarnos la ley del universo, dividida en viento del Este, del Oeste y la Piedra en el planeta de los marcianos con escafandra, peculiar de los JB. A la postre el cosmos es macizo, dotado de la duradera solidez del granito. Se pregunta quién regula la maravilla del agua y del silencio, quién navega por los ríos interiores y merodea por los páramos yertos. 

“No hay seis que lo ilumine ni siete que lo avale” ¡Ay, los avales, los avales! Suspiros que no cuajan, pasarse a cuchillo de Patxi López, números redondos por los caminos largos del tiempo. “Yo no sé decirlo, yo no sé si callarlo” regreso al yo poético para expresar la duda que le asalta. Vacila si revelar el destino escrito o no; calendario marcado de tragedia. Termina exigente y consejero con un imperativo repetido: “Hazme caso” y no miremos al pasado, en las entretelas de las chaquetas viejas están los despojos de los ruiseñores y en los pliegues de las banderas buscan refugio los cobardes. Entrégate en cuerpo y alma, tira la moneda, desmáyate al amor derramado de las colmenas que rezuman oro y miel. Hasta las ortigas pierden el veneno cuando el amor sonríe. Pronto y en la mano. Coge ahora mismo las rosas de la vida, “mientras la ciudad asciende en el cielo entreabierto.” 

Se puede cantar a la metamorfosis de las olimpiadas, empezar con un “Yo canto” impetuoso que araña el corazón sin adjetivos como cantaba Julio Iglesias, otro gallego universal. Estamos de suerte, el autor invita a los que le hayamos seguido hasta aquí, al festín literario final de esta Saga/fuga con poderosos versos de arte mayor, rearmados para la vida. Cante grande, mestizaje de géneros literarios en el crisol de Torrente Ballester, gallego ilustre. Womad literario, mezcla de ritmos distintos y sensibilidades diferentes. 





Bastida se da un baño de realidad esa noche. Deja de soñar para convertirse en sí mismo. Hay gente que son lo que son todos los días del año, ni siquiera de noche se atreven a romper el principio espartano e intransferible de identidad. Se trata de gente que no concibe el desdoblamiento ni la multiplicación. Ni por asomo se atreven a quebrar el espejo que nos insulta cada mañana. La imposible dualidad Quijote-Quijano. Bastida nunca se sintió ungido con esa suerte de solidez y certeza. El integrismo fiero del carnero. El -en cambio- siempre navegó por el interior secreto de sí mismo. O por el interior de alguien que se le pareciera un poco. ¿Cómo no va ser difícil explicar algo que resulta confuso para él mismo y que exige resplandores que nada aclaran? Desde niño siempre deseó ser otro, sin dejar de ser él del todo. Desde el instante que comprendió “quien era aquel niño torcido y feo que me miraba desde el otro lado del espejo.” 

En general, los niños siempre quieren alguna vez ser otro hasta que llega un día que quieren ser ellos mismos de una vez para siempre. “El principio de identidad es la columna vertebral de la persona y cuanto más sencilla es la columna, mejor.” Sin embargo, Bastida siempre quiso cambiarse, pero nunca lo consiguió, siempre soñando con transformaciones imposibles. Es gracias a una predisposición de serie, congénita dirían los doctos, que le es más fácil dejar de ser él antes de ser el otro. Si no lo entienden (como le pasa a este ocupado lector) no se preocupen y no devuelvan el libro a la estantería por ilegible porque el mismo autor tampoco lo entiende: “No pertenece al orden de lo que se entiende, sino al de lo que se siente, como cuando le dan a uno una buena bofetada.” 





"El cero piensa solo al borde del abismo"


De repente José Bastida experimenta una asunción (asunto al cielo haciendo el camino inverso de la Virgen de Fátima el trece de mayo), siente desprenderse de su ser, esa sensación que te queda en la piel al despegarse un esparadrapo, con hilillos de pegamento y todo. (El misterio de los hilillos de plastilina del Prestige hundido, nunca mais). Aquí entre los paisanos no se queda nada a pesar de la grita al exterior. Se siente alejarse indiferente, llevándose el cuerpo por delante y sin dolor. 

Conviene no confundir esta ascensión, nunca separación, con la emigración sufrida cuando estaba en manos de la Inquisición de Valladolid. Eso escapa a la razón, pertenece al ámbito del misterio. La que se va a liar cuando la ciencia sea capaz de explicar esos secretos tan recónditos del Cosmos. Ininteligible para él sobre todo por su afán de investigarlo todo y sólo por la satisfacción íntima de poder desentrañar algo que tiene intríngulis. Exactamente eso es lo que nos pasa a los lectores que pasamos por este Scherzo y fuga: si no nos fugamos de la lectura, es por el puro orgullo de poderle a esta novela retorcida. 




