jueves, 14 de enero de 2010

La Iglesia se retira, Dulcinea como excusa y el rescate de Sancho


...Caballero soy y caballero he de morir, si place al Altísimo...
Dibujo de Gerardo Trives


La historia de esta semana trascurre con los comensales a la mesa para cuatro, preparada por los duques con toda ceremonia para agasajo de DQ. A los nobles y al Hidalgo se une el pater del palacio, que pronto la abandona, dejando más comida para los restantes. De la abundancia de hechos y palabras con enjundia vertidas podemos dar fe los lectores, no así del contenido y duración de la comida que no merece ni una frase.

DQ, colérico, defiende de manera encendida su profesión de Caballero Andante en la larga contestación al grave eclesiástico que le había aconsejado la vuelta a casa. Le niega autoridad para juzgar caballeros andantes a alguien que no ha visto “más mundo que el que puede contenerse en veinte o treinta leguas de distrito”. Ni aunque fuera el obispo de Roma quien lo mandare abandonaría él su oficio porque: “caballero soy y caballero he de morir”.

La lealtad de S se pone a prueba en la insólita defensa que hace de su amo, algo a poner en el haber de los duques, cuando ya dudábamos de ella: “que ni a él le faltarán imperios que mandar ni a mí ínsulas que gobernar”. El duque, en vista del cariz que toma la farsa, improvisa sobre la marcha y promete la ínsula que S lleva siglos esperando: “yo, en nombre del señor don Quijote, os mando el gobierno de una que tengo de nones, de no pequeña calidad”; donde en realidad el duque se hace siervo del hidalgo.

Hay dos reacciones diferentes a la propuesta del duque: El capellán abandona la mesa para evitar ser cómplice de algo que no desea y DQ que echa el buen provecho al noble, mandando sumisión al escudero. El abandono de la voz de la conciencia, deja vía libre a los duques para seguir con la farsa. Le da la razón a DQ en su discurso, ahora ya a sus anchas sin nadie que les reproche nada. Ello da pie a una disertación de DQ sobre las diferencias entre agravio y afrenta.


El maestresala lleva a S a comer a la cocina, mientras la escena principal continúa en la mesa , ahora ya para tres. La duquesa le pide al Caballero Andante que describa a Dulcinea. Aunque mejor le pondría el corazón donde la lleva tatuada, DQ se despacha con algunas frases que no desmerecerían en ninguna selección de palabras de amor. La Duquesa le tira de la lengua: “Si yo pudiera sacar mi corazón y ponerle ante los ojos de vuestra grandeza, aquí, sobre esta mesa y en un plato, quitara el trabajo a mi lengua de decir lo que apenas se puede pensar”

Ellas: “el caballero andante sin dama es como el árbol sin hojas, el edificio sin cimiento y la sombra sin cuerpo de quien se cause.”

Cesión a la nobleza; la belleza es más con linaje: “Dulcinea es hija de sus obras, y que las virtudes adoban la sangre”

En vista de que no consigue sacar nada divertido a DQ, intenta enfrentarle con S por haber contado éste que vio a Dulcinea cribando un costal de trigo rubión, lo cual es achacable, según el Hidalgo, a la resistencia que él presenta a los encantamientos, siendo en su lugar sus seres queridos los atacados: “pues yo no estoy encantado, ni lo puedo estar, según buen discurso, ella es la encantada, la ofendida y la mudada, trocada y trastrocada, y en ella se han vengado de mí mis enemigos”. A su escudero lo defiende sin fisuras; no lo cambiaría por nadie. Los duques tienen la virtud de unir a la pareja cuando los lazos de unión pasaban por sus horas más bajas. Añade que con unos pequeños retoques haría de él un buen gobernante: “que ya por muchas experiencias sabemos que no es menester ni mucha habilidad ni muchas letras para ser uno gobernador”. No muy complacidos quedarán los políticos de todo tiempo y lugar cuando se topen con esta afirmación, máxime al ser de público conocimiento que recurren a citas del Quijote para apoyar sus discursos hueros.

