domingo, 3 de abril de 2011

Compañero del alma.

"Tras el cielo azul, ocultos por la luz, laten las invisibles estrellas".
1902 - New York - Dent


VIENE LA NOCHE. OSCAR ESQUIVIAS

Las postreras cuatro anotaciones del diario de Viene la Noche abarcan del 29 de Enero al 15 de Febrero de 2007, día en el que los helicópteros sobrevuelan la ciudad porque se juzga a los detenidos por la masacre de los trenes de cercanías del 11M. Benjamín experimenta una mejoría en su deterioro que le permite despedirse de sus allegados antes de la marcha definitiva. Muere, por lo tanto, dejando sus cosas en orden. En paralelo descubrimos que Teresa fingía cuando salía de casa con la excusa de los cursos inútiles; la soledad le levanta la cabeza. Adivina la muerte en un paseo con Cebrianitos, con quien protagoniza una escena impregnada de melancólica tristeza.

LUNES, 29 DE ENERO DE 2007


En efecto, Benjamín se niega en redondo a que le vea un neurólogo a pesar de la insistencia de Acacio y su hijo y del susto que Teresa se llevó cuando apareció en casa de la mano de la policía. El fin de semana lo pasó en casa. Sólo bajó a la calle con Teresa, pero sin darle el brazo. El lunes pilla un plano antiguo con los nombres franquistas de las plazas y avenidas y se echa a la calle. Quiere ver a los poetas, pero éstos ya no están en su sitio habitual. El calor de la biblioteca le parece el del hospital. Se siente frágil y débil y nada hay que le moleste más que la jerga de los médicos. Utilizan eufemismos constantes para evitar llamar a las cosas por su nombre: heces, deposiciones, micciones, recto o pene.

Benjamín se siente complacido cuando la directora de la biblioteca se interesa por su salud y le dice que lo han echado de menos. También cuando abre el libro de regalo que han dejado para él. Se trata de una biblia con todo tachado excepto: “Benjamín, amigo”. Llevado por la euforia, coge los libros más voluminosos que encuentra. Intuye que en ellos hay muchas horas de felicidad. En el bar de los jamones colgando, donde hacían la tertulia literaria, le entregan otra biblia en las mismas condiciones: las mismas palabras indultadas al final del Génesis. Se siente muy orgulloso de ser aceptado en el gremio de los poetas.

Por evitar la Calle Topete y las callejuelas que le desorientaron el viernes pasado, continúa por los números pares de Bravo Murillo; la zona que apenas conoce, excepto el camino a la iglesia de los Franciscanos. Como si se tratara de una ciudad extraña, llega a la calle Orense, que para él es lo mismo que la calle Mayor del Infierno. Allí descubre a Teresa. La sigue.

"En España somos incapaces de ponernos de acuerdo para hacer nada"

MIÉRCOLES, 7 DE FEBRERO DE 2007

Benjamín se acerca al trabajo de Jaime. Le revela que ha seguido a su madre y está convencido de que todo lo que ella cuenta de sus amigas y cursos de budismo es mentira. Se pasa las tardes sola en los Salesianos oyendo una misa detrás de otra. En la peluquería piensan que está loca. Pasea por las calles que sabe que él nunca transita. Le pide que vaya a casa y que hable con ella. Será más sincera si él no está presente.

Esa misma noche llevan a Teresa en coche al hospital de Sara. Jaime le cuenta cómo enloqueció y comenzó a romperlo todo. Confesó después de haber negado su estado. Ella le acusó de ser un mal hijo, de tratarla como una esclava. Su problema es la soledad que la trastorna. Requieren a Sara de la sala de partos.

SÁBADO 10 DE FEBRERO DE 2007

Benjamín decide que Teresa tiene el pelo muy alborotado, es necesario arreglárselo. La medicación la ha dejado como un autómata, sin voluntad. Es la primera vez que sale a la calle después del ingreso en el hospital. Camina como un zombi, siempre del brazo de su marido. Su única voluntad es rezar y persignarse. Benjamín la sigue por complacerla. Magali le corta el pelo. No quiere cobrarle, pero Benjamín le deja veinte Euros. “Estoy muy cansada”, es lo único que sale de sus labios desde que dejó el hospital.

No somos capaces de ponernos de acuerdo ni siquiera para matarnos, que es lo que se nos da mejor.