"¿Hay un resquicio abierto, hay una escapatoria?

La sensación compleja de separación no dura mucho tiempo afortunadamente, se transforma en otra nueva. Una sensación de presión por todos los lados, la misma que se siente al meter el pie en un zapato cuatro números más pequeño. En realidad se trata de un tubo que se achica cada vez más achuchándose y agrandándose hacia los extremos. Dos dimensiones: la una que se agranda y la otra que se encoge progresivamente, ahilándose hasta quedarse en una sola dimensión. “Se podría atar la tierra por lo más grueso y aún sobraría hilo para nudos y lazadas.” 

Se pueden imaginar lo que tarda el alma en recorrer tanta delgadez de cabo a rabo. Alguien tira de él por un extremo y lo introduce en otro cuerpo de bastante más envergadura que el de procedencia. Las células tienen que estirarse hasta el límite para rellenar el chasis y no dejar vacíos ni burbujas. El nuevo cuerpo no es extraño, ni plantea dudas tampoco, parece algo ya conocido. Se llama JB, por supuesto, pero esta vez Jerónimo Ballantyne, vestido con casaca de almirante y mitra de obispo. A bordo de un navío con tres puentes. Mitad obispo, mitad almirante. Tonsurado con casaca.


te amo con la fuerza de los mares yo 
 te amo con el ímpetu del viento yo 
 te amo en la distancia y el tiempo yo 
 te amo con mi alma y con mi sangre yo 
 te amo como el niño a su mañana yo
Manuel Alejandro/Niños mutantes





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


Las imágenes que acompañan esta entrada son de la exposición de Miguel Barceló para conmemorar el ochocientos aniversario de la Universidad de Salamanca. 


miércoles, 3 de mayo de 2017

La saga/fuga de J.B. (29) Gonzalo Torrente Ballester. Nacer de nuevo.




"los deseos frustrados, los tornillos oxidados, las quejas contra el Destino"

La saga/fuga de J.B. (29) 
Gonzalo Torrente Ballester 

El tapiz desciende de las regiones del aire como los niños bajan por un resbalillo. Elige el plano inclinado que se impulsa solo en un movimiento progresivamente acelerado. Paco de la Mirandolina decide apearse en marcha, al comprobar que aquello se precipita vertiginosamente. Expuesto a la boca de la sierpe marina y al tembleque. Calcula que el punto exacto de aterrizaje será el centro de la plaza de Armas. Allí lo espera don Benito Valenzuela, haciendo visera con la mano, el carrito de la basura en movimiento para que el centro del carro amortigüe el golpe de la caída. 

Entretanto, la identidad de Paco de la Mirandolina se va disgregando paulatinamente al roce de las alas con el aire. Hasta el nombre y la belleza se degeneran y se construye la personalidad de José Bastida en la acera de la calle de las Gatas Calientes. Todo está calculado para que los dos movimientos confluyan en el carrito de don Benito Valenzuela al mismo tiempo. Por la horizontal, el movimiento uniforme de Bastida, los restos candentes de Paco de la Mirandolina por la vertical. El ruido del encontronazo entre el tropezón horizontal y la caída libre se funden en un mismo acorde. 


"Cuchillas de afeitar, ensueños, odios, pelusas del ombligo"


Pero las leyes de la física no son tan exactas como presumen, siempre hay un margen para imprevistos. José Bastida se ve sorprendido caminando por un tirabuzón de tiempo, el espacio felizmente asimilado. Una especie de muelle que se estira y se encoge, que regresa a la posición inicial como la tripa de Jorge, pero que no está libre de sufrir un enganchón y ofrecer una variante. En este caso concreto la dualidad se establece entre el infinito o hincar las raíces en los testículos de Adán. O lo que es lo mismo: “Buscar la eternidad en la repetición infinita, o regresar al seno de tu madre.” A pesar de que la segunda posibilidad le resulta atractiva, sin embargo, Bastida rechaza ambas posibilidades, no se siente atraído por los tiovivos ni aunque prometan eternidad de desgracias. La pega que le ve es la duración, pues una vez comenzado el proceso de involución, no hay quien lo detenga. A los nueve meses invertidos saltaría escindido al padre en un nacimiento al revés. De modo que se apea de la espiral del tiempo y sigue su camino por la calle de las Gatas Calientes hasta llegar al carro de Benito Valenzuela donde asume los despojos de Paco de la Mirandolina. 

Don Benito Valenzuela se ha especializado en la recogida de objetos caídos del cielo. La recogida a veces es copiosa y a veces no cae ni un mal gorrión. He aquí la estadística: 



Explica que las llaves inglesas las tiran los tripulantes de los aviones soviéticos con mala uva. Las hojas son escasas porque es primavera. El niño recién nacido es de su hija Lola que lo parió de tapadillo. Lo que le gustaría recoger un día es la justicia divina. El día que se caiga del nido, la candará con siete llaves porque es peligrosa para la sociedad, el defiende lo establecido. 

