martes 20 de marzo de 2012

Habla popular de Lumbrales (121)

Las chozas han perdido la utilidad para la que fueron construidas, pero no por ello deberían caer en el abandono y desaparecer.



Rencallo: Animal mal castrado.
DRAE: 1. adj. Zam. ciclán (‖ que tiene un solo testículo).
No está en el DCT.

Renta (llevar en): Trabajar tierras arrendadas de otros propietarios del pueblo. Rentero.
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT.
BDE: 1215 (antes renda, 1131)

Repastar: Comer después de la cena. Con el mismo significado se utiliza la expresión Salir a repasto.
No está en el DRAE con esta acepción.
DCT: mismo significado.



Repelao: Dulce típico de la tierra que se elabora con almendra molida, azucar y huevos. Cocidos al horno. "Por falta de almendra no pudimos hacer los repelaos”.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.




Repelina:
Lanzar al aire monedas y confites para que los cojan los niños como celebración de los bautizos.

No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Requilorios: Chismes, rodeos."Anda todo el día con requilorios".
DRAE: 2. m. coloq. Formalidad e innecesario rodeo en que suele perderse el tiempo antes de hacer o decir lo que es obvio, fácil y sencillo. U. m. en pl.
No está en el DCT.



Resbalina: Se dice de las peñas o laderas inclinadas y finas que sirven de tobogán a los niños.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.


Resbalino:
Resbaladizo.

No está en el DRAE.
No está en el DCT.


Rescaño: Trozo del borde del pan con mucha corteza y poca miga.
DRAE: 1. m. Resto o parte de algo.
DCT: Cantero de pan.







Rescolgarse:
Colgarse de algún sitio, agarrándose con las manos. “Tienen la portería abangá de rescolgarse los muchachos”

No está en el DRAE.
DCT: mismo significado.

Resguñar, Arresguñar: Arañar."Jugando con el gato, me resguñó".
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Respectivo(al): En comparación. No es expresión antigua sino muy utilizada actualmente. “Al respectivo, este tractor es mucho mas caro que el otro”.
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT.



Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.


Las dos últimas imágenes son de Jaime Grandes

domingo 18 de marzo de 2012

Ventana barroca que cambió de calle.

Ventana decorada de arte barroco en la calle Libreros

La Universidad de Salamanca es durante los S. XVI y XVII la gran generadora de las razones teológicas del imperio en su lucha por la fe y la contrarreforma. Algunos de sus pensadores y profesores también tomaron parte activa en la redacción de “La Pepa”, llamada así porque mañana, día de San José, cumple doscientos años. Esta pequeña ciudad siempre capaz de lo mejor y de lo peor, la eterna dualidad entre contrarios, madre de todas las contradicciones. La primera constitución española tuvo una gran importancia en su tiempo porque entonces España no cabía en medio mundo. Qué diferencia con la actualidad en que a la península ibérica le sobra algún trozo para darle cabida, sin contar a Portugal. Doscientos años de continuas grescas entre unos y otros. De las dos españas que apenas si se hablan y saludan al cruzarse por las calles de pueblos, campos y ciudades. Con lo poco que cuesta y lo bien que se queda uno después de hacer las paces.

Pero no venía yo a hablar de constituciones ni de teologías antiguas, entre otras razones porque lo que tuviera que contar entraría en dos renglones cortos, sino a presentar a los que por aquí buenamente pasan, una anécdota, una ventana de estilo barroco con truco, cambiada de sitio en algún momento de mediados del siglo XX, merced a un traslado desde la desaparecida iglesia de San Isidoro en la calle Francisco Vitoria, a otro edificio que la Universidad levantó en el solar, en la parte que da a la calle Libreros, justo al otro lado de la manzana de casas.

Sólo se me ocurre lamentar la desaparición de unidades del patrimonio. Si esto ocurre en lugares en los que en teoría moran los representantes más sensibles con la arquitectura antigua, qué no pasará en las zonas rurales con la arquitectura popular tradicional (chozas, caños, fuentes, corrales, puentes o paredones) en las que a menudo se confunden las cosas antiguas con las viejas o inservibles, cuando en realidad son más útiles y duraderas que las modernas.


Calle Libreros


La ventana en su emplazamiento original de la Calle Francisco Vitoria.


