jueves, 12 de enero de 2012

Tu melena de muñeca rota

El fetiche erótico valleinclanesco del espolín de seda definitivamente huido y abandonado en la calle Valle-Inclán.


SONATA DE ESTÍO.
MEMORIAS DEL MARQUÉS DE BRADOMÍN (6)

“La Niña Chole tenía despertares de aurora, alegres y triunfantes”: madruga para que los primeros rayos titubeantes del amanecer jueguen con su cabello suelto sobre los hombros desnudos y carne morena, celeste diafanidad de cuerpo de diosa.

De nuevo a caballo, se cruzan con jinetes que van y vienen de la feria de Grijalba. Ellos corren enlazados de la mano. Antes de montar, Bradomín ha cumplido con la liturgia de calzarle a ella el espolín y besarle el pie de seda, fetiche del largo camino de seducción.

En la explanada de la feria les recibe una astrosa turba de mendigos, lisiados y llagados, un desmedrado imperio de enanos y leprosos mutilados y esgalamidos con muñones polvorientos que gatean y se arrastran a la caza de las monedas que les arrojan desde el caballo. Corte de los milagros o tumulto de hampones extraído de las películas mejicanas de Buñuel.

Van a parar al jacal de una tehuana, antigua criada de la Niña Chole y casada con un negro liberto que les salmodia el “eterno cuento de sus tristezas”. Lo que perturba el ánimo al marido es el hecho de que los cuernos provengan de otros de su mismo color y similar condición. Confiesa que si la deslealtad hubiera procedido de una relación con un blanco, habría soportado el peso de la infidelidad con dignidad, como si fuera una tasa a pagar o el derecho de pernada del señorito.

Mientras Bradomín y el negro liberto se dan una vuelta por la feria en busca de unas potrillas blancas que se le han antojado a la Niña Chole, ésta apuesta a las peleas de gallos en el reñidero y pierde trescientas monedas. El blondo adolescente ruso quiere cobrarlas cambiadas por tres besos, pero el Marqués la arrastra y dirigiéndose amenazante al ruso le indica que la mujer es suya y también lo es la deuda. El relato entra así en una fase de sometimiento en la que ella juega el papel de una esclava sumisa. La consumación de la relación machista de superioridad de él sobre ella, al tiempo que “reía el vino en las copas, y la guitarra española, sultana de la fiesta, lloraba sus celos moriscos y sus amores con la blanca luna de la Alpujarra”.

Una vez reducida la fortaleza y hecha prisionera la Niña Chole, sucede la liberación por parte de su padre y marido a la vez. A Bradomín no le queda más remedio que acatar las dos sagradas potestades. El General Bermúdez la secuestra, la monta en su caballo y Bradomín huye y admite que: “Nunca como entonces he sido fiel a mi divisa: Despreciar a los demás y no amarse a sí mismo”.


Conocía la calle Valle-Inclán porque viví en otra calle al lado en la época de estudiante y está en mi barrio. No tiene mucho de particular ni atractivo, sólo una pequeña placa solitaria nos lo recuerda.

Con el agua hasta el cuello de los caballos, la comitiva se interna en la ciénaga del lago Tixul, llenas de caimanes de monstruosos ojos sin párpados e inmóviles. Salen del agua y se adentran en la noche iluminada por hogueras y truenos que se adelantan al relámpago. “Mi sombra bailaba con la llama de las hogueras y alargábase fantástica sobre la tierra negra”. Perseguido por fantasmas cree ver a la Niña Chole, desnuda y velada, bailar entre las llamas de las hogueras. Es el castigo impuesto por no haber impedido el rapto. Ensillan y en medio de una noche infame de aguaceros y negros nubarrones, guiados por el graznido plañidero de un pájaro nocturno, llegan a la puerta de una casa señorial de aire colonial en la que un grupo de jinetes plateados le franquean el paso al anunciarse como el Marqués de Bradomín. Del interior de la casa sale Brión, el viejo y fiel mayordomo carlista, también huido tras la traición de Vergara y cuyo único deseo es hacer de Don Carlos un emperador, dándole el imperio de Méjico.

Hay esperanza. Esta araña incansable nos da una lección de tolerancia y solidaridad.

Bradomín se acuesta rendido, pero el sueño se le resiste. El recuerdo de la Niña Chole le desvela y se levanta a la luz de la luna que esclarece el fondo de la estancia. Los ruidos de una noche de insomnio se multiplican: perros que ladran, caballos que galopan, sordos golpes de azada que el silencio de la noche amplifica y parecen retemblar la tierra, le mantienen despierto hasta que casi al amanecer el sueño le gana para su causa. Brión le informa de que acaba de enterrar al capitán de los plateados, una merma importante para la causa, pero no suficiente para cejar en su empeño de darle un imperio a Don Carlos; después, el reino de España; empresa nada fácil, pero no imposible cuando se tiene de modelo a Hernán Cortés. El capitán pierde la vida en la refriega con el séquito del General Bermúdez. En la desbandada los plateados abandonan a una bella criolla. Brión la recoge y la trae a la hacienda. Se abrazan al verse y Valle despliega todos sus argumentos para narrar el reencuentro con la Niña Chole y a la par final del relato. Ella se desabrocha el corpiño. Lenta. Se desentrenza el cabello. Contempla, sonríe, se unge, se envuelve de seda, se tiende y espera. Él retarda y goza. El gallo canta en mitad de la noche nupcial y la Niña habla en el trance supremo. Bradomín le sella la boca, “estrofa alada de nieve y rosas”, porque el silencio es el “arca santa del placer”.

