jueves, 24 de diciembre de 2009

El lloro de Sancho, la barca y naufragio.

... el peso de las armas le llevó al fondo dos veces ... Gerardo Trives


CAPÍTULO 2.29

Entre admiraciones transcurre el capítulo vigésimo noveno: la primera; de apertura, se corresponde con el impacto que la visión de las aguas del gran río causan en DQ, tanto que: renovó en su memoria mil amorosos pensamientos” la última; de clausura, la de los molineros y pescadores que miran aquellos locos trasnochados salidos de algún cuento. Un DQ impotente, que reconoce la derrota, junto a la acción, el suspense, el ritmo, la intriga, nuestros héroes y los encantadores que truecan los molinos en castillos, mezclados con el agua del Ebro, conforman un relato pasado por agua y harina del mismo costal.


En efecto, dos días de camino después del molimiento de S, el sosiego y la abundancia de los líquidos cristales del gran río que nace pequeño en el Norte, ya grande y remansado en su amplitud cerca del mar, le dan la paz necesaria para recordar lo que vivió en la Cueva de Montesinos:

“Especialmente fue y vino en lo que había visto en la cueva de Montesinos; que, puesto que el mono de maese Pedro le había dicho que parte de aquellas cosas eran verdad y parte mentira, él se atenía más a las verdaderas que a las mentirosas, bien al revés de Sancho, que todas las tenía por la mesma mentira.” Vemos cómo el autor utiliza aquí una estrategia sacada del teatro: el truco teatral consiste en que el protagonista ignora algo que los espectadores saben. Al sentir éstos la necesidad de contárselo al actor, se crea suspense. Así lo hace Cervantes con DQ y los lectores al ignorar aquél lo que el narrador nos contó acerca de Maese Pedro y su mono un par de capítulos atrás.


Río Ebro arriba caminaban en sus monturas, cuando una barca solitaria, atada al tronco de un árbol, empuja a descabalgar al amo y criado. Su soledad enciende la imaginación de DQ, piensa que es una invitación a usarla y liberar caballeros presos, gente importante, pero aunque fuera un mísere fraile descalzo, no dejaría de acudir a su llamada de auxilio.


S, amante de los animales, apaciguado y manso tras el duro castigo que su amo le propinó en la suerte de varas (qué poco nos queda de disfrutar de estas expresiones taurinas, ahora que los “antitodo” van a echar el candado) observa el ascendiente que los encantadores vuelven a tener sobre su amo. Teme el trato que reciban sus monturas. Él quiere que la locura de su amo que les aparta, les vuelva a juntar una vez llegado el desengaño cierto.


... se deslizaba el barco...

Nicolas González, coloreo propio


Llora de nuevo S, sentimental, ya resignado por no tener la valentía de volverse a casa con los suyos, como amenazó, mostrando mansedumbre. DQ no ha medido el castigo, el puyazo hace daño, ha sido demasiado profundo. El escudero quiere sentir la solidez de la tierra bajo sus pies, no la inestabilidad de una barca. El Hidalgo manda levar anclas, en lugar de cortar amarras, creyendo que se encuentra en un gran bajel.


El humor de S, su ingenuidad e ignorancia hacen girar el discurso de DQ, otra vez desde su cólera. Ahora ya no soporta que S llore, le quiere sometido, pero sin que se note porque eso le hace recordar la situación injusta: el desnivel amo – criado debe existir tapado, sin manifestarse, un paso más en el sometimiento. La mezcla de la ciencia más puntera del momento con la situación graciosa y humorística de los habitantes, parásitos no deseados, de la pierna de S está utilizada con intención: aquí relaja la tensión entre los dos que ha subido a un punto que la novela tolera con dificultad. La historia necesita el giro y C se lo da con maestría.


En estas aguas inestables andaban, cuando la proximidad de un molino le pareció castillo a DQ, de nuevo los encantadores con su labor de zapa acosando al hidalgo en su locura. La barca abocándose a las ruedas del molino, que amenazan con hacer papilla los huesos duros de roer de DQ y las carnes poco magras de S. Sólo gracias a los molineros, que con habilidad volcaron la barca con su contenido, no ardió Troya, a pesar del agua.


Termina el relato con un resignado DQ que, impotente, reconoce su derrota. Al menos ahora no culpa al pobre S que se libro por los pelos de aquella Troya pasada por el agua del Ebro, con la bolsa de caudales más aligerada por el desembolso que supuso el daño de la barca, pero junto a sus animales que se alegraron de tenerlos de vuelta.


Feliz Navidad pasadas por agua, como DQ y S, a todos los visitantes, lectores y comentaristas.


Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma

9 comentarios:

Myr dijo...