1991


Ahora



Así era la acera
del número 25 de Francisco Vitoria.
Imagen escaneada de "El libro de oro de Salamanca". Colección de Enrique de Sena.


El numero 25 hoy.


EnlaceNo podía faltar una calle con este nombre en una ciudad que albergó a la Universidad que nutrió desde la retaguardia los razonamientos teológicos de la doctrina imperante durante varios siglos.

Las fotos B/N están escaneadas de la colección de láminas "Salamanca ayer y hoy" de La Gaceta de Salamanca


jueves 15 de marzo de 2012

Perseguí quimeras


"Por la sombra del cielo iba la luna sola, lejana y blanca como una novicia escapada de su celda"



MEMORIAS DEL MARQUÉS DE BRADOMÍN. VALLE-INCLÁN

SONATA DE INVIERNO (5)

Bradomín conmueve a la adolescente quinceañera que le cuida cuando le dice que la poda de un miembro regenerará el tronco viejo. Se adormece al sentir el terciopelo de los ojos de la niña poblados de sueños. De nuevo el autor sondeando los límites de lo prohibido.

“¡Viva Dios, Viva el Rey!” es el grito medieval que le llega de la calle y une a la gente de fe inquebrantable. Son los vítores que le recuerdan la guerra, la misión incumplida y que le acercan a la realidad de brazo amputado: “Un dolor sordo que me fingía tenerlo aún, pesándome como si fuese de plomo”.

Sobresaltado por la fiebre y el dolor remoto del brazo que no existe, se despierta al atardecer. Sor Simona se presenta en la casa con la satisfacción del deber cumplido. Trae con ella los rusos que el Cura de Orio tenía prisioneros. El cura se ha librado por poco de hacer de Infanta Carlota: arañazos en la cara.


Massaguer

Valle-Inclán se esfuerza en acomodar no sólo el ritmo a la expresión, también la elección de las palabras y asociaciones de nombres, adjetivos y verbos:

“Seguía oyéndose el toque vibrante y luminoso de la corneta que parecía dar sus notas al aire como un despliegue de bélicas banderas. Yo sentí alzarse dentro de mí el ánimo guerrero, despótico, feudal, este noble ánimo atávico, que haciéndome un hombre de otros tiempos, hizo en éstos mi desgracia. ¡Soberbio Duque de Alba! ¡Glorioso Duque de Sesa, de Terranova y Santángelo! ¡Magnífico Hernán Cortés! Yo hubiera sido alférez de vuestras banderas en vuestro siglo. Yo siento, también, que el horror es bello, y amo la púrpura gloriosa de la sangre, y el saqueo de los pueblos, y a los viejos soldados crueles, y a los que violan doncellas, y a los que incendian mieses”.


El párrafo es un ejercicio de búsqueda de fórmulas y combinaciones que dan a la prosa un atractivo formal indudable. El autor arriesga porque no elige el camino fácil. En lugar de adjetivos como: infame, asesino, violador o torturador - que serían los apropiados y probablemente los seleccionados por cualquier autor en su sano juicio para definir la infamia que se narra -, escoge: soberbio, magnífico y glorioso con objeto de provocar confusión con su ironía en el lector, al tiempo que libera a la literatura de ataduras. Resulta claro que el autor busca el embellecimiento de su prosa a través de la provocación, y nadie podrá decir que esa acumulación de palabras con connotaciones negativas sea un muro que el autor ponga entre el lector y la imagen que quiere dibujar. Se trataría entonces de algo aburrido y tedioso: Literatura pesada y anticuada, siendo Valle-Inclán ejemplo de todo lo contrario, sus frases son tan rítmicas y hermosas, que
parecen invitar a la lectura y relectura.

Bradomín habla con la elocuencia hueca de un Demóstenes inflamado de patrioterismo. Oradores de mítines de trinchera que convocan y calientan el oído sectario y selectivo de los ya convencidos del mensaje de antemano.

Los prisioneros son padre e hijo. El padre viajero es el mismo ruso que la Niña Chole había intentado seducir a bordo de la fragata, Dalila, y que había provocado una situación de celos en Bradomín: bello pecado, “regalo de los dioses y tentación de los poetas”.

