jueves, 19 de octubre de 2017

Novelas Amorosas y ejemplares Aventurarse perdiendo (2) María de Zayas y Sotomayor. Camino a solas.






"Di orden de haber la llave de la puerta falsa por donde salió don Félix para ir a Flandes"

Novelas Amorosas y ejemplares
 Aventurarse perdiendo (2)
María de Zayas y Sotomayor

Entierran a Adriana en la zona noble del cementerio. Qué solos se quedan los muertos. La riqueza y la calidad vencen los imposibles de la época por haber muerto por sus propias manos. Esa misma noche el padre de Jacinta despierta a las cuatro de la mañana, llama al hijo y, armados hasta los dientes, se disponen a reparar la honra de la familia, pero ya Jacinta está acogida a sagrado en un convento, avisados por el criado Sarabia (Un personaje secundario que adquiere importancia paulatina como en las obras de Shakespeare).

Don Félix quiere romper el cerco el primer día de clausura para salir a visitar a su familia. Lo esperan fuera el padre y hermano de Jacinta y al primer cruce de espadas atraviesa el corazón del hermano de Jacinta. Con la llegada del día toda la ciudad se entera de la quimera. Félix marcha para Flandes,  “refugio de delincuentes y seguro de desdichados,” en vista del cariz que toman los acontecimientos. El Corregidor intenta sacarlo del convento y ya el alcalde de Corte viene a detenerlo. Deja a su padre el encargo de amansar las partes y negociar su vuelta. Marcha a Barcelona en cuyo puerto están atracadas las naves que trajeron los tercios europeos para sofocar la rebelión de los moriscos y que esperan al Conde de Lemos que marcha de virrey a Nápoles. De Nápoles a Flandes al mando de una bandera marcha don Félix.

Como el padre agraviado no puede vengarse de don Félix, decide hacer daño donde más  duele: Impedir que las cartas le lleguen a ella o al suegro. O manipularlas. Un día intercepta y amaña una de un capitán amigo de don Félix en la que cuenta que don Félix ha muerto durante una reyerta en Barcelona. Una muerte que provoca dos vocaciones religiosas, dos monjas nuevas: Isabel y Jacinta, que toma hábitos desengañada del mundo al pensar “que faltando don Félix no quedaba en el mundo quien me mereciese.” Muere su padre y hereda cuatro mil ducados de renta con los que hace y deshace a su antojo en el convento. Mientras tanto don Félix se entrega al juego y a las damas en Bruselas. No se acordó de España ni de Jacinta durante los seis años que allí estuvo.




"Me puse en poder de don Félix,  que en tres mulas que Sarabia tenía prevenidas [...]" 



Corriendo el tiempo don Félix aparece ante el torno de las clausuradas rompiendo el sosiego y la quietud de ella en el convento. Fue oír su voz y desplomarse al suelo como muerta en un desmayo cruel. Pero como el cielo le guarda más desdichas, vuelve en sí al tercer día que es cuando se resucita. Don Félix se hace con la llave maestra que abre las puertas del convento y duerme con Jacinta todas las noches o las más de las noches sin necesidad de saltar muros ni escalar claustros como Don Juan. Mientras tanto, Sarabia parte a Roma a por la licencia que los case. Ella reconoce su pecado y agradece a Dios su misericordia por no mandar un mal rayo justiciero. De primeras el Papa dispone que haya pena de excomunión mayor, pero como el dinero vence los imposibles, cuatro mil ducados del ala les vale la licencia y la comparecencia de don Félix ante la audiencia eclesiástica.

Doce días más tarde se presentan en el puerto de Valencia a lomos de unas mulas, embarcados en una falúa rumbo a Roma donde el Papa los desposa a cambio de dos mil ducados y bajo la penitencia, para disimular, de no juntarse durante un año. Conseguido ello gracias a la influencia y buenos oficios ante la santa sede del embajador y de varios cardenales que antes habían ejercido en Baeza, cabeza de la cristiandad. Después de algunas vicisitudes llegan por tierra a Madrid a causa de una tormenta cruel. Sucede a continuación una leva, una movilización real de tropas para acudir a servir al monarca a Mamora,  con gran pesar por ambas partes a causa de la separación de al menos los siete meses que les resta para cumplir el año de castigo vaticano.

La pérdida de su dueño equivale a tres meses de enfermedad en los que no conoce la alegría ni la salud cuando recibe a través de Sarabia la noticia de la muerte del noble espadón enamorado en las aguas del puerto de Mamora. Antes ella había tenido un mal presagio, un sueño truculento en el que le llega un paquete con su cabeza dentro.

Rechaza los repetidos consejos de unos y de otros para curarse de nuevo, decide no volver al convento. Hasta que un día conoce a Celio, otro galán rico y poeta que “hablaba bien y escribía mejor, siendo tan diestro en amar como en aborrecer.” Mancebo noble sin oficio ni beneficio, pero que sabe los secretos para enamorar mujeres. Jacinta cae en sus redes “y aunque llegue a abrasarme no pienso de sus rayos apartarme,” sin embargo, calla por no parecer liviana. Celio (el más sabio en engañar que se haya visto) entra en el juego porque a nadie le pesa el ser querido. Ella, temerosa de perderle desde que le empezó a querer, deja de acordarse de don Félix por tener empleados en Celio todos los sentidos. El acompaña el desamor con darle celos, así que visita una dama libre, mercenaria del amor de las que tratan de tomar placer y dineros. Ella se queda día y noche bañada en un orinoco de lágrimas.

Celio se viene a Salamanca a estudiar letras divinas. Enterada Jacinta de que anda en amores en esta afamada ciudad, ¿qué no hará una mujer celosa? Se echa al camino, su acompañante la engaña y toman el camino de Barcelona, justo la dirección contraria. La desvalija y sola sigue su camino a lomos del unicornio azul, hasta Monserrat donde ahora se encuentra contando la historia, hundida en su amargura y guardando un rebaño de ovejas sobre un unicornio interior.



