viernes, 7 de diciembre de 2012

El pan nuestro de cada día



 La sabiduría de las palabras y los párrafos  desborda los márgenes de los libros como semilla caída en tierra buena

La lectura no es un placer para nuestros alumnos de ESPA (Educación Secundaria de Personas Adultas). Si el grado de satisfacción con una actividad se mide por el tiempo que a ella dedican, la lectura no sale bien parada del envite. De un grupo de veinte, rara vez hay más de dos que confiesen leer libros habitualmente. Como mucho, admiten leer algún diario deportivo y sólo de vez en cuando. La mayoría de ellos relaciona la lectura con obligación escolar y ¡claro! eso choca con su concepto de diversión. Cuando les propongo que hagan la prueba –durante una temporada- de dedicar el mismo número de horas a leer que a salir de farra por la noche con los colegas, a ver películas por la tele o a mandar “guasaps” por el móvil, replican que no es lo mismo. Porque ¿Quién ha dicho que hasta la actividad más placentera no requiera dedicación, sacrificio y perseverancia? El punto de partida es el mismo, todo el mundo nace sin saber leer ni escribir. Si algunos han desarrollado unos determinados hábitos, ha sido porque le han dedicado tiempo y se han decantado por ciertas actividades, robándole el tiempo a unas en detrimento de otras. 

Pocas cosas que salgan más baratas que un libro y que reporte más satisfacciones. Por veinte euros un libro te trasporta a lomos de Clavileño -como a Sancho- por las regiones del aire o te empoza en las entrañas de la tierra -como a DQ - en la Cueva de Montesinos. De paso te da cuenta de los amores y desamores de malditos don juanes como El Marqués de Bradomín, te invita a pisar el suelo inestable de La Ciudad del Gran Rey y si te dejas guiar, te echa una mano para zambullirte en la marmita de Obélix. Un buen amigo dispuesto a abrazarte, un placer a condición de que lo cultives en tierra bien labrada.

En estos tiempos de tribulación tan mal encarados, de andares cabizbajos, de eternamente enojados y agraviados de mirada triste y de pan duro, la lectura te devuelve la alegría, te dibuja una sonrisa en la cara y aplaza el grito egoísta de “Sálvese quien pueda”, porque los libros curan de muchos males y nos salvan. 

Así lo explicaba Federico García Lorca: “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro”. 

 "La noche esta clara y tranquila, 
la luna argentada 
los invitados van llegando, 
llenando la casa de colores y perfumes" 
Jaume Sisa




Esta especie de pequeña reflexión  pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero. Desde la copla más popular no habíamos escrito nada sugerido por nuestro maestro.

9 comentarios:

pancho dijo...


Sopa de almendras

Merche Pallarés dijo...

¡Excelente aportación, querido Pancho! Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Un libro es tan asequible, ni siquiera hay que comprarlo, si no se quiere. Pero hay que tener hambre para comer a gusto. Y no todos están preparados para cabalgar a Clavileño o pisar la Ciudad del Gran Rey. Zambullirse en la marmita de Obélix parece más fácil, pero tampoco...

Contagiemos nuestra enfermedad, si podemos, Pancho.

Medio pan y un libro.

El oeste castellano es bello, pude comprobarlo, aunque el motivo del viaje fuera triste.

Besos

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Estoy de acuerdo contigo: pocas cosas aportan tantas satisfacciones. Eso sí, este placer cuesta. Precisamente ese esfuerzo es parte de la recompensa.
Gracias por tu aporte.

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

No sé si la lectura en personas que pudiendo ser lectores no lo han sido, puede cambiar -en alguien de edad- con el abanico de ofertas pasatiempos que existen en la actualidad.
El deseo de lectura, va dentro de cada cual. Buscando un símil con la comida, haz lectores voraces, que parecen insaciables, y otros incapaces de leer una línea que no sea por obligación.
El que consigue descubrir y disfrutar con el contenido de los libros, ni se sentirá solo ni se aburrirá nunca. Los hay en el mercado con contenidos para todos los gustos; será difícil no encontrar los que le amplíen conocimientos y enseñanzas sobre los temas que desee.
Antes había libros en muchas casas, que no se habían abierto nunca y sólo estaban para adornar un lugar en el mueble.
Ahora, los libros –una vez leídos- viven menos tiempo en los pisos. No hay espacio para ellos.

Abrazos.

P.D.: 1.- Maravillosa la canción de Sisa.
2.- Y cuando -además- se tiene la suerte de encontrar amigos lectores, y compartir lo leído, como en La acequia, con Merche, donde Abejita, aquí, ...pues es completo.
3.- ¡Ay, esa copla!

Aldabra dijo...

nada que añadir, desde luego... cada palabra en su sitio...

es una pena, ellos se lo pierden

biquiños,

Ele Bergón dijo...

Es verdad que hay muchas personas a quiénes no les gusta leer y prefieren mirar, hablar, escuchar, o leer sin esfuerzo por Internet. Si ellos no quieren probar este placer, nosotros sólo podemos trasmitirles nuestra experiencia y entusiasmo por los libros. Luego que ellos decidadn.

Myriam dijo...

No podría vivir sin libros...

Preciosa entrada, que buen recorrido, Pancho. Perdona que se me pasara comentarte en su momento.

Besos

Estrella dijo...

Los libros tienen un algo de mágico. Te van transformando y te hacen más fuerte. Yo me inicié sola en la lectura desde muy pequeña y ahora ya no podría estar sin la compañía de un libro. Es una pena que la tecnología con las redes sociales se lleve todo el tiempo de los jóvenes, es tan diferente la expresión de la cara de quien está sumido en un móvil a quien lo está en un libro.

Saludos.