jueves, 25 de junio de 2009

A ritmo de Sancho

Dibujo de Gerardo Trives

CAPÍTULO2.3

Debido a la reclusión de DQ en su habitación, necesaria para su rehabilitación y recuperación, el autor necesita de S para darle ritmo a la narración. En esta ocasión el ritmo lo marcan las ausencias de S. Comienza llenando el hueco de la ausencia con el ensimismamiento de DQ. El término del capítulo coincide con su salida de la escena, con su marcha, tiene que cumplir con su “oíslo”. Esto permite mesa, mantel y sobremesa de los otros dos personajes que aprovechando el apagado de luz del escenario, incluso se pueden echar una siesta. Uniendo los dos extremos se produce un vivo, alegre diálogo entre los tres personajes.

Aprovechando que S ha marchado en busca del bachiller, el autor se mete en la mente de DQ, que considera precipitado el salir en los libros pues: “aún no estaba enjuta en la cuchilla de su espada la sangre de los enemigos que había muerto”. Regalo para los lectores y muestra del tipo de pensamientos que rondaban la imaginación de nuestro hidalgo. Se nos muestra un DQ, que se nos antoja ansioso por conocer de un lector directo el contenido del libro. Da por supuesto el decoro con el que ha debido ser considerado: no concibe que un Caballero Andante pueda ser tratado de manera errónea. Sin embargo, desconfía de que un moro sea capaz de captar todo el respeto con el que siempre se ha dirigido a Dulcinea.

La llegada de S y Sansón Carrasco a la habitación de DQ da término a las conjeturas de éste. No necesita C más que unas cuantas pinceladas para dejarnos una descripción física y psicológica del bachiller, que sirve, además, para meternos de lleno en el enjundioso diálogo de los tres. Una criatura, desconfiada, opinando de su propio creador, que a su vez es creado por el autor único, Cervantes, único elemento que no es ficción en este juego de planos narrativos.

En el diálogo, S se presenta desconfiado, quisquilloso y protagonista cuando desconfía de una historia que trata de “Don” a Dulcinea, algo que ellos nunca hicieron. Requiere presencia en la historia, como consecuencia de los palos que recibió y califica a su amo de “reprochador de voquibles” cuando le corrige sus expresiones.

En el curso del diálogo van saliendo diferentes situaciones que conciernen a los dos protagonistas, pero a pesar de tratarse de historias que incumben a los dos en conjunto, tanto a DQ como a S les interesa “lo suyo”. Sansón, inteligente, que enseguida se percata de los intereses de sus interlocutores, satisface a ambos equitativamente.

Le complace a S el hecho de salir bien librado en el libro, sobre todo siendo como es, cristiano viejo. También que el autor “no ponga a troche moche lo primero que le viene al magín.” Se nos da a entender la importancia que tenía este hecho en una época que ya sentía las consecuencias de la expulsión de los moriscos en 1609.

El hidalgo no se muestra muy a favor del arte abstracto cuando señala “que tendrá necesidad de comentar para entenderle” al hablar del Curioso Impertinente y poner el ejemplo del gallo que pintara un pintor de Úbeda. Comenta Sansón que la obra ha tenido mucho éxito entre las clases humildes. Incluso han llegado a una identificación de caballo flaco- Rocinante. Cosa lógica pues según él no se descubre en ella ni un “pensamiento menos que católico”.

Le sale a DQ la vena inquisidora cuando piensa que los historiadores falsarios deberían ser quemados. No entiende DQ por qué intercaló su creador novelillas, con todo lo que había que contar de sus aventuras. Ennoblece el arte de escribir: “En efeto, lo que yo alcanzo, señor bachiller, es que para componer historias y libros, de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento. “

Sansón hace una reflexión que tiene plena vigencia, al afirmar que los escritores son envidiados por aquellos que juzgan escritos ajenos sin haber “dado propios a la luz del mundo”.

Mira por donde el destino, que no se menta, de los 100 escudos no se le olvidó a los lectores de la obra, como tampoco se le velaron a este vivo Sansón de los ojos abiertos. En cuanto S oye algo que le concierne, siente un hambre terrible que le hace abandonar la conversación, no sin antes prometer que a la vuelta dará razón del destino de los 100 escudos de oro de la maleta de Sierra Morena. También pudiera tratarse de una nueva treta del autor para tenernos atados al libro, pendientes de las aventuras que en él se han de narrar.

Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma.

7 comentarios:

Jan Puerta dijo...

Pues si de una treta se trata, creo que ha conseguido tenernos en vilo en espera de esos aconteceres.
Una gran entrada amigo.
Un abrazo

Merche Pallarés dijo...

Cervan tiene el talento de mantenernos en vilo al final de CADA capítulo. Estupendo tu escrito. Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Has visto de forma excelente la funcionalidad de Sancho. En efecto, la acción sucede en una pequeña habitación de la casa del hidalgo, con éste recuperándose. Sin estas entradas y salidas, se haría demasiado largo.
Excelente perspectiva.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Pancho... estoy contigo. parece como si Cervantes intentase recomponer, arreglar, ordenar su primera parte...consciente de que a lo mejor lo que hizo fue una unión de retazos de escritos e ideas que él tenía....saludos

BIPOLAR dijo...

Como bien dices, qué fácil es criticar lo ajeno, cuando es difícil crear lo propio.

Abejita de la Vega dijo...

Unas pocas pinceladas, tienes razón...y parece que estamos viendo a ese caradura llamado Sansón Carrasco.Atinado eso que dices: "Una criatura, desconfiada, opinando de su propio creador, que a su vez es creado por el autor único".
Un abrazo y a ver qué pasa después de la siesta.

pancho dijo...

Jan y Merche: Lo consigue , lo consigue. Siempre al final insinúa algo cuya continuación se podrá ver en el siguiente capítulo, como en los seriales televisivos.

Pedro: Aguanta el largo diálogo por interés. Le entran los siete males cuando sale a colación el contenido de la maleta. No le hacía ninguna gracia el tener que repartir entre los del grupo de Sierra Morena.

Manuel: Pero lo hace a sabiendas. De sobra sabía que estaba haciendo algo nunca hecho antes.

Bipolar: Encantado de que te acerques por aquí. Tu bitácora de relatos la tengo en favoritos desde que la abriste. Entro en ella a menudo. Me encantó esto tuyo: “El ruido del silencio era ensordecedor” o algo así.

Abejita: Las siestas dan para mucho. Cuando canta la chicharra es el mejor sitio para escucharla.

Gracias colectivas por la visita y la huella. Abrazo individual para todo/as.