jueves, 10 de septiembre de 2009

La clave está en el narigante

¡Acude, Sancho, y mira lo que has de ver y no lo has creer!


Ilustración de la edición de Joaquín Ibarra, Madrid, 1780


CAPÍTULO 2.14

Un “finalmente” pronunciado por el Caballero del Bosque da comienzo a un capítulo largo, pero de los más entretenidos de la novela. Adverbio que sirve de nexo y elemento de cohesión de la narración: repite el mismo vocablo con el que dio por terminado el episodio anterior de los dos escuderos. Como si el autor nos quisiera decir que lo siguiente es sólo el final de lo ocurrido aquella noche – mañana y que todo pertenece a la misma historia, a pesar de estar fragmentada en capítulos.


C nos priva de gran parte del diálogo entre caballeros andantes: “Entre muchas razones que pasaron don Quijote y el Caballero de la Selva, dice la historia...” El Caballero del bosque vive sometido a la crueldad de los antojos de Casildea de Vandalia, que cual “Hércules esforzado” trata de superar las pruebas más feroces y absurdas. La más absurda y comprometida de todas es decir que ha vencido al Caballero de la Triste Figura. Éste se muestra sosegado, pero no resignado a admitir la insinuación de que otro caballero andante le haya derrotado, de modo que esperan al día “para que el Sol vea nuestras buenas obras” y así saldar sus diferencias.


El autor plantea el episodio como dos historias paralelas en sus prolegómenos; por un lado, la pelea ortodoxa de los dos caballeros; por otro, la pretendida a talegazos entre los escuderos. La seriedad de la puesta en escena con un DQ confuso por verse vencido en batalla aún no librada contra la comicidad del enfrentamiento de los dos escuderos con un S a la altura de las circunstancias, mostrándonos la agilidad dialéctica que últimamente le caracteriza. La belleza de los preparativos del combate en contraste con la torpeza y fealdad del escudero narigudo. Esta dualidad de planteamiento tiene una continuación en el párrafo donde nos dibuja la belleza del alba con una prosa de alto nivel, nivel que mantiene para describir la misma madre de todas las fealdades. C se vale de dicha fealdad para cruzar las dos historias de los cuatro personajes que antes había separado por oficios. Es esta fealdad de un “hombre que no se usan en el mundo” la que provoca la entrada en escena de la nobleza del Caballero de los Espejos que no puede atacar a un distraído DQ, ocupado en ayudar a la humanidad de S a subir a un alcornoque. Jugada maestra del narrador, sin duda.


A DQ no le queda otra alternativa que entrar en combate. No tiene más remedio que dirimir diferencias con alguien que incluso ha usurpado su identidad al vencerle en batalla. Se enfrenta entonces a su propio yo. La batalla no puede terminar de otra forma que no sea la victoria de DQ.



... yo traigo aquí dos talegas de lienzo...


“Apenas dio lugar la claridad del día para ver y diferenciar las cosas” que los insomnes amos despiertan a sus resacosos escuderos, mermados por los estragos que el católico vino de Ciudad Real había causado en su entendimiento. De camino al trabajo (ensillar las monturas), S, que cree que el peor acuerdo es mejor que la más rotunda victoria , se muestra esquivo y brillante en los razonamientos que esgrime a cada propuesta de su compañero. Incluso prefiere pagar la multa que le corresponda por incumplimiento de la Ley de Caballería: bebamos y vivamos nosotros, que el tiempo tiene cuidado de quitarnos las vidas”, en lugar de pelear. Ahora que, él no responde de sus actos en caso de verse acosado y acorralado, sin salida. A S le entran los temblores de la muerte cuando la claridad de la amanecida le permite diferenciar la fealdad de la nariz de su compañero de oficio.


