sábado, 4 de mayo de 2013

Apuesta por lo que amas * Actualización




 "Te dejo,  amor,  en prenda el mar"


La marca del meridiano. Lorenzo Silva (4) 

La acción constituye un elemento sustancial de la novela policiaca y el autor, siempre atento a los tópicos del relato, nos sorprende con una escena de acción trepidante a la mañana siguiente. Un X5 sigue a Lucimara en su rato de deporte habitual. Ellos evitan que se la lleven en un número de película. Los hechos se precipitan, el ritmo de la historia se acelera. 

La enorme cantidad de datos personales obtenidos por la policía a través de la “pizarra en la nube” de las redes sociales, unidos a la habilidad del equipo de Bevilacqua para lanzarlas como una avalancha repentina,  descomponen las débiles defensas de la joven brasileña, la desarman, mostrándose dispuesta a colaborar. Una llamada de López le lleva a Santander al día siguiente. En un portal de vuelos baratos encuentra un billete desde Reus. El trabajo se amontona, el caso se enreda con varios frentes abiertos. Como Vila no es Dios y entre sus virtudes no consta el don de la ubicuidad, delega en Chamorro la parte catalana. Los protocolos y la coordinación entre los diferentes cuerpos policiales requieren mano diestra y tacto para evitar que los celos profesionales manden al garete la investigación. 

López le recibe en el aeropuerto de Santander. Durante la comida le pone al día del operativo. Nada como una botella de Rioja por pareja para desatar las lenguas y limar aristas en el encuentro. Acostumbrado a mandar y dirigir, experimenta un alivio al ponerse a la orden. Incluso le requisan el móvil para que la relajación sea más completa. 

Diecinueve agentes de las fuerzas especiales de la Guardia Civil ocupan una casa contigua desde primera hora de la mañana. Tienen planeado actuar contra un alijo de drogas a la luz de la luna. La operación del asalto a la casa se realiza con rapidez y pulcritud. Caen seis guardias civiles –Salazar entre ellos-, cuatro narcos y trescientos cincuenta kilos de coca. La visión de los guardias civiles cazados en la operación, humillados y cabizbajos, le deja un poso de tristeza, “una mezcla de desazón y repugnancia; desazón por ellos y por su hundimiento y repugnancia por el mundo que buscaba y lograba corromperlos”. 

Llegan a Santander capital con los detenidos bien entrada la madrugada. Con tanto trajín nocturno el amanecer se les echa encima sin contemplaciones. Tienen que interrogar a los detenidos. López resulta un experto interrogador, forjado en los días de plomo del norte cuando todo tenía que estar bien atado, “teniendo enfrente a leguleyos batasunos entrenados para descuartizar picoletos”. A media mañana interroga a Oleiros, un cabo que trabajó durante diez años con Robles en el norte y eso une de por vida. Confiesa que se ha metido en esto porque el sueldo no le llega. Tiene una mujer enferma, un hijo discapacitado y trampas que pagar. Para Bevilacqua estos son los casos más difíciles porque el detenido lleva treinta y cuatro años intachables de servicio y la derrota en la mirada. 



 "Mientras caminaba sobre la arena, mi memoria se retrotajo a los años que había pasado a la orilla de aquel mar"


Bien diferente es la actitud de Salazar. A media tarde, después de una siesta reparadora, López le pone en suerte a un Salazar insolente, exaltado como un cocainómano y lanzando denuestos a diestro y siniestro. Bevilacqua sigue la táctica del poli bueno, Robles se la enseñó y da resultados. El brigada va directo al grano, solo le interesa la parte que tenga que ver con Robles. Acusa el golpe, se duele en el castigo cuando le cuenta que suya es la última llamada registrada en su móvil. Duro de pelar, no se viene abajo. Perro viejo, dispone de recursos y contraataca: “Coño ahora lo veo. ¿De qué vas, con la suavidad esa que te gastas? Me estás haciendo chantaje, ¿es eso? Acabáramos. ¿De verdad piensas que voy a caer así como así? Ya habrás visto que tengo abogado”. Sin embargo, la posibilidad de verse entre rejas, acusado de asesinato, desmorona su defensa.  El guardia malo canta, le pone el nombre de Roberto sobre la mesa, éste había llamado a Salazar para que tranquilizara a Robles inquieto al observar que en el lío de la prostitución había menores involucradas y eso era delito de los gordos. El interrogatorio se lo apunta el policía, constituye una muesca más en la culata del revólver del vaquero Bevilacqua. 

Una vez concluido el trabajo de Cantabria, nuestro policía protagonista regresa en avión a Cataluña. Su equipo le espera en el aeropuerto de Reus. Un río de melancolía se desborda ante sus ojos al comprobar que sus enseñanzas no han caído en saco roto. Se siente orgulloso de la madurez y competencia que han alcanzado sus hombres en los quince años que lleva transmitiendo las mismas enseñanzas que a él Robles le enseñó. Contempla las cuatro generaciones de investigadores como una cadena a la que falta el primer eslabón, el que corresponde a Robles, roto. 

