domingo, 19 de noviembre de 2017

La saga/fuga de J.B. (39) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. Olores de revolución.






"A la puerta hay un hombre que alborota la noche y pide ser recibido"


La saga/fuga de J.B. (39) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

"¡Ay de los meantes contra el muro!"  es un lamento con tintes de amenaza que se desliza en algún momento de las Sagradas Escrituras y que al almirante John Ballantyne le ha llevado a la reflexión en momentos de dolor lacerante. ¡Qué acierto de palabras conjuntadas! Por eso Jota Be ha dedicado su vida a conjuntar palabras. Nada importa la calidad de la poesía ante la belleza de una  muerte entre alambradas de algodón. “El primo John dio la vida por Irlanda y Dios le tendió su mano y le llevó por encima de las nubes.” 

Las fuerzas de Villasanta mandan en son de paz a su capellán castrense, don Amerio, a parlamentar con los sitiados. Pactar mejor que derrotar, pactar hasta con los que te quieren destruir. Les propone un trato: si entregan al Cuerpo Santo y a Lilaila, el batallón pasará de largo. Piden al Cuerpo Santo porque Castroforte es indigno de albergarlo y a la mujer por traidora a la patria y a su marido. Según don Amerio, de nada le sirve al capitán haberse batido heroicamente en la batalla de Puentesapayo si en casa tiene una mujer que piensa por su cuenta. El engaño de un hombre es algo vergonzoso que un duelo a primera sangre limpia, pero que una mujer tenga ideas propias… Eso es difícil de asumir. Para ella el capitán Barallobre puede ser un héroe en el campo de batalla, pero no pasa de borrico de puertas para dentro. 

El lieutenant de la Rochefoucauld observa y escucha la conversación sin intervenir, el toma y daca dialéctico. Sopesa la conveniencia o no de cargar el trapo y tender los papalugos mientras juguetea entre las manos con la cabeza del bastoncillo. A Ballantyne le llevan los demonios el sobamiento porque se le asemeja al majestuoso fluido sonoro de un pavo real que corteja la pava apabullada. 



"Los hombres de mi clan, al recordarme, no tendrán que avergonzarse y esconder las miradas en la sombra"

La cólera enciende los colores y le hincha las venas de la cara a don Amerio. No soporta la visión de Lilaila con la espada en el regazo como si fuera la labor de costura. Hay maridos que mandan y esposas que obedecen y sanseacabó. “Y hay mujeres que no hallarán agua bastante para limpiar su cuerpo de las manchas dejadas en él por sus maridos.” Algo se ablanda en las manos vegetales del Canónigo don Amerio, traslúcidas y litúrgicas, ungidas de un poder capaz de fulminar condenaciones de perdón reservadas a la Santa Sede. Afuera los estudiantes gritan eslóganes de rima consonante y disparan contra las paredes de la casa mientras esperan alguna proclamación desde el balcón. Les advierte que los franceses ya conocen la fiereza española cuando se agarran a la vida hasta el último aliento como un numantino. Cuando alguien los lleva al límite,  se emborrachan de victoria, la lista de casos bélicos es larga, comienza en Berlín y puede acabar ese  mismo día en Castroforte del Baralla. Confían en los cañones dispuestos en las murallas, pero más en la ferocidad de las lampreas. Ningún soldado de Villasanta se atreverá a vadear el río Mendo porque desde chicos guardan en la memoria el miedo a las lampreas. 

El almirante sale a la ciudad seguido por docenas de voluntarios de primera hora con ganas de mambo, ansiosos por estrenar los cañones, deseosos de comprobar el efecto de los cañonazos en las masas compactas de los villasantinos sitiadores. Aquella noche duerme vestido. El repique de campanas respondido por el tam tam lejano de los tambores y el toque de trompetas del otro lado del río lo despiertan antes del amanecer. Han sacado los santos de sus capillas y los pasean en andas por las calles entre el fervor de la gente que se arrodilla y santigua a su paso. Cuatro marineros portan a hombros la urna con el Santo Cuerpo Iluminado. A primera vista se había hecho un buen trabajo en la momia, pero al tocarla queda entre los dedos una pulgarada de polvo grisáceo y áspero. Los presentes coinciden en que no se le pueden añadir extremidades a aquel tronco medio desintegrado, a aquello le falta consistencia. Deciden dar gato por liebre integral. La gente no dirá nada porque no se enterarán del cambiazo y por el cielo no hay que preocuparse, a las mañanas ya no le harán falta los quiquiriquíes de los gallos del amanecer. A menudo dicen una cosa y la contraria para dejar a salvo la libertad de elección. 




"Un olor más fino que el incienso y más penetrante que el de los nardos se expandió por aquellos ámbitos secretos" 

Con respecto al problema religioso que se plantea expone: “En ninguna parte está escrito que, para que un cuerpo sea venerable, haya de conservar la forma. Reducido a polvo, ¿quién duda que es el mismo cuerpo?” El problema radica en que la gente es tautológica: el cuerpo es cuerpo y el polvo es polvo. La solución estaría en la palabra. (“¡Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas!”JRJ) Si los deanes que se dirigen a la gente van cambiando de manera gradual Santo Cuerpo por Santas Cenizas, se puede asegurar que en dos generaciones se habrá logrado anular la noción de Santo Cuerpo por la de Santas Cenizas. El gato por liebre se habrá asentado en la memoria colectiva y para entonces no habrá más que cenizas en la urna. No parece difícil de conseguir con los peregrinos franceses o italianos que vienen todos los años, el problema sería con los peregrinos checos, los coptos o los etíopes que no peregrinan con tanta frecuencia debido a las dificultades que ponen los otomanos a pasar por sus fronteras. En este caso no queda más remedio que recurrir al cambiazo. O esto o lo otro. Ante la indecisión de los presentes, el canónigo da por recibido el consentimiento, manda poner el cuerpo de la doncella en el altar y traer una caja de zinc en la que meter los restos del Santo Cuerpo Iluminado. A ver si lo pueden dejar descansar en el interior de una huesa excavada en la cueva por los siglos de los siglos. 