"En fin, me determiné de ir a aquella famosa ciudad"


Fabio confiesa que es amigo de Celio y como buen conocedor de su comportamiento y por el relato oído asegura que Celio la estima. Y más la querría si ella le hubiera aborrecido un poco. Le propone ingresar en un monasterio principal de la Corte, él se compromete a influir en Celio para que la visite y trueque el amor imperfecto en amor de hermanos. Ella acepta como mal menor, siempre mejor que malvivir en los montes inhabitables en los que pasa su existencia. Que pierda el cielo, que gane el imperio de sus pasiones. Ella es fénix de amor, “quiero y querré siempre a Celio hasta que ella (la muerte) triunfe de la vida. Hice elección de amar y con ella acabaré.” Al menos el alma comerá con su visión a pesar de todos los despegos y deslealtades. Y en el monasterio madrileño continúa Jacinta, Guiomar con ella, ella fue quien contó la historia a la autora para que la escribiera. He aquí otro rasgo cervantino: la fragilidad del narrador que caracteriza muchas de sus obras. Talentoso giro al final cuando ya nadie lo esperaba.

A continuación toma la palabra Matilde para declamar su maravilla que tratará de la venganza de las mujeres engañadas como ya se nos anuncia, “pues la mancha del honor, solo con sangre del que le ofendió sale.”


No me obligues a hacerte la ola 
sigue sola tu camino 
al fin y al cabo, ni sé ni sabo 
cuánto nos cobra el destino.
Joaquín Sabina



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Novelas Amorosas y ejemplares Aventurarse perdiendo (1) María de Zayas y Sotomayor. Pecado mortal.




"Mi patria Baeza, noble ciudad de la Andalucía"

Novelas Amorosas y ejemplares
Aventurarse perdiendo (1) 
María de Zayas y Sotomayor 

Una vez establecido el armazón narrativo en la introducción, la autora pone blanco sobre negro el cuento que Lisarda relata en voz alta al auditorio, no sin antes recomendar a las mujeres un tipo de comportamiento. Les aconseja que si no quieren ser desdichadas, dejen de entregarse a los deseos desenfrenados de la carne porque se anegarán en ellos, junto a los claros y heroicos entendimientos de los varones, a menudo engañosos. Que estén alerta, que no se fíen de los hombres, a menudo de lealtad dudosa, un misterio arcaico difícil de desentrañar. Moralista e hija de su tiempo, declara sus intenciones desde la línea de salida, no vaya a ser que aparezca la censura, por entonces en forma de Santa Inquisición

Fabio es un mancebo ilustre de la villa de Madrid. Al paso castellano de una mula de confianza se acerca poco a poco a las asperezas de las peñas descolgadas de Montserrat que despuntan a lo lejos. Bien diferente a las autopistas, los trenes veloces y los móviles que no dejan tiempo para que los turistas, los negociantes o los viajantes catalanes se fijen en las impresionantes alturas recortadas en el cielo. Fabio cabalga acompañado de un criado, no sabemos si a pie o en caballería. Una vez en el convento adoran a la Serenísima Reina de los Ángeles y Señora Nuestra, maravillados del milagroso y sagrado templo cuyas paredes se quedan pequeñas para acoger las mortajas y muletas de los beneficiarios agradecidos por los milagros recibidos. Visita las celdas de los monjes, habitadas de santidad que “obligan con ella a los fugitivos paxarillos a venir a sus manos a comer las migajas que les ofrece.” 


"Se desnaturalizó della, y casó en Baeza con una señora de su igual"


Continúa la caminata a pie hasta lo más remoto del monte donde escucha entre suaves rumores el canto suave y delicado de un mozo, en la primavera de los años, que ha huido al monte para olvidar un amor no correspondido. Un desengaño le hace perder la vista, pero no los pensamientos que le cercan. Desesperado, pide que la pena le mate antes de morir de ella. Fabio desea conocer el dueño de quejas tan sentidas y lo encuentra llorando las pasiones que ha cantado junto a unas cuantas ovejas que cuida esparcidas entre hierbas olorosas. Al mirarse cara a cara sospecha que es mujer: le delatan sus rasgos femeninos. Le aconseja que deje el peligroso modo de vida en las asperezas de la sierra, llena de fieras y bandoleros. (Rondaría el despiadado Roque Guinart que pilló dormido a don Quijote y Sancho y no los trató mal). Ella le cuenta sus desventuras, lo que nadie nunca ha sabido. Él le promete hacer archivo de sus secretos, será una tumba. 

Jacinta nace en Baeza de familia noble, criada a la sombra de su padre y hermano mayor. Su madre muere de muy pequeña. A los dieciséis años encuentra en un sueño al hombre de su vida. Se despierta sobresaltada cuando el sueño se convierte en pesadilla. Al intentar quitarle un rebozo que le tapaba la cara, recibe una cuchillada que le atraviesa el corazón. Pero ya su retrato queda congelado, indeleblemente estampado en su memoria. Enamorada de una sombra, una fantasía, como Juana I, la loca y malograda Reina de Castilla. Querer “a un ser que no tiene ser” como dice en el octosílabo que dedica a quien no ve, pero que la tiene enamorada. 

Regresa don Félix a su hogar, a la noble estirpe de los Ponce de León. Vuelve a Baeza, a la misma calle que Jacinta. Regresa después de tres años sirviendo al imperio en los tercios de Flandes y Jacinta ve en él al mismo propietario de su sueño. Y al dueño también de casi todas las damas de la ciudad. El galán la corteja, se dan la mano a través de la reja baja del criado Sarabia y le confiesa su amor por ella, una vez vencido con oro el imposible del criado. 

