domingo, 20 de marzo de 2011

Ciudad de mis noches

El artista Antonio López observa junto a su mujer la escultura "Noche".



VIENE LA NOCHE. OSCAR ESQUIVIAS
SÁBADO 23 DE DICIEMBRE DE 2006

Hoy nos vamos a detener en la narración del viaje a Burgos de nuestros protagonistas por parejas: primero ellas y al día siguiente ellos. La estancia en la ciudad castellana dura cuatro días que son como un inciso en la novela, pero necesarios para la correcta comprensión de la misma en su relación con las otras dos novelas de la trilogía. El viaje es como un regreso a los orígenes de los protagonistas, al mismo tiempo provocado por la muerte, el otro extremo de la vida, que significa el final del viaje.

Jaime y su padre llevan a Teresa y Sara al intercambiador de Avenida América. Es víspera de Nochebuena y bulle de gente que tira de maletas con ruedas, tan apresurada como si se tratara de la evacuación de Japón. Son gentes que regresan a casa, fieles a la tradicional llamada de la familia por Navidad. Llegan justo a tiempo: apenas han acabado de acomodarse que ya está el autobús en marcha.

Jaime se marcha rápido al ensayo del coro, una vez que ha dejado a Benjamín en la estación de autobuses. Éste compra El País y va rápido a la página de los sorteos a comprobar sus números. Lleva dos números en los que tiene puestas muchas esperanzas porque aparecen en dos novelas de Galdós. Piensa que al menos hay algo que no funciona mal en este país. Para conseguir los números había telefoneado a Hacienda e inmediatamente la señorita le había indicado la dirección en la que podría encontrarlos. Asoció la diligencia de la operación con los billetes de mil pesetas de Galdós. Cuando comprueba que no le ha tocado nada, se siente decepcionado con la Literatura, Galdós y la lotería: le parecía haber encontrado el filón de la suerte. Esa habría sido una mañana ideal para visitar a Clarita, pero ha decidido no volver a su casa en un tiempo porque teme que se enamore de él. En cambio, va a orear el pisazo del Europeo. El día que murió su padre, Córcoles, le dio un sobre con tantos billetes que parecía que le estaba encargando un crimen.

Gran Vía. Antonio López


Les ruega a Cebrianitos y Walter Astorga que estén puntuales al concierto. Su consuegro, Acacio, los lleva en coche. La Puerta, que es un fontanero peruano que los domingos se quita el mono, se pone un traje estilo Al Capone y se coloca en el metro a evangelizar porque dice que en el metropolitano están los pobres, la grey a la que hay que apacentar. Se equivoca si piensa que con hambre se tiene el cuerpo pa evangelios. Le llaman La Puerta porque siempre que empieza un sermón en los vagones del metro empieza: “Yo soy La Puerta, quien entrare por mí será salvo. Y entrará y saldrá y hallará pasto”.

Benjamín suele darse paseos por el metro por ver a las chicas guapas y distraerse. Suele llegar a Ciudad Universitaria para verlas cómo llegan casi en bañador a partir de Mayo. Allí conoce a Walter. Le gusta cómo hilvana sus sermones. Después los compara con los del padre capuchino Urréz en la misa de doce. Piensa que los del peruano están mejor razonados.

Acacio acude puntual a la cita. A Benjamín le parece mal que los policías se jubilen dos lustros o más antes que los demás y pasen a la “reserva activa”, que significa que sólo vuelven a trabajar si hay un golpe de estado, un terremoto, una invasión o una fuga nuclear. El teatro está abarrotado. Falta Morris. Benjamín hace una clasificación de las personas por su comportamiento ante el hecho de llegar tarde a una función y tiene que levantar a toda la fila de asistentes. Algunos, como Jaime, pedirían perdón. Otros, como él mismo, darían las gracias, que son los que actúan con justicia. Teresa daría las gracias y pediría perdón, todo a la vez y varias veces. Acacio es de los que te pisan y ni agradecen, ni piden disculpas. Sara es de las que da igual que digan o no digan porque en el interior hay siempre un: “Que te jodan” . Y los que como Morris: ni piden perdón, ni dan las gracias, ni hostias, que para eso son poetas.

La función es un éxito. La Puerta llora de emoción. Da las gracias hasta a las farolas por la invitación. Clarita también ha ido. Andros, que pertenece al coro, les informa de que han ganado el Concurso de Escaparates con El Tornado de Bragas y hay que celebrarlo. Les invita a champán. Se ponen a tono con poco. Cuando Jaime llega a casa, unas se le van y otras se le vienen. Decide darse un paseo para despejarse. Su padre ve cómo termina en El Arbolito Naranja después de haber dejado a Cebrianitos en casa y ser testigo de cómo La Negra le espera con cara de pocos amigos.

