jueves, 23 de junio de 2011

Sacudimiento extraño. Bécquer, inspiración y razón.

"cadencias que no tienen/ni ritmo ni compás."


Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel.

Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo
como volcán que sordo
anuncia que va a arder.

Deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como al través de un tul.

Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del iris
que nadan en la luz.

Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás.

Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar.

Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin riendas que le guíen,
caballo volador.

Locura que el espíritu
exalta y desfallece,
embriaguez divina
del genio creador...

Tal es la inspiración.


Gigante voz que el caos

ordena en el cerebro
y entre las sombras hace
la luz aparecer.

Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel.

Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el zenít.

Inteligente mano
que en un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reunir.

Armonioso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás.

Cincel que el bloque muerde
la estatua modelando,
y la belleza plástica
añade a la ideal.

Atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual átomos que agrupa
recóndita atracción.

Raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga,
oasis que al espíritu
devuelve su vigor...

Tal es nuestra razón.

Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo al genio es dado
a un yugo atar las dos.

Rima III de la edición publicada por sus amigos en 1871 y la 42 del Libro de los Gorriones.

En pocos poemas como en éste será tan fácil descubrir el tema sobre el que gira la composición. El poeta nos la ofrece en bandeja en la última estrofa. Concibe la poesía como el resultado de la tensión constante entre la Inspiración y la razón que sólo el poeta es capaz de hacer pasar por el recuelo de su sensibilidad de artista. Como el labrador que consigue armonizar la fuerza de sus animales, unciéndolos al yugo para que tomen al unísono la besana, al mismo compás que marca el labrador.

A través de una sucesión pródiga en imágenes de ocho estrofas independientes entre sí, el poeta va exponiendo progresivamente las razones que apoyan a la poesía que surge de los temblores de la inspiración. En paralelo empareja otras ocho que responden al concepto poético en cuanto orden armónico y razón.

Recurre de nuevo a los estados de la materia para hilvanar sus razonamientos: del aire, el huracán, su manifestación más extrema; de la tierra, el volcán que la hace fuego; de la mujer, el ser inalcanzable con silueta adivinada a través de tules. Los colores del arco iris que se funden en la luz. Las palabras que se agolpan sin ritmo ni sentido. Los sentimientos surgen sin tasar las alegrías y las penas. Caballo sin rienda desbocado y locura que exalta el espíritu.

Desglosa también a través de imágenes poéticas, una por una, las herramientas que la razón utiliza para someter el trigal de proyectos que como un torbellino revuelve las ideas en la mente creadora del poeta. Concibe a la razón como la luz que guía en la oscuridad, ordena el caos y clasifica los pensamientos. La rienda de oro que domina al corcel en la disciplina del jinete. La pluma del poeta que descubre, empareja, ensarta las palabras que son significantes y les otorga ritmo, medida y las somete. La razón es además la herramienta adecuada que desvela la belleza de un bloque informe. Se coloca, en fin, del lado del receptor de lo creado de forma ordenada al considerarlo atractivo: “Atmósfera en que giran/con orden las ideas, /cual átomos que agrupa/recóndita atracción”.

Las estrofas están formadas por cuatro versos de arte menor sin rima entre ellos. La mayoría son heptasílabos, pero también hay de seis: “Deformes siluetas” y de ocho: “Colores que fundiéndose”. A destacar el ritmo y cadencia que se consigue en el poema a través de la rima asonante de los cuartos versos agudos de las cuartetas (6+1): “las olas en tropel.” “anuncia que va a arder.”, o en “como a través de un tul” y “que nadan en la luz”. También contribuyen al ritmo, la repetición de las oraciones de relativo introducidas por “que”: “Actividad nerviosa/que no halla en qué emplearse; /sin riendas que le guíen, /caballo volador”.

Se identifica con el yo y trata de explicar la creación poética. Intenta dar una definición de poesía, ahora desde el conflicto: inspiración y razón. Recorre los distintos aspectos de la composición poética pero sin pontificar, dejando sugerencias en un tono sencillo que amplían el concepto a medida que avanza el poema, abriendo nuevos caminos que a otros corresponde transitar; deja que sea el lector el que saque conclusiones.



La diferencia entre un becquerio y un becquerelio es la misma que entre uno de letras y otro de ciencias. A los de letras nos entran en la cabeza sólo los números justos y sencillos. Por eso cuando leí la palabreja en el artículo de J.J. Millás, creí que el vocablo tendría algo que ver con GAB, pero no. Se trata de una unidad que mide el porcentaje de radiactividad de algo contaminado y que procede del hombre de ciencias francés que lo descubrió: Becquerel que parece lo mismo pero no lo es.



Este comentario pertenece al grupo de lectura que desde La Acequia dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

7 comentarios:

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

¡Qué estupendo el cuadro de G.A.Bécquer tocando el arpa, pintado por su hermano!.

La Rima que has escogido, es de las más largas; parece que en ellas quisiera dejar bien claros todos los conceptos.

He visto que en el enlace de la Biblioteca virtual Cervantes, al lado de cada Rima se puede ver el manuscrito correspondiente. Dando el zoom, se consigue analizar la caligrafía, sobre el papel rayado.

Excelente todo el estudio.

Y las diferencias que señalas sobre becquerio,... que tampoco es lo mismo que Becquerio, con mayúscula. Aunque no es cuestión de ser de ciencias o de letras, pues son cosas de "Catón".

Saludos.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

A pesar de todo, has demostrado que Bécquer trabaja con la inspiración como uno de ciencias (me ha hecho gracia lo de becquerelio).
Excelente análisis que rebate la leyenda de Bécquer como un poeta de la inspiración.

Paco Cuesta dijo...

Bueno, muy bueno, razón como elemento aglutinador. La comparación de ciencias y letras aporta realismo a un gran trabajo.
Gracias.

Myriam dijo...

Nada de terrenal y contaminado. Muy bueno mostrarnos la ciencia becqueriana. Pero, lo que si no me hace gracia, es comer becquerelios en el atún: ¡Aynnnns!

Abejita de la Vega dijo...

Lo de los becquerelios es un chiste buenísimo.

Bécquer lucha contra las palabras, buscando la belleza inalcanzable, imposible, absoluta. Sin embargo, la imagen que ha pasado a la posteridad es la de quien le salen los versos como churros. Y perdón por la ordinariez.

Pancho también combate con las palabras, para redactar sus maravillosas entradas. Menos mal que el ordenador no hace tachones ¿verdad?

Besos

Ele Bergón dijo...

Palabras que me vienen
intento yo atraparlas
¿por qué vuelan conmigo
si son luces que pasan?

Luz del Olmo

Esto es lo que se me ha ocurrido mientras releía por enésima vez a Bécquer y por primera vez en esta entrada a ti.



Besos

Luz

Asun dijo...

Pues yo que soy de ciencias te juro que nunca había oído ese palabro, y si lo hubiera hecho también la habría asociado a Becquer.

Besos