Bastida se dirige con pasos firmes a casa del Espiritista venciendo la tendencia natural a pasarse antes por la Tabla Redonda a contarles el viaje aéreo. No le creerían nada del cuento de la metamorfosis, pero se reirían un rato. Come solo la cena fría que Julia le ha dejado en el fogón. Al irse a la habitación se cruza con ella apresurada y nerviosa en el descansillo de la escalera. Se imagina que habrá caído en la tentación de algún huésped. “Mañana me marcho,” piensa para sí. A medida que sube los escalones, siente una punzada intensa en el corazón. Le invade una sensación de música y tristeza, sentimiento y ritmo. Compone una elegía a Julia en esperanto: 







Su mente sigue invadida por el ritmo del soneto clásico, sin acomodarse a los pulsos ni a la lluvia que redobla en las tejas. Del alboroto interior brota un ritmo nuevo, también endecasílabo que suena rotundo como una orden. Unas sílabas se debilita: otras, al descoyuntarse, se fortalecen; avanzan los acentos; se emparejan las palabras. Surgen insultos, crecen blasfemias, se afirman desprecios y el verso final capaz de avergonzar al hombre más miserable: “Diclo, rodí, fenintriclo, roetano.” Julia no se lo merece. 

Mete la mano hasta el fondo del alma y saca al aire el muestrario bien surtido de cosas útiles: zapatos sin pareja, recortes de uñas, vidrios quebrados, palabras rotas. “las bragas azules que la criada de la fonda-allá en Madrid- había olvidado con la prisa” y el ciego que pide limosna leyendo el Quijote en voz alta. Los guijarros bonitos coleccionados en la infancia, la vaca que ríe, abarcas, abedules, alacranes, besanas, balandros, “todas las palabras bonitas del diccionario (calandria, facistol, rosa, rebuzno).” Se siente avergonzado de haber dudado de Julia. No es él quien desprecia a Julia. Siente deseos de hacerse justicia, de tirarse al tren de Benito Valenzuela. Decide pedirle perdón, luego se queda dormido. 

Al despertar encuentra una carta de Julia. Le explica que el azoramiento de la escalera se debía a que un huésped le acababa de dar un achuchón. Si no se perdió fue porque se tiró la noche entera rezando avemarías y retorciéndose el cuerpo. Le advierte que no aguanta más, si se lo vuelve a pedir, cederá y será una perdida para siempre. Como no se atreve a pedírselo cara a cara, le sugiere que tenga la puerta abierta esa noche. Si la encuentra cerrada, dará que hablar, se tirará por el hueco de la escalera o algo y se acabó. 

Joseíño Bastida salta de la cama como un resorte. Una niebla como iluminada por dentro envuelve la ciudad. (Tinieblas es la luz donde hay luz sola, decía Unamuno en endecasílabo rotundo). Compra un pijama nuevo y un perfume en la camisería del señor Blázquez, un madrileño recastado, gato fetén,  que mantiene en secreto el culto a la República. Después va al hotel la Perla para que le dejen darse una ducha al atardecer, bajo pago, claro. Le cuenta también el cuento de la revisión médica de las esquirlas de metralla junto al corazón, pero al dueño no lo engaña: Joseíño se prepara para irse de picos pardos por la noche. 


"las palabras perdidas, los esbozos de versos rechazados, las culpas, el mecanismo de las metáforas"

Ese día trabaja sin el agobio del jefe al lado. Le ha dejado por escrito lo que tiene que hacer, pero tiene que aguantar a Clotilde y su zoo que le habla de la boda de Lialila Aguiar con don Jesualdo Bendaña. Se lamenta de haberle dedicado toda su vida a su hermano, los buenos partidos que rechazó. Qué sería de ese hombre sin ella, “¡Si quitándole de sus papeles no vale para nada! Dos o tres vasos de vino más tarde le habla de los ojos bonitos de los hombres. Al salir de la biblioteca con la servidumbre detrás: el Obispo, el Almirante, el Brujo y el Vate, que habían campeado a sus anchas por la estancia, deja el ambiente impregnado de su  perfume fuerte. El Obispo se va cantando una canción de amor en latín. Es conmovedor que un bicho cante canciones de amor cuando los hombres han dejado de hacerlo, con la excepción de Bastida que las escribe en esperanto que solo él entiende. 