La labor del forense no se paga con dinero. Le saca el paquete intestinal a través de un corte en forma de tau. La incisión de Amenhotep. Un aroma más penetrante que el de los nardos se expande por las estancias y llega a la Casa del Barco y al enemigo que no acierta a explicarse el perfume. Olor de santidad. Insinúa que las tripas se puedan vender como reliquias, el olor abona la santidad. El olor saca de sus retretes y de sus glorias a la señora viuda que aparece con la “vista nublada de realidades incompletas y de recuerdos íntegros” y anuncia que don Asterisco, el hombre que alborota la noche, pide ser recibido.

Paso de vencedores 
tierra en rescate; 
Clarines de la dignidad 
Sol del Obrero 
Campesino triunfador 
Hermano nuevo 
Olores de revolución 
Patria en barbechos 
Sangre que dejó correr savia en el río 
Río que he visto volver amanecido
María Dolores Pradera


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


martes, 14 de noviembre de 2017

Don Juan Tenorio. José Zorrilla. Bala perdida.




"Yo soy un hombrecillo macilento"

Don Juan Tenorio 
José Zorrilla 

Un escritor no es un marciano aparecido de la nada como en un avistamiento por sorpresa, de modo que no vendrían mal para empezar unos breves apuntes sobre el contexto político social en el que José Zorrilla se desenvuelve. Cada escritor escribe, sufre o se favorece de la situación del momento que le toca vivir. Como atento observador de la realidad, todo influye a su producción literaria, ya sean las corrientes artísticas del momento o sus circunstancias personales y familiares. 

José Zorrilla pega el primer llanto en Valladolid 1817 y muere en loor de multitudes en Madrid 1893. Por lo tanto, fue coetáneo de Carlos Marx (1818-1883), Garibaldi (1807-1882) o Bismarck (1815-1898). Su muerte estuvo acompañada de grandes muestras de luto nacional. 

Los movimientos nacionalistas, que terminan en las unificaciones alemana e italiana, a través de un conjunto de guerras, toman auge en Europa tras la derrota de Napoleón en Waterloo 1815. Surge el socialismo en paralelo al progreso de la ciencia y la industria. “El manifiesto comunista” se publica en 1848 y “El capital” en 1867. Las nuevas técnicas industriales aplicadas a las artes gráficas abaratan costes y permiten una difusión creciente de la lectura y la cultura. 

El desarrollo industrial trae consigo una creciente urbanización y un aumento considerable del nivel de vida y de la población en Europa. Aunque nunca faltaran periodos de hambruna, como en Irlanda en 1846 al perderse la cosecha de la patata, dieta básica, que desencadenaría una emigración masiva a Inglaterra y América. 





"Sobre ellas van mi cuerpo y mi cabeza"


Una vez derrotado Napoleón, los vencedores se unen con la intención de restaurar el Antiguo Régimen. Volver al periodo prerrevolucionario para sofocar las nuevas intentonas revolucionarias románticas que sucedan. El liberalismo termina por imponerse en la mayoría de países. Los movimientos nacionalistas toman la lengua como criterio fundamental de la identidad nacional, con derecho a decidir un estado propio, lo cual choca con las fronteras existentes desde la antigüedad. Por ejemplo en el galimatías de Los Balcanes mestizos de lenguas y razas distintas. En España, una vez que los ejércitos de Napoleón son derrotados, se produce la restauración de Fernando VII en 1814, que nada más regresar anula la primera Constitución liberal de 1812. La invasión francesa provoca nuevas legitimidades en América latina que logra la total emancipación en 1924 tras tres lustros de guerras ( con la excepción de Cuba y Puerto Rico, claro). 

España durante la época romántica es un país atrasado y pintoresco. Los europeos viajeros que vienen por aquí nos ven como un prototipo de lo romántico. Un país esencialmente romántico, lleno de asonadas constantes, de bandoleros que te asaltan en los caminos o guerrilleros echados al monte. El Romanticismo es esencialmente un movimiento artístico y literario, también un estilo de vida ampliamente difundido que exalta la sensibilidad y la pasión, que apuesta por actitudes arrebatadas en las que priman la inspiración del artista, lo original y lo diferente. En España el espíritu romántico entronca con la tradición del Siglo de Oro y Romancero, parodia de las obras clásicas, pero que contiene todos sus elementos como oposición o reacción a los gustos neoclásicos imperantes hasta ese momento. 

El primer censo de población fiable español data de 1857, arroja una población de quince millones de habitantes, lo cual lleva a suponer que la población a comienzos de siglo era de unos once millones y medio (aplicando los modelos de crecimiento europeos y la característica española), ya con la tendencia acentuada de más población en las costas. La población europea sigue creciendo durante todo el siglo XIX a pesar de episodios de hambrunas y epidemias puntuales que provocan emigraciones masivas a América. El siglo XIX español está preñado de inestabilidad política, tres guerras carlistas, intentonas golpistas y procesos revolucionarios fallidos. 

VIDA Y OBRA 

Nada mejor que recurrir a su autobiografía para saber de sus obras, milagros, hechos y omisiones. Con Zorrilla tenemos la suerte de que dejó escrito “Recuerdos del tiempo viejo,” publicado por entregas, en una columna de los lunes del Imparcial entre 1880-1883. No hay muchas fotos de José Zorrilla, pero dejó escrito en verso este delicioso autorretrato a la manera cervantina: 

Yo soy un hombrecillo macilento, 
de talla escasa, y tan estrecho y magro 
que corto andando, como naipe el viento, 
y protegido suyo me consagro; 
pues son de delgadez y sutileza 
ambas a dos, mis piernas, un milagro. 
Sobre ellas van mi cuerpo y mi cabeza 
como el diamante al aire; y abundosa, 
pelos me prodigó Naturaleza. 

