jueves, 15 de octubre de 2009

Don Quijote, maestro de ceremonias

"Quiero ser el maestro de esta esgrima". Gerardo Trives dibujó

CAPÍTULO 2.19

Tras los cuatro días de vida cartujana en casa de Doña Cristina y marido, DQ y S se echan al camino; el primero con la satisfacción espiritual de haber tenido la oportunidad de contemplar a Dulcineas varias con forma de tinajas tobosescas y el escudero con la más prosaica satisfacción de tener resuelto el asunto de la intendencia para unos cuantos días, gracias a la generosidad de la casa del silencio.


Tienen suerte los caminantes, esta vez no son leones con los que luchar ni de los que huir, sino dos labradores que volvían de la feria, cargados con el producto de lo que antes habían vendido en el mercado y dos estudiantes que, por único equipaje, portaban las herramientas de la esgrima. A lomos de monturas más ágiles que nuestros protagonistas, al ya conocido paso corto de Rocinante hay que sumarle el peso de las alforjas bien repletas de S, invitan a los cuatro a que les acompañen para que el camino se haga más llevadero en compañía, una vez que han acompasado el ritmo de la marcha. Se dirigen al enlace del rico hacendado, Camacho, con Quiteria hermosa. Los entendidos comentan que la estirpe de ella le supera en raigambre y pureza de sangre. En este caso “pecata minuta” pues : “las riquezas son poderosas de soldar muchas quiebras”. Sin embargo, el morbo ahora consiste en descubrir cuál será la reacción de Basilio, El Despechado, vecino pobre que la conoce desde niño. No hay vez que la belleza se halle ayuna de admiradores. En lugar de buscar a otra, el pobre anda por ahí, levantando la vista del suelo, únicamente para maldecir su mala suerte.


DQ y S, ambos, tienen una opinión clasista, tradicional del matrimonio, pero con algunos matices que la diferencian. Para S, un matrimonio que no sea entre iguales está abocado al fracaso; no admite el desnivel social en el enlace. DQ, sin embargo, tira al monte de la Ley de Caballería y concede a Basilio el derecho de casarse con quien quiera, en este caso Quiteria , porque la conoce desde chico y porque es correspondido al ser un buen mozo deportista. Al mismo tiempo, concede a los padres la potestad para intervenir. Posteriormente, señala que es el interesado el elector ya que es para siempre, eso es mucho tiempo y hay que hacer las cosas con tiento.


Como podemos observar, lo único que no contempla el Hidalgo es la opinión de la mujer en la elección. La mujer sólo existe como compañía del marido. Pero he aquí que rectifica un tanto, suavizando su punto de vista, al admitir que la compañía no puede ser mercadería en compra y venta. ¡Qué astuto está DQ ¡ Como en tantas cosas, con su ambigüedad se nos escapa de darnos una opinión clara y precisa sobre la cuestión.


La transición del tema del matrimonio a la pelea de espadanchines la realiza una intervención de S con un asunto de gramática y niveles de lengua, con la oportuna respuesta del Caballero y la apostilla del Licenciado que dice que el estudio de la lengua tiene que llevar a las “palabras claras, llanas y significantes”, nunca al retorcimiento grandilocuente y retórico. Esto da pie al Bachiller, Corchuelo, a echar en cara al Licenciado que si se hubiera dedicado más al estudio de la lengua que a la esgrima, habría terminado el primero de su promoción y no el último.


En el consiguiente combate de esgrima entre los dos, la maña, humildad, habilidad y discreción del Licenciado dan una lección a la bravuconería, fuerza bruta e insolencia de Corchuelo, con DQ de maestro de ceremonias: “Quiero ser el maestro de esta esgrima y el juez de esa muchas veces no averiguada cuestión.”


El sonido de la música, las danzas y cánticos de las cuadrillas, junto al ajetreo de los empleados por terminar los preparativos, invitan a los seis del camino a unirse al regocijo, atraídos por las luminarias que para día tan grande ha preparado Camacho. Todos aceptan la invitación excepto DQ que se disculpa por no faltar a los preceptos de la Ley de Caballería, con el disgusto de S, que no tiene más remedio que echar mano de las alforjas y de la manta de viaje para pasar la noche al raso.


Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma.

7 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Tienes razón en que Cervan/Quijo se cubre las espaldas con el tema de la mujer y su derecho a decidir y elegir. Qué horrible debió de ser, ser mujer en aquellos tiempos... Besotes, M.

Cornelivs dijo...

Estupendo comentario Pancho, atinado e interesante. Me gusta mucho.

Y en cuanto a lo que dice Merche: tambien es verdad. Debió de ser una casi tragedia nacer mujer en aquella epoca.

Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Bien reseñado todo. Y tienes razón: menos mal que esta vez no se encontraron con leones...

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

aunque la mujer no decidiese su futuro...si que luego lo manipulaba...pero es que son más listas que nosotros y eso hay que reonocerlo...Y si, Sancho se había ido acostumbrado a la buena vida...le vien largo eso de dormir al raso...un abrazo

pancho dijo...

Merche: Esa situación la tenemos en nuestros vecinos del Sur, la lucha por la emancipación de la mujer está en sus primeras fases.

Cornelius: También se quedaban en casa en lugar de ir a la guerr. Seguro que en este caso a muchos hombres les hubiera gustado cambiar los roles.

Pedro: Es lo bueno que tiene el camino: da de todo, amigo y enemigo, C lo sabe aprovechar en su road movie.

Tucci: De acuerdo contigo. Las hay que prefieren vivir,por comodidad, al amparo del marido. Después nadie sabe lo que pasará.
Es muy duro dormir al raso. La noche está llena de mucho animal suelto: mosquitos, alimañas... A Sancho le gusta la cama blanda.

Abejita de la Vega dijo...

Como muy bien señalas," lo único que no contempla el Hidalgo es la opinión de la mujer en la elección".La pobre Quiteria no interviene para nada en una decisión que decidirá toda su vida. Un horror ser mujer en esa época. Como ahora en tantos países.O, tal vez, no hay que ir muy lejos.

Me quedo con estas palabras de Sancho: "El amor... mira con unos antojos que hacen parecer oro al cobre, a la pobreza, riqueza, y a las lagañas, perlas".

Un abrazo

pancho dijo...

Abejita: En los países del Magreb están ahora empezando, con mucha lentitud y frecuentes tropiezos, la emancipación de la mujer. En otros aún no han empezado, la situación es como en la Edad Media.

Sancho se nos crece por momentos. Con la Panza bien llena es más fácil predicar.

Un abrazo y gracias por la visita.