Al atardecer se ducha, se perfuma y se pierde en la niebla clara que brota del Mendo y la oscura del Baralla, de vez en cuando atravesada por ráfagas de “los surcos que dejaban en la niebla manadas de bisontes furiosos montados por indios emplumados, seguidos de coyotes en manada.” Pasea un rato por el Cantón, algunas parejas se aman. El aire está tranquilo, pero también hay cuchillos suspendidos, punzones, alfileres oscuros, clavos de acero y cortantes aristas de hielo. Un mal presagio aplazado para los Idus de marzo. La suerte y la muerte. Sube a la habitación, se desnuda, se pone el pijama nuevo y se acuesta. 

 If I ventured in the slipstream 
Between the viaducts of your dream 
Where immobile steel rims crack 
And the ditch in the back roads stop 
Could you find me? 
Would you kiss-a my eyes? 
To lay me down 
In silence easy 
To be born again 
To be born again

Van Morrison



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde 
La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



viernes, 28 de abril de 2017

La saga/fuga de J.B. (28) Gonzalo Torrente Ballester. Lugares de buena nota.





"Don Benito Valenzuela, sordo a los gritos, más bien estoico, empuja su bola por el campo de batalla, la incrementa de más cuerpos, de más fusiles, de más latas de conserva, de más metralletas, de más heridos."


La saga/fuga de J.B. (28) 
Gonzalo Torrente Ballester 

Bastida se queda en la taberna del Espiritista. Allí escucha cómo le regaña a Julia por sus despistes. Bastida lima unos versos que pueden acompañarse con el Allegretto de la Sinfonía VII de Beethoven. Aquella mañana la clientela era de gatos: 





El espacio de la taberna llena de gatos es como una plaza atravesada por gente en todas las direcciones. Los caminantes que no van “a ninguna parte están haciendo algo como matar el tiempo, tomar el sol o pasar el rato.” 

A todo gato le llega su xaneira (época de celo), sin dejar de estar alienado vive con intensidad la atracción de las ancas de cualquier Zapaquilda, siempre que no haya sufrido la poda del menestral, claro. Si se aviva el problema, se corta por lo sano, como ahora es popular hacerlo con los gatos de piso, la mansedumbre sin rebeldía de las mascotas aristocráticas. Pero un gato no es más que un gato, no se le puede pedir pensamientos ni respuestas más allá de un miau. 

Llegado el anochecer, Bastida se dirige a la Casa del Barco. Aparece Barallobre, súbito como un ciclón. Confiesa que se siente poseído por el espíritu del verdadero canónigo Balseyro, el legendario, el que en esos momentos recorre la ciudad. Al pasar por el Casino, los socios le tiran tizas del billar. Hoy la gente “debe estar, como si al terminar el tercer toro, se suspendiera una buena corrida.” Tener dos identidades distintas y en épocas diferentes, no importa que la otra sea virtual o fingida para respirar dos veces, vivir el doble. La dualidad que permite la segunda oportunidad, que te dejen espacio para tomar el segundo aire un poco antes del "segundos fuera." 

 A continuación el autor echa el resto para contarnos la transformación de Barallobre a canónigo Balseyro tal como la observa Bastida. A la luz temblorosa de una cerilla para encender un cigarrillo, se produce en la estancia un silencio de mármol frío. Barallobre carece de piel terminada en poros y pelos. Tiene una piel desordenada, como en ebullición, las células se apresuran a transformarse y la pigmentación cambia de matiz. Después cuenta la visita al Papa de Roma. Balseyro no es un tipo cualquiera. No sabe con quién está usted hablando. Al Papa le habían ido con cuentos y no lo quiere recibir. Como no está dispuesto a que el viaje a Roma sea en balde, se mete por la ventana. De primeras, aguanta el chaparrón papal, por menos han excomulgado a algunos. Pero como el Santo Padre debe ser argentino o algo, hablan. Entre otras cosas le predice la Revolución Francesa y el Concilio Vaticano, pero Su Santidad no le hace caso. Conjetura que debe tratarse de una profecía prematura. Es como si alguien hace spoiler de una película y te quedas in albis porque no has visto el principio. 




"Descendía como por una pendiente a una velocidad que todavía no era alarmante"

Si ahora escasean los hombres sabios, en aquellos tiempos los doctos cabían en un microbús, eran un grupo exiguo. Se reunían los sábados en algún lugar de Alemania. Iban por el aire con las hembras a la grupa. El llevaba a Metchilde. Nostradamus y Rufino Periclausus nunca faltaban a la cita. El obispo de Villasanta se encaprichó de ella y tuvo que cedérsela. Cuando estaban en la cama, la convertía en sierpe o perra para mosqueo del obispo que se subía por las paredes. Lo peor fue cuando le sale un bulto en el estómago y le diagnostican embarazo por un homúnculo, ahí empiezan sus desventuras porque le mandan prender. 