Pero la felicidad es breve y es mujer porque aparece su prima Adriana, la mujer más hermosa de Baeza y la más rica heredera que también se enamora de don Félix, sin importarle los desdenes de éste, lleno de amor por Jacinta el alma. Los desprecios continuados la enferman y conociendo la madre la causa, consigue de don Félix que la visite con gran contento de todos al ver la mejoría milagrosa que acontece en ella. Los hechos provocan una cólera de mujer celosa en Jacinta que exige a don Félix que le diga a Adriana que ya tiene esposa y que nunca será suyo. Esa misma noche rinde la fortaleza, le da posesión del alma y del cuerpo para tenerlo más seguro. 


"Llegó don Félix a Baeza al tiempo que yo, sobre tarde ocupaba un balcón"

Como un hombre es uno y no dos, esa noche lo echan de menos en casa de Adriana que ni corta ni perezosa se presenta de buena mañana en la habitación de don Félix que reposaba “lo que había perdido de sueño en sus amorosos empleos.” Fue desengañarla don Félix de que en vano se cansaba, pues su voluntad ya estaba en Jacinta, esclavo de sus deseos, que Adriana cae al suelo desplomada, en un desmayo eterno. 

“¡Oh celos qué no haréis y más si os apoderáis de pecho de mujer!” Exclama Adriana. Antes de envenenarse con solimán, le vence la rabia furiosa, escribe una carta al padre de Jacinta en la que le urge a vigilar la casa porque hay quien entra en ella a mancillarle el honor. 

Dejamos a Jacinta en el convento porque la historia sigue interesante. Hay acción y material narrativo para dar, tomar y escribir, pero otro día será.


No tengas celos de mí 
que es un pecado mortal 
eso que estás tu pensando 
y vas pregonando de mi voluntad
María Dolores Pradera



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



miércoles, 4 de octubre de 2017

Novelas amorosas y ejemplares (1) María de Zayas y Sotomayor. Cantar llorando





"Bien haces de ser cruel,/injustamente me quexo"

Novelas amorosas y ejemplares
María de Zayas y Sotomayor

Para empezar ahí van unos breves apuntes de su personalidad y estilo: No sabemos mucho de la biografía de María de Zayas. Nace en Madrid en 1590 en el seno de una familia acomodada lo que le permite dedicarse a la literatura. Por lo tanto cuenta con quince años cuando Cervantes publica la primera parte del Quijote. Los demás datos biográficos hay que entresacarlos de sus escritos.

Cultiva varios géneros literarios, pero es en novela donde su aportación es fundamental para su desarrollo. De hecho sus relatos breves son auténticos best sellers de la época. Sólo las obras de Cervantes y Quevedo tenían tantas ediciones y lectores. Su obra literaria está recogida en dos colecciones: la primera publicada en 1637 y la segunda diez años más tarde, en 1647.




"Pequeña juzgaba el alba/de su viveza aposento"


La prosa de María de Zayas es ágil, de un gran colorido, pero fácil y amena al mismo tiempo. Dotada de un agudo sentido de la observación, plasma con acierto los vicios y virtudes del pueblo español, sobre todo de la nobleza. Los personajes principales de los relatos son femeninos, capaces de cualquier cosa por conseguir el amor del hombre amado o aplicar venganza implacable cuando las circunstancias lo requieran. Son historias libertinas, soñadas, que suelen pasar en el subconsciente de los personajes centrales, siempre dando la sensación de realidad a pesar de las calamidades y hechos truculentos que le ocurren a los personajes, casi siempre femeninos, que la autora enlaza con elementos románticos. Por ejemplo las puestas en escena de algunas de las Leyendas de Bécquer guardan cierta similitud con las maravillas de María de Zayas.

INTRODUCCIÓN 

Lisis es un hermoso milagro de la naturaleza, un asombroso prodigio de la corte madrileña. Unas cuartanas la tienen postrada en cama. Cuatro amigas, nobles y ricas, se reúnen en su casa para hacerle más llevadera la convalecencia. Organizan un sarao para amenizar la Nochebuena y los días de Pascua. Entre los invitados figura don Juan, dueño de la voluntad de Lisis, pero no correspondida por el galán que se muestra inclinado a Lisarda, prima de Lisis. He aquí una treta de la autora para crear tensión narrativa y seguir leyendo hasta el final para ver el desenlace del triángulo amoroso.

Don Juan se acompaña de cuatro caballeros nobles con lo cual la reunión se compone de diez personajes más Laura, madre de Lisis que es la encargada de organizar las intervenciones. Cada día deberán contarse dos maravillas, “que con este nombre quiso desempalagar al vulgo del de novelas, título tan enfadoso que ya en todas partes le aborrecen.” Dando a entender que el nombre de “novela” no estaba aún muy asentado entre los lectores. Para celebrar el final de las intervenciones y final de la Pascua darán una fiesta a la que invitan además a los padres de ellos y a las madres de ellas, viudas y viudos todos, porque “la muerte no dexa a los mortales los gustos cumplidos.”




"Tu amor murmura la aldea,/mirando en tu pensamiento"


La función se realiza en una habitación de la casa de Lisis revestida de las mejores galas. De las paredes cuelgan caros paños flamencos con motivos que recuerdan la Arcadia selvática y los jardines colgantes de Babilonia. Numerosas filas de taburetes bajos rodean un brasero de plata bien alimentado de brasas y fragancias diversas. La habitación iluminada por abundantes velas. Con lleno de no hay billetes en la sala, se unen otras damas que se convidan por su cuenta,  comienza la función. Los músicos tocan y, a la hora acordada, comienza el desfile de damas y caballeros con antorchas encendidas en la mano y toda la parafernalia que tanto gustaba a la aristocracia de la época. Un airoso paseo, la descripción se asemeja a los desfiles de modelos. Por parejas, conjuntados y haciendo juego. Unos de noguerado y plata; otros de negro; aquí de terciopelo liso, sembrado de botones de oro; allí de verde y de todos los colores. No se puede negar que en estas descripciones tan llenas de detalles hay una cierta sensibilidad femenina que está ausente en otros escritores de la época. 

