miércoles, 19 de diciembre de 2012

Memoria de un tiempo de barrio


Pío Baroja dibujado por Ramón Casas



Breves apuntes biográficos sobre  Pío Baroja.


La mentalidad europea a principios del S. XX está imbuida de una confianza ciega en el progreso. Apoyados por la ausencia de conflictos serios desde la caída de Napoleón, los formidables avances de la ciencia y la técnica comienzan a fructificar en una mejora del nivel de vida de las clases populares que habitan el viejo continente. Cuando parecía que la “civilizada” Europa, dominadora y colonizadora del planeta, había dado con la piedra filosofal que la libraría para siempre de guerras y conflictos, dos guerras mundiales - en un breve espacio de tiempo - ponen freno de manera brusca a los sueños pacifistas. Los totalitarismos fascista y comunista, los que luchan por mantener la democracia encabezados por Roosevelt y Churchill y el gran héroe del anticolonialismo, Gandhi, anidan sin agavillar entre ellos en la primera mitad del siglo. 



El futuro presidente Roosevelt en la Guerra de Cuba


 En España el desarrollo durante el S. XIX es mucho más modesto. A pesar de los avances, la tasa de analfabetismo supera el 50% en el conjunto del territorio. A causa de multitud de conflictos internos (entre ellos tres guerras civiles, que se dice pronto), gran parte de la población permanece al margen de la modernización. La metrópolis sufre un trauma por la derrota del 98 en Cuba ante el pujante y emergente imperio yanqui. Supone un duro despertar del sopor secular de la sociedad atrasada. 


 En el mundo de la ciencia, del pensamiento y de las artes compartieron el mismo tiempo Einstein, Marie Curie, Max Planck, Freud, Max Weber, Keynes y Picasso entre muchos otros. En Literatura destaca el desarrollo extraordinario de la novela a manos de Thomas Mann, Proust, Joyce y Faulkner, que supone una ruptura con la narrativa tradicional. Y he aquí que aparece tan “boinón, tan paisano, tan bribón, tan urbano, tan fulano, tan picapedrestre”, don Pío Baroja, que a diferencia de todos ellos, siempre permanece fiel a su manera de concebir la narrativa, toda una larga vida de escritura para dar forma a más de sesenta novelas y algunos cuentos, una detrás de otra, y ocupar un lugar de privilegio entre las letras españolas. 






 Estudia medicina, pero ejerce muy poco. A diferencia de otros escritores españoles, contemporáneos suyos que se acercan a diferentes géneros literarios, Pio Baroja es el novelista por excelencia. Vive de la literatura, se dedica a ella a tiempo completo como sólo Galdós lo había hecho antes. 


 Pío Baroja echa a andar en el mundo literario de Madrid con el nuevo S. XX. Colabora con las publicaciones periódicas de la época. Hoy es de interés rastrear las colaboraciones de los escritores en los periódicos y revistas, buena parte de la actividad literaria del momento tiene soporte y difusión en la prensa. Conoce a Maeztu y Azorín con el que mantiene una amistad de largo recorrido. De joven realiza viajes por varios países de Europa, pero la mayor parte de su vida transcurre tranquila entre Madrid y el caserón de Vera de Bidasoa que compra en 1912. El sofocante calor del verano madrileño expulsa a sus habitantes de la capital. Como la Guerra Civil comienza en verano,  allí le pilla. Con la frontera bien a mano, la cruza y marcha a Francia. Regresa a Madrid en 1940 donde pasa los años que le quedan por vivir hasta 1956, escribiendo y sin muchos sobresaltos.









 LA BUSCA 


 La Busca es la primera novela de la trilogía La lucha por la vida. Pío Baroja recoge el título de El origen de las especies de Darwin cuyos postulados y conclusiones remueven las Ciencias Naturales a principios del S. XX. Entre Marzo y Junio de 1903 los lectores de El Globo pudieron leer a diario cada una de las cincuenta y nueve entregas en las que distribuyó la trilogía antes de que las tres novelas se publicaran a lo largo del año 1904. Eso sí, con abundantes modificaciones en cuanto al estilo y contenido. Es lo que tiene publicar en los periódicos con antelación: después se puede modificar. Exactamente igual que ahora en los blogs, que para eso están. 



