miércoles, 28 de noviembre de 2012

El Príncipe Juan





 
 

El próximo lunes termina la primera entrega de la serie de TVE,  Isabel,  que nos ha entretenido las noches de trece lunes consecutivos. Su éxito es una muestra de que cuando a los televidentes se les ofrece un producto digno, dejan a un lado todo lo que en ese momento estén haciendo y esperan la llegada de la hora de comienzo de la película con impaciencia. Esta serie me ha inducido a indagar sobre el personaje del Príncipe Juan.

Agustín Casillas
 El Príncipe Juanla esperanza de las Españas - murió en Salamanca en 1497. Fue el único hijo varón de los Reyes Católicos. Hacía escasamente un año que ostentaba el título de  Señor de Salamanca cuando la muerte le sorprendió en la ciudad del Tormes. Durante su corta vida, 19 años, confirmó algunos privilegios de la Universidad, mandó empedrar las calles de la ciudad que dificultaban el tránsito- ya que “la dicha ciudad no es muy bien proveída de mantenimientos como es menester a causa de los muchos y grandes lodos que en ella de contino especialmente en los inviernos”-,   otorgó a Salamanca la potestad de traer la sal de donde quisieran los salmantinos e incluso concedió licencia para abrir una casa de mancebía. Aún se conserva en el frontal del   paraninfo de la USAL, presidiendo las solemnes celebraciones de actos culturales y académicas, el estandarte que donó a sus estudiantes, de terciopelo carmesí. En su centro ostenta, en bordado superpuesto, la tiara y las llaves cruzadas, escudo universitario en su versión reducida.


 


 
Su prematura muerte dejó sumidos en la desolación a sus padres, a su joven esposa embarazada y significó un gran trauma para los castellanos de la época reflejada en la abundante literatura fúnebrepopular que ocasionó. Algunos murmuraban que fue envenenado, otros que murió de amor o víctima de los excesos amatorios con su mujer Margarita de Austria, hermana de Felipe el Hermoso, en los siete meses que duró su matrimonio celebrado en Burgos: “Se celebraron los desposorios el Domingo de Ramos con mucha solemnidad, y en principio del mes de abril los velaron con las mayores fiestas que en casamiento de príncipe se hizieron grandes tiempos antes en Castilla…” Lo cierto es que fue un joven de poca salud. Desde pequeño los médicos le recetaron extractos de tortuga que capturaban en La Albufera de Valencia. En su entierro fue la última vez que en Castilla se vistió la jerga blanca en señal de luto. Sus restos fueron trasladados desde la catedral de Salamanca al convento de Santo Tomás de Ávila por mandato de los reyes. 


Información entresacada principalmente del diccionario enciclopédico: “Conoce Salamanca” y de la Historia de Salamanca de J. Antonio Bonilla, Jose Mª Hernández y Jose Luis Martín.


"En su tierna juventud
 te lo quiso Dios llevar. 
De tan penosa tristura 
no te esperes consolar".
Juan del Encina



viernes, 23 de noviembre de 2012

Hundido




Ramón Gómez de la Serna señala en una de sus greguerías que “El ciprés es un pozo que se ha hecho árbol." Un pozo en el alma se nos ha hecho al saber de tu partida definitiva. Echaremos de menos tus puntos suspensivos convertidos en huecos, soledad y silencio para siempre. 


Qué razón tenía el amigo Tucci en este comentario suyo tomado al azar de un capítulo de El Quijote: “[…] a la grupa hemos caminado durante todo este tiempo... si a Don Quijote no se le olvidará su aventura...a nosotros desde luego nos marcó un antes y un después de esta forma de leer. un abrazo”. 

Descansa en paz. Un fuerte abrazo a todos los tuyos.



 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El huerto de Calisto y Melibea



Así explica el argumento el autor de La Celestina, Fernando de Rojas, al comienzo de la obra : “Entrando Calisto en una huerta en pos de un halcón suyo, halló allí a Melibea, de cuyo amor preso conmenzole a hablar; de lo cual rigurosamente despedido, fue para su casa muy angustiado”. 