Un vientecillo suave aclara la niebla y un gallardo rayo de luna ilumina la alfombra de la biblioteca. Hablan sin verse porque están a oscuras, Bastida es Paco de la Mirandolina, parto bien aprovechado, hermoso mancebo que asombra por su sabiduría;  junto a sus colegas encabeza una clase nueva de hombres decididos a cambiar el mundo del futuro a través de la acción. Otros se buscan un perro como interlocutor del monólogo, como Augusto Pérez encuentra a Orfeo o Clint Eastwood justiciero a Daisy en Gran Torino. Mientras tanto, Barallobre no hará nada, esperará el futuro echado la siesta. 

Le propone un viaje a Roma a ser testigo del saqueo o de la batalla de Waterloo, pero a Balseyro la única batalla que le atrae es la de Brunete. Mirandolina acepta la propuesta de un viaje a Ítaca en alfombra voladora, aunque sea más lenta que el avión es más cómoda porque vuela por las líneas del aire y oscila sin sacudidas y sin peligro de accidentes. Desde lo alto contemplan el atrio iluminado de la iglesia y la curva del Mendo. Observan parejas de murciélagos gigantes, semejantes a las personas de Dante que vuelan desnudas. Atisban los secretos de alcoba de los matrimonios. El procurador y la querida, Paca, como la pareja de Rubén Darío. El comerciante liado con su hija, el incesto es el único pecado que no se perdona. El tajo del Baralla, con esa rigurosa oscuridad que le acompaña al fondo, es impresionante a vista de alfombra voladora. 




"El tapiz, al llegar a una intersección de planos, eligió el que le ofrecía menos resistencia, el inclinado."

El tiempo varía desde las alturas del tapiz volador. Por eso pueden presenciar a la vez la entrada del Redoutable en Castroforte, mandado por el almirante Ballantyne, y la batalla de Brunete. En ésta palmó la mitad del regimiento que se había encomendado a la estampa de santa Lilaila un día que una ensalada de tiros los pilló durmiendo. Un soldado con pies planos no puede correr deprisa y lo cogen prisionero. Su bisabuelo bien puede ser uno de los que recibió con vítores al almirante Ballantyne en Castroforte el día que su barco se libró de la quema llegando a la desembocadura del Baralla gracias a su menor calado. Un sargento de Sarria que anda a eso del taxi en Madrid le facilita la fuga en mitad de la refriega. Siempre la suerte y la muerte. Barallobre le ruega a Bastida que se fije en la nariz de Ballantyne, porque igual que los paleontólogos reconstruyen un dinosaurio a partir de un hueso, él puede reconstruir la biografía del almirante a partir de la nariz. Examinarla de cerca camino del amor y la muerte en la Casa del Barco, mutado en la sierpe del mar, tan grande de cabeza que apenas pasa por el arco de la Puerta del Mar, para después zamparse al Almirante y al teniente Rochefoucauld con su lengua roja y áspera como un pedregal, dejándonos sin héroe. Pero no hay por qué preocuparse, las sierpes acostumbran a vomitar sus presas dos horas más tarde. 

Interesa seguirle la pista al recluta Bastida, ahora con los rojos. Desde las alturas observan cómo se arrastra detrás de una pared después de tirarle al enemigo unas granadas de mano. Se le interpone don Benito Valenzuela, godo activo y singular, que sigue con su música: dándole vueltas a su bola enorme como un escarabajo pelotero, sólo que él empesga soldados muertos, fusiles, latas de comida vacías y heridos que gritan. De nuevo detienen a Bastida los del ejército contrario porque no puede escapar deprisa debido a los pies planos. De nuevo a la espera del pelotón de fusilamiento y de nuevo es un alférez de complemento, licenciado en filosofía y letras y al que había ayudado en un examen de latín antes de la guerra, el que habla con el coronel y lo mandan a la retaguardia de maestro que buena falta hace para desasnar gente.

My baby don't care for shows 
My baby don't care for clothes 
My baby just cares for me 
My baby don't care for cars and races 
My baby don't care for high-tone places 

Liz Taylor is not his style 
And even Lana Turner's smile 
Is somethin' he can't see 
My baby don't care who knows 
My baby just cares for me
Nina Simone


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

martes, 18 de abril de 2017

La saga/fuga de J.B. (27) Gonzalo Torrente Ballester. Pensar en dos.





"Los mitos de Castroforte no afectan mi régimen moral, y puedo creer en ellos o no creerlos, según me pete, sin obligación ni nada parecido."



