jueves, 28 de enero de 2010

Día de caza; noche de magia.

Ilustración de 1781. London - Salisbury



CAPÍTULO 2.34

A los seis días de alojamiento en casa ajena, los duques están decididos a dar un paso más en la farsa, para ello es necesario que la burla salga de las cuatro paredes del castillo. Con ese fin no escatiman en gastos, a disposición del objetivo ponen una montería y una noche de magia: todos los recursos de la casa, materiales y humanos.


Tampoco se queda atrás el autor que da muestra, una vez más, de su pericia a la hora de enlazar unos sucesos donde destaca la mezcla de lo maravilloso y espectacular de la puesta en escena, primero de la montería y después de la cabalgata de los carros, con las dos situaciones plenas de comicidad provocadas por un S medroso.


Una vez que S rechaza una mejor montura y DQ se muestra reacio a desprenderse de su pesada armadura metálica, se ponen en marcha. Viéndose sin oírse por el bullicio de perros y bocinas, viene hacia ellos “un desmesurado jabalí” al que abaten a lanzazos, sin ver a S, pero oyendo sus gritos pidiendo socorro, colgado boca abajo, enganchado de la rama de una encina con su burro al lado, afligido de tanto lamento en una nueva lección del animal al humano, que no lo abandona a pesar de que el escudero lo acababa de dejar a merced del jabalí para ponerse a salvo en lo alto de la encina. Con todo, lo único que le preocupa al bajar es la devaluación que ha sufrido el sayo de caza rasgado que le regalaron al comenzar la montería.


Reflexiona que el riesgo que corren los cazadores en la caza es inútil. No debería haber satisfacción en matar un animal que nada ha hecho. El duque apoya la caza en tanto maniobras militares, ejercicios que simulan una batalla. Le aconseja que se dedique a ella cuando llegue a gobernador. Lo que para el duque es entrenamiento para la guerra sin hacer mal a nadie, salvo los propios animales, para S es ocio y dejación de sus funciones: “la caza y los pasatiempos más han de ser para los holgazanes que para los gobernadores.”


DQ, que había escuchado las razones de unos y de otros, reprende a su escudero: “¡…cuándo será el día, […] donde yo te vea hablar sin refranes una razón corriente y concertada!” algo que S no tiene ninguna intención de tener en cuenta, menos si la duquesa le apoya en todas sus opiniones.



Echada la noche tras la huida del día por Occidente, apareció un diablo a caballo tocando un cuerno desmesurado, envuelto en el estruendo y luces de las antorchas que iluminaban la noche cerrada, les anuncia la llegada de Dulcinea encantada y Montesinos, (parece ser que el que está por venir es Merlín) dispuesto a dar instrucciones a DQ sobre cómo desencantar a su enamorada. El estruendo que le acompañaba debió de afectarle porque menta a Dios y se olvida de su cometido: no reconoce a DQ que tiene delante, algo que no pasa desapercibido para S, que lo hace notar pero que de ninguna forma son motivo que le hagan sospechar de la farsa.



Tres carros, sin engrasar desde hacía tiempo, descritos con profusión de expresiones y artificio por C, tirados por cuatro bueyes cada uno con antorchas en los cuernos que acarrean a habitantes recién salidos de la Cueva de Montesinos para la ocasión, que hacen temblar y buscar refugio a S. Tienen que tirarle cubos de agua para despegarle de las faldas de la duquesa.


Ilustración de Herreros, 1964. Madrid - Nacional


Cuando ya el chirrido de las ruedas procedente de los tres carros ha desaparecido, una cuarta carroza aparece, esta vez bien engrasada, acompañada de música que alegra el corazón de S, como veremos en la continuación del episodio la semana próxima.


Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma

7 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

¡Qué genial tu aportación quijotesca! Con todos esos maravillosos grabados y dibujos. ¿¿Cómo lo haces??
Estas burlas ya me están poniendo mala. ¡Pobres nuestros héroes! Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

En efecto, querido Pancho: este capítulo vuelve a demostrar la habilidad de Cervantes para enlazar las cosas y hacer avanzar la acción de forma natural.

Cornelivs dijo...

Si, esta aventura es deliciosa, me gusta mucho.

Buen comentario.

Un abrazo.

Paco Cuesta dijo...

En el collage de la obra que representa a la sociedad del momento Sancho es una pieza más y le ha tocado el papel de "sufridor".

Abejita de la Vega dijo...

Esas ilustraciones con el demonio del cuerno son preciosas.
Noche mágica, sí. Pero pasan miedo. Don Quijote,el valiente don Quijote, tiene que echarle valor para soportar los horrísonos ruidos. En cuanto a Sancho, termina en las faldas de la duquesa. Qué buena persona parece, pero enseguida manda que le echen agua. Qué maja...
Menos mal,que la música alegra a Sancho.
Un placer pasar por este blog y leer tu entrada. En la entrada anterior, te pongo una anécdota de Torrente Ballester.
Un abrazo

Antonio Aguilera dijo...

24 horas completas, "a tope": muy exacto tu tìtulo "Dia de caza, noche de magia".

Por la mañana la hilaridad que transmite Sancho subiendo y cayendo del àrbol; y que por cierto, còmo te fijas en la nobleza del Rucio que no abandona a su amo aunque estè con las narices por el suelo.

El final, muy bueno. Toca espectàculo: el diablo precediendo a los tres carros "sin engrasar", que escribes. A èste le pasa como a Manolo Escobar, que le chirrian los ejes por abandonaooo

Capìtulo muy entretenido, pero me parece que el siguiente no lo va a ser menos, ¿verdad Pancho??

Un abrazo

pancho dijo...

Merche: Teclea en google imágenes por ejemplo: Sancho jabalí encina y te saldrán cosas relativas al capítulo. Hay que tener paciencia y buscar. Las cosas interesantes no suelen estar en la primera página. En este enlace de flirck, hay muchas fotos quijotescas. Algunas no las deja bajar, otras sí: http://www.flickr.com/groups/don_quijote/pool/

Pedro: No importe de lo que trate el capítulo, Cervantes se las arregla para engarzarlo y que parezca dentro de la lógica de la novela.

Cornelius: Así es, me alegra que el comentario te guste.

Paco: Aquí Sancho es el elemento que desdramatiza la seriedad de la caza mayor y el desfile de carrozas con nativos del más allá.

Abejita: Anécdota de primera mano que son las más auténticas. Los escritores tienen su lado humano a pesar del endiosamiento y mal de altura.

Aguilera: El rucio de Sancho parece su perrito fiel. Le gana en fidelidad al amo, a pesar de que lo ha dejado a merced del jabalí para ponerse a savo en lo alto de la encina.

Un abrazo a todos y gracias por vuestra visita y comentario.