A partir de la operación cántabra los acontecimientos se precipitan, apuntan al desenlace. La cúpula policial decide actuar sin dilación para evitar que los sospechosos borren pruebas. Caen quince hombres –Roberto entre ellos-, siete mujeres y dos policías en la redada. Vila se salta las reglas con Jessi, una de las descarriadas detenidas, le aconseja al soltarla: “Vuelve con tu gente, dondequiera que esté, […] Olvídate de todo esto. Nunca estuviste. Nunca sucedió”. 

Algo escondido, hasta ese momento apaciguado, se le revuelve en los adentros cuando Roberto suelta el nombre de Tomás Valero, el Travolta, durante el traslado. Éste es el hombre, el animal que todos llevamos dentro, los demonios del pasado que apresan el aire y te cortan el resuello. Bevilacqua se confiesa con Virginia. Le da cuenta del alivio que supuso su llegada a Barcelona después de tres años de ambiente hostil en el País Vasco, sintiendo en la nuca el aliento frío del odio, “alacranes capaces de plantar cara hasta la última bala cuando ibas a por ellos, y morir matando”. Robles le descubre la manga ancha, hacer la vista gorda a cambio de información y “favores” que él siempre rechazó. Conoce a una chica, su mujer se entera y divorcio al canto: su mejor compañera convertida en su peor enemiga de la noche a la mañana y un giro radical a su modo de vida. Virginia le agradece la confianza tomándole la mano (en el primer contacto físico del relato entre los dos). 



"Solo la arena y el mar. La arena sobre la que cayó el hidalgo, el mar que le vio perder su ventura". 

 Herreros. 1964


Tras el desenlace luctuoso, ajuste de cuentas según el código de conducta de la justicia paralela del hampa (no revelemos más por no restar suspense a los lectores que hayan llegado hasta aquí, y no hayan leído la novela), el autor propone una coda final que se corresponde con la importancia que la víctima adquiere en una novela policiaca. Una explicación del silencio del protagonista, hilo conductor del final del relato y -al mismo tiempo- un as guardado en la manga del autor para meternos en la lectura de una novela bien ligada y dotada de una vivacidad, fluidez y ritmo narrativo extraordinarios desde la primera página. Un secreto perturbador que capta la atención de los lectores desde los primeros pasos del relato y que desentraña, con guiño cervantino incluido, sobre la misma arena y frente al mismo mar testigos mudos ambos de la derrota de don Quijote en lucha con su alter ego, el Caballero de la Blanca Luna. La lucha entre el bien y el mal que todo hombre lleva en las entrañas en la que Robles lleva la peor parte: paga con su vida su inclinación hacia el bien al no querer convertirse en un canalla. 

Imágenes poderosas, no exentas de emoción,  acompañan el final, como lo es ver al curtido brigada llorando frente al amor, abrazado a Virginia lo suficiente para sentir y sentenciando: “Ningún hombre que se muera sin haber llorado alguna vez frente al mar puede decir que ha vivido”. 

Y antes de que La marca del meridano haga mutis por el foro, antes de que el señor de los blogs nos eche de su casa por pesado y por pasarnos de largo de la extensión normal de una entrada, me gustaría reseñar la belleza de los términos sacados de la tauromaquia y la naturalidad con que el autor los utiliza en esta novela tan viajera, amén de la riqueza léxica que le otorga al relato. Es probable que al autor le dé igual la vaca y el hijo de la vaca brava, pero con el uso de este léxico hace mucho más por la conservación del animal más libre que pasta en la península que muchos que viven de su cría. He anotado: 
Lidiar con este embolado (19) 
Ya lo dijo el torero. Ha de haber gente pa to (37) 
A la juez te la pongo en suerte cuando quieras (57) 
Echarnos un capote (216) 
Vestidas para matar o morir (246) 
A las once os lo pongo en suerte (349) 
Con la misma mansedumbre de un Miura (362) 
Sus mozos de espadas (371) 
Me echó un capote (378) 
No le pierdas la cara nunca.

* Este mundillo de los blogs que ocupa nuestros días como una adicción,  da diariamente muchas satisfacciones que vienen de parte de los lectores habituales y comentaristas -por supuesto-. A veces y sin pretenderlo porque el cupo de vanidad del yo personal ya está más que bien cubierto por los fieles,  ocurre lo sorprendente. Los autores demuestran que también son personas normales que pisan el suelo de los vivos y restándole tiempo a su actividad de escribir, se bajan del ficticio pedestal de la fama, usan la herramientas de internet para  recuperar y sumar ese tiempo al acercarse  a los lectores: Gracias a Lorenzo Silva por sus palabras y enlaces tan generosos en nombre del grupo de lectura de La Acequia  



"YOU LOCK THE DOOR
AND THROW AWAY THE KEY
THERE'S SOMEONE IN MY HEAD BUT IT'S NOT ME.
AND IF THE CLOUD BURSTS, THUNDER IN YOUR EAR
YOU SHOUT AND NO ONE SEEMS TO HEAR.
AND IF THE BAND YOU'RE IN STARTS PLAYING DIFFERENT TUNES
I'LL SEE YOU ON THE DARK SIDE OF THE MOON".
Pink Floyd



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

10 comentarios:

Paco Cuesta dijo...