La saga/fuga de J.B. (27) 
Gonzalo Torrente Ballester 

Por fin Bastida se dispone a leer en voz alta su propio artículo - la pieza maestra de la que todo el mundo habla y no para- a su mentor, don Jacinto Barallobre, aún revestido con las ropas de obispo, pero sin mitra. “Yo no soy nadie” entona modulando la voz. La doble negación anula al hablante, sin derecho a concebirse como existente, lo cual es una manera como otra cualquiera de ser alguien. Yo no soy ni alguien, ni nadie: Soy un JB que ni se atreve a firmar el artículo con nombre y apellido. Se dirige a don Jesualdo Bendaña, profesor de universidad americana. Con el debido respeto de un no soy, le ruega que acepte las pequeñas objeciones a la entrevista de uno que se ha metido a investigar un poco; que no es de allí, sino que es un forastero procedente de Fornelos de Montes, lugarón de noches largas y donde la verdad varía. 

En las investigaciones Bastida ha tenido la suerte del novato, lo que a veces se le niega al eximio y concienzudo investigador. Dispone de unos datos que contradicen las declaraciones de Bendaña. Toma el ejemplo del obispo don Jerónimo Bermúdez cuyo nombre figura en la lista de los obispos de Tuy. Bien es verdad que fijándose un poco se advierten tramos de fechas sin el nombre correspondiente de obispo. Del obispo Jerónimo no existe ninguna referencia ni documento en el que figure su nombre. Ni una donación, ninguna venta, ni testamento ni nada. Pero hete aquí que afirma que Jerónimo corresponde al obispo hereje cuyo nombre se veta, que ni nombrar se puede no se vaya a pegar algo. Se sabe que los obispos del norte de Portugal y los gallegos se reúnen en el Concilio de Braga para combatir la herejía que se extendía como la peste por las tierras limítrofes del río Miño. ¿Cómo no se iba a extender si el puritanismo cátaro evitaba comer carne y prohibía ayuntarse con fembra placentera? Ni siquiera autorizaban el matrimonio. Don Jerónimo se vuelve populista, opone a tanto prohibicionismo un Panteísmo Monista que da permiso a los clérigos a frecuentar hembras, una apología exaltada del matrimonio que ordena diaconisas a las mujeres aunque sean casadas. 




"No creemos en pactos con el demonio, eso es evidente, somos hombres modernos con mentalidad científica."

A todo esto hay que añadir el matiz separatista del obispo hereje, quería caminar solo, separarse del rey de Castilla y del obispo Ramírez. He ahí la razón por la que el obispo Ramírez contó con la ayuda real, representado por el mariscal Bendaña, y todas las tropas de todos los obispos de Galicia y Portugal. El proceso contra el canónigo Balseyro en 1604 es bastante conocido. Lo citan Morente en su Historia de la Inquisición y Menéndez Pelayo en la Historia de los heterodoxos. Incluso lo hace Julio Cora Borraja en su obra magna sobre los herejes de los siglos XVI y XVII. Todos dan 1609 como la fecha de su muerte y no 1607 como quiere Mr JB. 1609 se corresponde con la fecha de entrada de las tropas reales y de la inquisición en la ciudad por la Puerta del Mar y esa misma fecha es la muerte de Balseyro como reza la leyenda. 

¿Cómo puede ser que el canónigo pudiera estar preso bajo siete llaves en Valladolid y a la vez liderar la defensa de Castroforte? Él se ha tomado la molestia de leerse las declaraciones del Proceso y los extraños viajes. Ese mismo día hablaron con el preso, pero un teólogo agustino afirma que gracias a un pacto con el diablo, el preso Balseyro puede estar en dos sitios a la vez. Hay un miembro del tribunal que lo secunda: lo ha visto desaparecer misteriosamente después de darle la comunión. El tribunal no admite la sugerencia del preso de que puede haber un doble y sentencia que Don Jacobo sale de la prisión mientras su cuerpo duerme.” No se trata de un pacto, sino que don Jacobo es un nigromante que descubre la cuarta dimensión. Un adelantado a su tiempo como Galileo que le permite estar en dos sitios a la vez. En su caso, dormir en Valladolid y morir en Castroforte

No evita el caso del almirante Ballantyne que cuenta con estatua en la plaza más hermosa de la ciudad aunque ahora los constructores quieran levantar en el solar bloques de veinte pisos y hacer aparcamientos en los jardines. Mister JB ha investigado en el cuaderno de bitácora de un Redoutable antiguo. El que vino a Castroforte es otro que se estaba construyendo en los astilleros de Saint Maló. Sólo hay que fijarse en las miniaturas que los artesanos de la paz construyen a mano para venderlos como imanes o regalos de la ciudad. 




"Ha venido a uña de caballo a comunicarlo por si el preso se hubiera escapado."

Concluye el escrito afirmando que lo que hay que demostrar es que el canónigo don Jacobo no pudo estar al mismo tiempo en dos sitios a la vez; que el obispo hereje no es don Jerónimo Bermúdez y que el almirante Ballantyne que viajaba en el Redoutable no era Sir John Ballantyne. No se le escapa que eso será difícil de conseguir;  después de tanto tiempo el “desmitificador que lo desmitifique buen desmitificador será.” Porque el que consiga destruir el mito de los JB será otro mito ya que la gente lo admirará como otra leyenda y así tendremos JB para rato. Bastida se despide porque no quiere dar más la lata, a pesar de que podría estar escribiendo dos o tres páginas más. 