I. DONDE LA CELESTINA SE PRESENTA, A ELLA Y SUS ARTES, Y ALECCIONA A LAS MUJERES PRESENTES, PONIENDO EL OJO ESPECIALMENTE EN LAS MÁS MOZAS, A LAS QUE CON CONOCIMIENTO DE CAUSA ACONSEJA NO ATARSE A UN SOLO HOMBRE 

CELESTINA, acompañada de una de sus protegidas que por edad podría ser virgen, pero que evidentemente es puta, y a la que lleva atada de una cadena de perro. 

CELESTINA- En esta ciudad de Salamanca, pocas vírgenes a mí se me escapan. Naciendo una muchacha, la hago escribir en mi registro, y esto para que yo sepa cuántas se me salen de la red. Pues ¿qué pensabais? ¿Que me mantiene el viento? ¿Heredé otra herencia? ¿Tengo casa o viña? ¿Se me conoce más hacienda? A mí con mi pobreza jamás me faltó una blanca para pan y un cuarto para vino. De este oficio como y bebo, visto y calzo, como cada cual del suyo, muy limpiamente. En esta ciudad nacida, en ella criada, ¿conocida, pues, no voy a ser? Quien no supiera mi nombre, tenedle por extranjero. Puta vieja soy nombrada y por tal título conocida, y a mucha honra. 

Nunca un solo hombre me agradó; nunca en uno puse toda mi afición. Más pueden dos, y más cuatro, y más dan y más tienen, y más hay en donde escoger. Quien no tiene sino un ojo, mira a cuanto peligro anda. Un alma sola ni canta ni llora. Un solo acto no hace hábito. Una golondrina no hace verano. Quien sólo una ropa tiene pronto le envejece. ¿Qué queréis, hijas, deste número de uno? Más inconvenientes os diré del, que años tengo a cuestas. Tened al menos dos, que es compañía loable. Como tenéis dos orejas, dos pies y dos manos, dos sábanas en la cama, como dos camisas para remudar, tened así al menos dos hombres. Y más aún, pues mejor os irá, que mientras más moros, más ganancia. 

Donde hay escalas hay tropiezos
ANTONIO ÁLAMO 






A pesar de que Fernando de Rojas no localiza el argumento de La Celestina en ninguna ciudad en concreto, la tradición salmantina sitúa el momento más dramático de la tragicomedia en el huerto de la casa de Melibea, un pequeño espacio ajardinado situado al final de la calle de El Arcediano, camino natural para llegar al recoleto, recogido y a la vez bullicioso lugar buscado por los visitantes que llegan a la ciudad tormesina. En esta misma calle Celestina les dice a Calisto y Sempronio en el acto XI: “¿Qué nombráis a Celestina? ¿Qué decís de esta esclava de Calisto? Toda la calle del Arcediano vengo a más andar tras vosotros por alcanzaros, y jamás he podido con mis luengas faldas”. 








La calle del Arcediano en la actualidad está muy concurrida de visitantes convocados por el histórico, por literario Huerto de Calixto y Melibea.











Este espacio ajardinado en el corazón del barrio antiguo de Salamanca era originalmente una huerta de propiedad privada. A principios de los años ochenta pasó a manos del Ayuntamiento que lo abrió como lugar de público  esparcimiento en 1981.











"A Salamanca le falta sensualidad. ¿Por qué hay tan pocas flores aquí?"  Se preguntaba Albert Boadella en 2001. Incluso este oasis en medio de las piedras doradas por el sol  no destaca por  los colores alegres de las flores, sino por la variedad de su arbolado. No conviene  olvidarse de que se trataba de una huerta familiar en la que se han conservado muchas especies - a menudo frutales- típicas de los huertos. 







La morera centenaria




El tronco de la parra adornado por las formas clásicas de la hoja de acanto que prolifera a sus anchas en la huerta.



La moda italiana de candar  el amor eterno forma una espesa cadena de peso con riesgo  de empozamiento.
































