jueves, 8 de diciembre de 2011

Mujeres de fuego, helado metal

"Cuando el sol declinaba [...] libre de importunios, pasábame las horas viendo borrarse la estela de la fragata"


SONATA DE ESTÍO.
MEMORIAS DEL MARQUÉS DE BRADOMÍN (1)

Valle prosigue con el relato de las memorias del Marqués de Bradomín. Un Don Juan gallego y carlista de la más recia estirpe, que ha adoptado la seducción como modo de vida. Con unas cuantas pinceladas, breves y difusas, nos traza las coordenadas espacio-temporales de la narración. La lectura del mutilado gallego es exigente. Hay que estar con las orejas tiesas, concentrado y literalmente zambullido en su lectura para comprender la intensidad literaria de Valle-Inclán. A cambio se te ofrece el misterio que se desvela en cada frase, la satisfacción del descubrimiento del camino que te lleva de la mano al deleite literario.

“Los decadentismos de la generación nueva no los he sentido jamás”. Nos advierte este Don Juan que se resiste al encasillamiento de su manera de ser.

Como si de un preámbulo se tratara, nos pone en situación, nos da cuenta de las razones de su viaje. Bradomín – al mismo tiempo voz narradora - viaja a Méjico huyendo del desamor y del frío vernáculo. Nada mejor que “recorrer el mundo en romántica peregrinación” para desaprender unos amores desgraciados. Ungido de su espíritu rebelde y de la defensa de las tradiciones, ya se había exilado en Londres después de la rendición, de la traición del Abrazo de Vergara entre los generales Maroto y Espartero. Sus pasos le dirigen a Occidente, atraído por los colores crepusculares y el misterio que se sepulta junto a la tumba del sol, colores que se confunden con los tonos cobrizos y turbadores de los amaneceres en el remoto Oriente, en el lado oculto del planeta donde cada día se reaviva el milagro del alba y de los atardeceres incendiados de fuego.

Le atrae lo opuesto, los orígenes de una civilización distinta a la suya. Siente en su corazón aventurero la llamada de sus antepasados, los ancestros de su estirpe, antiguos conquistadores que marcharon a la Tierra Nueva a desbrozar caminos, roturar selvas y fundar conventos.

Fiel a su estilo provocador y escandaloso desde el principio, aboga por la vida licenciosa y disoluta de las mujeres que se ajuste y favorezca la perdición de los hombres: “A las mujeres para ser felices les basta con no tener escrúpulos”. Un arrepentimiento en última instancia, justo antes del embarque final, es suficiente contrición para saldar cuentas con el todopoderoso. A fin de cuentas es lo que hacen las marquesas gentiles con su confesión de los viernes por la tarde, antes de comulgar la vida la noche del domingo. Algo tan español como poner una vela a Dios y otra al Diablo.


"Hice el viaje a vela en una vieja fragata que después naufragó en las costas del Yucatán"

Bradomín
viaja por olvidar. Malherido el corazón, no sale del camarote de la fragata, La Dalila, más que nada por no sentir “vergüenza zoológica”. Restos del oprobio y del dolor por la Armada Invencible. Aún incrédulo -después de los siglos-, de que los huracanes se pusieran a favor de los herejes, vergüenza de los de su especie. Los recuerdos de viajes anteriores no le ayudan. Recuerda uno de peregrino a Tierra Santa junto a bigotudos mercaderes griegos enrojecidos por el sol, monjes armenios, príncipes napolitanos, toreros españoles o judíos rusos cuya algarabía le producía vértigo y mareo. De este viaje no soporta la “taifa luterana” de herejes y mercaderes sajones. Sólo al oscurecer, ausente la farándula, sube a cubierta y se pasa las horas muertas pensando en la popa. Arrullado por el silencio de la noche, ve engullirse en la inmensidad del océano la estela del velero, de la misma manera que desaparece de la arena, tapada por más arena, la huella del perdido sorprendido por un siroco en mitad del desierto: “El mar de las Antillas, con su trémulo seno de esmeralda donde penetraba la vista, me atraía, me fascinaba, como fascinan los ojos verdes y traicioneros de la hadas que habitan palacios de cristal en el fondo de los lagos”.



"Hay mujeres veneno, mujeres imán,
hay mujeres de fuego y helado metal,
hay mujeres consuelo, hay mujeres consuelo,
hay mujeres consuelo, mujeres fatal."
J. Sabina. Jaume Sisa





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

7 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Basta leer la selección de citas que haces para comprender la oportunidad de esta entrada tuya, en la que aclaras con tanta perspicacia tanto las razones de Valle y su estilo (qué maravilla el "seno de esmeralda") como en la caracterización de su personaje, en la que no perdona ni esconde ninguna falta...

Abejita de la Vega dijo...

Hay que estar con las orejas tiesas, como dices. Y no deja uno de preguntarse de qué va este escritor y de qué va este personaje.

El de Bradomín me cae bastante mal,le cachetearía, como dice Myriam. Pero las palabras de Valle fascinan. Ay ese mar de esmeralda, ay esos palacios de cristal donde habitan las hadas.

Un placer leerte, como siempre. Y Sabina rematando. Y hombre veneno le digo yo.

Besos, Pancho.

Ele Bergón dijo...

Nada que añadir a tu excelente comentario.

Vas pausado y recreandote en ese universo al que nos transporta Valle, a la vez que nos muestras los diferentes e innumerables matices de los tonos en los que escribe el autor gallego.

Un placer leerte

Un abrazo

Luz

Paco Cuesta dijo...

Llama la atención la insistencia de Valle Inclán sobre el arrepentimiento postrero.

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

Su frase “A las mujeres para ser felices les basta con no tener escrúpulos”, cuando se lee después de: "Thais la de Grecia, y Ninon la de Francia, esas dos cortesanas menos bellas que su destino[...]
Yo hubiérale tenido igual, y quizá más grande, de haber nacido mujer: Entonces lograría lo que jamás pude lograr " y lo continúa con ..."y probablemente no los hubiera tenido esa quimérica Marquesa de Bradomín", vemos que es como la confesión de un deseo.

El feo, católico y sentimental Marqués de Bradomín nos está haciendo pensar en cada palabra.

Una buena crítica en lo del arrepentimiento a última hora. ¿Para que precipitarse cuando aún hay tiempo y hay juventud y belleza?

Muy bien explicado, y el enlace para entender el contexto histórico.

Saludos.

P.D.: Sisa hacía unas estupendísimas interpretaciones.
En esta canción están inmejorables los dos.

Myriam dijo...

Una de las cosas que me gustan de la caracterización que VALLE hace del Marqués es la humanidad con que lo muestra.

Y otra cosa, yo que he tenido la dicha de conocer el Mar de las Antillas o Caribe, puedo entender la fascinación de quien lo describe de esta forma.

Un abrazo

Aldabra dijo...

la que le hubiera caído a Valle con las feministas hoy en día... porque su frasecita de las mujeres... vamos, vamos...

biquiños,.