domingo, 25 de octubre de 2009

Ordeno y mando ( 2 )




La lectura del periódico El Adelanto en los años de la Guerra Civil, no permitía fácilmente descubrir algún rastro de la limpieza étnica, sólo así cabe denominar la eliminación del diferente desde el punto de vista político. A veces se encuentran cosas como la del recorte de donde  se puede deducir la escasez de recursos que se dedicaban al adoctrinamiento. El paseo o aplicar la ley de fugas resultaba más barato y rápido que hacer cambiar las convicciones de los presos.




Mientras en el frente los hermanos luchaban a garrotazos, en la retaguardia se seguía viviendo. Hasta pelotaris del género        femenino (diferente de en pelotaris). Dos sesiones diarias. A módico precio.




Dar sensación de normalidad debía ser la consigna; linimento español con patente alemana era la excusa para una publicidad de corte erótico.




Curvas pronunciadas en una postura no muy casta en esta publi de una mercería.




Una prueba de que había alemanes en Salamanca es este aviso a participar en el referéndum de anexión de Austria.




En periodo de guerra la economía está maltrecha, había que criar un ganado más productivo que el morucho autóctono. Aquí un vagón de vacas holandesas llegaba a la estación.




7 comentarios:

Jan Puerta dijo...

Desde que descubrí ciertas hemerotecas de algunos periódicos completamente gratuitas, no sé si leo más las noticias del día o las de antes. Lo que sí que tengo claro es que las de antes me seducen y las de ahora... ay las de ahora. De arcadas y sudores fríos.
Un abrazo
Me voy deprisa a ver si llego al último partido de esas intrépidas pelotaris femeninas.

Merche Pallarés dijo...

¡Qué graciosos e interesantes algunos de estos recortes! Ahora bien, el primero sobre donar libros que ensalzen el movimiento para adoctrinar a los presos es muy fuerte... Como tu dices, era más expeditivo el "paseo" o aplicar la ley de fugas... Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Qué tiempos aquellos: se nos ha olvidado y miramos juzgando a los Balcanes o a Chile o a... cuando aquí aun no hemos revisado bien nuestro pasado. Las hemerotecas están ahí, para mostrarlo.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Que buenas estas reseñas...como dice Pedro...debíamos de revisarnos a nosotros mismos...saludos

pancho dijo...

Jan: Es un lujo poder echar una ojeada por ejemplo a los artículos que Machado escribió en el 39 para La Vanguardia, o los de Julio Camba para el ABC.

Merche: Lo que me gusta es usar la prensa de la época para imaginarme cómo lo pasó aquella generación tan maltratada, la de nuestros padres, Los abuelos ya de muchos. Los hijos de los hijos de la ira.

Pedro: Es un tema muy complejo. En una guerra pierde la mayoría. No importa si su bando perdió o ganó. La mayor parte de la gente que iba al frente, a excepción de los jefes, luchaban por salvar el pellejo. Los soldados se tiraban meses metidos en una trinchera, comidos por los chinches y los piojos, pasando más hambre que el perro señorito. Encima no podías salir de allí, ni asomar la cabeza, porque alguien desde unos cientos de metros te acechaba y te mandaba unos tiros que te ponían cuerpo a tierra. Eso cuando la cosa estaba tranquila. Cuando te llevaban a algún ataque, no tenías más remedio que tirar palante porque detrás estaba el oficial que te disparaba si no lo hacías. Esto no son cuentos, los escuchaba a los hombres que los habían vivido en persona. Es una pena que estos relatos no estén muy recogidos y la gente va desapareciendo por imperativo biológico. Sin embargo, nos han invadido con historias y biografías de todos los colores de los dirigentes de la guerra.

Tucci: Las cosas pasaron como pasaron y ya de poco sirve darle vueltas. Triunfó el fanatismo de unas minorías que arrastraron al resto de la población a la sinrazón. Los intelectuales que abogaban por una tercera vía que evitara la confrontación fueron apartados y marginados.

Gracias por vuestra visita y comentario.

Myr dijo...

¡Qué tiempos oscuros esos!

pancho dijo...

Myr: Mal asunto cuando se tiene que recurrir a las armas para resolver conflictos. Sin embargo, el género humano no escarmienta.