 La materia narrativa de La Busca gira en torno a la adolescencia y primera juventud de Manuel Alcázar, protagonista e hilo conductor de los hechos que se narran. La historia cuenta las peripecias de Manuel durante tres años. Él sólo es uno más de los afectados por el endémico éxodo rural que este país no acaba de superar. Abandonan sus hogares de origen en busca de una mejora en sus miserables condiciones de vida. Pero las ciudades y lugares de llegada tampoco son la Arcadia prometida. Con frecuencia observamos que la historia se desanda y descumple años por la senda estrecha de la desvergüenza. La Lucha por la vida es un canto a la dignidad del ser humano por las amplias avenidas de la libertad. 



 Rápidamente llama la atención la abundancia de puntuación en la prosa de Pío Baroja. Ello le da un efecto de ritmo entrecortado, como si huyera de la prosa rítmica que tan de moda estaba entre los autores afectados de Modernismo. Sin embargo, elegiría el forcejeo con el tiempo del primer párrafo de La Busca como uno de los que nunca deberían de faltar en cualquier antología, no importa el nivel de exigencia: “Acababan de dar las doce, de una manera pausada, acompasada y respetable, en el reloj del pasillo. Era costumbre de aquel viejo reloj, alto y de caja estrecha, adelantar y retrasar a su gusto y antojo la uniforme y monótona serie de las horas que va rodeando nuestra vida, hasta envolverla y dejarla, como a un niño en la cuna, en el oscuro seno del tiempo”.


"Soy memoria 
 de un tiempo de barrio, 
ciudad de extrarradio 
 de lata y cartón 
Soy un verso 
 lanzado al futuro, 
proyecto seguro, 
 guitarra y canción"
Luis Pastor




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

8 comentarios:

Aldabra dijo...

y así entre unos y otros nos váis metiendo en vereda.

biquiños,

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Baroja rompía la prosa para crear su propio ritmo y dejar un cuerpo a cuerpo con el lector. Muy distante, en efecto, a Valle.
Excelente entrada que sirve para ese contexto: de los grandes avances científicos y técnicos a la realidad de los barrios. A Madrid -España-, comenzaban a crujirle las costuras.

Merche Pallarés dijo...

Me ha gustado mucho ese micro-cosmos histórico de la época de Pio Baroja que has descrito magistralmente, querido Pancho. Tuve la suerte de visitar ese caserón de Vera del Bidasoa cuando vivía su sobrino el historiador. Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Son geniales esos relojes que no se ponen de acuerdo, esos párrafos dedicados al tiempo, el cañamazo en que bordamos nuestras tonterías.

Del primer capítulo me sedujeron los relojes y...el grillo.

Vivió de sus novelas y del pan de Viena; su enemigos le llamaban panadero como si eso fuera un insulto. Fue un hombre genial...y cascarrabias. Y no se mordía la lengua, no.

Me gustan los escritores que ponen muchas comas y muchos puntos, me dejan respirar, je, je.

Descubrámosle. Tus entradas nos dan excelentes pautas.

Un abrazo.

Feliz Navidad, Pancho.

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

Nos va a gustar esta lectura de Pío Baroja. Se aprende mucho con una buena guía, un poco de disciplina y las aportaciones de todos.
He venido unas cuantas veces, y -como siempre me ocurre- me entretengo, y al final no dejo comentario, porque no son horas.
Tus enlaces musicales acertados. El vídeo de Luis Pastor, con la canción y la imagen que queda fija, me ha llevado al día de la fotografía del carnet de familia numerosa, que nos hacíamos los que éramos cuatro hermanos.
¡FELICES FIESTAS!

Abrazos

Ele Bergón dijo...

Felices Fiestas Pacho-Celestino.

Seguiremos con La Busca, a ver si encontramos algo.

Besos

Luz



Estrella dijo...

Qué bien ilustra esta entrada los tres capítulos que llevo leidos. Me ha gustado mucho. Y cómo se enriquece la lectura con buenos guías.

Saludos.

Myriam dijo...

Leí estas dos entradas que hasta ahora has publicado. Me gusta mucho tu contextualización histórica. Sabía muy bien que España había perdido Cuba, pero no tenía idea de que esa pérdida había sido tan importante para la moral española que la tomó como un signo de decadencia o quizás, si fue el punto de inflexión.

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