Por la noche hay batalla en el cercano Santuario de San Cermín. De mañana, empiezan a llegar las consecuencias: heridos de bala, despojos humanos incapaces de valerse por sí mismos, escombros tristes del fanatismo, maldicientes espejos empañados de la muerte, vástagos de la derrota. Hijos del agobio. El Marqués pasa el día con el ánimo abatido, apesadumbrado por la mutilación y hundido por el goce de algunas viejas amigas. Sólo el cerco a Maximina, la niña que le atiende, le saca del sopor de la derrota. El bálsamo de sus ojos aterciopelados y tristes, la frialdad de sus labios de novicia y un "te quiero" de sumisión le dejan solo con la blanca luna, sombra blanca y lejana que el cielo arroja.

"Perseguí quimeras por la acera del desamor
Ya no es primavera
Qué temprano se pone el sol
No tengo banderas
La que tuve se destiñó."
Sabina/Serrat





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


martes 13 de marzo de 2012

Habla popular de Lumbrales (120)

Roble con nido de cigüeña

Rede: Red
No está en el DRAE.
No está en el DCT.
BDE: red: 1074. Del latín RETE.

Refajo: Combinación de lana o punto que llevaban las mujeres bajo el vestido o saya."En tiempo de verano, sobra el refajo”.
DRAE: Falda corta o vueluda, por lo general de bayeta o paño, que usan las mujeres de los pueblos encima de las enaguas. En las ciudades era falda interior que usaba la mujer para abrigo.
DCT: Falda de tela gruesa y burda que usaban las mujeres rurales como prenda interior de abrigo o, en género de mejor clase y aspecto, como falda exterior.
BDE: Faja proviene del latín FASCIA. En su origen no fue voz propiamente castellana, sino de origen dialectal o tomada del catalán.

Refregarse: Restregarse, rozarse contra el suelo, pared u otra superficie. “Al soltar los mulos se refriegan contra los robles para arrascarse”.
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT con esta acepción.
BDE: 1495. Fregar proviene del latín FRICARE.



Regajo: Maruja, pamplina. “Volvieron de la siega cargados de regajo y prepararon una ensalada".
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT.
BDE: 1737. Regar viene del latín RIGARE.




Regaño:
Rabia, enfado “Me da regaño que hables así".

DRAE: 1. m. Gesto o descomposición del rostro acompañado, por lo común, de palabras ásperas, con que se muestra enfado o disgusto.
No está en el DCT.
BDE: Hacia 1400. Del mismo origen incierto que el portugués arreganhar (arreganho). Parece emparentado con el latín GANNIRE “regañar, refunfuñar”. Probablemente de este verbo latino se derivó en vulgar un sustantivo REGANNIUM, de donde regaño, y de este sustantivo derivó el verbo REGANNIARE.



Regatera: Zanja o gavia que se hace en la tierra, semejante a una Acequia, por la que llega el agua a los surcos. O para que sirva de desagüe de una charca o encharcamiento.
No está en el DRAE con esta acepción.
No está en el DCT.



Regatera de Candelario



Reírse:
Romperse una tela cuando está gastada. “Esa camisa se te va a reír pronto de lo baludina que está.”

DRAE: 6. prnl. coloq. Dicho de la tela de un vestido, de una camisa o de otras cosas, por muy usadas o por la calidad de la misma tela: Empezar a romperse o abrirse.
No está en el DCT.
BDE: 1220-50. Del latín RIDERE.

Relamberse:
Lamber de nuevo. Mostrar satisfacción por algo que se ha comido o hecho.

No está en el DRAE.
No está en el DCT.




Relumbiar: Relumbrar, resplandecer, relucir. "Qué es aquello que relumbia en lo alto el campanario…?"
No está en el DRAE.
No está en el DCT.





Remanecer:
Aparecer, presentarse. “Menos mal que remaneció enseguida, pues ya no sabíamos paonde tirar”.

DRAE: 1. intr. Aparecer de nuevo e inopinadamente.
No está en el DCT.



Remosqueta: Giro brusco que dan las caballerías cuando se espantan, provocando algún desbarajuste pues el que guía no se lo espera. “Iba tan tranquila con la burra, cuando de repente, pegó la remosqueta y me tiró las aguaderas con las cantaras”.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.