Una vez terminada la airosa máscara, Lisis canta un romance en el que se lamenta por un amor no correspondido. Afligida de querer tanto:
 “Pues siempre son los dichosos
Aquellos que quieren menos.”

Ella llora el olvido de quien se ve entre la espada y la pared, enredado en los lazos de la hermosura de Lisarda que toma la palabra para contar su maravilla.



Y cuando la luna sale sale 
de noche, sale a la calle 
se escucha cantar a un hombre
cantar llorando, llorando a mares. 
Francisco Infantes Florido /María Dolores Pradera



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


domingo, 1 de octubre de 2017

La saga/fuga de J.B. (38) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. Dejar atrás.




"Tralalá instituido y democráticamente aceptado"


La saga/fuga de J.B. (38) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

Bastida sueña con un mundo en el que la gente renuncie al ruido. Le hubiera gustado inventar un sistema de silencio. Escandir el silencio, organizarlo en ritmos, medir el ruido de los animales pequeños al moverse y de las cosas que apenas escuchamos, ponerle acentos. Pero ya es tarde, porque cuando uno llega a una convicción, renunciando al ruido, la edad te impide darle la vuelta al alma como a un calcetín. 

Crisanto, natural de Castroforte y sereno de Madrid, era un buen hombre habitante de la noche. Bastida lo apreciaba porque cuando él malvivía en la capital, Crisanto lo invitaba a un chato de blanco y a un pincho de tortilla aquellas noches de hambre negra. Había resuelto el misterio de la Santísima Trinidad y sus problemas políticos aceptando toda clase de contradicciones. Equidistancia en todo. No cree en Dios, pero sí en los curas. Es republicano, pero le gusta el rey porque hace bonito. “Cuando venga el comunismo, los curas nos ayuden desde los púlpitos, porque, para eso de llevar a la gente por donde hace falta, no hay como ellos.” Socialista con dinero, casado, pero se le va la vista detrás de todas. Esto a Bastida le incumbía poco, porque ¿para qué un comunismo de mujeres si él no le gustaba a ninguna? Lo de Julia no es amor. Si le concede cita,  es sólo porque siempre será algo mejor que entregarse a un viajante catalán que si te he visto no me acuerdo. “Las mujeres son así. Razonan de otro modo, y es tonto empeñarse en entenderlas o que nos entiendan.” 




"¿De qué hubiera vivido desde que me echaron de la carcel?"



No dejar ningún tema para después parece uno de los objetivos de don Gonzalo en el relato, aquí aborda sin complejos la relación sexual entre hermanos en un nuevo salto repentino de Jota Be. Los hermanos Barallobre, Jacinto y Clotilde. Ella es la hermana mayor, diecinueve años la adornaban la noche de tormenta en que se desliza en el cuarto del hermano pequeño porque tiene miedo. Se abraza a sus quince años temblorosos y se deja hacer. Él no dijo que no. Lo mete dentro de ella porque lo quiere mucho. A la noche siguiente no hay tormenta y ella no va al cuarto. Ella tiene en su cuerpo el dominio de su voluntad, esclavo de su cuerpo. Tenía que buscar la libertad fuera de ella y ella lo dejaba irse con Lilaila por el día, pero al llegar la noche lo extenuaba, le exigía que le contase todo de la otra. Le aconsejaba que le dijese que la quería para que no lo tomase por tonto. En la intimidad cambiaron el nombre para dejar de ser hermanos. Se llamaban Cuqui y Cuco y Cuqui llamaba a Lilaila cuando la nombraba y mordía a gritos creyendo que así engañaba a Clotilde. Consigue que Jesualdo se la robe con las maquinaciones y palabrería que le hacían sentirse atado y sumiso, sin redención, algo castrado. La castración le hace volver a Abelardo que vive atosigado por el Abad del Claro Valle. Decide viajar a Roma cuando comprende que sólo la intervención del Papa será capaz de librarle del Abad del Claro Valle. Como el Santo Padre únicamente podrá recibirle dos o tres años más tarde por la agenda tan apretada, se convierte en jilguero, el Papa en gato dispuesto a zamparlo de no ser porque se posa en el techo lejos del alcance del felino. Ante el hecho incontrolable de un animal civilizado, surge el diálogo y del diálogo, el acuerdo cuando ambos se ponen al mismo nivel y pueden hablar de tú a tú sin estorbos. 

Como consecuencia del entendimiento, el Papa escribe una carta al Abad del Claro Valle para que deje en paz a Abelardo y él mismo se beneficia porque puede acceder a la prelatura de Tuy. Durante el viaje de fin de carrera no se les ocurre visitar la tumba de Abelardo porque aquello los haría parecer una pareja de turistas vulgares que caminan en manada detrás de la banderita de un guía. A Clotilde la vulgaridad le parece horrorosa. Le hace interesarse en las costumbres de los faraones y de los incas porque los hijos de sus dioses sólo se pueden casar entre hermanos y los Barallobre son hijos de dioses. 

La evolución poética de Jota Be sufre una mutación una tarde de cielo cárdeno, poblado de nubes de desarrollo vertical y caballitos del diablo en el aire. Descubre las contradicciones del Universo debido a una experiencia dolorosa. Lo que a algunos poetas conduce al suicidio, a él le lleva al abandono de las estrofas clásicas, a adoptar la desarmonía, las disonancias rabiosas, salidas de pie de banco y a empantanarse en temas profundos y oscuros. ¿Qué más da que no le entiendan si nadie va a comprender ni compartir su idea de que el mundo es un desbarajuste? Aboga por la utilidad de los idiomas privados, piensa que la incomunicación actual de gente que habla la misma lengua siempre será mayor que en la torre de Babel. No cree que en Babel se entendieran menos que ahora. 




"El silencio me hacía feliz y me parecía la mejor cosa del mundo."