Como ya hemos dicho, Jose Zorrilla nace en Valladolid, ciudad en la que su padre era relator de la Chancillería, cargo importante de la justicia. Su padre era un hombre rígido, estamental hermético, cabezón de ideas fijas y absolutista furibundo. Vamos, uno de esos separatistas oprimidos virtuales de ahora que por lo visto proceden de Rusia y Venezuela. Nunca aceptó que su hijo se dedicara a escribir, ni el éxito literario consiguió acercar desavenencias. Tamaño deshonor sólo se limpia con un duelo a primera sangre. Este alejamiento familiar marcará toda su vida. 





"Y protegido suyo me consagro"

Siempre con la maleta preparada para seguir la estela del padre que va ascendiendo de puesto en la carrera judicial. Burgos, Sevilla y Madrid en 1827 donde entra en un colegio aristocrático. La muerte del rey Fernando VII en 1832 y la destitución de su protector el ministro Calomarde lo destierran, degradado, a Quintanilla de So Muñoz. Manda al hijo a estudiar leyes a Toledo. “Va más para pintamonas que para abogado” escriben a su padre. En Toledo siente fascinación por las callejuelas estrechas y retorcidas de la ciudad mezcla de las tres culturas. Se dedica a pintar los monumentos y paisajes en lugar de estudiar. La ciudad imperial será la localización de muchas de sus leyendas. 

Su padre lo trae a Valladolid donde los estudios van de mal en peor a pesar de la supervisión del Rector de la Universidad. Obsesionado por los cementerios, uno de ellos será luego su tabla de salvación como veremos luego, quiere dedicarse a escribir. De nada sirven las amenazas de su padre de ponerle a cavar parras en Torquemada si no aprueba el curso. Se escapa de casa y con una mano delante y otra detrás llega a Madrid. Se gana la vida malamente escribiendo y pintando. Se aloja en la buhardilla de un cestero y en casa de su amigo Miguel de los Santos. 

Un catorce de febrero de 1837, estando en la Biblioteca Nacional para escapar del frío de la calle y de su casa, se entera de la muerte de Larra. Se presenta con otros amigos escritores en el duelo por el que pasan los autores de Madrid. Allí le proponen que prepare un poema para el entierro del día siguiente. En el cementerio de Fuencarral lee los versos que acaba de componer con juvenil voz argentina y que conmueven a los asistentes. Da un auténtico golpe de mano literario; al día siguiente El Imparcial recoge: “España, al perder al más grande de los críticos, encontró al más popular de los poetas.” Como él mismo reseña en “Recuerdos del tiempo viejo.” 

En 1839 cae enfermo de algún tabardillo cruel y como en “El jardín engañoso,” con ligeras variaciones, lo cuida doña Faustina, diecisiete años mayor, madre de su amigo Antonio Bernal O’Reilly,  con la que se casa ese mismo año, un matrimonio desigual al que Zorrilla considera responsable de todas sus desgracias. Primero malmete en su familia, siente celos enfermizos de las actrices de sus obras y es la causa final de su huida a Bélgica, Francia e Inglaterra. (¡Qué le darán en Bélgica a tanto calavera español que allí se asienta!) En 1854 continúa la huida más allá de los mares, marcha a Méjico donde permanece hasta 1866, justo cuando la revolución derroca al emperador Maximiliano, su benefactor. El recibimiento aquí es apoteósico, se organizan homenajes en las mayores ciudades de España en las que lo proclaman príncipe de los poetas nacionales. 

Los últimos años de su vida los pasa con una sensación agridulce,  pues la fama y reconocimientos recibidos, no se ven correspondidos por ingresos económicos. Tiene que vivir de una modesta pensión del estado, acosado por achaques físicos y estrecheces económicas. 

Su actividad de creador literario se concentra en trece años, de 1837 a 1850. Considerado desde el principio el paladín de la nueva escuela romántica, “El zapatero y el rey” (1840), “Don Juan Tenorio” (1844) y “Traidor, inconfeso y mártir” (1849) son sus tres éxitos más importantes en cuanto a cantidad de representaciones. José Zorrilla estimaba especialmente las Leyendas. En “El capitán Montoya” y en “Margarita la tornera” está el embrión del personaje de Don Juan Tenorio. En ellas se puede disfrutar de la enorme libertad y facilidad para versificar del autor. En ellas recoge temas de crónicas antiguas o tradiciones populares trasmitidas oralmente y los convierte a través del verso en lectura favorita del pueblo.

Tírame el salvavida 
 de las balas perdidas 
Porque las velas que nos pongan al morir 
no nos traerán 
 la luz que nos faltó cuando volábamos
LA MODA




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

Las notas sobre la Vida y Obra de José Zorrilla están tomadas de la edición de Don Juan Tenorio de Aniano Peña,  de editorial Cátedra.

Las ilustraciones son fotos de la exposición de Miguel Barceló con motivo del octavo centenario de la USAL. 


lunes, 6 de noviembre de 2017

La sirena de Gibraltar (2) Leandro Pérez. Oveja negra.






"A la derecha la inmensa mole de la Roca jibarizaba las escasas edificaciones"


La sirena de Gibraltar (2) 
Leandro Pérez 

Ya dijimos en la entrada anterior dónde y cuándo ocurren los hechos de La sirena de Gibraltar. Hoy daremos algunas apreciaciones personales acerca del estilo del autor, del narrador y de los personajes de la novela. 

La voz narradora está en tercera persona, cambia a primera cuando reproduce los pensamientos del protagonista y en el diario de Maddie. La transición entre una manera de narrar y otra se produce de una forma suave, sin estridencias que violenten la narración. En este trocito de texto vemos el cambio de tercio,  de un narrador a otro,  y el ajuste de tiempos verbales: “Necesito dos minutos. Con suerte me da tiempo. Tardó cuatro, porque al abrir el armario de los zapatos se encontró con su pistola y el bolso de Maddie.” Siempre escaso de tiempo para recrearse en la suerte y descripción de amaneceres, pero plenos de lirismo porque las cosas pasan deprisa en esta novela: “Un limbo blanco y aburrido como un techo sin lámparas, iluminado por una luz alógena, cubrió con sábanas limpias a Juan Torca en la Gran Vía madrileña. Un limbo sin eco.” 

