jueves, 5 de abril de 2012

Harto de las fronteras, va pidiendo escaleras


Urtáin. Juan Cavestany
Adaptación para televisión de la obra teatral coproducida por Animalario y el Centro Dramático Nacional, que narra la historia del boxeador, encarnado por Roberto Álamo, desde su muerte hasta sus orígenes.


Somos la suma de los recuerdos y de los olvidos del pasado. Las imágenes antiguas del NODO, ajadas y amarillentas como las hojas de un periódico atrasado, rompen las leyes del olvido y del decoro para acercarnos las sombras de personajes y hechos siniestros, ocultos como polizones temerosos en las bodegas personales del dolor de la memoria.

La adaptación para televisión de Urtáin es un combate por la vida hacia atrás. Un bucle que busca la posición horizontal del personaje protagonista para nacer y morir. La simiente echada en los surcos bien trazados o torcidos de nuestros antepasados que dan fruto de vicios y virtudes en el vástago descendiente que quiso volar como un ángel caído de pie. La obra se sustenta en un trabajo exhaustivo de visionado y lectura de documentos y fuentes originales de finales de los sesenta y setenta. También de los ochenta, perfectamente trasladado a escena e interpretado por el autor y personajes.

Los que vemos cómo el futuro se nos achata cada día porque la avenida del pasado es cada vez más amplia, nos reconocemos en los cambios de usos y costumbres que se narran en la obra. De rezar el rosario al amor de la lumbre de la cocina toda la familia junta, a las redes sociales de internet, ejercicio verdaderamente individual en el bunker independiente de tu habitación. De escuchar por la radio el parte único y sectario del día, a la inundación instantánea de información a un click de distancia que te atrapa y que, por inabarcable, te abruma.

La llegada de la democracia en España coincide con el declive deportivo del personaje protagonista. Mientras en Europa se cambia de forma gradual y lenta, aquí la adaptación suponía incertidumbre, era un salto al vacío. No había modelos en los que fijarse. Y salió bien de milagro, dicho sea con la perspectiva que da el tiempo y a pesar del interés que existe por parte de algunos en que lo vivido no haya sido más que el intermedio a lo que nos reste de futuro.

1970 es - a la vez- el año de su fulgor y comienzo de su cuesta abajo. Conquista el título de Campeón de Europa en Madrid y lo pierde en Londres, en un intento de llevarle a las bolsas importantes del mundo del boxeo que están en los enfrentamientos con los púgiles americanos, como antes había hecho Paulino Uzcudun en los años veinte y treinta. La acción se detiene en ese año. Nos muestra a un Urtáin pletórico que sólo sabe de tangos, nada de tongos. La fuerza le viene de la leche cruda que bebió de chico en su aldea. Repite como un mantra que dedica los triunfos a su mujer y sus hijos. No recuerda ese año porque fue el de la derrota contra Cooper que le marcó, el campeonato del mundo ya es una quimera inalcanzable. España se paraliza durante sus combates pero el futuro se le funde en negro. Los que le han ensalzado, le critican y los negocios se tuercen para él.

Su mánager no necesita escaleras para subir más alto y darle el beso de Judas. (Vaya cuatro: Don Antonio, Camarón, Joan Manuel y Tomatito)


¿Tanto hemos cambiado? A ninguna empresa en su sano juicio se le ocurriría hoy repetir esta maravilla del ingenio ibérico, ni felicitar con un toro arrebujado con El País. A menos que los tuviera bien puestos para aguantar los mordiscos a la yugular de tanto estupendo intratable por ahí suelto.

Maitena nos contaba cómo habíamos cambiado en los 25 años de nuestras vidas desde el nacimiento de El Pais:







En mayo de 1996 el diario El País publicaba el especial: El PAÍS 20 AÑOS. He recogido algunas palabras de un pequeño glosario de nuevos términos que iba cosido en su interior, obra de Alex Grijelmo. Con la perspectiva que dan los años -dieciséis en concreto- ya podemos hacer balance de los neologismos que tuvieron éxito y se consolidaron en la lengua o los que, por el contrario, cayeron en el olvido.

Chupa: En los años setenta se empezó a usar este vocablo para designar las modernas cazadoras de cuero, normalmente negro. Pero la palabra existe desde hace siglos, para un significado similar: la prenda de medio cuerpo-a menudo vieja y deslucida- que vestían antiguamente los clérigos, ignorantes de que en el futuro serviría de identificación rockera. Si ellos hubieran utilizado la chupa con ese propósito, alguien les habría puesto como chupa de dómine.