El poema titulado: “La piedra se desprende de su dermatoesqueleto” está inspirado en el desenlace de la historia de Coralina en Heidelberg. Los estudiantes y los tenderos, inflamados de independencia los corazones, se echan a la calle al grito de “Viva la libertad.” Grito revolucionario similar al “A por ellos oé, oé” de los campos de fútbol, que se oía por primera vez a orillas del río Neckar. Los amotinados ganan la batalla al caer la tarde. Asaltan el castillo con la ayuda del crepúsculo, al tiempo que el Príncipe Elector y la Gran Duquesa huyen en carroza. Mientras tanto,  el mejor mozo, el más revolucionario y más gallardo de todos abre las rejas de la prisión de Coralina y le hacen pasillo haciendo bóveda con los sables desenvainados y le acompañan al hotel entre canciones viejas de bebedores de cerveza. 

Coralina quiere agradecerle la liberación como mejor sabe: se le echa al cuello, pero el mozo no asiente a despojarse de la importancia del uniforme emplumado. A cambio le ofrece una intervención en la función teatral del día siguiente. Ella canta la Marsellesa y un bolero andaluz inflamado de una rara efervescencia de rebeldía popular. Allí mismo la proclaman Musa y Alegoría de la revolución triunfante. Pero todo resulta ser un ardid del representante francés de Coralina para recuperarla. Al terminar la función la sube a un coche cuando ya los ulanos entran por la Puerta del Norte para restituir en el trono al rey de Wutemberg. París la nuit no puede permitirse el lujo de prescindir de una de sus más hermosas atracciones.

If you ever change your mind 
About leaving, leaving me behind a 
Bring it to me 
Bring your sweet loving home 
Bring it on, bring it on, bring it on, bring it on 
Home to me
Van Morrison




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



lunes, 18 de septiembre de 2017

La saga/fuga de J.B. (37) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. Un solo corazón.







"El rey Artús abrió la puerta con solemnidad de puerta de bronce"


La saga/fuga de J.B. (37) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

Ifigenia lo atormenta con sus celos, le propone irse juntos, dejarlo todo, al marido, al hijo, la reputación. A la negativa responde con un disparo a la desesperada que le roza las costillas. De la herida superficial mana sangre abundante que le sobresalta. La detonación alarma al vecindario y a la Tabla Redonda en pleno. La herida le duele, pero más le duele la traición de Coralina que ni se inmuta cuando le cuentan la agresión, se encuentra ocupada con la jaqueca de Baliño. A Jota Be le reconcome la idea de que Coralina pase la noche con el escultor Baliño, algo que él nunca ha conseguido, pues los encuentros terminan a la hora de la cena y la posterior presidencia de la Tabla Redonda. 

El mundo sigue su rumbo, indiferente a los éxitos y fracasos cumplidos, ajeno al corazón y costado sangrantes de un Jota Be cuando Coralina le devuelve el soneto que con tanto esfuerzo le ha escrito y una nota: “Esta bobada ofende a cualquier mujer. No vuelvas a verme.” Relee el poema escrito con el alma dolorida en un momento febril de temblor creativo. No le encuentra el sentido, pero el ritmo es suyo. Alguien desde el exterior, como el duende que empuja la inspiración, ha encajado las palabras en el molde musical y lo ha deslizado de rondón hasta los umbrales del misterio. Reconoce las vocales como suyas, pero se le resiste la emoción de las palabras. La impotencia ante algo tan sobrenatural le arranca un grito del alma, un aullido incomprensible, sordo y seco, que no espera respuesta. La respuesta le llega del habla humana, con palabras cabales desde la mitad de su cerebro que acoge a Jota Be. Un Jota Be itinerante y supernumerario que marchará porque Julia está a punto de llamar a la puerta. El Jota Be poeta que escribe los versos pensados por la otra mitad del cerebro. Pero también se identifica con el alter ego, y lo explica porque recibe el tiro al salir de casa, sufre el dolor posterior, rabia de los celos y siente deseos de expresarse en verso. Es decir, son uno y no dos. Dos identificados en uno. Como el que sorprende a uno en su intimidad y la destruye.




"El mundo seguía su curso mientras sangraban mi corazón y mi costado" 

Parecía imposible, pero el autor complica un poco más si cabe la trama de la novela con esta meditación sin barnices sobre el tiempo. La doble ubicación de las personas o personajes de la narración, la perfección espacial, parecía más o menos resuelta. Ya parece más difícil poder estar en dos fechas distintas al mismo tiempo. Leer estas páginas produce vértigo al comprobar el trabajo del autor por cuadrar el círculo, trascender el tiempo. 

Estamos en 1873 y en 1930 al mismo tiempo. La narración ha estado en tres Jota Bes y camina al encuentro de otros dos antes de que la trashumancia termine. Oportunidad de volver a morir. Vuelo entre espacios vacíos, entre el abismo que hay de una estrella a otra. Bastida cuenta su futuro, cómo las muchachas llevan flores a la estatua y leen los versos del vate cuando están enamoradas. Se siente poderoso, a tiempo de cambiar el futuro. Su muerte será hoy, el mismo día, como coinciden la historia y la leyenda. Siente "el silencio del alma, algo así como la oquedad de un espacio que no existe, como el vacío del que ha huido de todo, hasta la Nada.” La vida se le acaba y el cuerpo será pasto de las lampreas. Si es hábil a la hora de pegarse el tiro, su muerte no será suicidio sino sacrificio por la patria. Como las bajas de los adoctrinados de mente tatuada de supremacía. Además la muerte no es el final. Ni él mismo que los ha habitado a todos, puede asegurar que los Jota Bes que esperan más Allá de las Islas estén muertos. 

 Ojalá su nombre de pila hubiera sido Carlos o Roque, habría sido funcionario de Ayuntamiento y escena del sofá. Pero lo pusieron Joaquín y eso imprime carácter de poeta y cantautor desde antiguo a la busca del poema en el revoltijo de las palabras desordenadas. En la palma de la mano lleva escrito que se va a morir joven como es imperativo de poetas y cantantes de rock, elegidos por los dioses y ramos de flores perpetuos en la estatua. 