Preguntas sin respuesta bullen a borbotones en la mente revuelta de Juan Torca canalla y desobediente hasta con su hijo policía “¿A dónde mira un suicida cuando ya se ha lanzado al vacío?” En vivo contraste con estas preguntas de una mente en rastrojo, la novela también destaca por los diálogos, mucho diálogo, fluido, utilizando el lenguaje de la calle, repleto de tacos, muletillas, juramentos o sobreentendidos: 
 -¿Por qué cojones hablas de mí con nadie? 
 -¿Con nadie? ¿Se puede hablar con nadie? 
-¡Joder! ¿Te lo repito? 





"Hay que exagerar mucho para llamar a esto supermercado, pensó Torca."

Siempre aparece el látigo del autor que vapulea el desorden, le pone una alfombra de terciopelo a la narración para que las piezas vayan encajando hasta completar el puzle o llenando de voces las calles vacías de las seis de la mañana. Algo que los lectores de un thriller deben agradecer al autor es el orden meticuloso que impera en esta novela. 

El autor recurre a la letra bastardilla para indicarnos que un trozo de texto se aparta del tema principal, pero que después resulta imprescindible para entender la trama. Casos de flashbacks; las mujeres de Juan Torca, antiguas relaciones; transcripción completa de un artículo de periódico o de una guía turística  y el diario de Maddie, por supuesto. Salvando las distancias, parecen las novelas intercaladas del Quijote, un paréntesis en la narración, pero nunca independientes, mantienen los vasos comunicantes con el tema central, siempre importantes para el desarrollo de la historia porque nada sobra ni falta en La sirena de Gibraltar. 

La aparición de Juan Torca es fulgurante, testigo en moto de la extracción de un cadáver empozado en las aguas del río Manzanares, caudaloso como el Amazonas. El grueso de la trama será descubrir al asesino como en la mayoría de las tramas de novela negra.  Presentado al estilo de Clint Eastwood en Gran Torino, ángel de la guarda, amigo para siempre de una chica ecuatoriana a la que defiende de unos nazis mientras hace footing por el Retiro. Clint Eastwood de pasado turbio a sus espaldas cuyos datos van cayendo gota a gota a lo largo de la obra como el dosificador de las botellas boca abajo de los pubs británicos. Juan Torca colecciona series y películas y se enrolla con chicas a las que dobla la edad. El protagonista no está solo aunque viva solo en el centro de Madrid. Cuenta con la ayuda de sus compadres, una hermandad de veteranos forjada en las dificultades. Tipos duros, curtidos en el norte durante los años de plomo en lucha contra el terrorismo de la ETA. La complicidad, el código no escrito que rige el lado oscuro y los silencios entre ellos están muy bien administrados. Los compadres usan métodos de antes, prefieren los teléfonos que sólo sirven para llamar y reciclan las nuevas tecnologías. No pueden evitar que su protegido Torca reciba varias palizas que lo dejan al borde de la muerte. Una vez le quitan la chica y le meten tres tiros. Este es el clímax de la historia, el momento clave gestionado con maestría por el autor: llega a engañar al lector. La sangre en el suelo nos hace creer que nos quedamos sin protagonista a mitad de la novela. Pero he aquí que tenía chaleco antibalas, la salvación del héroe que recibe tanto como reparte. 




"Los llanitos no sueltan prenda"


No conviene olvidarse del diario de Maddie, que va adquiriendo importancia a medida que avanza la novela, tanto que el desenlace final de la historia se resuelve con la primera página de la nueva agenda. No hay manera de que el autor deje un cabo suelto. Los hechos reflejados en el diario desde el punto de vista femenino, de la hermana de la asesinada. El autor recurre a él cada vez que quiere que la investigación avance, se convierte en un personaje más del relato. Un recurso sumamente inteligente. Y qué bien escribe esta Maddie, puede dedicarse a escribir en los ratos libres que le deje la enseñanza. 

Del villano sabemos poco más que es “un tipo que para dejar de matar debería morir.” Y en eso consiste la lucha contrarreloj por evitar un segundo asesinato alevoso en las aguas fronterizas, rellenas de bloques de hormigón y buques cisterna, del Peñón de Gibraltar. La maravilla es el toro bravo pastando en el parque natural de Los Alcornocales. 

No vamos a contar nada más del argumento, sólo aconsejarles su lectura si lo que quieren es olvidarse de la rutina durante unas horas, porque irán a vivir otras vidas con este JT que no es José Tomas, el torero, pero que se le parece por el misterio que arrastra, sus ausencias y silencios. Oirán hablar más de este Juan Torca, mitad truhán mitad señor oveja negra, nacido como estrella con luz propia.

Llevaos la paloma blanca y traed ovejas negras 
En un año se han vendido muchas almas 
Somos mirlos en los ojos de otros mirlos que se van
 Corazón no se alimenta de las ventas 
Imposible ser neutral sobre un tren en movimiento 
Estas calles son distintas 
De aquí no se va el invierno
La MODA


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


jueves, 2 de noviembre de 2017

La sirena de Gibraltar. Leandro Pérez. Estar de muerte.




"El Peñón se agigantaba según se acercaban a la costa"

La sirena de Gibraltar 
Leandro Pérez 

La sirena de Gibraltar no está en los escaparates y anaqueles de las librerías de Salamanca. Pero un mensaje en el móvil te avisa de que ya lo tienes disponible en la librería veinticuatro horas más tarde. Dentro destacan los títulos traducidos del flamante nuevo Premio Nobel británico con nombre japonés, Kazuo Ishiguro, que a uno no le sonaba más que de nombre y gracias. 

La portada de la novela da un poco de yu yu cuando se mira con algo de calma. La imagen tiene la quietud permanente de un cadáver sin ojos. La frialdad del mármol. Sudario de luz, tiniebla y soledad en las manos entrelazadas, abrazadas al agua que da y quita la vida. Una imagen enigmática que esconde un misterio. La foto del autor (La misma que usa en las redes sociales) y una breve y cuidada reseña de la novela ocupan la contraportada. En ella ya se nos anticipa que estamos ante un “thriller absorbente protagonizado por un personaje tan memorable como magnético, Juan Torca.” 




