jueves, 24 de febrero de 2011

Doña Leonor de Vivero a la hoguera




 

"El grito pidiendo la hoguera para su madre le reconcomía"


MIGUEL DELIBES. EL HEREJE
LIBRO II. LA HEREJÍA
CAPÍTULO XIV

Delibes hilvana el relato alrededor de dos entierros: el de su mujer, Teodomira Centeno, en Peñaflor y el de doña Leonor de Vivero en Valladolid. El capítulo es una muestra de las consecuencias que tuvieron ambas muertes en CS que decide replantearse su vida. Como si se sintiera culpable de la locura y muerte de la Reina del Páramo por no haberle dado descendencia, hace voto de castidad. La muerte de doña Leonor le lleva a un aumento de su implicación con el conventículo protestante y en consecuencia al incremento de su grado de compromiso con la Reforma, que lleva implícito la dedicación de todo el tiempo que sea necesario. Por eso cambia el modelo productivo de sus negocios: reparte las ganancias con los trabajadores.

El capítulo se además una prueba del aislamiento progresivo de los grupos protestantes que nos da una idea clara del acoso del Santo Oficio a la Reforma. CS en Francia camino de Alemania para tratar de contactar con los reformistas teutones y su líder Melanchton echan el cierre al relato que coincide con el comienzo de la novela a bordo de la galeaza Hamburg a la vuelta del viaje.



 
Sátira de los fieles de la iglesia católica
Matthias Gerung

En efecto, entierran a Teo en la iglesia de Peñaflor, la misma en la que se habían casado once años antes. La tierra arcillosa del Páramo aún no había comenzado la pudrición del cadáver de su padre. El cura les quita de la cabeza el milagro que asomaba en la imaginación de los asistentes.

La pesadumbre de CS se acentúa cuando recuerda lo que los cuidadores le contaron sobre la estancia de su mujer en el hospital de Medina. Cómo se había negado a comer y cómo la habían tenido que forzar desde el primer momento del internamiento de ocho meses. Gracias a ello había vivido. Lleno de ira como estaba, sólo le alivia la sonrisa que vio en su cadáver y el poder cumplir su último deseo al interpretar que “la Manga”, única palabra medianamente inteligible que había salido de sus labios, significaba un deseo de descansar bajo la tierra que la vio nacer. Su entierro fue un auténtico acontecimiento. Los austeros y rudos castellanos la consideraban una de las suyas: “el trabajo manual borraba el pecado de su condición adinerada”.



 
El diablo sopla la gaita de Lutero

Camino de Pedrosa tras el entierro, CS recuerda la enseñanza itinerante por los caminos mediante el diálogo con el párroco Pedro Cazalla. Un apretado bando de perdices espanta a Pispás, le provoca una remosqueta que casi da con su jinete en tierra. Con Martín, el rentero, se produce la misma escena que entre los padres de ambos treinta y siete años atrás. Los mismos que tiene CS, cuando su padre le comunicó a su rentero la muerte de su madre, doña Catalina, al nacer. A diferencia de entonces, CS le oferta ir de medias con las tierras. Tanta generosidad no le parece creíble al rentero. Propone, asimismo, doblar el salario de los braceros y vendimiadores. Martín le advierte de los problemas que la medida puede acarrear para el campo: nadie va a querer trabajar por menos dinero, lo que llevará a la ruina a los pequeños labradores que no podrán pagar esos jornales. De nuevo don Miguel demostrando sus conocimientos de economía. Las cosas no parecen fáciles, incluso ser generoso acarrea problemas. Pensará en ello con la cabeza fría.


 

Comunión de los protestantes y caída al infierno de los católicos.
Lucas Cranach el Joven


Pedro Cazalla aprueba el aumento de salario y la cesión de la explotación a medias. El mundo de la agricultura, en su crisis habitual. Los labradores pequeños con dificultades para hacer rentables sus actividades y el extenuante trabajo de sol a sol. Le da trescientos ducados para paliar necesidades en el pueblo. Le sugiere el empedrado de alguna calle, pero objeta que las caballerías se resbalan.