A Barallobre le agrada la contundencia del artículo, las razones en contra de Bendaña son poderosas, no se las salta un gitano. Le gustan el tono, la ironía que desprende y la sintaxis despectiva que usa. Si fuera Bendaña, se pegaría un tiro en el pie o se batiría en duelo. El único inconveniente que observa es la falsedad de los argumentos. Le pide a Bastida que se dé un garbeo por la ciudad para oír los comentarios de la gente sobre el sermón y el artículo. Mientras tanto, él se va a echar la siesta del carnero.

Old man look at my life, 
I'm a lot like you were. 
Old man look at my life, 
I'm a lot like you were. 

 Old man look at my life, 
Twenty four and there's so much more 
Live alone in a paradise 
That makes me think of two.
Neil Young



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

jueves, 13 de abril de 2017

La saga/fuga de J.B. (26) Gonzalo Torrente Ballester. Infame pedigrí.





"Un muerto no puede entrar en polémica con los imbéciles"

La saga/fuga de J.B. (26) 
Gonzalo Torrente Ballester 

Don José Bastida publica en la Voz de Castroforte un artículo que titula Puntualizaciones. Don Acisclo compra el periódico, lee el artículo y con la elegancia anticuada de caminar con el periódico bajo el brazo –no el móvil de la mano-,   se encamina al Pazo de Bendaña. Puntualizaciones causa impacto en los lectores. La desmitificación de Castroforte no va a ser tan mollar como algunos pensaban. La resistencia se organiza para la defensa de lo propio, los mitos y leyendas antiguas. El artículo se lee en voz alta en las peluquerías, tabernas y salas de espera de los dentistas. Don Aníbal Mario convoca a la Tabla Redonda para leerlo en alto y que consten en acta también los comentarios. (A falta de Facebook, Twitter o Instagram con comentarios, me gusta y favoritos, don Gonzalo concibe una red social interna en Castroforte del Baralla) Se siente satisfecho de la agilidad de su periodista consentido. A don Jacinto Barallobre le afligen los celos un poco porque la criada, como le llama Clotilde, le salga respondona. Que no se preocupe su hermana porque Jacinto Barallobre aún tiene recursos para seguir siendo importante y mantener en la desesperación a Bendaña. Su renacuajo, Bastida, no llegará a cuajar en rana grande. José Bastida no es un lerdo cualquiera para don Acisclo. Para don Jesualdo Bendaña el artículo de Bastida sólo le ha puesto un poquito más difícil el asunto de la desmitificación de las leyendas por lo que su triunfo será mayor cuando se produzca. 

Don Acisclo accede por fin al matrimonio de Bendaña con Lilaila. Se compromete a casarlos por los Idus de marzo, al oscurecer y en la Real Colegiata. En la casa de los Aguiar hay mucho ajetreo con lo de la boda por lo que no conceden importancia al artículo de Bastida ni al funeral de Barallobre que al final se celebra bajo la completa responsabilidad del Deán. Barallobre siente curiosidad por comprobar la identidad de los que asisten a su propio funeral. Vigila detrás de las cortinas. Bastida acude porque Barallobre se lo pide y porque presiente alguna salida de tono por parte de don Acisclo. Llega con tiempo, un poco antes de la hora. Los parroquianos hacen corros y hablan de sus cosas. Muchos se acercan a felicitarle por el artículo. Él se escabulle de los felicitadores y se junta con los de la Tabla Redonda. Desde allí se divisa la curva del Mendo hasta donde deja ver la niebla. Don Aníbal Mario se siente saudoso. Le recuerda al Mondego, el más lírico de todos los ríos portugueses porque no le debe agua a las tierras del oriente. Manifiesta a los del corro las ganas de cantar y que se dejen de tantos funerales con tanto miserere y gorigori. 




"Se podía contemplar la amplia curva del Mendo, como de azogue quieto"

