domingo, 15 de enero de 2012

Calle Zamora






Antier.
Excepto las caballerías y sus guías, el resto de la gente busca la acera sombría para caminar por la Calle Zamora arriba. 


Ayer. 1991
Cuando los coches, las aceras y el asfalto eran los amos de las calles.


Hoy.

Las calles peatonales han llenado las vías urbanas de granito, seña de identidad de las ciudades españolas en los años de la abundancia, maceteros gigantes en los que malviven árboles escuálidos, farolas como estorbos que rompen la crisma al paseante distraído y chirimbolos de todo tipo; pero también de gente despreocupada que ocupa todo el ancho de la calle porque la desaparición de las aceras quedará también como uno de los elementos distintivos de la época para los arqueólogos del futuro. En cierto sentido, hemos regresado a la ausencia de vehículos a motor del pasado, pero ausente para siempre aquel sabor añejo de la primera fotografía.


(CONTINUACIÓN)
"Como ellas saben el secreto de Salamanca y no son avaras de su saber, nos lo van transmitiendo esta noche alegremente, así que ponemos nuestro espíritu al contacto con el suyo, en el silencio.
La austeridad, la tristeza, el grave empaque, la pobreza rectilínea del razonamiento castellano, nada tiene que ver con estas piedras, que son versos blancos, floración del Renacimiento en la llanura, eco de Italia que no trajo sólo a Salamanca la ciencia de sus glosadores, sino la elegante sencillez de sus palacios y la ondulante gracia de las pláticas amorosas de sus damas y de sus cortesanos. Advertirlo bien. Cervantes viene a Salamanca y le enhechiza. Fray Luis, en el retiro de su quinta agustina de La Flecha, entre el estruendo de las murmuraciones del claustro murmurador que no le perdona su parentesco con Horacio, pulsa su lira pagana y elegante, con estrofas que estarían escritas en Florencia, si no fueran rimadas en Salamanca. Hurtado de Mendoza pone aquí sus pícaros. Sabe que el amor es ciencia de muchas caras, que los letrados pobretones justifican entre rosarios de argucias los achaques del hampa, que la ciudad del Tormes sabe más de picardías que de deberes. Torres y Villarroel sueña aquí todo linaje de enredos, discusiones y disparates. Unamuno, finalmente, en la soledad de su cuarto que parece una celda, empolla sus diabólicas paradojas en la ciudad tranquila, contagiado por el espíritu mozo que le envuelve y agita.
No. Salamanca no es ciudad de doctores, sino de muchachos. Es eternamente moza como sus estudiantes. Sus piedras incuban lentamente sueños de mocedad; están hechas para la confidencia y para el abandono. Notad que Salamanca es el pueblo de las rejas labradas y de los patios; que si sus doctores inician en la ciencia, sus mozas inician en el amor.

Pueblo de amor es Salamanca: contagiadas de muchachez están sus piedras doradas y nobles. Esta noche nos hablan ingenuamente. No en balde aprendió la nigromancia en las cuevas de San Ciprián Don Enrique de Villena. Nigromancia para quebrar sin peligros la honestidad de las doncellas, brujerías para que la dueña Celestina no meta en sus arcones sus ducados que tienen los estudiantes para sus francachelas, arte de magia para sonrosar el cutis, remozar el cuerpo, fortificar el brazo, gozar en toda sazón de garbo y apostura."(CONTINUARÁ)


José Sánchez Rojas

Salamanca. Septiembre 1912

5 comentarios:

Paco Cuesta dijo...

La peatonalización es la reconquista de nuestro espacio.

Abejita de la Vega dijo...

Esa es la impresión que recibimos los forasteros, la de una ciudad contagiada de muchachez, qué palabra.

Seguimos contigo la evolución de tu dorada ciudad.

Besos

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Es curioso cómo nos hemos tenido que defender los peatones de la exagera presencia de los automóviles. Seré radical, pero yo haría peatonales todas las calles céntricas, en especial las de estos cascos históricos, tan estrechas.

Myriam dijo...

De acuerdo con Paco y Pedro, sobre la recuperación de la peatonalidad en los cascos históricos ....de todas las ciudades, agrego.

Algo que me pareció muy dulce de tu ciudad, Pancho, es que se respiraba amor juvenil en cada recoveco.

Quizás en algún momento me atreva a poner alguna foto en mi blog, entonces enlazaré esta entrada.

Besos

Aldabra dijo...

por lo menos ocurre aquí, en Ferrol, que hay algo de desangelado en algunas calles peatonales, yo creo que no todas las calles están hechas para eso.

veo que disiento mucho de Pedro... pero ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos.

biquiños,