 “Conténtate en venir mañana a esta hora por las paredes de mi huerto”. Es el consejo de Melibea a Calisto. Estas paredes representan el lugar exacto por el que se desploman los amantes y desde el que Melibea pronuncia su discurso tan dramático después de la muerte de Calisto. 








A vista de pájaro,  cuando las casas adosadas a la muralla aún tapaban la visión del tramo de muralla. 


miércoles, 14 de noviembre de 2012

Avance en verde de otoño







Huelga señalar que el campo que nos sustenta se regenera en el tardío. Los serenos tonos cobrizos y amarillentos que adquieren las hojas de las plantas a medida que avanza el otoño son el heraldo del invierno sombrío. Hora de recogerse.













A ras de suelo los verdes ganan la batalla a las tonalidades grises del estío prolongado. El olor a ceniza se repliega ante la pujanza del recio sabor a sementera y los tonos ocres de los surcos de las tierras de labor que acogen las semillas en su seno. Surgen las setas de la noche a la mañana, los gnomos- como seres inteligentes y previsores que son- levantan sus casitas para protegerse de la intemperie.










El clasicismo helénico en la forma verdosa de la hoja de acanto. 


verde con brillo de faca

Ojos verdes, 
verdes como, 
la albahaca. 
Verdes como el trigo verde 
y el verde, verde limón


Rafael de León, Manuel Quiroga y Salvador Valverde







miércoles, 7 de noviembre de 2012

Habla popular de Lumbrales (141)





Todo tiene su fin. Ciento cuarenta y una entregas más tarde llegamos a la omega del recorrido que comenzó con el alfa de Abajar. Y con la satisfacción que produce cumplir lo propuesto en su día. Sin que nadie lo mande porque si lo hubiese mandado,  poco caso le habríamos hecho y nunca habríamos concluido la faena. No quisiera dar por terminada la fase regular del glosario sin agradecer a todos los fieles comentaristas la huella que dejaron –inasequibles al desaliento- una semana tras otra, sin fallar ni una sola, durante los más de tres años que se alargó su publicación. También a los que llegaron tarde y perseveraron hasta el final en algo de ámbito tan restringido y local. Igualmente a todos los lectores y visitantes que se acercaron por aquí de vez en cuando. Sin la respuesta tan generosa desde el otro lado de la pantalla nada habría tenido sentido.






Desde el primer día, mi cuñado que vive en Hospitalet, Jose María Torrecilla, me permitió usar sus imágenes para acompañar el texto. Con mi deseo de que las lenguas nunca sirvan para separar, sino para unir a las gentes porque su fin último es saltar fronteras y permitir la comunicación entre ellos, como el canto de libertad de estas cigüeñas y la belleza efímera de las mariposas que no entiende de muros ni alambradas. 

Vaya también mi agradecimiento a Jaime Grandes, Ricardo y Paco  Caro por el permiso que me dieron para usar sus fotos. Y a todos los demás sitios de los que de vez en cuando tomé alguna imagen. 



Zarajuelle, zarafuelle: Zaragüelles. Hordeum murinum. Planta gramínea que cuando se seca, sus picos en forma de flecha se pegan a la ropa. “Tengo los calcetines llenos de zarajuelles; pican que se matan”. Cuando alguien es un duende, que no para quieto se dice de él que es un zarajuelle.
DRAE: Zaragüelles: 3. m. pl. Planta de la familia de las Gramíneas, con las cañas débiles, derechas, de más de tres decímetros de altura, desnudas en la parte superior, y en la inferior con tres nudos negruzcos e igual número de hojas que envuelven el tallo en la mitad de la parte comprendida entre nudo y nudo, y las flores en panoja compuesta de espiguillas colgantes con aristas rectas. 
No está en el DCT.
BDE: Zaragüelles: Hacia 1535, antes, y todavía en muchos dialectos, zaragüel (zaragüeles), 1490. Del árabe sarawil, plural de sirwal “pantalón muy ancho”, “calzoncillos”. 