Tocar la campana y deshacerse los grupos es todo uno. Bastida busca un lugar desde el que ver sin ser visto demasiado. “Lugar de sombras favorables” que encuentra debajo del Arco del Perdón. La misa fúnebre es como todas: mucho cura con roquete y sobrepelliz más la ausencia de don Acisclo. Para el evangelio ya salen algunos a echar un cigarro. Semejante a los grupos de fumadores a las puertas de los bares de ahora. Los golpes repetidos de la contera del báculo pontifical contra las losas resuenan en el silencio de las naves. El obispo revestido de pontifical avanza erguido, sube al púlpito despacio con solemnidad litúrgica. Mira a los ojos a la muerte, súbita y ladrona de la vida. Los feligreses escuchan la voz temblorosa del obispo, Jerónimo Bermúdez, con el corazón encogido, los ojos tristes y el alma asustada. Alaba la grandeza del finado: la alta cuna, los merecimientos personales y su reputación intachable. Pero que no les entristezca su muerte, la de don Jacinto Barallobre es la de los elegidos. Descansa al lado del Rey Artús, del Rey Sebastián, de los barones ilustres y de todos los antepasados JB que les traerán la libertad. Con ellos descansa en el Círculo Tranquilo, ese lugar sagrado que reúne los misterios del cielo y de la tierra, ese lugar donde sosiegan las olas y los peces mayores tienen la entrada prohibida. Les propone desde el púlpito que igual que todos los antiguos JB tienen dedicados un nombre de calle o rotonda, la Tierra de Nadie pase a llamarse Tierra de Barallobre de ahora en adelante. 

Nadie respira en la iglesia, todos quietos, cobijados por el olor a incienso esparcido en todo el ámbito. Los ventanales llenos de luz del sur. Les conmina a estar alerta en el remate del sermón porque Barallobre ha muerto sin descendencia y se acaban los JB. Que miren a las estrellas para descifrar el destino. Vendrán los otros, los reconocerán “¡en el brillo oscuro de los ojos que han contemplado el misterio del Más Allá de las Islas: un oscuro modo de brillar! Estad alertas.” El obispo se coloca la mitra, requiere el báculo y con pasos medidos abandona el púlpito. 



"Pues yo le aseguro que no lo hice por mal, [...] sino para indicarle los escollos que va a encontrar en su camino."

Don Acisclo se desliza de incógnito por una nave lateral hasta la sacristía, desde allí escucha el sermón del obispo Bermúdez. ¡Menudo caradura! la de ese Barallobre, piensa para sí, pero reconoce que es un gran orador. Al acabar arma la marimorena en la sacristía. Ordena al sacristán que diga a quien sea que ese sacrilegio no quedará impune. Amenaza con llamar a la guardia civil para que una pareja desaloje la iglesia. Cuando todos los clérigos con derecho a cajón de la sacristía han recibido la ración iracunda de improperios, don Acisclo se sosiega y se dirige a casa del Poncio donde tiene pedida hora de audiencia. A éste le preocupa que don Barallobre vuelva a salir disfrazado de los dos JB que todavía le quedan: de brujo y de Almirante, haciendo nigromancias y dirigiendo de nuevo la defensa de Castroforte. Claro que siempre puede ordenar su detención, pero decide escribirle una carta. Mientras tanto, Alicia, natural de la Almunia de doña Godina y mujer de don Jacinto Barallobre, aprovecha para contarle a don Acisclo unas tentaciones de las que es víctima. Confiesa que siente deseos irrefrenables de agarrarse a su marido y comerlo a besos, pero tiene que refrenarse por no romper el camino de virtud emprendido de restringir el uso del matrimonio hasta la neurastenia. Don Acisclo reconoce que ha ido gradualmente dulcificando su opinión demasiado severa sobre la sexualidad gracias a la lectura. Le aconseja que lo coma y no sólo lo que deja ver el pijama: la cara y las manos, sino que empiece por quitarse el camisón primero para escándalo de Alicia. Él se lo advertirá al Poncio para que se entiendan. Acto seguido don Acisclo marcha al confesionario a imponer penitencias feroces. 

Al atardecer del mismo día llega la carta del Poncio a Barallobre en la que le dice que se abstenga de escandalizar al pueblo con extravagancias. Espera “de su sindéresis la más completa obediencia.” Siente frustrarle los planes de salir esa noche vestido de nigromante y la llegada en gabarra con dieciséis remeros, ocho por banda, y todo el pueblo recibiéndolo con bengalas. Barallobre pide a Bastida que le lea su artículo en voz alta, como un poema leído por el poeta. “Su voz debe añadirle mucha fuerza.” De nada le sirven las excusas de que la pieza no es una obra de arte como el sermón. Las razones expuestas en él “tampoco son de las que tumban un castaño.” 

Según el parecer de Clotilde, en casa de Bendaña están preocupados por el efecto en el público. Ella, sin embargo, está alegre. No hay derecho a tanto mirar el pasado con ojeriza, ni a que alguien venga a decir que toda su historia es una patarata por muy profesor que sea. 



Cuando los dioses paganos 
me otorguen su bendición 
terminaré la canción 
que te prometí un verano 
con una condición 
que me quieras libre y partisano 

Cuando el presente agoniza 
con infame pedigrí 
y al pasado el porvenir 
lo mira con ojeriza 
y mis ganas de ti 
presas en un círculo de tiza
Joaquín Sabina





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.