domingo, 21 de octubre de 2012

Calle de la Rúa




La calle de la Rúa o Rúa Mayor es el camino más corto para cualquiera que quiera desplazarse desde la Plaza Mayor a la Plaza de Anaya. Hasta finales del S. XIX la calle sólo llegaba hasta el cruce con la Calle Palominos. La apertura del tramo hasta Anaya, después de un largo proceso de expropiaciones, fue una de las principales reformas urbanísticas de la época.

 


En 1897 Azorín describía la ciudad como una población llena de contrastes tras una visita a Salamanca: “De calles estrechas, tortuosas, de piso desnivelado, con casas desiguales; aquí un edificio reciente, inexpresivo; allá un caserón antiguo, pintoresco; un vestíbulo limpio, reluciente, de casa confortable, y un zaguán lóbrego, oliendo a humedad, con pavimento de pelados cantos” (El País, 4-II-1897).  


















A principios de S. XX. 

Una breve estancia de dos días -octubre 1877- fueron suficientes para dejarnos “la descripción más viva, amena y poética que hasta ahora ha inspirado la vieja ciudad del Tormes”, como señala Alberto Navarro en el prólogo del relato "Dos días en Salamanca" de Pedro Antonio de Alarcón: 

" Pero, antes de darle vista, aun nos detuvimos un poco en la Calle de la Rúa, digna por todo extremo de su renombre. -Yo no recuerdo haber pasado en pueblo alguno por calle que tenga tanto carácter de autenticidad secular; donde tan íntegros e intactos se vean los antiguos usos y costumbres, donde tan viva y patente se toque la España de la Edad Media, no ya representada por mudos monumentos ni aislados edificios, sino por las tiendas y por los talleres que siguen abiertos al público; por las mercancías que en ellos se venden o se elaboran; por la disposición de sus escaparates, mostradores y armarios; por las industrias allí fehacientes; por todas las casas, sin excepción alguna, desde las de aspecto señorial hasta las más humildes y vulgares; por sus vidrieras, visillos, cortinas, esteras y zarzos; por los muebles en activo servicio que se columbran en algunas salas bajas; por el color, el empedrado y hasta los transeúntes de la misma calle; por todo, en fin, lo que es su estado presente, su movimiento actual, su existencia social de hoy... 

Abundaban en aquella calle las tiendas de filigranas de plata y oro, trabajadas éstas del propio modo que en tiempos de la Reina Católica, y había también bastantes librerías... ¡Librerías en Salamanca! ¡Era de esperar! Estábamos en la patria del saber... -Pero ¡ay! ya dista mucho el comercio de libros de Salamanca de lo que fue antiguamente...

A vista de pájaro.








Aspecto que presentaba ayer por la mañana
Vista nocturna desde la catedral nueva

En invierno

Las imágenes nocturnas y la vista desde el aire son de La Gaceta.

  Las otras en B/N son escaneadas de diversas publicaciones.

9 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Calles de Salamanca ¡con tanta historia! No me extraña que haya tantos escritores que las describieran a conciencia... Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Ni un coche. nadie espera que pase ninguno, el perrillo tan tranquilo, tertulias en mitad de la calle.

Bella tu Salamanca, antes y ahora.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

El callejero salmantino, recorrido con tus palabras, gana. Contagias tu amor por la ciudad, querido amigo.

Aldabra dijo...

es increíble comprobar como se detenían en el análisis de las ciudades... y ya por aquel entonces se quejaban de el descenso de las librerías/venta de libros... y así seguimos.

biquiños,

Anónimo dijo...

Librerías como la Librería Plaza, "VNIVERSITARIA", según reza el rótulo pintado con tinta roja, tan habitual sobre las paredes de piedra salmantinas.
Saludos.

María dijo...

Cuánto se esconderá entre las piedras de una de las más mágicas calles charras!
P.D. no me puedo imaginar que antiguamente la Rúa no llegara hasta Anaya (es uno de sus más preciados encantos)

Ele Bergón dijo...

Tu Salamanca de ayer, de hoy y de siempre. ¡Qué añoranza y cariño se desprende en esta entrada!

Besos

Luz

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

Esta entrada tuya da para un comentario largo.
Volveré, mañana.

Un abrazo

PENELOPE-GELU dijo...

Buenas noches, pancho:

¡Del 27 de octubre al 3 de noviembre!.
Llego tarde, perdona; pero quiero dejarte, el enlace de la entrada en mi blog, que me inspiró la lectura de esta tuya.
En cuanto al escrito de Azorín, no es difícil imaginar lo que le parecería -a un mediterráneo- una ciudad castellana por estas fechas.
La fotografía de las mesas vacías, con los jarroncitos de flores, me encanta.
Y la calle de noche y el suelo con las marcas en la nieve...

Un abrazo.