miércoles, 15 de mayo de 2013

Esa agonía es vuestro triunfo





"Habló del gran deseo de cariño del desheredado, de su aspiración, nunca satisfecha: de amor". 

La familia del anarquista el día de la ejecución. Obra de Eduardo Chicharro

 


Aurora roja. Pío Baroja (7) 

Juan tosía mucho. Aquejado de fiebre, el médico le receta paseos al aire libre. La Salvadora y la Ignacia le protegen y le cuidan. Ésta ha amenazado que si sus amigos, los anarquistas, aparecen por casa, los despachará a escobazos. Juan vive por y para la idea. Vende sus esculturas y dona el importe para la causa. Durante la convalecencia lee libros de contenido ácrata y escribe. Se le echa de menos en las tertulias anarquistas de la taberna del Chaparro. 

Cuando la enfermedad parece remitir, Manuel pasa una noche entera paseando por las calles de Madrid, escuchando y conversando con el Madrileño, Prats y el Libertario. Oliendo a éter, se les une Caruty por el camino. Hablan y hablan sobre los nombres míticos del anarquismo catalán. El madrileño los desacredita y cuenta el caso de la bomba de Cambios Nuevos; nadie está exento de la jindama, el miedo es libre y renegaron de la idea. 

El Libertario lo tiene claro: “Al terrorismo de Estado no hay más remedio que contestar con el terrorismo anarquista” 
El Madrileño cuenta el caso de un amigo que ha escrito en negro sobre fondo blanco un catecismo ácrata que reza: 
 «-¿Qué es la dinamita, niño?» «La dinamita es una mezcla de arena y de nitroglicerina, que se hace detonar por medio de la cápsula de un fulminante.» 
«-¿Cómo se prepara la dinamita, niño?» «Se prepara primero la nitroglicerina, tratando la glicerina con una mezcla en frío, de ácido nítrico y de ácido sulfúrico, y luego se mezcla con una substancia inerte.» 
El chico sabía cómo se hacían todas las bombas y todos los explosivos. Cuando al padre lo llevaron a Montjuich, nos solía decir: «Yo no sé si me matarán; pero tengo un consuelo, que mi hijo sabe hacer dinamita.» 


  "Ya con la Mano Negra, que no era mas que un comienzo de asociación obrera, el Gobierno cometió un sinfín de atropellos y quiso ver en ella una cuestión de bandolerismo..."

El comité. Luis Granell

De tanto hablar y hablar se les echa encima la claridad del amanecer sin enterarse. “La luz fina y velada de la mañana iba filtrándose entre las nubes de un gris de estaño”. Ya en la calle Ferraz, después de despedirse de los compañeros de amanecida, piensa Manuel: “Hay algo de loco en todos ellos. Habrá que separarse de esta gente”. 

Los activistas de Aurora Roja organizan un mitin de propaganda. Pretenden que Grau, director del periódico ácrata, El Anarquista, participe, pero les da largas. Cuando comprenden que el periodista lo que les da son calabazas, lo critican, lo tildan de traidor, burgués vendido al capital, vendedor de periódicos como si fueran pastillas de chocolate. Le falta compromiso con la idea. El Madrileño razona convencido: “Cuando se tiene temperamento de burgués, pone uno una tienda de ultramarinos, o una zapatería, o cualquier cosa; todo, menos un periódico anarquista. Cuando uno es partidario del amor libre y enemigo del matrimonio, no se casa; cuando se predica contra la propiedad, no se trabaja para reunir cuatro cuartos”. Prats y el Madrileño se enzarzan por su pasión, por su particular visión del anarquismo, con la misma pasión y convencimiento con la que discutían por las tabernas los aficionados partidarios de Belmonte o Joselito durante la edad de oro del toreo. Juan y el Libertario los separan para evitar que lleguen a las manos. 

Manuel se ofrece a gestionar a través del Aristas la celebración del mitin en el céntrico teatro de la Zarzuela, pero su intento fracasa, muere manso en la arena de la playa. Al Libertario le parece indecente que un obrero se deje la piel por dos pesetas en trabajos de sol a sol, mientras un cómico gane ocho duros diarios diciendo "una porción de sandeces y cosas incongruentes” para distraer a los burgueses mientras hacen la digestión. El Aristas le replica en voz alta y sin complejos que a él nada le roban, que el arte devuelve con creces la inversión. Sin otra alternativa, el mitin tiene que ser en el Barbieri. 

Juan, Manuel y la Salvadora llegan temprano al teatro en un coche. Los dos primeros oradores que actúan de teloneros aburren al personal asistente. El autor los describe como si fueran los animales del zoo. ¡Qué pocos son los que tienen cara de persona! ¡Qué pocos con bondad! Con esta raza no se va a parte ninguna – se lamenta amargamente el Libertario. 

A continuación toma la palabra un periodista joven que se dirige a los presentes con aires de superioridad, resulta un vende humo que inflama el corazón de la audiencia con frases campanudas y hueras; sin embargo, está convencido de portar en “la cabeza el Sancta Sanctórum de la anarquía”. Enardece el teatro con sus palabras de desprecio a todos los sociólogos socialistas, a todo el mundo por no afiliarse a la Anarquía, los termina de incendiar con su latiguillo final: “Al poder de las armas -dijo-, opondremos nosotros nuestra austeridad; si ésta no basta, a las armas contestaremos con las armas; y si la fuerza del Gobierno quiere arrollarnos y exterminarnos, recurriremos al poder destructor de la dinamita”. 

