viernes, 12 de junio de 2009

Escrutinio de la locura

Capítulo II.1

Terminaba Cervantes la primera parte citando el supuesto lugar que no había querido recordar al principio de la novela de 1605, en un ejercicio de ambigüedad que envuelve toda la obra en cuanto a los espacios en los que se mueve la trama. Complejidad narrativa en la que el autor se maneja con desenvoltura y que se manifiesta desde la primera línea de la continuación, donde sigue atribuyendo al historiador Cide Hamete Benengeli la historia de DQ.

Hay en este capítulo dos elementos que actúan de hilo conductor de la trama: la locura y la Iglesia. Esta última como agente escudriñador que concede o niega el sello de garantía de cordura – locura de las personas.

Como mandan los manuales de la correcta narración, rápidamente nos da C una referencia de tiempo al señalar que el barbero y el cura: se estuvieron casi un mes sin verle, por no renovarle y traerle a la memoria las cosas pasadas”; sin embargo, se interesaron por la salud del hidalgo recomendando a sus cuidadoras que le dieran de comer “cosas confortativas y apropiadas para el corazón y el celebro, de donde procedía, según buen discurso, toda su mala ventura.” Su aspecto no debía ser muy saludable después de un mes de encamamiento forzoso, sin ver la luz del día.

En animada charla los tres, arreglan el mundo con buen entendimiento y cordura. DQ apoya la intervención del Rey al ordenar el refuerzo de las costas napolitanas y sicilianas, como respuesta a los rumores de que el turco está armando una gran armada, información que trae el cura de la misma corte. Cuando el barbero oye que DQ le aconsejaría al Rey una “prevención”, temiendo que fuera alguna impertinencia, el hidalgo le asegura al rapador que su advertimiento no “será impertinente, sino perteneciente”

Entre Mr Bacia y el cura convencen a un reticente DQ (no quiere que los méritos se los lleve otro) para que dé su parecer sobre el asunto, que no es otro que juntar una media docena de Caballeros Andantes para resolver el problema del turco. No hay lugar a pensar de otra manera; él mismo se confiesa decidido a morir Caballero Andante , pese a quien pese, aun con la oposición familiar.

El barbero pide licencia para contar el cuento de un loco de Sevilla. Duro cuento, tanto por su moraleja y consecuencias, como por la denuncia que representa de la institución responsable de su cuidado. Considera el artista que después de años de encierro, la locura ha remitido. Informa al Arzobispo por carta de que sus parientes le tienen allí encerrado para aprovecharse de su hacienda. Éste manda a un capellán a recabar información que le convence de la veracidad de la vuelta a la cordura del loco en medio de fingidas, embaucadoras gracias a Dios, que halagan tanto al capellán que decide llevarlo a presencia del Arzobispo. Llega incluso a creer que el rector de la institución acepta sobornos de los parientes para que afirme que sigue estando loco. En cuanto “se vio vestido de cuerdo y desnudo de loco”, se olvidó del artificio que había montado y perdió el hilo de su razonamiento, al querer despedirse de sus compañeros. A uno le aconseja que coma lo que él le mandará desde fuera, “que todas nuestras locuras proceden de tener los estómagos vacíos y los celebros llenos de aire.”

La imaginación de Cervantes va ya encendida cuando nos cuenta que hay otro falto de buen entendimiento que dice ser Júpiter Tonante. Éste va a castigar al pueblo con la privación del agua durante tres años, a lo que el vestido de cordura contestó que él, como Neptuno que es, mandará llover cuantas veces hagan falta. Salida de pata de banco que provocó que el capellán se echara atrás en sus intenciones y lo dejara en el manicomio.

Rápido captó DQ la intención del cuento, que no recibió de buen talante la clara similitud con su caso. Le contesta al rapista que él no es como el loco que dijo ser Neptuno, sólo se esfuerza por dar a entender al mundo lo equivocado que está por no dar cancha a los Caballeros Andantes. Esta edad no es merecedora del gozo que tuvieron antaño cuando los Caballeros Andantes tuvieron a su cargo “el castigo de los soberbios y el premio de los humildes.” Los caballeros de hogaño no tienen espíritu de sacrificio, se han rendido al oropel, a la pereza y al vicio – concluye nuestro hidalgo -.

A la insinuación del cura de que los Caballeros no hayan sido de carne y hueso le contesta DQ que está en un error, él está por asegurar que vio con sus propios ojos a Amadís. No duda en poner a la Biblia de su lado para atestiguar la existencia de gigantes al citar al gigante Golías. Incluso se han encontrado “En la isla de Sicilia […] canillas y espaldas tan grandes, que su grandeza manifiesta que fueron gigantes sus dueños, y tan grandes como grandes torres”.