CS entra en una fase de “actividad enfebrecida, le aterra pensarse”. Necesita llenar de ocupación todas las horas del día. Ignacio Salcedo lee libros de economía traídos de Francia y Alemania que afirman que los gremios están obsoletos. El capital debe juntarse para ganar poder. Con su ayuda propone a sus empleados,  Dionisio Manrique y Fermín Gutiérrez,  entrar en la sociedad. Ellos aportan el trabajo y él su capital. A los pelliqueros, tramperos, acemileros y curtidores les propone participar en los beneficios, en lugar de aumentarles su salario que trae problemas con los demás productores. Ignacio se hace cargo de la transformación de los negocios. Teo había llegado a ser una costumbre, le bastaba saber que estaba en casa, sentirla ir de un lado para otro, para sentirse acompañado. La comunicación no existía en los últimos años.



 
El triunfo de Lutero.

La vinculación de CS con los Cazalla crece de forma paralela. Se convierte en la mano derecha de un doctor cada vez más medroso. Le confía la resolución de los problemas con el grupo de Zamora. Padilla continuaba sembrando la discordia por donde pasaba, a pesar de la intervención de Ana Enríquez. El joyero Juan García desconfiaba de su mujer, católica recalcitrante y de su confesor. Estaba convencido de que si se enteraba de su asistencia a los conventículos, lo denunciaría a la Inquisición. CS le aconseja que deje de asistir y acompañe a su mujer a la iglesia y sacramentos. El también lo hace los domingos. En tiempos de persecución el disimulo y la doblez es el mejor remedio y defensa.


 
Lutero pacta con el diablo

Doña Leonor muere siete días antes de Navidad. Fueron unos funerales rumbosos, con gran pompa y boato, como corresponde a una madre que tiene tres hijos religiosos. Diez doncellas de blanco acompañan el féretro y el coro de los niños del Colegio de Doctrinos cantan el Dies Irae, como CS lo había cantado de niño, el día del entierro del noble don Tomás Colina. Una voz en mitad de la iglesia abarrotada rompe el silencio: “Doña Leonor de Vivero a la hoguera”. La muerte de su madre sume al doctor en el más profundo abatimiento. El matriarcado que ella había creado a su alrededor se resquebraja. El recuerdo de la voz varonil del funeral le reconcome, le provoca insomnio. Sospecha que vino de alguien de buena posición social. Recuerda el encontronazo que tuvo con “La mujer buena”, doña Catalina de Cardona, dama de honor de la Princesa de Salerno y aya de Juan de Austria. La había ridiculizado desde el púlpito el día de Resurrección en el sermón de las"tres Marías. Había mandado a los pucheros a las sabidillas que se meten a teólogos. Ahora teme la venganza.


 

Desde el púlpito "ridiculizó la impertinencia de ciertas mujeres que disputaban con los teólogos" 

Diferencia de las ofrendas protestantes y católicas.
 

Lucas Cranach

Unas pintadas en su casa, de la misma índole que la voz varonil del entierro, le han vuelto sumamente cauteloso, medroso hasta el exceso. Consciente de que el grupo completo depende de su prudencia, suspende los conventículos. En su aislamiento, no atisba futuro ni salida para la Reforma en España. CS se convierte en su paño de lágrimas. Planifican un viaje a Sevilla que descartan por otro a Alemania. Los negocios de la lana de CS serán la tapadera. Agustín Cazalla le ofrece citas, nombres de lugares, contactos de sus viajes acompañando al Emperador. CS irá por Navarra. Echarren es allí el hombre que les organiza el paso a Francia. Irá con Vicente que se volverá a Valladolid con las caballerías. Antes viaja a Pedrosa a entregar el nuevo contrato a su rentero. En Toro contacta con Carlos de Seso que le da una esquela de presentación para Echarren y le puntualiza la información del doctor. Arregla los contratos con Fermín Gutiérrez y con Dionisio Rodríguez y el 25 de abril parten para Cilveti. Llegan el 30, un día más tarde de lo planificado por las fuertes lluvias que los retrasan en el camino. El guía les cobra cincuenta ducados, las cosas están difíciles, el Santo Oficio acecha. Camino de los pasos de los Pirineos observan el vuelo de unos bandos de becadas y una pareja de quebrantahuesos que se sostienen en el aire sin aletear. Se cruzan con contrabandistas que vuelven de Francia cargados de ámbar, perfumes y ungüentos, el lujo viene de Francia. Al otro lado de la frontera ya los espera Pierre con dos caballerías.