Hay en la novela grandes momentos de acción como corresponde al género difuminados por las relaciones. Haces muy bien en destacarlos.
Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Silva se apiada de Lucimara y todas las lucimaras que en el mundo han sido. Pobres lucimaras en sus cuchitriles de neón intermitente.

Los momentos de acción están muy logrados. Y la pintura de los guardias civiles corruptos, logradísima.

El mar, el amor y don Quijote. Las imágenes que nos ofreces son un regalo para la vista.

Y no das puntada sin hilo. El lenguaje taurino de Silva es hermoso, estoy de acuerdo. Pero hay palabras muy bellas para realidades sangrientas y nada líricas. Aunque se vistan de seda...Con todos los respetos, Pancho.

Besos

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

Estupendísima ’la cara oculta de la luna’
Y los cocodrilos de piedra de la primera fotografía.
Y lo bien que has explicado la trama, sin descubrir secretos.
Y al final, Don Quijote, en “la misma arena y el mismo mar”; y ... “Ningún hombre que se muera sin haber llorado alguna vez frente al mar puede decir que ha vivido”.

Abrazos.

P.D.: Me sonaba la frase última, de tu relación, pero no he encontrado la página.
Ah, y la desafortunada referencia a ‘los mozos de espadas’, pág.371, en esta ocasión, nada que ver. Un mal chiste, que Vila hizo bien en no aprobar.

Abejita de la Vega dijo...

Enhorabuena por las palabras que te dedica Silva y es un detalle por tu parte el que le hayas señalado el camino de "La acequia". Gracias, te perdono tus limones taurinos.

Besos mil

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

¡¡¡ENHORABUENA!!!
Lorenzo Silva, sabe que sus libros se compran, pero debe sentirse muy feliz al ver con el gusto e interés que se leen.
Has hecho un buen trabajo, como es tu costumbre.
Ya ves, el profesor Ojeda nos ha llevado a 'La marca del meridiano' y vamos a tener que poner doble fila en las estanterías, para colocar las novelas de Bevilacqua y Chamorro.

Abrazos.

Aldabra dijo...

Enhorabuena por las palabras que te dedica Lorenzo Silva, por mi parte, totalmente merecidas, porque has dado de sobras ya con el diccionario, de ser un hombre esforzado, tenaz y con ilusión de conseguir un objetivo con un trabajo bien hecho.
Me refiero al diccionario porque sabes que no sigo las lecturas por falta de tiempo y de todos modos mis comentarios no llegarían ni a la suela de los zapatos de los vuestros. Me saco el sombrero ante todos.

Me encanta la primera frase "Te dejo amor, en prenda, el mar", ¿sale en el libro? entiendo que sí pero no lo tengo claro. Me parece muy hermosa y me encantaría qué me aclararas de quién es si no es mucha molestia.

biquiños y repito mis felicitaciones.

Aldabra dijo...

ningún trabajo que se hace es en vano ¿no crees?... todo acaba por dar sus frutos.

biquiños,

Aldabra dijo...

Conozco a Carme Riera y creo que hasta alguna vez leí algo suyo que me había gustado mucho... no recuerdo qué... veo ahora buscando en internet que es el título de una obra que escribió en 1975, en la que parece que se recogen una serie de relatos.

Pancho, no se me ocurre compararme con vosotros porque la mayoría sois docentes, con lo cual ya reunís una serie de conocimientos que yo no poseo, puede que sepa escribir "cosas bonitas, o profundas o lo que sea" y lo digo humildemente) pero no me puedo comparar, Pancho, de verdad, uno tiene que saber sus limitaciones y yo conozco las mías.

pero tal vez eso sea lo de menos... yo disfruto con lo que hago, leyendo y escribiendo y eso es lo que importa.

y la canción... que no sabía cuál era cuando hice el otro comentario porque no podía verla pues qué quieres qué te diga... es una maravilla de canción.

biquiños,

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Mi ausencia me ha impedido acudir a esta entrada y a dar la noticia que nos das en ella al final.
En cuanto a tu comentario: marcado queda ese momento de acción necesaria en estas novelas, bien introducido y resuelto por el autor.
¡Y cómo no, las alegorías taurinas, que tanto han debido gustarte...!
Perdona el retraso, querido amigo.

Ele Bergón dijo...

No sé que me ha pasado con este libro. Lo compré y empecé a leerlo, pero después me quedé en la mitad y no he continuado.

Debe ser que ando en otras cosas y cada libro tiene su tiempo

Enhorabuena por las palabras de Lorenzo Silva. Estuvo aquí en Velilla presentando un libro y me pareció muy sencillo y cercano.

Un abrazo

Luz