Jota Be no quiere líos, decide inhibirse cuando la algarabía, los gritos y voces de las tropas del Gobierno Central llenan de ruido el hotel. El Rey Artús abre la puerta con solemnidad de bronce y anuncia el Consejo de Guerra histórico con voz temblorosa. 

Bélica, lo que se dice bélica, Castroforte nunca lo ha sido. Las tres ocasiones en que la gente combatió fue arengada por alguien que prefería la muerte a la derrota, como cuando el almirante Ballantyne burla las fragatas inglesas que le persiguen desde la Martinica porque tienen más calado (como en “La española inglesa” de Cervantes). En la mirada de las gentes dirigidas por Lilaila Barallobre centelleaba una ira militar aquella noche que vestía sus mejores galas para la guerra. Sabe por el Lieutenant Rochefoucauld que aquella noche había conjunción de astros y los de su clan mueren con un cielo ordenado. Umbral de eternidad. 




"Me metí en ti cuando salías de casa"


El obispo Jerónimo Bermúdez no puede presumir de castidad. Justifica su cohabitación con Lilaila Barallobre en el hecho de que su unión ya estaba decretada desde antes de los siglos (La independencia de las naciones, también). Difícil resistirse a razones tan hondas y trascendentes aunque ello les equipare al amancebamiento de Ramírez y a la Infanta de Castilla. Siempre con la diferencia de que él se casa con ella en público y como señal de su estima por las mujeres la ordenará diaconisa o presbítera si lo quiere. Los espías le van a Ramírez con el cuento de las audacias canónicas y le echa encima anatemas y tropas. Quiere desobisparle y quemarlo con sambenito de brujo en la plaza de Villasanta. Luego se entera de que sus verdaderas intenciones pasan por robarle la mujer, pues la Infanta se le va quedando fondona con la edad. Intenciones que a él no le desagradan pues sus prejuicios y formación de seminarista le dan a su relación con Julia un matiz sacrílego que le incomoda ya que según le han enseñado si un sacerdote resucita, conserva el carácter impreso de un pastor de almas. ¿No puede ser entonces un razonamiento de Jerónimo Bermúdez? El argumento le mete miedo pues le instala en la sede de Tuy como Jerónimo Bermúdez, ente del pasado y no como José Bastida, presente.

Si a cualquiera le duele 
perder hijos o hermanos 
si a nadie le apetece 
 que le aten las manos 
si llueve cuando llueve 
sobre enfermos y sanos 
si a ninguno la muerte 
 nos dejara olvidados 
Un planeta y un sol 
para toda la gente 
si me falta razón 
quizás sea un demente 
Un solo corazón 
 para toda la gente 
Diego Cruz



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



lunes, 11 de septiembre de 2017

La saga/fuga de J.B. (36) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester.Tan sol y tan luna.






"Comparecerás ante el Tribunal de Dios cuando los siete astros se junten en columna"

La saga/fuga de J.B. (36) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

Hay niebla en Castroforte esta mañana, como casi todas las mañanas. El mariscal Bendaña y don Asclepiadeo se presentan ante el Canónigo, los presbíteros, diáconos y diaconisas. Su presencia descomunal, alzados en caballos poderosos subiendo por la Rúa Sacra hace temblar a las gentes de Castroforte que observan con miedo desde las ventanas. Las pisadas del mariscal al descabalgar resuenan a hierro y a blasfemia. Las de don Asclepiadeo son ligereza alada. Trae consigo el rabel que los obispos escuchan en los recesos de los concilios. Su presencia amansa la fiera, dulcifica la figura del mariscal que quiere tirar por la calle de en medio y acabar a sablazos con aquello. 

Don Asclepiadeo lee las conclusiones conciliares que le condenan por hereje, panteísta, fornicario e “introductor de novedades peligrosas, como lo eran la introducción de impuestos obligatorios y la declaración de que en mi diócesis no había siervos.” El Canónigo responde que a él lo eligió el obispo de Roma y sólo a él debe obediencia. No reconoce ninguna autoridad sobrevenida de tono menor, sólo al obispo de Roma




"Los suponía estrellas de una constelación remota de la que nos llegaban destellos" 

El vientre del mariscal tiembla de risa y rabia debajo de la cota de malla como el anca de un caballo picado por las moscas. “Roma queda muy lejos, y la herejía es una peste que hay que extirpar antes de que se propague.” El anatema lo coloca fuera de la ley y pasa a jurisdicción civil. El verdugo está libre de culpa porque quien mata en nombre de Dios, no asesina, ejecuta. El mismo mariscal jurará ante la cruz que Dios le manda matar. El Canónigo le dice que Dios le tomará cuenta del juramento. Le amenaza que si un solo hombre, mujer o niño de Castroforte cae, comparecerá ante el tribunal de Dios cuando los siete astros se junten en columna. Como las tropas invasoras mataran a muchos, se cumple la maldición al día siguiente: el mariscal dobla la cabeza en un estertor súbito y muere. Pero eso no lo sabía el día anterior porque nunca sabemos el día ni la hora en que viene la parca a llamar a la puerta para llevarte. Amenaza con hacer uso del derecho de victoria, refocilarse con alguna diaconisa al día siguiente. Don Asclepiadeo le riñe al oído por el exabrupto y pasa a las burlas del Canónigo por tener a varias diaconisas preñadas y pregunta qué pensaría si otra papisa Juana reinase en Roma. A ello responde con otra pregunta (Y tu más de los políticos). También la Infanta Doña Mayor le da un hijo anual al Arzobispo y a todos los monjes, abades y clérigos en franco concubinato público. ¡Y qué!, responde, lo importante es que las mujeres no manden en las sacristías. Como la suya que ordena y manda. Como nadie da un paso atrás, dan duro con tieso, el ataque comenzará al amanecer, pero para nada porque el Cuerpo Santo está bien escondido, acogido a sagrado; los límites, escriturados en Roma y nadie salvo los autorizados por el obispo de Tuy podrá pescar lampreas en el río Mendo. 