Además de la fealdad del Escudero del Bosque, ya comentada, en el desenlace del episodio intervienen los encantadores, la asfixia del caballo del Caballero de los Espejos, la extraña agilidad de Rocinante y la determinación de DQ por aclarar la identidad de alguien que le ha usurpado la suya propia. Todos ellos componen los ingredientes de un desenlace en el que descubrimos cómo la fuerza del encantamiento de DQ absorbe el entendimiento del propio S, que consiente que la visión de Sansón Carrasco y Tomé Cecial sea fruto de los enemigos encantadores que los han mudado.


Como curiosidad y constatación del juego con el lector y su tiempo, siguiendo con el paralelismo de semejanzas y espejos al que nos lleva en este episodio, también juega con las palabras. Ya conocíamos el anagrama casi perfecto de Dulcin(e)a – Lucinda. Ahora recoge la “e” que sobraba y la añade a Casild(e)a de Vandalia.


Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma.

8 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Tu último comentario sobre el juego de las palabras de Dulcin(e)a - Lucinda y Casild(e)a me ha parecido muy curioso porque nunca lo hubiera pensado pero seguro que tienes razón. Me gusta cómo te fijas en los más mínimos detalles, querido Pancho. Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

¡Qué bien has visto mucho de los trucos técnicos de Cervantes para atrapar y jugar con el lector! ¿De dónde es la segunda ilustración?

pancho dijo...

Merche: Lo de Dulcinea y Lucinda lo vi en un libro, ya lo conté hace tiempo en otro comentario. Lo de la "e" sólo fijarse. Debe ser imposible decir algo que ya no esté dicho sobre el Quijote.

Pedro: Siguiendo tu modelo no es difícil. El dibujo viene de una edición infantil abreviada por Nicolás González Ruiz, de la Editorial Escuela Española (1977). Lo vi el domingo en el rastro. Me costó dos euros. No hubo manera de sacarlo más barato. El nombre del Quijote pesa mucho, incluso entre los vendedores del rastro.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Creo que a nadie se nos pasó por alto la belleza de las palabras para referirse al amamnecer; me gust´en especila lo que relatas de la (e).. no había caido...y es que este Cervantes da mucho juego...saludos

Antonio Aguilera dijo...

Lo de casilda sí lo aclara Cervantes, y de vandalia, o sea paisana de un servidor. Pero Dulcina a secas sin la "e" suena a muy empalagoso.

Pues yo que pensaba apuntarme al curso de acceso a la Universidad para mayores de 45 años (el de 25 se me quedó ya lejos), creo que lo reconsideraré: si aquí aprende uno más que puede.

Has descifrado todas las claves que había en el texto. Fenómeno.


Feliz picadillo de tomate amigo pancho...este verano ya, se nos pasa.

pancho dijo...

Tucci: Cervantes, además de ser un innovador de la narrativa, también sabe ponerse lírico en su prosa.

Aguilera: Algo dulzón sí que suena sí.
Tienes ya la Universidad del buen humor dentro. No necesitas otra.

Nunca había leído un libro con tanta atención, pero los fenómenos se los dejamos para la naturaleza.

Los tomates están ahora en plena producción, alguno de esos virtuales te puedo mandar por cable.

Un abrazo a todos, gracias por acercaros por aquí y dejar huella.

Abejita de la Vega dijo...

Me gusta leer tu comentario después de haber escrito el mío,para ver lo que Pancho ha atrapado que a la abejita se le haya escapado.
En este capítulo, Sancho nos sorprende por su pacifismo, aunque en un primer momento hable de responder a las bofetadas.Pero no hay bofetadas reales, sólo las verbales. Así debía ser en la vida real.Es , tal vez, la voz de un anciano Cervantes que no quiere ruidos.

Un abrazo

pancho dijo...

Abejita: No creo que se te escape nada, tus comentarios son completos y minuciosos. A Sancho todavía le dolían los golpes recibidos en la primera parte. Entonces no se encomendaban a dios ni al diablo a la hora de la batalla, así recibían la pareja.
Creo que a todos los que andamos en esto nos gusta leer lo que cada uno ha visto más destacable. El folleto de EPA me suena de algo...