Remugir:
Revolver los cajones."Deja de remugir”.

No está en el DRAE.
No está en el DCT.



El color verde aceituna en algunas palabras o expresiones indica que son de reciente incorporación, posterior a Mayo de 2007.

Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.


domingo 11 de marzo de 2012

Palacio de Monterrey (2)

La admiración que la robusta planta del palacio renacentista provoca en el visitante, corre en paralelo a la decepción que se siente cuando te informan de que su interior es un secreto al tratarse de una propiedad privada.

Ahora nos fijamos en estas tres imágenes del exterior de la torre. En la primera de Cándido Ansede ya se puede observar la cadena adosada a la pared por encima de la puerta de entrada que indica que el edificio ha sido aposento real.




En esta foto de 2002 se puede observar el retranqueo de la puerta de entrada que deja visibles las ventanas de la primera y segunda plantas ricamente adornadas. La bandera con crespón negro en expresión de luto por la muerte del Duque consorte Don Luis de Aguirre. En la siguiente el detalle de los dentellones marcando la parte inacabada

Gracias al libro de Julián Álvarez del Villar "Salamanca Desconocida" nos asomamos al interior del palacio recientemente restaurado con premio europeo incluido.


Salón del Rey.


Rincón de la chimenea en el salón verde.


Salón de los Ribera.
Los dos paisajes son destacables porque escapan al Ribera tradicional.



Comedor.
Destaca la techumbre mudéjar, esplendida y minuciosamente restaurada.



A vista de pájaro, el palacio parece naufragar, empequeñecido, en el bosque de piedra.

José Sanchez Rojas, Rojitas, para Don Miguel de Unamuno, da cuenta de una conferencia de Don Ángel de Apraiz en el Ateneo de Madrid sobre el Palacio de Monterrey. Le sirve de excusa para extenderse sobre su ciudad y ponerse estupendo sobre asuntos literarios, sociales y políticos relacionados con la tierra.

LA CASA SALMANTINA

Muy interesante fue la conferencia que dio en el Ateneo, el jueves, el ilustre catedrático de Teoría de Bellas Artes de aquella Universidad don Ángel de Apráiz. Versó la conferencia sobre la casa y la vida salmantinas en la época clásica del esplendor de la ciudad- Siglos XVI y XVII- aportando, entre otras cosas, datos muy curiosos acerca de la construcción del Palacio de Monterrey, anterior a 1539 y resucitando, con perfecta entonación, el colorido exacto de la vieja ciudad universitaria, todo bullicio y alegría, con el estruendo de su escolaresca, la animación de sus patios, la majestad de sus piedras y la agitación de su mocedad gravada en los vítores rojos de sus colegios.

Triunfó como erudito en su trabajo el Sr Apráiz y venció también como poeta. Como erudito porque fijó de una vez para siempre las fechas que traían de cabeza a los aficionados a este linaje de cosas, señalando como arqitecto de ese pasmo del arte Plateresco español que se llama el Palacio de Monterrey –hoy del patrimonio del Duque de Alba- a Fr. Martin de Santiago y a Rodrigo Gil de Hontañón. Porque supo encajar el dato y la fecha, y la menudencia anecdótica en la trama de su disertación, dándoles animación y vida. Porque su conferencia bien ordenada y meditada abarcó todos los órdenes de la vida social de aquel entonces. Y triunfó igualmente como poeta, esto es, como creador el Sr. Apráiz, porque supo darnos su imagen personal de la ciudad dorada, amapola roja en claustro seco, penetrando en las esencias españolas que hay dentro de las piedras salmantinas.