No fue la única vez que las huestes victoriosas de Villasanta buscaron el Santo Cuerpo Iluminado sin hallarlo, pero sí fue la primera. ¿Será don Acisclo el siguiente en buscarlo? Veremos, pues el futuro no está escrito. 

¿Podrá creer las razones de Coralina para venir a Castroforte? Vino por una promesa que hizo en un momento de apuro. Prometió subir al santuario y entregarle las joyas a los pobres si la libraba de la policía de Napoleón III y de los celos de la emperatriz. Porque ella podía tenerlo todo, pero no sus amantes. Estaba en la cresta de la ola, se movía en un planeta de ensueño de una constelación remota del que llegaban destellos a través de La Vie Parisienne. La pintaba Manet y Offenbach le componía las canciones. 




"Estaban dispuestos a hacer una revolución por darme la libertad."

Se libra de la policía francesa gracias a la intervención de Bismarck que necesita de espía a una mujer fatal, una Matahari que averigüe si en caso de guerra entre Francia y Alemania el Zar de Rusia atacaría por el este. Así es como llega a San Petersburgo y el Zar la lleva al huerto de tablas sicalípticas la segunda noche. Alrededor de su cama se llegan a celebrar consejos del Imperio, pues una vez conocida su condición de espía, le entregan informes falsos para que los remita al embajador de Prusia. Cuando ya no les es útil, la suben en un trineo y ¡hala!, para Austria con la criada y las joyas. ¡Ay, Viena! Allí todos los hombres son húsares de algo “y saben hacer el amor con tanta delicadeza como si bailásemos un vals delante del Emperador.” 

Cuando regresa a Alemania la guerra ha terminado, la ha ganado Bismarck gracias a los informes falsos del Zar. En lugar de alguna medalla recibe disgustos. El Príncipe Electo del Palatinado la confina en el castillo de Heidelberg donde dos ulanos grandes como tilos la guardan permanentemente. Coralina cuenta la historia con ligeras variantes porque a veces el amante es el Rey de Baden-Baden, y otras un semental desaforado vestido de general y en lugar de ulanos grandes como tilos la guardan ulanos de la muerte. Una orquesta de cámara le ameniza las tardes desde un celador. La princesa entonces, rendida al encanto de la música, deja de llamarla puta en alemán. De las cuerdas salen notas ligeras de Bach y Haendel cuando a ella lo que le gusta son los acrobáticos cancanes de Offenbach. Como una cosa lleva a la otra, se ponen a bailar y a cantar en mitad del comedor, los huéspedes y clientes del café le hacen corro, entusiasmados por las puntillas de las bragas que asomaban por la parte de atrás de la bailarina. El paso final enseñando el trasero provoca la sonrisa de don Torcuato que señala a Merlín el lugar secreto en el que guarda los siete lunares proféticos de su destino. Una neblina clara de melancolía invade su calma, los versos dedicados a Coralina están impregnados de ella. Ni la alegría de riachuelo limpio devuelve la alegría a sus ojos.


No puedo dormir. 
No puedo dormir. 
Atravesada entre los párpados 
 tengo una mujer, 
secreta mujer 
tan sol y tan luna 
que abre mis ojos y me obliga a ver 
mi desventura y mi fortuna. 
Y no me deja dormir 
esa mujer, 
esa secreta mujer.
Eduardo Galeano/ Joan Manuel Serrat


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

A la espera de las instrucciones de Pedro sobre las novelas amorosas de María de Zayas, seguimos con la batalla de La saga/ fuga de Torrente Ballester.  

sábado, 1 de julio de 2017

La saga/fuga de J.B. (35) Scherzo y fuga. Gonzalo Torrente Ballester. Créeme





"El Santo Cuerpo se desmorona"


La saga/fuga de J.B. (35) 
Scherzo y fuga 
Capítulo 3 
Gonzalo Torrente Ballester 

El vate no deja de ser niño hasta aquella tarde con Coralina. A la mesa le cuenta cómo el Príncipe Elector del Palatinado la tuvo encerrada en el castillo de Heidelberg. La historia dura todo el tiempo de una comida copiosa que Coralina engulle con una voracidad solo comparable a la de Clotilde cuando invita a Jesualdo (Nótese el salto de JB) a comer el día de la encerrona de las oposiciones de su hermano Jacinto. Jesualdo y Jacinto se han conjurado para sacar y repartirse el número uno y el dos en las oposiciones. Sobre todo por el peligro que, entre pitos y flautas, de fuera venga alguien a enseñar que Núñez de Arce y Pereda son grandes escritores. Ella apuesta por Jesualdo, pero en el tribunal está Unamuno que anda entusiasmado con los ejercicios de su hermano Jacinto. Entre Jesualdo y Clotilde fingen no encontrar la biografía de Luis de Góngora escrita por Miguel Artigas, sin el libro, la exposición perderá brillantez, pues Jacinto sabe poco de la vida de Góngora. Todo lo hacen por la felicidad de Lilaila que ya estaba un poco harta de las extravagancias de Jacinto. Si alejaban a Jacinto de Castroforte, él tenía vía libre con Lilaila y los tres serían más felices porque a Jacinto se le pasaría el berrinche enseguida. Además, a santo de qué decir nada si “en las guerras de amor todos los ardides son válidos.” 

