domingo, 19 de junio de 2011

El tamborilero. Alejo Hernández


1902. El tamborilero toca, los demás bailan en el patio de la Casa los Condes.

El tamborilero es una figura imprescindible para entender el rito y la fiesta en el Oeste de Salamanca que pega con la Raya de Portugal. Ha sido un vehículo importante en la transmisión del folklore. Aún hoy marca la pauta y ordena los días de fiesta. De sus toques dependía la organización de las ceremonias, pero también morían.


El tamborilero consideraba su dedicación y especialización musical como algo complementario a las ocupaciones agrícolas y ganaderas. Ajustaban sus servicios con los Ayuntamientos o con las cuadrillas de mozos sin dejar el montante económico a la improvisación: “tres fanegas de trigo anuales y dos jarros de vino por sesión...”.


Tamborilero de Lumbrales.



EL TAMBORILERO

Tendido en la humilde cama,
Cubierto con un berrendo
Sin amigos ni parientes
Se muere el tamborilero

Se muere como agoniza,
Todo lo manso y lo bueno:
Lentamente, lentamente
Resignado y en silencio.

Fue su vida oscura y dulce
Como un moderado “allegro”
Con que rematara siempre
El fin del baile en el pueblo.

Fué joven y amó el canto
Que irradian los ojos negros
Y los labios como rosas…
Mas todo lo amó en silencio.

Todas las fiestas gozaba
Con la dicha de los buenos,
Con el gozo que produce
Dar a otros lo que es nuestro.

Cada mozo con su moza
Bailaba alegre en el ruedo…
Sólo faltaba pareja
Al joven tamborilero.

El amó callado y paro
A cada moza del pueblo;
Aunque habló a todas su arte,
Ninguna entendió el requiebro.

Viejo ahora y achacoso,
Agonizaba en su lecho
Sin nadie más a su lado
Que el casto cura del pueblo.

Sintió una nube en sus ojos
Y un frío sacudimiento…
Se santiguó y se dispuso
Para el viaje postrero.

Alzó la vista turbada,
Y entró la pared y el techo
Vio su tamboril colgado
Debajo del rabel negro.

Por la ventana entreabierta
Llegaron dulces los ecos
De unos violines venidos
A reemplazarle en su puesto.

Nuevas tonadas tañían
¡Qué extraños los ritmos nuevos!
Mas eran ritmos, y eran
También alegres y bellos.

Tuvo una sonrisa plácida
De sano contentamiento;
Después beso un crucifijo
Y se extinguió cuando el beso.
Alejo Hernández.
Copla publicada en El Eco del Águeda (1924 - 1927)



Las fotos son de la página de Ricardo

PD: Descanse en paz uno de los grandes, el saxofonista Clarence Clemons de la mítica E-Street Band.


6 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Este Alejo Hernández cada vez me gusta mas. Volveré con calma a ver el video porque mañana temprano me voy a Madrid. Besotes, M.

Asun dijo...

En aquellos tiempos no creo que hubiera quien se dedicara a la música exclusivamente, eso no daba de comer.

Si se ventilaba los dos jarros de vino en la sesión tocaría animadillo jejeje.

Besos

Aldabra dijo...

el tamborilero, el que tocaba la campana...en los pueblos hay figuras ¡tan representativas!...

en pocos versos que bien retrata su vida.

biquiños,

Gelu dijo...

Buenos días, pancho:

Qué buena persona debía ser el poeta Alejo Hernández.
Y el tamborilero, sin perderse ningún baile, ...y sin moza.
Me gustan todas las fotografías en B/N que subes de Ricardo. Qué bien se aprecian las costumbres, las gentes, los trajes, ...y hasta los chopos. ¡Qué gracia, el Sr. que acompaña al tamborilero, me ha recordado a mi suegro, -en el rostro, el gesto y la pose- cuyos antepasados eran de un pueblo de Zamora.
Te dejo una canción, de 1985:
… You’re a friend of mine- CC

Un abrazo

P.D.: Como Manuel S. Calderero se pasará por tu blog, sólo decirle que las orquídeas que ha puesto en su entrada, son preciosas.

Paco Cuesta dijo...

Magnífica copla. Retrata personaje, rito y evolución.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Me gusta cómo ilustras tu investigación sobre este poeta, con trabajo fotográfico y etnográfico.
La dulzaina y el tamboril, por estas tierras, siempre han sido necesarios para todas las celebraciones.