Nochebuena. Antonio López

DOMINGO 24 DE DICIEMBRE DE 2006

Benjamín y Jaime viajan en tren a Burgos. Benjamín no concibe viajar a su ciudad natal si no es en tren. Como si quisiera recordar las veces que de chico se refugiaba en la estación a hacer planes de fuga cada vez que le reñían en casa, que no eran pocas. Sus fugas siempre pasaban por Miranda y Venta de Baños donde las posibilidades se multiplicaban al ritmo de las direcciones distintas y cruce de trenes. Jaime le salva del aburrimiento al haber olvidado en casa el libro que tenía pensado leer en el viaje. Si no lee en los viajes de tren, considera que pierde el tiempo. No tolera el movimiento en el espacio sin aprovechar el tiempo a la vez. Como si el cambio de sitio no implicara movimiento en el tiempo. Le da los dos libros de Sara firmados por el escritor sosaina. Esquivias se nos muestra cervantino de nuevo en su apuesta. Aparecen las dos primeras partes de la trilogía. Como la primera parte del Quijote aparece en la segunda. Me encanta la complejidad de esta escena en un tren que los lleva al origen, al lugar de los hechos.

Jaime no tiene la cabeza para muchos trotes. El champán de Andros hace estragos al día siguiente. Benjamín opina que a Acacio le da lo mismo un cocodrilo que una vaca lechera, no tiene libros en casa. Siempre dice que aprendió a jugar al ajedrez de su padre taxista. No está hecho para el ajedrez lento. Sólo le interesa comer fichas, como si fuera el parchís, tiene obsesión con la reina. Aprende frases de Shakespeare que siempre utiliza, porque dice que le dan prestigio: “Ya el invierno de nuestra desventura se ha transformado en un glorioso verano gracias a este sol de York”, “¡Más me valdría ser mísera campesina que gran reina! ¡Siento poca alegría en ser reina de Inglaterra! o el archiconocido: ¡Un caballo, mi reino por un caballo!

Al llegar Sara les informa de que Aurelio está para morir en cualquier momento. Benjamín piensa que ya es hora de que Dios se lo lleve. Hace cinco años que sobrevive como un despojo, encamado como un vegetal; que siente y padece como tal. Un taxi los lleva directamente al hospital. Allí le tienen en una habitación individual, el silencio semeja el recogimiento de una iglesia vacía. A los demás les dice que pueden irse al hotel. Él se queda allí contemplándole hasta que la ecuatoriana que manda el obispado para atenderle de noche
llega.

En otro taxi se va al hotel donde le esperan vestidas de largo para bajar a cenar. Sólo otra pareja en el comedor. Van a Misa del Gallo en San Lesmes, abarrotada: “Aquí se sigue creyendo en Dios, no como en los madriles”. Benjamín pide que se lleve a Aurelio cuanto antes. Jaime no le tiene mucho aprecio al tío cura porque de chico lo mandaban de Madrid a algún pueblo de anchos horizontes. Cuando se murió la tía Benigna que le arreglaba dejo de ir los veranos. Luego se jubiló, enfermó y se fue al asilo. Ya en el hotel, Jaime y Sara caen pronto en un sueño profundo, acompasan la respiración.

LUNES 25 DE DICIEMBRE DE 2006

Como Sara trabaja esa noche, Jaime la acompaña a la estación de autobuses en obras. Ella piensa que a Benjamín le han gustado los libros. Sin embargo, a Jaime le parece raro el silencio. Está seguro de que esconde algún misterio. A Sara le disgusta el trato que Benjamín da a Teresa y a Jaime. A éste no ha llegado a perdonarle los reiterados suspensos para ingresar en la Escuela de Bellas Artes.

Benjamín se debe haber levantado con el pie izquierdo esta mañana de Navidad porque camino del hospital se enzarza con el taxista en una discusión por una cuestión menor. Un apellido que él ha aprendido agudo, pero que la gente lo hace palabra llana. Le molesta que Teresa le hable cuando lee (el libro debe estar interesante). El tío Aurelio ni da ni toma, aunque esta mañana parece más congestionado que el día anterior.

Juanjo era hermano de Sara. Era policía en prácticas. La mañana del 11 de marzo de 2004 volvía a Madrid en el cercanías de la muerte. Había conocido a Felipe y aquella noche la había pasado en su casa en San Fernando de Henares. La explosión le mutiló una mano, le reventó un tímpano y le provocó problemas psicológicos. Ello le supuso perder su trabajo de limpieza del morro del AVE cuando llega a Atocha lleno de cadáveres de voladores incrustados de todos los tamaños, que mueren atropellados por las prisas en llegar.