Yo cerraba los ojos escuchando la conferencia del joven catedrático y evocaba, con temblores de emoción, viejos rincones de la ciudad del Tormes, que descubro de nuevo cada vez que torno a contemplarlos, porque su visión baña de tal suerte en luz al espíritu, que le aniña y le presta siempre frescura. Y Salamanca es un pequeño compendio de toda la esencia española. Allá, junto al río, por las tenerías, oyendo el traqueteo molinero de las aceñas, discurre la vieja Celestina y por unas tapias sobre las que se destacan las formas elegantes y recortadas de los cipreses sube Calixto a contemplar los ojos verdes y anchos de la dulce Melibea. Y sobre la casita, es el colegio de los verdes, o de la merced, escribe siglos más tarde, el buen Tirso, las andanzas del célebre burlador sevillano. Y junto al colegio, el ángel de la veleta de la Magdalena sonríe a las riberas mimosas del claro río. Y enseguida comienzan las más angostas y quebradas donde pone Espronceda sus escenas de Estudiante. Y una iglesia románica esconde su fachada sobria detrás de otro Colegio. Y por la calle de los moros, discurre Esperancica la de la Tía Fingida, son sus dueñas de tocas alongadas. Y las bandurrias, y los cencerros, y las gaitas zamoranas, rompen la placidez del sitio con su estruendo endemoniado. Lo pícaro se funde con lo académico, y junto al parador donde viven los capigorrones, yergue su fachada la vieja escuela de Alfonso IX, envolviendo la vida a la ciencia y la mocedad a la vida.

Pero Salamanca es toda evocación. El puente nos habla del Lazarillo, y más allá del puente por el Zurguén, cantan sus trovas los lánguidos pastorcillos del S. XVIII, y como protesta, frente al Zurguén, los cerros gloriosos de Los Arapiles recortan la llanura. Pero el puente recuerda también a Teresa de Jesús, y al encendido frailecito de Fontiveros, y al diabólico don Diego de Torres –predecesor en paradojas del bueno de Don Miguel de Unamuno - que habla a sus amigos a la hora de la fresca después del soconusco, de las aguas milagrosas que remozan el cutis apergaminado en lides de amor.

Salamanca no es Castilla: es León. Y León tiene la blandura de Galicia, la zorrería lusitana y la sequedad, ya un poco apagada, del suelo de Castilla. Y León produce en lo urbano al salmantino y en lo rural al charro. Así, las piedras, que no son más que la proyección del espíritu de la ciudad en la ciudad misma, despista a esos espíritus curiosos, que como mi amigo Pedro de Répide, han ido a Salamanca en busca de la austeridad, de la secura, de la llaneza castellanas. Y Salamanca no es eso. Salamanca es la floración, la eterna floración del espíritu, que no se concreta nunca porque si madurase, se agostaría, y es el anhelo de la posibilidad frente a otras ciudades que son ya el fruto y la decadencia de una raza que vive de sus recuerdos.

Salamanca vive en eterna gestación. Es la gestación espiritual de una España futura. Si sus piedras hablasen – y yo sé que hablan al encenderse al fuego del sol – mejor cantarían los amores del escolar que la dura experiencia de los viejos. La tradición en Salamanca no se ha roto; de Fray Luis va a Unamuno; a Unamuno no sabemos quién le robará el cetro. Y Salamanca es con su Tormes para España, lo que es Coimbra con su claro Mondego para Portugal. Y lo que es Florencia con su Arno para Italia.

JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS
La Nación 3-abril-1917.


La imagen a vista de pájaro esta escaneada del libro "Desde el cielo de Salamanca" editado por La Gaceta de Salamanca.

jueves 8 de marzo de 2012

La noche calza sus botas de metal


La gente se agrupaba en las calles para gritar entusiasmada:
-¡Viva el rey de los buenos cristianos!



MEMORIAS DEL MARQUÉS DE BRADOMÍN. VALLE-INCLÁN
SONATA DE INVIERNO (4)

Una borrasca de nieve y agua castiga Estella. La ciudad santa del Carlismo respira al ritmo de los clarines que acompañan a la tropa que se ha juntado para la guerra. A la espera de las escaramuzas que los justifique, hay tiempo para noches de amor adúltero y juego hasta el amanecer.

Mientras Bradomín exhibe sus dotes amatorias en el tálamo clásico de los hidalgos navarros ignorantes de la “teología de Aretino”, las primeras luces del día sobre Estella nevada sorprenden a los frailes facciosos de timba en casa de Fray Ambrosio. La luz natural y la llegada del Marqués ponen fin a la partida. El sonido metálico de las herraduras de los caballos de las Lanzas de Borbón resuena al golpear el empedrado de la plaza. Ni el agua ni la nieve son obstáculos para la campaña. Con la Caballería de Borbón en casa, el Rey Carlos decide salir de campaña. El Conde de Volfani y Bradomín le acompañan.