Zarandeón: Movimiento enérgico y ligero a la vez. “La madre le dio un zarandeón a la ropa y la tendió”. Ir como un zarandeón es ir con unas copas de más. 
No está en el DRAE. 
No está en el DCT. 
BDE: Zaranda: hacia 1400 ( y sarand, mediados S. XI, una sola vez, en el árabe de España). Vieja palabra hispánica, en portugués ciranda. Origen incierto. Las varias etimologías occidentales tropiezan con el hecho de que el vocablo es rarísimo en árabe, y probablemente de origen hispánico. Deben tenerse en cuenta las variantes aragonesas zándara, 1611, zandra y candra, y el dato de que la zaranda se llamó taratántara en latín vulgar. Luego es posible que se trate de una onomatopeya tsándara (con variantes tántara, kándara, etc), que expresaría el son rítmico de la criba y el grano al zarandearlos. El verbo zandarar (cuya remota fecha se comprueba por la del catalán arcaico aserenar “cribar”, S. XIII), se cambiaría por metátesis en zarandar, y de ahí se propagaría esa alteración al sustantivo.

Zaranquincajo: Es un pájaro imaginario muy popular por el trabalenguas: “Me sé un nido de zaranquincajos con cinco zaranquincajillos, el zaranquincador que los desaranquincace, buen desaranquinzador será”. 
No está en el DRAE. 
No está en el DCT. 

Zarria, zarrioso: Poco arreglado, sucio. “Anda lávate un poco antes,  que vas hecho un zarria”. 
No está en el DRAE con esta acepción. 
DCT: Ropa vieja o de desecho. 
BDE: Procede de charro, 1627, “basto”, “tosco”, “aldeano”. Vocablo familiar probablemente emparentado con el vasco txar “malo”, “defectuoso”, y tomado de esta voz vasca o heredado de una ibérica correspondiente. De la variante vasca za(h)ar proceden zarria “cazcarria”, 1475, y el andaluz zarrio “charro”, 1729. 

Zocaño: Rescaño, rebojo, pedazo grande de pan. 
No está en el DRAE. 
No está en el DCT. 

Zorrera: Humareda, jumeiro. “Al entrar en la casa olía mucho a humo; era de la zorrera que tenían preparada en la cocina”. 
DRAE: mismo significado. 
BDE: 1601, por la costumbre campesina de ahuyentar la zorra con humo; de ahí quizá zorra “borrachera”, 1739, por el mareo causado por la zorrera. 

Zorruno (oler a): Actividad no bienvenida. “A éste el trabajo le huele a zorruno”. 
No está en el DRAE con esta acepción. 
No está en el DCT con esta acepción. 
BDE: Principios del S. XV. 

Zotaina: Azotina. 
No está en el DRAE. 
No está en el DCT. 


Zuela: Azuela. Instrumento cortante y curvo de trabajar la madera, formado por una especie de plancha de hierro y un mango curvado. Lo hay en todas las casas de los labradores. 
No está en el DRAE. 
No está en el DCT. 




Zumbiar: Hacer ruido los mosquitos o el viento. Zumbiar la piona es lanzarla para que baile. Zumbiar al perro es azuzarlo para que ataque a otro animal o persona. Echar el perro a alguien. 
No está en el DRAE. 
No está en el DCT.

Zurro: Pánico, miedo. “Cuando cayó la chispa en la encina quedamos paralizados, no nos movimos del zurro que nos entró”. 
No está en el DRAE. 
No está en el DCT. 

Zurrulera, Zurruleta: Diarrea. 
No está en el DRAE. 
DCT: mismo significado. 




El color verde aceituna en algunas palabras o expresiones indica que son de reciente incorporación, posterior a Mayo de 2007. 

Abreviaturas utilizadas: 
DRAE: Diccionario de la Real Academia Española. 
DCT: Diccionario del Castellano Tradicional. 
BDE: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Joan Coromina. 


jueves, 1 de noviembre de 2012

La Casa de las Conchas




 


La Casa de las Conchas es la niña bonita de los monumentos salmantinos, la mocita guapa del barrio antiguo. Las conchas que adornan su fachada son lagrimas que resbalan por la tez morena clara de la piedra, labrada con mimo y precisión por las manos ásperas de los canteros antiguos. Cuando los astros se alinean, la luz se enamora de las conchas que asombran la pared. Las sombras se desparraman en tresbolillo por la superficie vertical como escorrentías de agua en una cristalera azotada por la lluvia.


