jueves, 26 de abril de 2012

Me cansé del run run de los palmeros y los caireles





Urtain 
Adaptación para televisión de la obra teatral coproducida por Animalario y el Centro Dramático Nacional, que narra la historia del boxeador, encarnado por Roberto Álamo, desde su muerte hasta sus orígenes. 

El padre de Urtain muere en la taberna de la aldea y la luz del escenario se hace negrura. Apagón y soledad. Es primavera en Cestona, tiempo de sementera. Se funden los años y de la nada surge el misterio de la vida; la muerte como génesis de un nuevo vástago vigoroso. El eterno diálogo entre contrarios: la existencia que se abraza como un paréntesis a la eternidad. La armonía, resultas de la tensión entre el principio y el fin que cierra el ciclo vital y abre las compuertas a nuevas generaciones futuras. 

En 1992, Urtain vive solo en Madrid, cercado por la depresión, abrumado por las deudas, su autoestima mermada hasta niveles de alma envenenada. Harto de hacer de saco de boxeo que se golpea con su propio puño, decide quitarse de en medio para dejar de estorbar y, desalado, cae. 

Los mismos jadeos rodeados de soledad, los estertores convulsos del padre agónico le despiertan. Sólo tres palabras salen de su boca aturdida para hacer acto de contrición: “Soy un asesino” y pide perdón como un rey con once palabras: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”. De esta forma, pidiendo perdón, abrocha su vía crucis personal de pasión inversa, desde su crucifixión en las calles de Madrid al beso de Judas de los orígenes, como un humilde nazareno rebelde, hijo de un carpintero, que se enfrenta al poder último e igualador a la nada del tiempo. La vida es riesgo. Constantemente te exige la toma de decisiones que te guían por uno u otro camino. El elige el sendero del boxeo, pero son otros los que le adjudican el papel a jugar en la tómbola de la vida, manejado desde fuera como si de un guiñol se tratara. Lo aturden ejércitos de palmeros y caireles. Y otros son los que le sacan del ring y lo dejan caer. 

En la obra, en su conflicto, la tensión narrativa se hilvana alrededor del choque de dos irrealidades: el punto de vista prehistórico y arcaico con los intentos de diluir identidades desde fuera. En el código de actuación de ambos no se contempla alternativa, no hay lugar al arrepentimiento ni segundas oportunidades. O irradiamos pureza de sangre de generaciones o no somos. Es el apego a algo sumamente atractivo para cualquiera,  como si las propias creencias fueran lo único y excluyente.


 La popularidad del boxeador guipuzcoano llegó hasta el lejano oeste peninsular. 
Recorte de La Gaceta.



 

El ocaso del boxeador Urtain coincide,  por imperativo biológico, con el del general al mando y con el nacimiento del diario El País en otra primavera de 1976. Nace y crece de la mano de la Democracia. Nada ha sido fácil desde aquel cuatro de mayo para ninguno de los dos recién nacidos. En la foto los firmantes del Pacto de la Moncloa. El tiempo ha demostrado que esos políticos (algunos ya desaparecidos) estuvieron a la altura de lo que quería de ellos la mayoría de la población. Parecen Winston Churchill si los comparamos con los actuales.

Maitena nos contaba en 2001 cómo habíamos cambiado en los 25 años  desde el nacimiento de El Pais: 



 


 




En mayo de 1996 el diario El País publicaba el especial: El PAÍS 20 AÑOS. He recogido algunas palabras de un pequeño glosario de nuevos términos que iba cosido en su interior, obra de Alex Grijelmo. Con la perspectiva que dan los años -dieciséis en concreto- ya podemos hacer balance de los neologismos que tuvieron éxito y se consolidaron en la lengua o los que, por el contrario, cayeron en el olvido. 

 Contrato basura: Dícese de cualquier tipo de contrato que no sea indefinido. La relación trabajo- capital está viciada. Para el capital son escasos los trabajos que producen lo suficiente para llegar a indefinirse. Hemos ido para atrás como los cangrejos. Malos tiempos para los que sólo tienen la fuerza de los brazos para tirar palante.