De nuevo el contraste cervantino tras la defensa. Aparece S, asustado, con toda la
gente menuda del castillo corriendo detrás de él con la intención de lavarle las barbas con agua de fregar. De la misma forma que no toleró discriminación de trato para su burro, tampoco le gusta la diferenciación con su amo en asunto de barbas: “que estas tales ceremonias y jabonaduras más parecen burlas que gasajos de huéspedes”. Interviene la duquesa para reprender a la chusma y que dejen tranquilo a S, que no duda en ponerse a las órdenes de su salvadora. Ella corresponde al servilismo con adulación a él mismo y a su amo: “por norte de la andante caballería; y el otro, por estrella de la escuderil fidelidad”. Asimismo, promete no perderle el ojo a lo suyo, la cuestión de la ínsula.

DQ se retira a sus aposentos, con el relajo que otorga ser consciente del deber cumplido. A S, muy a su pesar, no le queda más remedio que perdonar la siesta de pijama y orinal por dar satisfacción a la señora que sigue con el juego al requerir al escudero. No quiere que se descubra la chanza, las bromas sólo las hacen ellos, los duques. Ella sabe cómo tener a S de la mano porque ha leído la primera parte, (de la segunda se va enterando a través de los propios protagonistas) y conoce su ambición.

* Las ilustraciones son de Carlos Cubeiro y Eleazar, encontradas en Internet.

Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde
La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma

8 comentarios:

Cornelivs dijo...

Si. Estos desalmados duques no desaprovechan ni la mas minima oportunidad para reirse y burlarse de nuestros protagonistas.

D. Quijote brilla a gran altura: aguanta perfefctamente todos los ataques, de modo que los duques se van a por Sancho, como bien dices.

Me gusta tu analisis, amigo.

Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Una forma brillante de enfocar el comentario: partir de las reacciones de los personajes, que explicarán tanto sus caracteres diferentes como lo que va a suceder en los próximos capítulos.

Aguilera dijo...

Pancho, eres raudo y veloz: estaba retocando mi recien publicada colaboraciòn semanal, cuando encuentro tu comentario ¿por qué rendija te colaste?.

La mejor oratoria le sale a dQ alrededor de la mesa, en la sobremesa. Son ya muchas las ocasiones en que despues de ingerir unos buenos manjares, a nuestro hidalgo le brota el mejor lenguaje.

El canónigo abandonó la mesa para no descubrir a los duques. Al principio nos pareció antipático por los preliminares que nos dio el narrador, luego ya no tanto. Pero a Cervantes le estorbaba para continuar con la farsa.

Realmente lírico se pone dQ en la descripción de Dulcinea.
Aunque la mejor semblanza, como se indica y señalas es la que lleva grabada en su alma.

Sancho se pasa de bueno, quien ha visto perdonar la siesta por satisfacer a aquella mala pécora de duquesa.

Muy acertadas las imágenes. A mí me salieron más "fresquitas".

Recibe un abrazo

pancho dijo...

Cornelius: Intento dar mi interpretación de lo que dice Cervantes, como hacemos todos.

pedro: Algo gordo está a punto de ocurrir en la novela por lo que apuntáis los que ya lo habéis leído y releído la obra.

Aguilera: DQ se luce en los dos discursos. Me gusta sobre todo: "el caballero andante sin dama [...]es como la sombra sin cuerpo de quien se cause.”

A S le prometes una ínsula y se derrite.

Gracias por vuestra visita y comentario.

Paco Cuesta dijo...

D. Quijote calma su cólera con la palabra utilizando la mejor arma posible para derrotar al clérigo.
Sancho no puede olvidar que le han prometido gobernar, utiliza todas las cartas posibles y pasa por todo menos por la burla del lavatorio, se va con las señoras aún cuando la caida pueda ser más dura.

pancho dijo...

Paco: Tienes razón, por mucho menos las ha liado pardas, pero el clérigo no es una marioneta para atacar. DQ se ha hecho mucho más precavido.

La duquesa entiende muy bien a S, no hay más que prometerle gobierno de ínsulas y lo tienes de la mano.
Gracias por tu comentario y visita.

Abejita de la Vega dijo...

A ver como nos bandeamos, que la guasa de los duques va para largo.
Este capítulo se las trae, pero hemos podido con él.
A ver lo que larga Sancho en el femenino estrado. Sacrificado escudero, se queda sin dormir su breve siesta. La duquesa bien merece el sacrificio. Qué hueco se pone Sancho, cómo se entere Teresa...
Un placer pasar por aquí, Pancho.
Un abrazo

pancho dijo...

Abejita: Salió largo el comentario, pero no se podía resumir más. Cervantes tiene mucho que contar.

El placer es mío de leer esos resúmenes tuyos tan concienzudos.
Un abrazo