Y si, pobre Sancho, después de la bajada de caña que recibió en el cap. anterior por parte de DQ, no le queda otra que llorar...y no chistar.

Interesante será ver que nuevas aventuras van a ir apareciendo en estas tierras lejanas...(o antiguas av. reformuladas por un Cervantes mayor).

Besos

Paco Cuesta dijo...

Al menos en ésta ocasión como bien dices Sancho no es culpable y le queda el consuelo de ver a su amo pasado por agua.
El comic con la imagen de la aceña es muy bueno.
Saludos

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

para mi que llora porque ve peligra de nuevo a su asno...vamos que piensa que se lo roban...saludos

felices fiestas...y con el agua al cuello (y decían que este año era de sequía)

Antonio Aguilera dijo...

"Relato pasado por agua", pobres amigos nuestros, tampoco acostumbrados al agua; aunque quiero recordar que en la primera parte leímos que don quijote se aseó con unos calderos de agua que le acercaron: ahora no recuerdo a cuento de qué (cuántas veces tendré que releer el quijote?), iría a la boda de alguien GLUP!.

No sé yo si los piojos de Sancho llevarían flotador, porque haberlos, dijo Sancho que "algunos"; el pobre.

Amante de los animales, Sancho, desde luego: filantrozoico, suena fatal, pero lo de gustarle la zoofilia, casi peor; no es bueno que las palabras tengan muchas acepciones.
Sancho hace pareja con el sauce llorón donde ataron los equinos, y "pleura" por su Rucio que le reclama a rebuzno limpio y pelao.

Y como casi "antitodo", no voy a entrar a valorar lo de la suerte de varas y el "puyazo" jajaja, que se te escapa más de un término taurino.

Me lo pasé bien, como siempre, dándole vueltas a tu siempre acertado comentario.

Que sigan la Felices Fiestas, y como dice Tucci, con el agua al cuello: el Río Salao desbordao y los cangrejos en los tejaos.

pancho dijo...

Myr: Sólo la promesa de ascenso en la escala social logra detener a S del abandono de la misión. Se pasó en el castigo esta vez DQ, pero S es duro de roer. Lo veremos por donde solía.

Eso dicen los estudiosos, que el capítulo de la barca fue un resto de la primera parte. Pensaría el autor que dos capítulos con molinos y otro con batanes, ya era más que suficiente.

Paco: Al jefe no le queda otra alternativa que aceptar la derrota, no mandó a sus naves a luchar contra los elementos. La inestabilidad del medio supera a DQ.

Tucci: También, también. Aunque este S se deja quitar el burro hasta de debajo de las piernas, de poca ayuda le iba a ser si las cosas venían mal dadas.

He visto que ha caído mucha agua en algunos sitios de Andalucia. Por aquí hace falta mucha, los pantanos están bajo mínimos.

Aguilera: Tanta agua tampoco es buena, estropea los caminos.

A S, como buen animalista, tampoco le gustaría que le prohibieran las cosas por decreto... Si la fiesta tiene que desaparecer, que le quiten las subvenciones al ganao bravo y desaparecen casi todos, como corderitos al matadero. No hay nada más bestia que ver cómo miles de cabezas caen fulminadas en un matedero de cualquier sitio de Andalucia, Extremadura, Salamanca o Toledo, con lo que ello conlleva de pérdida de miles de puestos de trabajo y deterioro de un hábitat, envidia de todos esos antitodo. La fiesta apenas existe ya en Cataluña por la superioridad moral de algunos políticos que la han hecho desaparecer durante los últimos veinte años. No entiendo tanta saña prohibicionista y tanto gobierno por decreto... Bueno, vamos a dejarlo porque este tema me enerva y DQ tiene poco que ver con el asunto.

Un abrazo a todos y que los polvorones y turrones no falten en buena compañía.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Qué bien has señalado las relaciones entre amo y criado y cómo juega con ellas el narrador.
He estado desconectado, perdona el retraso en acoger tu felicitación. Un abrazo.

pancho dijo...

Sólo he seguido tus indicaciones y las de Myr del cap. anterior.
No se nota mucho la desconexión, la Acequia ya funciona sola, sin el timonel cerca.
Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Poco amigos del agua son don Quijote y Sancho. Esta caída les tuvo que sentar fatal... Qué buenas imágenes las de esta entrada.
Muy buen texto, ajustadísimo, como siempre.
Un abrazo

pancho dijo...

Abejita: Si hubieran salido este invierno por los caminos de La Mancha casi tendrían que haberse quedado con la barca en lugar de Rocinante y el burro sin nombre, tan querido de Sancho.
Gracias por tus palabras, un abrazo.