Zulo: En vascuence “agujero”. Al español ha pasado como sinónimo de escondrijo de armas, incluso aunque no sean de la ETA. Se ha llegado a escribir: “Ha sido localizado un zulo de las Brigadas Rojas” (en Italia). Un ejemplo del atemperamiento de significado que da el paso del tiempo a algunas palabras. De tener un matiz tenebroso, que daba miedo usar, en el principio, ha evolucionado a ser una palabra común de la lengua. ¿Quién no tiene un zulo en casa para meter zaleos? Esas cosas inservibles que vas almacenando poco a poco hasta que un día te da, y mandas todo al contenedor. Ha pasado a sustituir o a ser sinónimo de trastero o desván.



Palabras en desuso o que pasaron de moda:

Cine de arte y ensayo: El tardofranquismo autorizó determinadas películas de corte intelectual en las que se podía ver algún pecho por ahí suelto. Eso sí, en salas de “arte y ensayo”, generalmente reducidas y controladas. Se podía entender muy bien lo de “arte”, pero lo de “ensayo” parecía imposible. Hombre si se hubiera tratado de teatro… Recuerdo haber asistido a alguna de aquellas películas seguidas de una especie de debate (atraído por el aire de intelectual que te daba decir que habías ido) en la que hablaban siempre los mismos porque la gran mayoría no habíamos entendido casi nada de lo que allí se había proyectado. Tampoco es que con las explicaciones nos enteráramos de mucho... Siempre me acuerdo de las interpretaciones y significados de las películas de Buñuel para los entendidos. Era alucinante.

El Parte: Cuando nació El País todas las emisoras ofrecían unos noticieros comunes: llegadas las señales horarias, conectaban con Radio Nacional de España y difundían a la vez la misma información (oficial, por supuesto). Todavía como en la guerra civil, eso se llamaba popularmente El Parte. Desde 1977, cada emisora elabora sus propios informativos. Pero alguna parece seguir conectada a Radio Nacional.


Mi primo el Nano,

que no me toca nada y es mi hermano.
Harto ya de estar harto de las fronteras
va pidiendo escaleras para subir
de tu falda a tu blusa, toca madera:
tendría que estar prohibido un fulano así.

J. Sabina





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde
La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


8 comentarios:

Myriam dijo...

Ufff vine corriendo, por fin llego primera jajaja

Tienes razón en estos ultimos 30 años ha habido cambios vertiginosos. Y los sigue habiendo. Urtain ya no cabía en ese mundo nuevo, ni pudo adaptarse a los cambios.

Me gustó la iamgen de Maitena con el sombrero mejicano con los palitos chinos, la cerveza y la camiseta con el I Love Spain, que representa tan la era d ela Globalización.

COmo siempre, muy interesante esta contextualización

Besos

Merche Pallarés dijo...

Pienso igual que Myriam, has hecho un excelente trabajo como siempre, querido Pancho. Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Henos ido evolucionando y el pobre José Manuel iba involucionando. Quisieron convertirle en el nuevo Uzkudun, menudo elemento el presidente de la Federación Española de Boxeo, Vicente Gil, el médico de Franco. Me pregunto que tendrá que ver la Medicina con los mamporros.

La chupa de dómine se quedó en chupa discotequera, las películas de arte y ensayo eran esas que aburrían a las ovejas...Hay quien llama todavía parte al telediario, el rosario se lo ponen de collar algunas crías, el tiempo pasa y nosotros pasamos.

Maitena genial, debería ser española.

Sabina siempre te acompaña, como un amigo fiel, ahora con Serrat, qué dos.

Besos, Pancho. Feliz viernes santo sin penitencias.

Aldabra dijo...

Genial, repito lo mismo que en tu post anterior pero añado ¡que buena es Maitena!

lo del cine de arte y ensayo... no lo ví, supongo que antes era menos intelectual, andaba más interesada en encontrarme a mí misma.

biquiños,

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Qué magnífica entrada: desde la extraordinaria frase inicial.
En efecto, somos esa suma: más de los olvidos que de otra cosa.
A Uryaín le pasó lo lógico del personaje: no tuvo a nadie que le explicara sus límites, sino todo lo contrario, le empujaron al abismo para ganar dinero con él.

Paco Cuesta dijo...

Dices bien. Le facilitaron escaleras para que llegase a lo más alto de su cruz.

Anónimo dijo...

"Urtain" es la peor obra de teatro que he visto en mi vida y he visto unas quinientas. Además, es pura ficción, sobre todo lo que trata sobre su vida personal. Conjeturar sobre los motivos de un suicida para quitarse la vida y hacer negocio con ello es inmoral.

María dijo...

genial la entrada!