"Pues ojalá gracias a esos túneles se venga abajo el Peñón, con los putos monos, eso dice mi cuñao"

La solapa de la portada reproduce la primera página de la novela en la que destaca esa frase redonda del amanecer que te corta el jadeo de un puñetazo. Pronto y en la mano: “La muerte es una sirena andaluza con la cola forrada de hormigón.” Sirena llanita con acento andaluz. 

La solapa de la pasta de atrás es una breve biografía del autor junto a las típicas consideraciones laudatorias de críticos y escritores sobre la novela que siempre ayudan debido a su categoría literaria, pues tampoco se pueden arriesgar a quedar comprometidos por una opinión que luego no se vea refrendada por el lector. Todo ello rematado con tres direcciones en las que se invita al lector a expresar su opinión sobre la obra. Se nota que el autor no tiene plomo en las alas que lastre su vida en internet. 





Dos reflexiones o citas literarias nos siguen dando pistas sobre el tema del thriller antes de comenzar el relato. La primera viene de la Edad Media, dos versos del Cantar de Mío Cid con hambre y sed de justicia por el ultraje al honor sufrido en lo más intocable de un hombre; sus dos hijas vejadas por los infantes de Carrión: 
 “Quien a damas escarnece y así abandona a traición 
que otro tanto le acontezca o alguna cosa peor.” 

La segunda es actual, de Walter White, el profesor protagonista de la exitosa serie de televisión Breaking Bad: 
 “Todas las vidas vienen con una condena a muerte” Nacer es comenzar a morir. 

Después otra de Albert Camus: 
“Para que la pena sea verdaderamente ejemplar ha de ser espantosa.” 
Incide en la superación de la ley del talión que quiere una pena idéntica al estropicio causado, un escarmiento. Nada ni nadie te exonera de la culpa, por eso se representa a la justicia con los ojos cerrados y una espada. 

Las nueve citas de la novela merecen mención aparte. Cada uno de los siete capítulos principales en los que está estructurada la novela viene encabezado por una cita acorde con la lectura que sigue. He aquí algunos, transcritos porque me parecen preciosos y elegidos con sumo cuidado, llenos de significado como el célebre poema de Ángel González en “Glosas a Heráclito”
“Nada es lo mismo, nada 
Permanece. 
Menos 
La Historia y la morcilla de mi tierra: 
Se hacen las dos con sangre, se repiten.” 

 “El futuro es un humo de ala dulce y homicida. Una esperanza con neones.” Antonio Lucas. 

Y la última que es como una invitación a leer la próxima entrega de Juan Torga: 
“El quería cruzar los mares y olvidar a su sirena.” 
Fito y los Fitipaldis en “Soldadito marinero” 

Las citas, breves y contundentes como un tweet, son la banda sonora de un relato en el que no queda espacio para la música, todo va derecho al grano,  sin circunloquios ni paradas narrativas que alivien la tensión permanente. El artefacto narrativo está estructurado con precisión de cirujano experto. Siete días de la semana, siete capítulos distintos, de lunes a domingo, del uno al siete de julio San Fermín como la canción popular. Seis días de trabajo estresante para una persona normal y el séptimo que no tiene más remedio que descansar porque el protagonista termina la historia medio muerto en un hospital de Gibraltar. 




"El casino flotante estaba fondeado en una zona ganada al mar, nueva, cercana a la frontera"

Luego, veinte capítulos, todos titulados a la vieja usanza de los escritores grandes como Cervantes o Dostoyevsky que también titulaban los capítulos. Los títulos son otra clave certera más de lo que vamos a leer segundos después. Nuevo valor añadido de esta novela que certifica que a Leandro Pérez le caben en la cabeza muchos tipos de literatura. Para terminar una coda final o epílogo en el que señala que quizás encontrara el yacimiento de inspiración el trece de julio de 2013, trescientos aniversario del Tratado de Utrecht. El misterio de la Santísima Trinidad, el número tres. Los motivos, los agradecimientos y un correo electrónico para lectores que quieran comentar el libro. 

Las cosas pasan principalmente en Madrid que es donde reside Juan Torca, pero hay bastantes viajes por la geografía nacional. De norte a sur, viajes importantes para el desarrollo de la narración, de Bilbao a Marbella y Gibraltar que es donde muere la historia con las trepidantes escenas del asesino en bicicleta. 

Tocaría hablar de los personajes, ambiente, estilo  y contar algo del argumento, pero lo dejaremos para la siguiente entrada porque tampoco conviene abusar de los millones de lectores que por aquí se acerquen. 

Si he de fundir mi espacio frente al tuyo 
Cómo será tu cuerpo al recorrerme 
Y cómo mi corazón si estoy de muerte 
Mi corazón si estoy de muerte
Chabuca Granda


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


domingo, 29 de octubre de 2017

Novelas Amorosas y ejemplares. El jardín engañoso.(2) María de Zayas y Sotomayor. Rienda suelta.





"Como amaba tan de veras a su esposo, se entristeció de lo que los demás se alegraban"

Novelas Amorosas y ejemplares 
El jardín engañoso (2) 
María de Zayas y Sotomayor 

El demonio aparece sin invocarlo en el momento justo, como el ejército de salvación nacional, en medio del humo como el genio de la lámpara de Aladino. Se ofrece a don Jorge para construir en un día el jardín delante de la casa a cambio del alma. Él le echa el buen provecho y rubrica la cédula que el diablo trae consigo preparada para no perder tiempo, sin importarle que firma una pena que durará eternidades a cambio de un gozo efímero. 