Un andaluz, tejero de profesión y mirada atravesada, despotrica contra los obreros intelectuales que hablan mucho y hacen poco, como el orador que le precede. Pone de modelo a imitar a un maestro anarquista que recorre la Serranía de Ronda enseñando a leer y a escribir por una panilla de aceite y un currusco de pan. Así lo despacha don Pío sin contemplaciones: “Se veía que era un hombre fanático y feroz. Tenía una mandíbula de lobo, unos músculos maseteros abultados, de animal carnívoro, y al hablar se le contraían las comisuras de los labios y se le fruncía la frente. Se comprendía que aquel hombre, irritado, era capaz de asesinar, de incendiar, de cualquier disparate”. 




"Se les mató porque eran propagandistas de la idea"

Garrote vil, pintado por Ramón Casas en1894, óleo sobre tela de medianas dimensiones (127 x 166,2 cm) que se conserva en el MNCRS (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid) y que retrata una de las últimas ejecuciones públicas que hubo en Barcelona, la del reo, sentenciado a muerte por crimen pasional, Aniceto Peinador.

Sube a la palestra un hombre grueso, cachazudo y calvo que se toma la Biblia al pie de la letra. Para él no existen metáforas que valgan, ni imágenes literarias, ni entiende de comparaciones. El Arca de Noé le parece una tomadura de pelo. Según su sentir, podían haber dejado que se ahogaran los chinches, las garrapatas, las cucarachas y las pulgas, sobre todo las molestas pulgas, un insezto tan inútil y traidor. 

Baroja ha sabido preparar con maestría y meticulosidad el momento de Juan, la actuación estrella del mitin. En contraste con el hombre rechoncho y mofletudo precedente, su aspecto escuálido de niño enfermizo capta la atención de los espectadores, emociona a la audiencia con el tono natural y la fluidez de su voz cálida e insinuante: “La anarquía -dijo- no era odio, era cariño, era amor; él deseaba que los hombres se libertasen del yugo de toda autoridad, sin violencia, sólo por la fuerza de la razón”. “Él quería que las pasiones, en vez de ser constantemente reprimidas por una férula implacable, fuesen aprovechadas como fuerza de bienestar”. Seduce a los presentes con sus metáforas: “Sólo lo libre es hermoso -exclamó; y en una divagación pintoresca dijo-: El agua, que corre clara y espumosa en el torrente, es triste y negra en el pantano; al pájaro se le envidia en el aire y se le compadece en la jaula. Nada tan bello como un barco de vela, limpio y preparado para zarpar”. Cuando les habla del amor, lágrimas azules ruedan por el rostro de la Salvadora. Su voz adquiere la algodonosa entonación de la ternura al comprobar el efecto de sus palabras en los asistentes, las mejillas encendidas como sintiendo en carne propia todas las injusticias que se ciernen sobre los desheredados. Alguien salta como un resorte desde el fondo del patio de butacas, es Caruty que grita:  ¡Viva la Anarquía! ¡Viva la Literatura!, un poco antes de que una pareja de la Guardia Civil le ponga los grilletes. Juan pone punto y final al emocionante alegato. La gente sale del discurso conmovida, con lágrimas en los ojos, los corazones embargados por la emoción que han vivido en vivo y en directo. 

"Here's to you, Nicola and Bart  
Rest forever here in our hearts  
The last and final moment is yours  
That agony is your triumph"
Joan Baez 


Joan BAEZ * here's to you * por art-worlddiffusion

Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

7 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Preciosos esos cuadros, especialmente el primero, y la canción de Joan Baez very moving... :) Besotes, M.

Paco Cuesta dijo...

Queda muy bien tratado el tema de la violencia como recurso para cambiar el mundo. Ni se evita, ni se exalta.
Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Es un momento culminante de la novela que explica el éxito y el fracaso del anarquismo humanitario, que explica también la raíz íntima de Juan y su influencia en Manuel, al final de la historia.

Abejita de la Vega dijo...

Un capítulo inolvidable el que nos comentas. Los oradores anarquistas que pinta Baroja o predican la violencia o dan discursos que son solo literatura. Me quedo con ese maestro del corrusco de pan, enseñando a leer por los cortijos.

Demasiado para el espíritu práctico de la Salvadora que la emprendería con ellos a escobazos. Lo mismo que hubiera hecho don Pío.

Rebañas hasta la última cucharada barojiana. Y te apena acabar la trilogía, se nota.

Besos, Pancho.



Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

Me gusta este capítulo, con el desfile de personajes que nos presenta Don Pío, que siempre hace aparecer honrado, amable y atractivo el personaje de la Salvadora.
- Tus ilustraciones y los enlaces, estupendos todos.

Un abrazo

P.D.: Entre las pinturas, de varios autores que salen en el link hay un cuadro de <a
href="http://es.wikipedia.org/wiki/Darío_de_Regoyos <b> Darío de Regoyos </b></a>
que me ha traído el recuerdo de los amigos bejaranos.

Gelu dijo...

Buenas noches, de nuevo, pancho:

Veo que no te he debido pasar bien el enlace.
Vuelvo a intentarlo:
Darío de Regoyos .

Saludos

Myriam dijo...

Admiro tu constancia, pancho, para seguir preparando estas entradas tan completas de nuestra lectura pasada.

Me gusta, contigo, volver a recordar estos pasajes.

Besos