JUEVES 15 DE FEBRERO DE 2007

Benjamín observa cómo el microbús de la Cruz Roja se lleva a Teresa al Centro de Día, desde hace cuatro, a hacer terapia. Le parece que la deportan. La despide con la mano con la sensación de que es la última vez que lo hace. Como hace bueno, queda con Cebrianitos para pasear por la Dehesa de la Villa. Se acuerda de la Guerra Civil y pretende enseñarle las trincheras y búnqueres que aún se conservan, sin reparar en las limitaciones físicas de su amigo.

"Sueña que las aspas de los helicópteros se convierten en los ventiladores de un hotel vetusto"

Tres helicópteros sobrevuelan el cielo. Juzgan a los detenidos del 11M. Se imagina a Acacio y a Felipe detrás de una pancarta dando voces. Piensan que el atentado fue fruto de una conspiración de la ETA, Bin Laden, algunos policías corruptos y el Partido Socialista. Cebrianitos repone que los españoles no somos capaces de ponernos de acuerdo ni para matarnos, que es lo que mejor se nos da. Benjamín mea sangre, se asusta mucho. Ellos dos parecen los únicos representantes del agotamiento de la vida. Todo lo demás la convoca. La primavera apunta. Las copas tiernas de los árboles se agitan con el zureo de las palomas. Los helicópteros en el cielo y más arriba las invisibles estrellas. Allá irán a juntarse con Don Quijote y Sancho en su paseo estelar a lomos de Clavileño.

Benjamín llama a Cebrianitos: COMPAÑERO. Le parece más que amigo y se emociona.



(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)

"Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano"
Miguel Hernández





Este comentario pertenece al club de lectura sobre la trilogía de Oscar Esquivias, basada en la Guerra Civil, que dirige desde La Acequia, Pedro Ojeda Escudero.

8 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Mi querido Pancho, no tengo tiempo de leerte en profundidad ni ver el video pero tus ilustraciones ¡me han encantado! Volveré con calma. Muchos besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Teresa sale a fingir una vida; Benjamín ya renuncia a tenerla; Cebrianitos sueña un hotel-infierno.
Qué tristeza más llena de ternura y humor para el final de la trilogía.

Antonio Aguilera dijo...

He leído detenidamente tu post anterior (lo imprimí, no puedo atender mis "compromisos" literio-ociosos de otra forma), y ahora veo que publicas una nueva entrada.

Voy a escuchar a Serrat y paso a la entrada anterior.
Ya me ponía Miguel Hernández la carne de gallina con 14 años. AY! qué tiempos aquellos

Myriam dijo...

Queda muy claro como cada uno de los personajes resuelve su vida hacia el final. Como dice Pedro; hay humor y ternura en todo eso.

Besos

Abejita de la Vega dijo...

Se me acaba de morir el tío cura, voy algo retrasada,aunque procuraré cubrir lo que falta. Cómo te admiro, con Delibes y todo.

Ese final me pone muy triste, lo de Teresa casi más, su invento de una irrealidad, para poder vivir. Es una Teresa Quijote.

Hya serenidad en la despedida de Benjamín, a pesar de todo.

Un buen broche final el de Serrat.

Un abrazo

Asun dijo...

Si te digo la verdad, creo que la que más pena me da, la vida más triste de todas me parece la de Teresa.

Besos

Gelu dijo...

Buenos días, pancho:

El otro día leí -en un enlace- un artículo de Óscar Esquivias en el 'Diario' de mi Ciudad, que me pareció estupendo.

Veo cuánto tiempo le estáis dedicando a su trilogía y pienso cómo le debéis de apreciar.

Seguramente, si algún día hablo con mi paisano, después de hacerlo, también me embarque en la lectura de sus libros.

Con los poemas de Miguel Hernández, me ocurre lo mismo que a Antonio Aguilera. Por no repetirme, pero queriendo ser gráfica, su lectura siempre me puso carne de pollo.

Ni sé cuánto escuché el LP negro de Serrat de 1973, que tenía que estar mareado de tanto girar, en mi tocadiscos.

Un abrazo.

Aldabra dijo...

¡Que tristeza al final del libro! La senectud de Teresa y su vida de ficción. ¡A donde nos conduce la soledad! A la locura.
Biquiños.