Con las claras del día Jorge ya está en la placeta comprobando el milagro por lo infernal del jardín digno de monarcas, la más bella obra jamás vista. Todos madrugan para admirar la construcción que derriba la fortaleza del honor de Constanza. Ella se desploma al suelo muerta de espanto al ver el imposible cumplido. Al volver en sí, media hora más tarde, pide a su marido que le dé la muerte por haber puesto precio al honor de toda la familia. Morir como Lucrecia, pero con más severidad, solo por pensar el deshonor, la ofensa cuyo único remedio es la muerte. 




"Cosa que muchas veces sucede ser freno a las inclinaciones de los hombres la desigualdad"

Don Carlos se lo piensa, pues es mucho lo que pierde con el quebranto. Sabido es lo que Aristóteles dejó dicho para los restos: “El que escoge mujer más rica que él, no compra mujer sino señora.” Y la autora aclara la sentencia: La mujer sin hacienda toda la vida procura con su virtud y humildad “granjear la voluntad de su dueño.” Constanza está ahora convencida de que hizo mal en poner precio a la virtud, algo que no tiene precio. Al ver un amor tan intenso, capaz de cumplir imposibles, el que estorba es él. Y a darse muerte, a meterse la espada en los pechos se dispone cuando lo detiene don Jorge con “Tente, Carlos, tente” semejante al bíblico: “Detente Abraham, no mates a tu hijo Isaac.” Un golpe de suerte que hace suyo el dicho hecho canción: “La muerte es sólo la suerte con una letra cambiada.” La exime de la palabra dada. Que sea don Carlos de Constanza y Constanza de Carlos y muera don Jorge que pierde la joya que le mantiene con vida. 

Aparece el demonio que cédula en mano levanta la obligación de don Jorge porque no quiere en el infierno alma de quien se sabe vencer. Le suelta la rienda, afloja el nudo, exonera de culpa y dona libertad.  Y que el mundo se admire de que en la maldad también cabe virtud. Y dicho esto,  se evapora entre una humareda espesa y hedionda que sigue sin disiparse del todo en Zaragoza

Todos los presentes hincan las rodillas y dan gracias a Dios entre lágrimas por librarles del maligno. Don Jorge pide perdón a Constanza por las molestias que su pasión inoportuna le haya causado. De paso pide la mano de Teodosia a quien antes había despreciado. Ese mismo día se desposan y al siguiente celebran la boda solemne con mucha fiesta para toda la ciudad. 




"No puedo negar, señora mía, que hiciste mal en poner precio por lo que no le tiene"


Corrieron los años, tuvieron hijos y fueron felices. Al morir Teodosia le encuentran escrita de su mano esta maravilla que aquí damos fin. Una manera original de resolver el asunto del narrador del relato que guarda similitud con el Quijote y los cartapacios del Alcana de Toledo. Hay que leer las historias hasta el final si no queremos perder la sorpresa, aunque nadie la pida. 

Como la historia no es larga -María de Zayas organiza un cine fórum o un debate de lectores después de la lectura o la proyección-, la completa con los comentarios de los oyentes de la maravilla acerca de qué personaje principal ha hecho más en pro de un final feliz. Resumiendo, después de las deliberaciones pertinentes, concluyen que el demonio “por ser en él cosa nunca vista el hacer el bien.” 

La autora deja para el final el desenlace del conflicto planteado al principio de la obra. El día primero del año, día de la Circuncisión, se desposan don Diego y Lisis. Castiga la ingratitud de don Juan, anota la marcha de Lisarda y promete una segunda parte si la obra es estimada como desea y espera. Promesa que cumple diez años más tarde para coincidir con los diez años que también había tardado Cervantes - yacimiento de inspiración- en dar a la estampa la segunda parte del Quijote treinta años antes.


Cuando se quiere a fuerza 
rebasar la meta 
y se abandona todo 
lo que se ha tenido. 
 Como tu traes el alma 
con la rienda suelta 
a ti también te suelto 
y te me vas ahorita.
Jose Alfredo/María Dolores Pradera



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


martes, 24 de octubre de 2017

Novelas Amorosas y ejemplares El jardín engañoso (1) María de Zayas y Sotomayor. Fiebre en las alas.




"Dio vuelta a su patria y se presentó a los ojos de sus padres"


Novelas Amorosas y ejemplares
El jardín engañoso (1)
María de Zayas y Sotomayor

Laura, madre de Lisis, toma la palabra para contar de viva voz su maravilla a los oyentes y lectores de siglos posteriores. Nos advierte que los hechos narrados no son una verdad notarial escriturada, pero bien lo pudieran ser. Significa que se concede una tregua  en el conflicto entre las dos realidades: la realidad aburrida del día a día impregnada de costumbre aprendida y la engañosa realidad paralela, el mátrix de la ficción que traiciona el sentido común. No hay novedad en cuanto a la materia narrativa, un ejercicio cabal de universalidad. Los temas tratados son tan antiguos como el mundo: la traición, los celos enfermizos, el amor, la envidia corrosiva, etc. Incluso que el demonio trate de agradar al hombre con el fin de ganarlo para su causa no es nuevo. Si algo hay que presente alguna novedad temática es que aún quede un demonio que haga alguna buena obra. Un demonio que sea buena gente sí es una rareza. Nos cuenta así la autora qué vamos a encontrar los lectores antes de empezar la lectura, para que no nos hagamos de nuevas. Su deseo es moralista, prevenirnos para que estemos alerta ante las malas tentaciones. Un enredo sin las alas febriles de la poesía, tan presente en las otras maravillas, ausente -sin embargo- en este relato breve. 