  

Don Rodrigo Arias Maldonado –catedrático de la Universidad y miembro del Consejo de los Reyes Católicos – mandó construir esta casa a caballo de los S. XV y XVI para celebrar su enlace con María de Pimentel. Los repetidos motivos heráldicos del edificio nos recuerdan el vínculo entre las dos familias: la flor de lis de los Maldonado y las conchas de los Pimentel. El palacio perdió una de las torres en una de las dos reformas que sufrió durante el S. XVIII debido a un riesgo de desplome a causa de un problema de cimentación. Las dependencias interiores fueron recientemente remodeladas y adaptadas para albergar la Biblioteca Municipal. En el sótano, antiguas caballerizas, se habilitó una sala de exposiciones. 



La Casa de las Conchas es uno de los edificios más hermosos de Salamanca. Enclavada al extremo de la calle de la Rúa, frente a la iglesia de los Jesuitas, llaman la atención del viajero las trece filas de conchas de la fachada del palacio plateresco. A la luz del sol, que dora sus piedras, proyecta sobre ella hilos de sombras oblicuas que parecen flechas.Y las ventanas, dos partidas en cruz y otras por finísima aguja en forma de ajimez, lucen en sus arcos y antepechos sus menudas labores de gentil bordado. 
Y el patio es de veras primoroso también. Siempre que voy a Salamanca, le visito como a un viejo amigo. Ya nos conocemos los dos. Aquellos medallones elegantes y esbeltos, aquellas cinco lises del escudo de los Maldonados, antiguos señores de aquella casa encantada, la delgadez de palma de sus esbeltas y ágiles columnas, han oído más de una vez nuestras confidencias estudiantiles. 

Y de nuevo me he asomado al pozo. Aquel patio céntrico tiene una quietud de siglos. Construido según lo más probable en 1512, él ha visto surgir la decadencia de la ciudad gloriosa. Por allí desfilaron los tricornios de cuchara y las amplias capas escolares del S. XVII. Cerca de los estudios, vecina de la escuela, la Casa de las Conchas, nos cuenta con su silencio sus enormes pesares. Recientemente ha presenciado silbidos y protestas. Hoy sirve de tercera en amores. En estas tardes de mayo, al toque de la oración, desfilan ante ella las buenas salmantinas, rezadoras y beatas. Detrás, los estudiantes toman posiciones en el patio de la Clerecía. Y de buena gana la casa solariega de los Maldonados cedería sus lindísimas rejas para esos coloquios que hacen inolvidable la mocedad en las horas de tristeza. 

 Publicado el 9 de junio de 1909 en la revista: Alrededor del Mundo


 



La puerta estaba abierta; llamamos, sin embargo, y no nos respondieron... ¿Qué hacer en tal apuro, sabiendo, como sabíamos por la fotografía y el grabado, que el patio era bellísimo? Perdone el Sr. Conde de Santa Coloma: el partido que tomamos fue colarnos de rondón en su casa, bajo la salvaguardia de nuestras buenas intenciones... Y ¡qué patio vimos! Su estilo podía calificarse de mixto de gótico y mudéjar; las líneas generales tenían más de mudéjares que de otra cosa; en las ventanas y demás pormenores predominaba lo gótico. De una o de otra suerte, todo era allí gallardo, primoroso y del mejor gusto, causando verdadero asombro la prolijidad y esmero de la ejecución. Baste decir que la dura piedra semejaba trenzados de cuerdas como si fuese cáñamo, y hasta calados de encajes, como si fuera lino… De buena gana hubiéramos llevado más adelante nuestra exploración; pero no nos atrevimos a tanto, y salimos de aquella interesantísima casa como habíamos entrado en ella, llenos de respeto a su carácter señorial y religioso, y de admiración a sus bellezas artísticas. 

Pedro Antonio de Alarcón 
Detalle de una de las rejas de estilo gótico.