Al final Valle-Inclán salva a Bradomín con habilidad, le concede una segunda oportunidad de regeneración al hacerle maestro de los abandonos crueles o de las reconciliaciones, no importa que sean cobardes y en su beneficio de extraño Don Juan. Compadece a los incapaces de perdonar un desliz; pues al hacerlo, se privan del placer supremo que proporciona la reconciliación.


"Pero quiso el cielo
bautizar el suelo
con su gota a gota
y con champú de arena
para tu melena
de muñeca rota
y tu mirada azul
me dijo a cara o cruz
y mi alma de tahur
lo puso a doble o nada".
Joaquín Sabina




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

7 comentarios:

Myriam dijo...

En realidad, el pobre Marqués ni se quiere a sí mismo.

Has llegado al final de la Sonata, te felicito por tu perseverancia de estas seis entregas.

Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero dijo...

El final de esta Sonata nos muestra un duelo de dolor y amor en el que ambos podrían salir dañados... pero el Marqués se muestra más fuerte y cruel y consciente. O, al menos, es él quien cuenta la historia.
Me ha gustado el reportaje fotográfico.

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

Coincido con el profesor en que me han encantado las fotografías.
Del resumen, pues en tu línea, estupendo.
Al Marqués, este dolor le durará poco, igual que a la Niña Chole.

Un abrazo.

P.D.: Me pregunto, hace tiempo, si Sabina no escribía las canciones pensando en Valle.

Aldabra dijo...

Vamos por partes, aunque no sigo la lectura.

La primera frase esta de "La Niña Chole tenía despertares de aurora, alegres y triunfantes"... no sé, o es mi "mente sucia" o esta frase hace que me imagine a la Niña, una retozona de cuidado, que igual así era, no recuerdo exactamente, aunque leí las Sonatas no hace mucho tiempo. Tres adjetivos muy bien escogidos.

¿Adoras a Sabina, no Pancho? A mí siempre me gustó mucho y me gusta, la verdad pero le cogí un poco de manía cuando vino a Santiago de concierto con Serrat, lo que pasó no es de recibo. Allá que compré dos entradas con meses de antelación. Allá que nos vamos desde Ferrol para Santiago (150 kms) para verlos. Allá que se pone a llover y el escenario estaba al aire libre y sin techado (pá haberlos matado a los de la organización). Allá que suspenden el concierto y ellos los dos, los divos, ni siquiera salen a despedirse sino que mandan a alguien a decir que se suspende el concierto después de cantar media docena de canciones.
En fin, que la broma nos salió cara. 60 euros de las entradas, la cena en Santiago, la autopista ida y vuelta, la gasolina. Se hizo una plataforma de reclamación pero no se consiguió nada. Nuestro gozo en un pozo.

Reconozco que los dos son artistas, poetas, cantantes como la copa de un pino pero hay maneras... Me pareció muy mal.

Me gustan las fotos de la Paz y la de la placa de Abderramán, me parece esta última muy tierna y sentida, ¿verdad? con ese Oh, palmera, tan lastimero.

En fin, buen fin de semana.
Biquiños gallegos por los cuatro costados. ¿A qué te gustó mi foto de las berzas gallegas, eh?

Todavía voy a publicar un par de post más con más fotos. Es un paseo muy bonito que hay en á beira da ría (a la orilla de la ría) muy cerca de donde vivo.

Paco Cuesta dijo...

Contraste de finales entre Otoño y Estío, con un deliberado, a mi parecer, sabor a novela rosa

Anónimo dijo...

un saludo desde the Béjar` s car= Mercedes de Nieves tras la estela del pingüino que no quiere volar

Abejita de la Vega dijo...

A mí me chirria también el machismo de esta mujer es mía y su deuda también. Y no digamos el sometimiento de la "retozona", que diría Aldabra. Rey mío es el Bermúdez y rey mío es Bradomín...

Muñeca rota es la Niña Chole, mujer que se usa y se tira, encaja la canción de Sabina. En la vida del marqués no existirá una Chole arrugada como esas viejas indias.

Has sacado jugo a esa calle de Valle Inclán bastante desangelada.


Vamos con Rosario, se oye el fru fru de la sotanas y de los hábitos.

Besos, Pancho.