En la muy leal ciudad de Zaragoza, trofeo glorioso del Reino de Aragón, vive un caballero noble y rico, correspondido en nobleza por su mujer, gallarda dama. Dos hijas como dos soles, Constanza y Teodosia, alumbran y alegran sus días. Llegadas ambas a la edad de la discreción, don Jorge, primogénito de familia principal, se aficiona de Constanza; Federico, el hermano pequeño, ama a Teodosia. Mientras don Jorge se ve algo correspondido por Constanza -siempre a distancia, claro- jamás Federico logra alcanzar un mínimo favor de Teodosia, atraída por don Jorge. Teodosia, envidiosa de ver a su hermana mayor amada, empieza a malmeter entre ellos para separarlos. Constanza interviene ante su hermana al ver el gesto cabizbajo de Federico por el despego con que ella le trata, siempre a escondidas para que don Jorge no se entere, pues los hermanos no se llevan bien. Más fea se pone la cosa cuando ve a Federico dar la mano a Constanza durante una de las frecuentes conversaciones que mantienen para tratar de mediar con Teodosia. Nada es lo que parece. Ante el ataque de celos que don Jorge manifiesta, Teodosia sigue urdiendo el enredo. Ve la oportunidad de meter cizaña para romper la relación de su hermana con don Jorge. En un aparte, le dice que Federico y Constanza se aman e incluso tienen concertado casarse, completando así la traición. Don Jorge monta en cólera por la deslealtad de Constanza y la osadía de su hermano a quien asesta una puñalada cruel, “rindiendo a un tiempo el desgraciado Federico el alma a Dios y el cuerpo a la tierra.” 




"Muerto el malogrado mozo por la mano del cruel hermano"

Inmediatamente después pone pies en polvorosa; huyendo de la justicia se presenta en Barcelona donde embarca en una galera rumbo a Nápoles, despidiéndose de España para siempre. 

El olvido ya empezaba a hacer su efecto acostumbrado en Constanza, que no en Teodosia, que quería ver casada a su hermana por tener vía libre con don Jorge, cuando aparece don Carlos en Zaragoza. Otro noble galán, más blasonado que rico, hombre maduro venido de la montaña que también se enamora de la belleza de Constanza. Como no hay amor sin astucia, se aproxima a Fabia, la madre, como primera maniobra del cortejo para acercarse a la hija. Una vez ganado su afecto, finge un tabardillo cruel que lo postra en cama y Fabia lo cuida como un hijo. Viéndose morir, a un paso de la sepultura, recibe los sacramentos y llama a Fabia para testar. Su última voluntad es ceder a Constanza toda su hacienda como dote ya que Dios no le ha permitido gozar de su hermosura. Fabia acepta el regalo de cien mil ducados venidos de la montaña y junto a su hija se ponen a rezar para que Dios haga el milagro de la curación. Tanto lloran y rezan que don Carlos sana con rapidez y en un mes ya son marido y mujer. Los dos hijos que tienen entierran los devaneos de la vida pasada. 

Cuatro años más tarde aparece don Jorge por Zaragoza para alegría y contento de Teodosia y de los padres que de dos hijos perdidos en un día, ahora recuperan a uno. La tristeza es para Constanza que ve romperse el sosiego por la actitud de galán descarado hacia ella. Ella no sale de casa sino a misa por no dar lugar al acoso del mancebo precipitado. Hoy tendría encima la afilada espada de Damocles de la violencia de género. Mejor cantarle endechas a la luna, como señalaba Felipe Sassone. 

Hablando se entiende la gente civilizada y no enajenada de infalibilidad vaticana. Constanza cita a don Jorge para aproximar posturas. Le ofrece su amor fraternal si acepta a Teodosia que mata por él. Pero, quia, le responde que verdes las han segado: “Amándote he de morir, y amándote viviré hasta que me salte la muerte.” 




"En concederme este bien me ganáis, no solo por verdadera amiga, sino por perpetua esclava"

En vista de que las posiciones son ciegas, sin ninguna intención de ceder, como los resabiados que están de vuelta de todo, ella le pone precio a su honra. La proposición indecente del millón de dólares de una película de éxito. Un imposible. Será suya si se mete jardinero. Si a la mañana siguiente ha construido un jardín envidia de los jardines pensiles de Babilonia delante de la casa solariega. Y si no lo consigue, acceda a ser esposo de Teodosia. Loco y perdido, con las neuronas exprimidas de tanto pensar, se echa al monte a maldecir a la cruel y rigurosa mujer. Aparece el diablo cuando más hundido se halla para sacarle del pozo de la desesperación. 

Lo dejamos aquí para terminar en otra entrada este “Jardín engañoso”, queda lo más interesante de la historia: el desenlace y la reflexión final acerca del narrador con sorpresa y la promesa de la autora de nuevas historias. Nadie puede dudar de los conocimientos narrativos de la autora y de su interés por narrar desde la originalidad, tampoco del ascendente cervantino de María de Zayas que escribe unos treinta años más tarde.

Golondrinas con fiebre en las alas, 
 Peregrinas borrachas de emoción... 
 Siempre sueña con otros caminos 
 La brújula loca de tu corazón.
Le Pera/Gardel

   

Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

jueves, 19 de octubre de 2017

Novelas Amorosas y ejemplares Aventurarse perdiendo (2) María de Zayas y Sotomayor. Camino a solas.






"Di orden de haber la llave de la puerta falsa por donde salió don Félix para ir a Flandes"

Novelas Amorosas y ejemplares
 Aventurarse perdiendo (2)
María de Zayas y Sotomayor

Entierran a Adriana en la zona noble del cementerio. Qué solos se quedan los muertos. La riqueza y la calidad vencen los imposibles de la época por haber muerto por sus propias manos. Esa misma noche el padre de Jacinta despierta a las cuatro de la mañana, llama al hijo y, armados hasta los dientes, se disponen a reparar la honra de la familia, pero ya Jacinta está acogida a sagrado en un convento, avisados por el criado Sarabia (Un personaje secundario que adquiere importancia paulatina como en las obras de Shakespeare).

Don Félix quiere romper el cerco el primer día de clausura para salir a visitar a su familia. Lo esperan fuera el padre y hermano de Jacinta y al primer cruce de espadas atraviesa el corazón del hermano de Jacinta. Con la llegada del día toda la ciudad se entera de la quimera. Félix marcha para Flandes,  “refugio de delincuentes y seguro de desdichados,” en vista del cariz que toman los acontecimientos. El Corregidor intenta sacarlo del convento y ya el alcalde de Corte viene a detenerlo. Deja a su padre el encargo de amansar las partes y negociar su vuelta. Marcha a Barcelona en cuyo puerto están atracadas las naves que trajeron los tercios europeos para sofocar la rebelión de los moriscos y que esperan al Conde de Lemos que marcha de virrey a Nápoles. De Nápoles a Flandes al mando de una bandera marcha don Félix.

