viernes, 8 de mayo de 2009

Auge, caída y vuelta a casa de Don Quijote y Sancho





Ilustración de la edición de Joaquín Ibarra, 1780


Capítulo LII (primera parte)


Empeñado como está DQ en sacar de los conventos a las monjas encerradas en contra de su voluntad; en cuanto oye que la bella Leandra (la ultrajada por el veterano de los tercios y pretendida por la legión de pastores y cabreros del monte) ha sido enclaustrada por su padre, le falta tiempo para ofrecer su espada y ponerse a órdenes del cabrero para ayudar en lo que haga falta. No olvidemos que DQ se encuentra ahora suelto y más bullicioso que nunca, como veremos.

DQ, que no tiene por qué tolerar que el cabrero aluda a una presunta merma de sus facultades, salta como un resorte y le estampana un pan en los morros. Éste se lanza al cuello del hidalgo, que no le ahoga porque S estuvo al quite, quitándoselo de su amo. En otro envite, sangrando ambos, se vuelven a enzarzar azuzados por los de alrededor. El toque de una trompeta los salva de tanta molicie. DQ, viendo que las cosas están regular, pide una hora de tregua: su excusa es que el son de la trompeta le llama a nuevas aventuras. La trompeta acompaña a una procesión pidiendo agua. Costumbre que no se ha perdido en los pueblos: en cuanto falta el agua, se sacan los santos de paseo para que el precioso líquido riegue los campos. La gente suele recurrir a lo sobrenatural cuando comprende su incapacidad de dominar la naturaleza.

Vemos, seguidamente, cómo C se recrea en describirnos los preparativos del ataque, parándose en las limitaciones de la carrera de su caballo: “A todo galope, porque carrera tirada no se lee en toda esta verdadera historia que jamás la diese Rocinante.”
La risa que siguió a la petición de DQ de que liberen a la señora enlutada que llevan en andas, provoca la ira del hidalgo que embiste a los portadores. Uno de ellos, con la horquilla que llevan para descansar el paso, le asesta un garrotazo que tira a tierra la humanidad del hidalgo. Éste, al ver que no rebulle, toma las de Villadiego. Sólo rebulle al oír la guaya de S para pedirle que le restituya al carro, “encantado esta vez “, incapaz de montar en Rocinante. S abandona la idea de escaparse del grupo con su amo y le aconseja ir al pueblo para curarse; después Dios dirá.

A continuación, C despide en unas cuantas líneas a todos los personajes no esenciales del grupo, en contraste con la meticulosidad en la descripción del ataque y posterior llegada a la aldea, en un domingo a medio día. La conversación de S con su mujer, entre líneas, nos da a entender que todavía conserva en sus alforjas los escudos de oro de la maleta de Sierra Morena: “Aunque traigo otras cosas de más momento y consideración” junto a la promesa de nuevas aventuras, pues los familiares y cuidadoras de DQ “se habían de ver sin su amo y tío en el mesmo punto que tuviese alguna mejoría; y sí fue como ellas se lo imaginaron.”

C no podía rematar la novela sin hacer alusión al narrador original, Cide Hamete Benengeli. Nos cuenta que las referencias a una tercera salida de DQ a las justas de Zaragoza sólo pertenecen a la tradición oral. Los originales escritos se han perdido. Añade C que los pergaminos originales habían llegado a posesión de un médico, después de haber sido encontrados en una caja de plomo, conservada en los cimientos de una ermita; como siempre ocurre en este país: si algo se conserva es porque estuvo enterrado, lejos del poder destructor de tanto amigo de la incultura. En estos pergaminos estaban descritas muchas de las hazañas de nuestro protagonista y los epitafios de la tumba de DQ.

El autor sólo nos pide a los lectores que consideremos la obra como un Libro de Caballería más, sin tener en consideración el trabajo invertido en investigar las andanzas de DQ por todos los archivos manchegos. Esto le animará a escribir nuevas historias, si no tan verdaderas,  pues ya no tiene referente, sí de tanta o más invención.

Termina la novela contándonos que las primeras letras escritas en el pergamino eran: “Los académicos de Argamasilla[ ...] hoc scripserunt:” . Dándole C una estructura circular a la novela, dejando claro que nada en ella es lineal y plano. Hay complejidad que hay que ir desentrañando paso a paso para entender las claves entre la ambigüedad que impregna la novela.


Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma. 



8 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Excelente tu interpretación final: en efecto, la estructura es circular. Pero no hemos vuelto al punto de partida.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Bueno, DQ se pone en plan guerrero...pero antepone su misión, sin duda comko comenté en mi blog...la velocidad es vertiginosa..
De todas sformas, para mi que Cervantes al fnalizar esta parte no estaba muy seguro de continuar la obra....saludos

pancho dijo...

Pedro: La verdad es que leí la hoja final varias veces. Hay mucho que analizar. Intuyo cosas, pero se me escapan vivas. Supongo que ya comentarás algo la semana que viene.

Tucci: Totalmente de acuerdo. Si no lo muelen a golpes, no hay quien lo vuelva a meter en el carro, de acelerao que estaba. Supongo que tendría pensado esperar a ver qué éxito tenía la novela.

Francisco O. Campillo dijo...

Aterrizo por aquí y compruebo que Pancho ya tiene su propio blog ;-)

Dame tiempo para ponerme al día. Por ahora, te enlazo desde CAMINANDO.

Un abrazote solidario.

pancho dijo...

F. Campillo: Se hace lo que se puede. A ver si tengo un rato y me acuerdo de cómo se hacía.
Encantado de tus abrazos solidarios. Los mismos para ti. Encantado de tu visita y comentario. Yo te sigo leyendo con asiduidad, sigo las noticias sobre el Sahara y sus exiliados en ninguna parte en tu blog, aunque no deje comentario.

Abejita de la Vega dijo...

He dejado pendiente la llegada a la aldea.El final, final es un poco lioso,la caja de plomo esa, lo de Zaragoza...Circular,de acuerdo.
Un abrazo de esta abejita que se embala escribiendo.

Jan Puerta dijo...

La lucha por un sueño que solo el, ve con realidad, termina con el cuerpo entumecido y la idea de volver a sus orígenes. El círculo se cierra momentáneamente.

Un abrazo

pancho dijo...

Abejita y Jam: Cuando dije lo de una estructura circular me refería a que termina la novela con las primeras palabras del pergamino original: los académicos de Argamasilla. Ahora cita el nombre de un lugar cuando al comienzo ( obviando lo del desocupado lector)de la novela nos dijo que "no quiero acordarme". Con un enigma que se invita a descubrir acaba. Deja cabos sueltos que han provocado cientos de estudios intentando descifrarlos.
Un abrazo y gracias por vuestras visitas.