"And who are you?" she sternly spoke
to the one beneath the smoke.
"Why, I'm fire," he replied,
"And I love your solitude, I love your pride."

Leonard Cohen



Las ilustraciones están tomadas de esta página sobre la Reforma. 


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero 

7 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

¡Qué alucinantes grabados has encontrado! Me dió mucha pena que Doña Leonor de Vivero una vez muerta la volvieran a quemar... ¡Qué crueles eran los de la Inquisición! Besotes, M.

Paco Cuesta dijo...

El protagonista, es portador del desamor de la infancia que le acompañará a lo largo de toda la obra, es un detalle interesante a través del que se destaca la enorme influencia que la formación en la niñez tiene a lo largo de la vida.

PENELOPE dijo...

Buenas tardes, pancho:

En este capítulo Miguel Delibes está magistral. Verdaderamente, ama a sus personajes.
Sabía de la importancia de la respuesta: “Teo había llegado a ser para él una costumbre”, a la pregunta de Dª Leonor: "¿La quiere mucho?" que intencionadamente dejó caer en el cap. XIII. Vuelve a repetirla, tras los nuevos datos que hemos conocido desde que nos sorprendió su lectura, para que al llegar aquí, comprendamos mejor a CS y de algún modo se le justifique.
En estas páginas mis enfados -como lectora- con los personajes de Cipriano Salcedo y con Dª Leonor se han esfumado. Con el primero, al ver su dolor, tras su charla con la comadre, las personas que atendieron a Teo en los últimos momentos, y con el director y el médico del Hospital de Medina.
Siempre los buenos sentimientos de CS, la generosidad con los trabajadores del campo, abocados a la miseria por los cortos sueldos, los tributos al fisco y los diezmos.
Genial la frase que remarcas: "Le aterraba pensarse".
Sigue Delibes, con su descripción de los paisajes, el cielo, el clima, la detallada organización del viaje, su encuentro con Echarren..."Hablaba poco pero no por desabrimiento sino por no malgastar palabras"...

Saludos. Gelu

P.D.: Suscribo los comentarios de Merche y Paco Cuesta

Abejita de la Vega dijo...

Los grabados terribles, qué mala baba por una y otra parte.

Cuando leí el desenlace de su escapada a francia, me diio una rabia...como si pudiera ser de otra manera.

Al final, el frío Cipriano encuentra el calor...pobre. Minervina a su lado.

Besos

Myriam dijo...

Aaayyy ya vamos camino a la hoguera de la mano de CS y tuya....

Los grabados como MERCHE te die> verdaderamente ¡¡alucinantes!!

Besos

Pedro Ojeda Escudero dijo...

La muerte es una constante en la obra de Delibes. Como parte esencial de la vida.

pancho dijo...

Merche: No he llegado a lo del desenterramiento que cuentas, voy leyendo a capítulo por semana y gracias. Estos alemanes cuando hacen algo, lo hacen a conciencia. No dejan las cosas a medias.

Paco: Cierto, de pequeños aprendemos la mayoría de las cosas que para bien o para mal van a conformar nuestra personalidad.

Gelu: Excelente observación. Para que su compromiso con la Reforma sea inmaculado, no puede haber rastro de sospecha en su relación con Teo anterior a su desenlace final.

Abejita: Se le torcieron las cosas de una forma que no merecía, pero la novela tiene que acabar.

Myr: No me veo yo con la cerilla en la mano. Es Delibes el que nos cuenta el caso real.

Había visto algunas ilustraciones de este estilo antes, pero esta página ha hecho un excelente trabajo de recopilación.

Pedro: Así es, vivir es empezar a morir. Cada muerte es un paso al frente de los que aquí quedamos.

Un abrazo a todos y gracias por vuestras visitas y comentarios.