 Euro: La futura moneda europea, aprobada en la cumbre de Madrid en diciembre de 1995. La sepultura de la peseta. Hoy día, la gente sigue comprando  el piso en millones de pesetas, pero cambia kilos de arroz y gasolina por euros y sus céntimos de euro.

Palabras en desuso o que pasaron de moda:

 Enlace sindical: Nada de comités de empresa ni sindicatos obreros. En los tiempos del franquismo (y todavía cuando apareció El País) los representantes de los trabajadores en una empresa se llamaban “enlaces sindicales”. Su misión era enlazar la empresa con la plantilla, para que se hiciese lo que deseara la empresa. ¿No es lo mismo que ahora? 

Magnetofón: Los lingüistas preferían “magnetófono”. Tanto una como otra palabra dejaron paso al “casete” (castellanización de “cassette”). Los casetes son más pequeños que los magnetófonos, que funcionaban con dos grandes ruedas (“cinta abierta”) y se enredaban a menudo. En América, con mejor sentido del idioma español que en España, en vez de “casete” se dice “grabadora”. ¡Qué tiempos aquellos en los que nos metíamos a ingenieros a arreglar radio casetes y desenredar cintas! Y se arreglaban las cosas, mientras ahora ya lo puedes tirar y volver a la tienda a por otro.

Derrapé 
en las noches duermevela de los moteles 
pagando aranceles. 
Me cansé 
del run run de los palmeros y los caireles,
 con lo que eso duele. 
Y después de ti luna y lunares 
la vuelta al calcetín, las sábanas impares,
 la baba de las putas sin pedigri, 
la cicuta de los bares. 
Joaquín Sabina 





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

13 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Qué lúcida entrada esta tuya: en efecto, es un conflicto de identidades.
Y qué fina ironía la de las once palabras...

Merche Pallarés dijo...

Me ha encantado eso de "Me cansé del run run de los palmeros y los caireles" dicho por Sabina muy gráficamente pero que en el caso de Urtain le viene como anillo al dedo... Muy buen repaso a la historia y al léxico de esos años. Besotes, M.

Aldabra dijo...

magnetofón... ya ni me acordaba.

biquiños,

Abejita de la Vega dijo...

Esas once palabras son palabras reales.
Al final, ya no había palmeros ni caireles para Urtain. Muerte y soledad, nada más.

El magnetofón y aquellas casetes que asomaban las tripas y tú con el boli intentando domarlas, no había manera.

Es impresionante la primera foto.

Besos, Pancho.

Cornelivs dijo...

De nuevo por tu casa, amigo. Disculpame por mi larga ausencia: todo vuelve al final a su cauce. Y aqui estoy.

Sabina y su letra...siempre me ha inspirado.

Y gracias por tus comentarios y por tu afecto.

un enorme abrazo.

Myriam dijo...

Me dejaste sin palabras Pancho y hasta metiste a Su Majestad en ésto. ¡Genial!

Besos

Myriam dijo...

(Como ves, me puse al día contigo. perdona mi demora en venir a verte, peor quería leerte con calma y no a las apuradas, si sirve de excusa)

Besos

PENELOPE-GELU dijo...

Buenos días, pancho:

Qué recuerdos los magnetófonos aquellos. Y todos hacíamos de ingenieros haciendo reparaciones en cintas enredadas.
Añado a la canción que has elegido, la que me has evocado con tu texto.

Saludos.

Gelu dijo...

pancho:

Te paso la canción.

Un abrazo.

Paco Cuesta dijo...

Contrición prólogo de la repetición.

Ele Bergón dijo...

Muy buena tu entrada sobre Urtaín. Nada que añadir. Me ha encantado

Un beso

Luz

Cirugia Plastica Cali dijo...

Excelente post, me encanta tu forma de escribir de expresarte, seguiré visitándote, un saludo.

Televisores pantalla plana dijo...

Oye que bueno ha sido conocer tu blog, que placer tener algo bueno que leer.