El agitador de la radio, que incendiaba las mañanas como si estuviéramos en guerra, había convencido a Acacio de la teoría de la conspiración. El PSOE había organizado la masacre para hacerse con el poder tres días más tarde, como si un mal sueño les hubiera trastornado el juicio.

El lavabo. Antonio López

Benjamín se va al servicio para ver si allí encuentra la tranquilidad que la lectura requiere, pero está demasiado oscuro para un octogenario. Le enferman los escritos de mariconeo en las puertas. Cuando regresa a la habitación, ya está Jaime. Le pide que saque a su madre a pasear para que el pueda leer tranquilo.

Dori Cisneros es una visitadora peruana de familiares del hospital que se pasa por las habitaciones consolando a los familiares de los enfermos. Benjamín, que sólo quiere que le dejen leer, le da ochenta Euros para que busque un sitio abierto en la ciudad y le compre un regalito para Acacio. Una señora que parece la muerte en andador con gotero le comenta que Don Aurelio tiene un aspecto desmejorado, quien no se consuela es porque no quiere. Seguidamente Aurelio da un ronquidito y abre los ojos. Benjamín se los cierra con una mano. Llama a la enfermera con el pulsador y llora.

El paseo del cementerio. Antonio López



MARTES 26 DE DICIEMBRE DE 2006

Dan sepultura a Don Aurelio. Le desean que la tierra le sea leve aunque sus despojos no vayan a tocarla porque lo dejan en un nicho elevado que cierran con cemento y ladrillos. (¡Qué solos se quedan los muertos!) Los asistentes se despiden, van a visitar la tumbas de sus familiares y conocidos. Benjamín no puede dormir esa noche, pero no acepta las caricias de Teresa que intenta consolarle. Se levanta y se va a leer al váter. Regresan a Madrid en el talgo de la tarde del día siguiente, pero seguimos el próximo día que esto ya se alargó demasiado.


"Ciudad de mis noches,
del viento del pueblo,
de la resistencia,
del "no pasarán",
¿qué hiciste en mi ausencia?
Dime que te acordaste de mí.
Abro los balcones,
te beso, el murmullo de las lavadoras
se mezcla con ritmos,
darbukas, bachatas e incienso.
Maldita ciudad, no es tu mejor momento"
Ismael Serrano




Este comentario pertenece al club de lectura sobre la trilogía de Oscar Esquivias, basada en la Guerra Civil, que dirige desde La Acequia, Pedro Ojeda Escudero.

7 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Todo un acierto tu comentario inicial: no es solo un inciso, es un viaje hacia dentro de la trilogía para explicitar algunos símbolos.
Qué bien ilustrada.

Asun dijo...

Tal y como dices con el viaje a los orígenes, sería como un círculo que se cierra para poderlo dar por concluido.

Besos

Myriam dijo...

Me causa gracias lo del viaje a los orígenes de Madrid a Burgos - que son menos de dos horas en autobus - con las vueltas que he dado en mi vida revoloteando de pais en pais buscando mis orígenes, quizàs, para darme cuenta de que sólo se hallan en el interior de mi alma.

En fin, todo es relativo. Feliz primavera.

Gelu dijo...

Buenas tardes, pancho:

Tus ilustraciones y enlace del gran Antonio López, ¡maravillosos!.

Tres de las palabras del título de tu entrada me han evocado a Miguel Hernández, y su poema, que te pongo:

...de mis noches

Un abrazo.

P.D.: Ah, gracias por el enlace de San Lesmes, Patrón de Burgos.
En esa iglesia se casaron mis padres, me bautizaron, hice la Primera Comunión. Su día -el 30 de enero- festivo en Burgos, celebro mi cumpleaños,... y la víspera hace un año, nació mi nieto Pau.

Aldabra dijo...

Hoy nos dejas un estupendo resumen acompañado de unos magníficos cuadros. Me ha encantado el de “El lavabo”, nunca antes lo había visto. Y por supuesto a Antonio López con su esposa mirando a la Noche que viene.
Biquiños,

Abejita de la Vega dijo...

No sabía qué era ese cabezón...

Me asombra tu capacidad de trabajo, Pancho. Ayer quise abarcar todo el segundo capítulo y lo tuve que dejar en la unidad de lactantes, era muy tarde...Menos mal que hoy sólo trabajo de tarde.

Es un infierno terrible la vejez y Esquivias nos la pinta con ternura e ironía; pero la que nos espera...Yo veo a mi madre, no está mal de cabeza y su salud no es mala; pero su movilidad limita mucho su vida. Carpe diem.

Un abrazo

Merche Pallarés dijo...

¡Otra magnífica selección de los cuadros maravillosos de Antonio López! Hoy no quiero hablar de la vejez... Besotes, M.