Como el padre agraviado no puede vengarse de don Félix, decide hacer daño donde más  duele: Impedir que las cartas le lleguen a ella o al suegro. O manipularlas. Un día intercepta y amaña una de un capitán amigo de don Félix en la que cuenta que don Félix ha muerto durante una reyerta en Barcelona. Una muerte que provoca dos vocaciones religiosas, dos monjas nuevas: Isabel y Jacinta, que toma hábitos desengañada del mundo al pensar “que faltando don Félix no quedaba en el mundo quien me mereciese.” Muere su padre y hereda cuatro mil ducados de renta con los que hace y deshace a su antojo en el convento. Mientras tanto don Félix se entrega al juego y a las damas en Bruselas. No se acordó de España ni de Jacinta durante los seis años que allí estuvo.




"Me puse en poder de don Félix,  que en tres mulas que Sarabia tenía prevenidas [...]" 



Corriendo el tiempo don Félix aparece ante el torno de las clausuradas rompiendo el sosiego y la quietud de ella en el convento. Fue oír su voz y desplomarse al suelo como muerta en un desmayo cruel. Pero como el cielo le guarda más desdichas, vuelve en sí al tercer día que es cuando se resucita. Don Félix se hace con la llave maestra que abre las puertas del convento y duerme con Jacinta todas las noches o las más de las noches sin necesidad de saltar muros ni escalar claustros como Don Juan. Mientras tanto, Sarabia parte a Roma a por la licencia que los case. Ella reconoce su pecado y agradece a Dios su misericordia por no mandar un mal rayo justiciero. De primeras el Papa dispone que haya pena de excomunión mayor, pero como el dinero vence los imposibles, cuatro mil ducados del ala les vale la licencia y la comparecencia de don Félix ante la audiencia eclesiástica.

Doce días más tarde se presentan en el puerto de Valencia a lomos de unas mulas, embarcados en una falúa rumbo a Roma donde el Papa los desposa a cambio de dos mil ducados y bajo la penitencia, para disimular, de no juntarse durante un año. Conseguido ello gracias a la influencia y buenos oficios ante la santa sede del embajador y de varios cardenales que antes habían ejercido en Baeza, cabeza de la cristiandad. Después de algunas vicisitudes llegan por tierra a Madrid a causa de una tormenta cruel. Sucede a continuación una leva, una movilización real de tropas para acudir a servir al monarca a Mamora,  con gran pesar por ambas partes a causa de la separación de al menos los siete meses que les resta para cumplir el año de castigo vaticano.

La pérdida de su dueño equivale a tres meses de enfermedad en los que no conoce la alegría ni la salud cuando recibe a través de Sarabia la noticia de la muerte del noble espadón enamorado en las aguas del puerto de Mamora. Antes ella había tenido un mal presagio, un sueño truculento en el que le llega un paquete con su cabeza dentro.

Rechaza los repetidos consejos de unos y de otros para curarse de nuevo, decide no volver al convento. Hasta que un día conoce a Celio, otro galán rico y poeta que “hablaba bien y escribía mejor, siendo tan diestro en amar como en aborrecer.” Mancebo noble sin oficio ni beneficio, pero que sabe los secretos para enamorar mujeres. Jacinta cae en sus redes “y aunque llegue a abrasarme no pienso de sus rayos apartarme,” sin embargo, calla por no parecer liviana. Celio (el más sabio en engañar que se haya visto) entra en el juego porque a nadie le pesa el ser querido. Ella, temerosa de perderle desde que le empezó a querer, deja de acordarse de don Félix por tener empleados en Celio todos los sentidos. El acompaña el desamor con darle celos, así que visita una dama libre, mercenaria del amor de las que tratan de tomar placer y dineros. Ella se queda día y noche bañada en un orinoco de lágrimas.

Celio se viene a Salamanca a estudiar letras divinas. Enterada Jacinta de que anda en amores en esta afamada ciudad, ¿qué no hará una mujer celosa? Se echa al camino, su acompañante la engaña y toman el camino de Barcelona, justo la dirección contraria. La desvalija y sola sigue su camino a lomos del unicornio azul, hasta Monserrat donde ahora se encuentra contando la historia, hundida en su amargura y guardando un rebaño de ovejas sobre un unicornio interior.



"En fin, me determiné de ir a aquella famosa ciudad"


Fabio confiesa que es amigo de Celio y como buen conocedor de su comportamiento y por el relato oído asegura que Celio la estima. Y más la querría si ella le hubiera aborrecido un poco. Le propone ingresar en un monasterio principal de la Corte, él se compromete a influir en Celio para que la visite y trueque el amor imperfecto en amor de hermanos. Ella acepta como mal menor, siempre mejor que malvivir en los montes inhabitables en los que pasa su existencia. Que pierda el cielo, que gane el imperio de sus pasiones. Ella es fénix de amor, “quiero y querré siempre a Celio hasta que ella (la muerte) triunfe de la vida. Hice elección de amar y con ella acabaré.” Al menos el alma comerá con su visión a pesar de todos los despegos y deslealtades. Y en el monasterio madrileño continúa Jacinta, Guiomar con ella, ella fue quien contó la historia a la autora para que la escribiera. He aquí otro rasgo cervantino: la fragilidad del narrador que caracteriza muchas de sus obras. Talentoso giro al final cuando ya nadie lo esperaba.

A continuación toma la palabra Matilde para declamar su maravilla que tratará de la venganza de las mujeres engañadas como ya se nos anuncia, “pues la mancha del honor, solo con sangre del que le ofendió sale.”


No me obligues a hacerte la ola 
sigue sola tu camino 
al fin y al cabo, ni sé ni sabo 
cuánto nos cobra el destino.
Joaquín Sabina



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.