jueves, 15 de diciembre de 2011

Ser cobarde no vale la pena.


"Los barqueros indios, verdosos como antiguos bronces, asaltan la fragata por ambos costados".


SONATA DE ESTÍO.
MEMORIAS DEL MARQUÉS DE BRADOMÍN (2)

A media mañana hacen escala en San Juan de Tuxtlán. La fragata fondea a tres horas de canoa de la costa para no embarrancar, movida por la lentitud exasperante del remo de un negro africano. Así debía ser el tránsito de las almas en la barca de Caronte a las puertas del Hades, afectados por el calor procedente de la fragua de Vulcano. Ya en tierra Bradomín quiere visitar las ruinas de Tequil. A la sombra de una pirámide contempla por vez primera a la Niña Chole, hija de la tierra fecunda y bella como una diosa maya salida de lo más hondo de la India misteriosa y desconocida. (La razón de mostrarnos a la Niña a la sombra de algo que no la da porque la pirámide se come su propia sombra representa un enigma y da que pensar). Su sonrisa le recuerda a Lilí, amada y aborrecida; causante del desamor que le hizo huir de España y buscar refugio en América.





"Cuando arribamos a la playa, se levantaba una fresca ventolina, y el mar, que momentos antes semejaba de plomo, empezaba a rizarse".

El arte de la insinuación y sutileza preside el relato del primer contacto visual con la Niña Chole. El autor recurre al erotismo y exotismo indígena mezclado con la belleza clásica, hierática y serpentina, sin olvidarse de que los lectores españoles entienden mejor el casticismo del “zagalejo andaluz o del fustán”. Todo lo mezcla con el misterio de su cuerpo adivinado. Como no le ve el rostro de primeras, se entretiene en describir lo que no vela el rebocillo: “Admirando cómo se mecía la tornátil morbidez de los hombros y el contorno del cuello”.


Con la sangre al galope, Bradomín se llega a las ruinas de Tequil. Entre Sicomoros y verdosos reptiles inquietos aparece la Niña Chole, belleza bronceada en mimética simbiosis con la naturaleza ardiente. La sombra del cedro gigante le hace entrar en trance, como la erupción que precede al éxtasis místico y a fundirse con la madre tierra que se estremece. Los humanos son fieras en celo surgidas de las entrañas de la tierra virgen, abrigados por el vaho caliente que desprende la madre naturaleza, exuberante de verdes rabiosos en la selva mejicana.

Mucho me temo que Valle- de escribir hoy- tendría serios problemas para mantener su ya mermada integridad física. Por menos irreverencia de la que hace gala en sus relatos, le declaran la guerra santa a cualquiera que pase por allí por meterse en las arenas movedizas de las creencias de religiones que no te incumben: las huríes del paraíso están reservadas a los mártires que mueren matando infieles. Como los Cruzados iban a Tierra Santa a defender los lugares sagrados del ataque de los otros infieles.


"¡No se arrugue, valedor!... Si quiere pasar, ahí merito, sobre esa piedra , arríe la plata. Ándele, luego, luego"

Al atardecer la tierra emana erotismo: “La naturaleza, lujuriosa y salvaje, aún palpitante del calor de la tarde, semejaba dormir el sueño profundo y jadeante de una fiera fecundada”. Los ojos de la Niña Chole le hacen recordar amores ya vividos. Regresan a la mar bien metida la noche. La fragata atracada a lo lejos aún no había zarpado. La sorpresa del ritmo trepidante en la narración cumple la misma función que la caída del caballo desbocado de Don Juan Manuel en las tierras gallegas de Sonata de Otoño. Ahora es el brillo de la faca, el frío del acero del arma de un nativo el que rasga el aire y hunde el veneno de la víbora en un árbol cercano lo cual resalta el valor del marqués que no le rehúye. Se encara con el bandido de piel cobriza antes de embarcarse de nuevo.



"Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena"


Joaquín Sabina




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero

8 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Efectivamente: el ritmo, el ritmo acelerado de la narración. Acompaña el infierno que lleva dentro el personaje, que pronto calmará con una nueva conquista...

Myriam dijo...

De tu texto recalco éste párrafo que me encantó:

"Al atardecer la tierra emana erotismo: “La naturaleza, lujuriosa y salvaje, aún palpitante del calor de la tarde, semejaba dormir el sueño profundo y jadeante de una fiera fecundada”. Los ojos de la Niña Chole le hacen recordar amores ya vividos. Regresan a la mar bien metida la noche."

Y obviamente me gusta lo que dices del ritmo trepidante y tu asociación con eses pasaje de la Sonata de Otoño.

Besos

Abejita de la Vega dijo...

La Sonata de Otoño tenía un ritmo leeeento: los miiiirlos seculaaaaares. En la de Estío, hay un ritmo trepidante de caballo desbocado que culmina en esa faca que rasga el aire. Algo así como la Obertura de "Guillermo Tell", de Rossini.

El pansexualismo de este pasaje, es muy llamativo, el vaho caliente, lso susurros nupciales y demás.

Besos

Estrella dijo...

También es trepidante el ritmo con el que el marqués pasa de un amor desbocado a otro igual de galopante.

Valle-Inclán pone un lenguaje tan bello, tan sutil y musical en la boca del marqués, que lo adorna y lo enriquece. Lo hace parecer un hombre de amores más profundos.

Saludos.

Myriam dijo...

Paso a desearte muy Felices Fiestas, Pancho

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

Qué útil le fue al Marqués, el bordón que llevaba el indio y del que se encaprichó y compró en las pirámides de Tequil, y que en esta ocasión le sirvió para casi defenderse del ensabanado y armado con faca “voladora”.

Saludos

Paco Cuesta dijo...

Con Valle vivimos los golpes de sangre de Bradomín como si fueran los nuestros.

Aldabra dijo...

Junto a Maria Dolores, añade a Chavela... tengo una imagen grabada... estoy tumbada en el sofá, es invierno, y estoy tapada con mi manta de cuadros roja y verde... en la tele ponen un concierto de Chavela y yo estoy muy triste (recién separada)... recuerdo que lloré con ella desde lo más pronfundo de mi corazón.

Chavela para mí es hondura de sentimientos, no sé explicarlo mejor, lo siento.

...
Que gane el quiero la guerra del puedo...

Que los que matan se mueran de miedo...

Que el fin del mundo te pille bailando...

Que el corazón no se pase de moda...

Que no se ponga la luna de miel...

Gracias también por las canciones.

biquiños,