Llegan a Zabalcín con el ánimo de dejar expedito el camino de Oteiza que ocupa la tropa alfonsina, pero el mal tiempo les obliga a parar antes de cumplir la misión. El Rey decide regresar a Estella esa misma noche, de incógnito y acompañado de Volfani y Bradomín. El resto se queda, inflamados de patriotismo carlista y ponderando “el valor sereno de los castellanos y el coraje de los catalanes y la acometida de los navarros”.

Ya en Estella, encaminan sus pasos al caserón de la Duquesa de Uclés, una antigua bella bailarina. A la puerta les recibe un anticuado y renombrado en su día picador de toros bravos. Las malas lenguas le vinculan a la Duquesa y por lo tanto competencia del Marqués de Bradomín en los favores de la noble dama. A pesar de que ella siempre lo haya negado, tildando las insinuaciones de calumnias mal intencionadas, el picador se acaricia los tufos y pregunta ceceando en el contrapunto jocoso ante la gravedad de la situación:

-¿Pero estamos seguros de que no es vino lo que tiene?

Al Conde Volfani le ha dado un trabajo en casa de la bailarina, gitana de ojos morunos que había mandado al convento a una hija suya y de Bradomín. La Duquesa se ha arruinado por la Causa: cien lanceros de Don Jaime y sus monturas dependen de sus dineros. El picador con pata de palo que anuncia su llegada “despertando los ecos del caserón”, se encarga de la devolución del afectado a su casa.

Los lamentos del Rey por la más que probable muerte de Volfani en su incursión nocturna en la retaguardia y el frío viento del Norte les acompaña en el regreso junto a sus tropas. Muchos pasan la noche de timba. Bradomín le da vueltas a unas palabras del Rey, le recuerdan su juventud italiana, a María Rosario, el primero y único amor de su vida y su huida cobarde de la muerte de la niña que recogió moribunda del pavimento del palacio Gaetani. Se ampara en la partida de cartas de los fieles soldados del cuartel real, una vez comprobada la incapacidad de la luna de disipar la nube negra de sus pensamientos perdidos en su propio laberinto.

"Sentí en el brazo izquierdo el golpe de una bala y correr la sangre caliente por la mano adormecida"

Ya de mañana comienza la guerra para el Marqués. La misión a cumplir que el Rey le encomienda, consiste en impedir que el cura de Orio mate a dos rusos que tiene retenidos. Cuando pretende llegar al guerrillero con diez lanceros escogidos, una bala de los alfonsinos que viene hacia él le arrebata el ánimo al intentar cruzar el río crecido. Tiene que retroceder. Sor Simona, una monja exclaustrada con ojos de superiora fundadora, le reconoce y le obliga a curarse. La orden del Rey bien puede esperar porque el brazo herido no espera.



“Nos detuvimos ante una de esas hidalgas casonas aldeanas con piedra de armas sobre la puerta y ancho zaguán donde se percibe el aroma del mosto, que parece pregonar la generosa voluntad”. Bradomín ya no saldría de ella sino con un miembro menos: “El orgullo, mi gran virtud, me sostenía”.


"Luces de alma en pena en mi noche de viejo"

El autor se dilata en contarnos cómo se corta un brazo afectado de gangrena y cómo el Marqués no emite ni un grito de dolor. Aguanta con una entereza tal que causa admiración en los presentes: “No exhalé una queja ni cuando me rajaron la carne, ni cuando me serraron el hueso, ni cuando cosieron el muñón”. Enfebrecido, cercado por la niebla de la fiebre, se desvanece como se hunden en la penumbra del sueño los protagonistas heridos en las películas, al cuidado hasta recuperarse, de la chica enamorada del héroe. En los momentos de lucidez que deja la modorra de la fiebre del convaleciente, sus pensamientos vuelan como la alondra que rompe la negritud de la noche, estimulados por la sombra de Maximina que no se separa de su cabecera, sentada en una sillita baja de enea pasando entre sus dedos las cuentas del rosario.


"La noche que yo amo es un sótano oscuro
donde van los marinos que quieren naufragar.

Hay siempre algún borracho sujetando algún muro,

llamas de madrugada y te dejan entrar.