El error fue irse de Castroforte cuando Jacinto y Clotilde volvían de vacaciones. Fue una humana cobardía no quedarse y coger el toro por los cuernos. No lo hizo por delicadeza. Se marcha a Madrid donde le pilla la guerra y emigra después, como hizo toda la vida y como emigración se puede considerar el paso de un JB a otro,  aunque para denominar eso tengamos los neologismos que a su modo de ver debieran estar sujetos a leyes rigurosas, más que nada por evitar la colaboración de aficionados. Para definir con exactitud la emigración de personalidad no existe palabra en castellano, pero sí en su idioma particular. Así, estarabicaliosis sería perfecta porque lleva implícito el sentido de paso de una personalidad a otra y,  además,  la presión en todas las direcciones llevaría al significado de “zotes tarabi calicosis,” es decir, vale más que lo tiren al río. Que es exactamente lo que el Canónigo Balseyro piensa cuando el Corregidor le dice que el Cuerpo Santo se desmorona después de ocho siglos de momia. ¿Qué van a hacer si pierden la protección en el cielo y se desvían los peregrinos en la tierra que es el único negocio que florece desde el bloqueo de la flota y la ruina de los mercaderes? 




"Polvo eres y en polvo te convertirás"

El Corregidor y el Deán le muestran al Canónigo el cuerpo en salmuera, cubierto por una sábana, de una mujer bellísima. De la observación ocular deduce que la mujer ha sido torturada antes de morir. Don Asterisco la acusó de hereje, bruja o cristiana nueva, adelantada a su tiempo por persistir en la costumbre pagana de bañarse todos los días por higiene. Las costumbres de los moros no se pueden permitir. Los llevará al potro si se entera que conservan el cuerpo de la joven en salmuera. El Deán y el Corregidor salen escopetados a buscar los útiles que necesitan para componer los restos del Santo Cuerpo: “Aguja y torcal de seda, aceite de oliva y yerbabuena, cuchillos bien afilados y goma arábiga.” Se queda a solas con Lilaila Armesto y su propia sombra que se inquieta y envuelve el cuerpo de la dama y un extremo se mete por los oídos como la lengua de un ofidio. La sombra le advierte de que ella ha puesto en el espíritu sanador del Canónigo la esperanza irracional de la resurrección del cuerpo suicidado de una antena y comido por los peces chicos y éstos por los grandes. Resultaba imposible reunir aquella carne tan químicamente transformada y triturada. 

Es la sombra la que se ofrece a ayudar. Emite sonidos de alegría que alternan el sol con el fa. Lilaila no soporta la soledad, algo que le recuerda a Julia a la que espera a las once cuando termine de trabajar. Los dos casos guardan similitud porque una piltrafa de hombre puede ser remedio para la soledad sexual de Lilaila y Julia aunque no esté metido en una frasca de aguardiente. Una frasca de vidrio verdoso con un líquido viscoso en el que flota la piltrafa informe. El orgullo del hombre que regresa al polvo de los orígenes, al rudimento del barro antes del soplo divino. 

La luz de los velones deja ver la pujanza juvenil de los pechos de Lilaila y él estaba allí para poner remedio. Frente a frente, de poder a poder la frasca y el dominio de las energías dispersas del Universo. El Canónigo Balseyro ha estudiado medicina y por sus manos han pasado muchas piltrafas, pero ninguna de un culto conyugal tan encendido. Es una privilegiada porque a ver a qué viuda se le permite “conservar en un frasco de aguardiente el miembro viril de su marido.” A la luz de la razón puede asegurar que la teoría por la cuál las reliquias pueden extraerse del sistema en el que se engendra la soledad de viuda para que se sienta un poco más acompañada es brillante. 


"La gente prefiere los caminos trillados y se atiene a los textos de la ley"

A continuación, le enseña las palabras mágicas de los sacerdotes de Osiris: “Seraf, lezet, enam.” Ella las repite delante del frasco. El contenido, un fragmento despreciable de la creación con forma de pájaro avergonzado,  empieza a levantar las alas y a recobrar el brillo, llega a levantar la cabeza como un milagro y crece y crece y oscila como una brújula buscando el norte. Lilaila entusiasmada pide que la dejen sola, el Canónigo y su sombra se retiran y desde la puerta le dice: “Después del uso, se recomienda mudar el aguardiente.” 

Bien sabe el Canónigo que en aquel momento habla como hombre de ciencia, no como mago y que únicamente media docena de colegas lo comprenden. Por eso lo apresan en una mazmorra oscura de Valladolid y el Abad de los Claros Valles persigue a Pedro Abelardo porque cree que el modo de pensar de Pedro Abelardo zapa los cimientos de la casa donde uno vive. Como tirar piedras sobre el propio tejado. Este Abad esclarecido protestaba por todo, claro precedente de los que escriben a la sección de Cartas al Director protestando de esto y de lo otro, pero como entonces aún no había diarios de papel ni digitales escribe en latín al Papa, al Emperador o al Rey. Mal enemigo era el Abad, pero Abelardo ni repara en las malas intenciones del Abad de tan herido de amor que está por Heloísa. Sólo acierta a escribirle un poema que resumido viene a decir: “Podéis robármelo todo, menos la luz de los ojos de mi amada.” Ella escucha con gozo la sentencia cuando el embarazo comienza a desdibujar su cintura esbelta. El Canónigo les aconseja que se casen para no dar que hablar, pero no lo hacen porque hacerlo sería lo mismo que claudicar a los mandatos de sus progenitores que ya descansan en dos tumbas olvidadas. Qué solos se quedan los muertos en la paz de los cementerios. Para Dios ya están casados. Lo malo es convencer a los demás (el poderoso Canónigo de Nôtre Dame y la caterva de primos de Heloísa) de la licitud de lo extraordinario, la gente es conservadora por naturaleza, da pereza salirse de los caminos trillados. No comprenden que en los artículos de una ley no cabe la infinita variedad de la existencia. Ahí está él para corroborarlo, excomulgado en el Concilio de Braga, arrojado a la voracidad del brazo secular cuando encargaron a Bendaña su captura.


But just believe in me baby and I'll take you away
From out of this darkness and into the day 
From these rivers of headlights, these rivers of rain 
From the anger that lives on the streets with these names 
'Cause I've run every red light on memory lane 
I've seen desperation explode into flames 
And I don't wanna see it again
Dire Straits


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.