Sigue el cura indagando la lucidez en la locura de DQ. Le pregunta por la cara de los Caballeros Andantes. De Roldán dice que el hecho de no ser muy agraciado fue la causa de que Angélica le dejara por un morillo barbiponiente. Le estaba cortando un buen traje a la tal Angélica cuando unos gritos desde el patio cortan la conversación, el capítulo y este resumen de cuya largura y extensión me acuso y pido perdón a los que hasta aquí hayan llegado, perseverando en la lectura.

Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma.

11 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Excelente análisis, como siempre querido Pancho. Me ha gustado sobre todo cómo diseccionas el cuento de los locos. Muchos besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Bien elegidos los dos elementos que vertebran tu comentario: y gracioso el título, porque eso es, en realidad, el capítulo.

Jan Puerta dijo...

El cuento de los locos bien podría se un capitulo entero de no encontrarse en el primer capitulo de esta segunda parte. Las locuras a veces nos deparan buenas sorpresas.
Un abrazo

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Amigo pancho, para mi que Don Alonso no está muy loco, a mi me parece que le va la marcha... dejándonos de bromas, Cervantes una vez más transmite en una obra que ya sabe de su éxito anterior, todo su saber y opinión de los tiempos que vive; me imagino que por la época que le tocó vivir, la libertad sería limitada.... ya su segunda parte es toda una muestra y comunicación de no solo su saber sino de su ideología... un abrazo amigo

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

necesito tu mail...saludos

Antonio Aguilera dijo...

AY!! Pancho, luego se queja Malono Tucci de la longevidad de mis comentarios.........., pero vamos que merece la pena. Descifras magistralmente la mayoría de las claves y enigmas que encierran los capítulos.
Yo soy de lectura más superficial, será por eso que a veces no me entero: pero luego os leo a vosotros los profes, el Pedro, el Manu Tucci y tu "mesmo" y ya sí; soy capaz hasta de aprobar con un cinco pelao.

Buenas tardes, y riega los tomates que "aze" mucha caló y nos quedamos sin gazpacho.

Saludos amigo

pancho dijo...

Merche: El cuento de los locos es parte esencial del capítulo por su similitud con DQ. Además es una muestra de la imaginación desbordante de Cervantes. O se documentó muy bien o tenía conocimiento directo de las reacciones y situación de los locos en los manicomios.

Jam: Para escribir el Quijote en el S XVII hay que ser un genio, a veces éste va unido a la locura por incapacidad de comprensión de los coetáneos. Todo lo que se llamó vanguardia e ismos en la novela del XX ya lo podemos encontrar en Cervantes.

Tucci: Seguro que él sabía que había creado algo diferente. No podía ser consciente de la trascendencia que alcanzaría su obra sobre todo entre novelistas y gente de la cultura en general. Mi email es : celestinomigue@terra.es
A ver si soy capaz de ponerlo en el perfil del blog

Aguilera: De superficial nada de nada. Hacer tus comentarios en clave de humor supone una lectura muy reposada. Requieren un gran esfuerzo de comprensión. Las valoraciones al uso se quedan cortas con vuestros comentarios y grabados.
Ayer estuve con el riego. Hacía unos días que no iba; las tortugas habían acabado la comida y los tomates to secos. No se puede estar en misa y tocar las campanas...

Mugget García dijo...

Cierto que existen personas acaudaladas que pagan por que certifiquen la locura sentenciada de unos cuantos.

Saludos.

Abejita de la Vega dijo...

De tu comentario, destacaría el punto de denuncia a una institución que trataba a los locos como animales.Muertos de hambre,enjaulados, con ropas indignas.Cervantes es muy sensible al sufrimiento de los débiles.
¡Y era la Iglesia la que decidía!Otro punto interesante que destacas.

Un abrazo

Antonio Aguilera dijo...

Amigo Pancho, no abandones los tomates que nos dejas sin gazpacho!!, vaya me saliò con rima asomante.

Te hice un homenaje por mi revulsivo, pero veo que no te percataste........

espero que no te disguste.

pancho dijo...

Mugget: Bienvenida al cuento. Además desde tan lejos. C era muy moderno ya en el XVII.

Abejita: Aunque no lo parezca, hay mucha ironía en este capítulo: critica que hay que leer entre líneas.

Aguilera: Lo vi, lo vi, pero no me dio tiempo a dejar nada escrito el fin de semana. Ya te dejé algo esta mañana. ¡Que dices enfadarme!, me lo paso en grande con vuestras ocurrencias. A mí es que no me salen las rimas ni asomantes ni consomantes. Respeto mucho el trabajo de los poetas.
Como tengo tu mail, te mando algo relacionado con la poesía.

Gracias por vuestras visitas y comentarios