Los profetas urbanos salen de sus guaridas
cuando la noche calza sus botas de metal"

Joaquín Sabina e Hilario Camacho





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


El dibujo en B/N es de la página Noticias Carlistas


martes 6 de marzo de 2012

Habla popular de Lumbrales (119)

El día se va despacio camino de Portugal.



Reballo (Andar de): Levantarse por la noche por algún motivo. “Anduve de reballo toda la noche pues estaba la marrana pa parir”.
No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Rebojo: Trozo pequeño de pan duro que queda al terminar una comida, cortado del canto.
DRAE: 1. m. Residuo de algunas cosas, en especial de pan.
DCT: mismo significado.



Rebozo: Prenda del traje de charra que cubre el pecho y la espalda, colgado de los hombros, que cruza el pecho a modo de banda y se ata a la cintura por detrás. Debajo del rebozo va un pañuelo de tul.
DRAE: Rebociño: 1. m. Mantilla o toca corta usada por las mujeres para rebozarse.
2. m. Toca de lienzo blanco, comúnmente muy sutil, ceñida a la cabeza y al rostro de las mujeres, que unas veces caía sobre el cuello y los hombros y otras sobre el cuello y el pecho.
No está en el DCT.




Rebujina: Revolvimiento. Junta de unos animales con otros. “Iban dos atajos de ovejas por el mismo camino e hicieron una rebujina de mucho cuidao”.
DRAE: 1. f. Alboroto, bullicio de gente del vulgo.
No está en el DCT.



Rebujón:
Atado revuelto y desordenado de cosas viejas. “Haz un rebujón con todos esos jatos que ya no te pones y los echas en el contenedor de la ropa”.

No está en el DRAE.
No está en el DCT.

Rebullir: Despertarse o cuando alguien que está quieto se mueve. "Estaba tan cansado que no rebulle ni da retentío".
DRAE: 1. intr. Dicho de algo que estaba quieto: Empezar a moverse. U. t. c. prnl.
MORF. conjug. c. mullir.
No está en el DCT.
BDE: Proviene del latín BULLIRE “bullir”, “hervir”, derivado de BULLA “burbuja”.

Rebusco: Una vez recolectadas las patatas, se desaran y se hace el rebusco para que no queden en la tierra. “Todavía sacamos diez sacos de patatos en el rebusco”. Antiguamente se podía ir a rebusco a las fincas de otros, después de haber recogido, ya fueran espigas de mies (respigar) o uvas.
DRAE: 1. m. Acción y efecto de rebuscar.
DCT: Rebusca: Labor que consiste en ir en busca de uvas que se han dejado en la vendimia, bien por olvido o porque aún no estaban maduras.
BDE: buscar: HACIA 1140. Vocablo propio del castellano y el portugués, de origen incierto, acaso prerromano. Rebusco Principios del S. XVI.

Recencio: Relente, brisa húmeda y fría.
DRAE: 1. m. Sal. cierzo.
1. m. Sal. Efectos del cierzo, como el frío y la escarcha.
DCT: Vientecillo fresco.



Recental: Cordero lechal, por extensión también se aplica a cualquier animal.
DRAE: 1. adj. Dicho de un cordero o de un ternero: Que mama o que no ha pastado todavía. U. t. c. s.
DCT: Cría de animal ovino.



Recua:
Grupo de personas o de animales. “Nos juntamos buena recua de Lumbrales en El Noveno”.

DRAE: 2. f. coloq. Multitud de cosas que van o siguen unas detrás de otras.
DCT: Conjunto de animales de carga que sirven para trajinar.
BDE: 1247. Tomado de la raíz árabe rakab “montar a caballo”. Probablemente se trata del árabe rékba “cabalgata”, “caravana”, perteneciente a esta raíz.



Recular: 1.- Tesar. Retroceder, echar hacia atrás. "Recula el carro hasta las puertas del pajero” . 2.- No quedar preñada una hembra.
No está en el DRAE con la segunda acepción.
No está en el DCT.
BDE: 1607. Probablemente tomado del francés reculer, S. XII.



Reculas (a):
Hacia atrás. Modo de andar de culo, para atrás.

No está en el DRAE.
No está en el DCT.


Abreviaturas utilizadas:
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española.
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional.
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina.

Con la excepción de la foto del carro, las demás imágenes son de Jaime Grandes