martes, 18 de enero de 2011

Con la puerta en las narices

"¡Gorostiza! Defenderé ante él la expedición al Purgatorio como un proyecto didáctico que interesa a la sociedad civil"


INQUIETUD EN EL PARAÍSO. OSCAR ESQUIVIAS

III – EN LA CASA DEL PUEBLO
(2)

Los rosales injertados en zarza que trepaban por la verja olían bien. Sus flores despedían un aroma que subía hasta las habitaciones individuales del seminario. El autor nos describe unas vivencias un tanto idílicas del seminarista. Nos habla de su desnudez ante el espejo. De poesía, de Petrarca y Juan Ramón Jiménez. Del deporte, de música y de dios del que pensaba que sólo entendía el lenguaje poético: “Dios está azul, vivan las rosas, las rosas del amor”. El Arzobispo propone cambiar amor por caridad. El amor es un asunto sospechoso en ambientes cerrados, pero para Rodrigo no es lo mismo. El seminarista se siente poeta, no por los versos que escribe que le parecen torpes, sino porque se asimila al yo del poeta. También lee poesía moderna que le proporciona don Eduardo Ontañón.

La relación de Rodrigo con el Arzobispo Castro procede de su tío Bernabé que le escribe en latín, algo que teme porque, cada vez que lo hace, se tiene que tirar la tarde usando el diccionario. No le queda más remedio que llevarse lo mejor posible con él ya que personalmente le paga la beca de organista. Él la ahorra para pagarse las clases particulares en verano. Rodrigo está convencido de que el Arzobispo no sabe de música, lo comprobó al tocar trozos de La Traviata en la consagración. Sus opiniones sobre música las ha leído y luego las repite sin criterio. Sin embargo, el seminarista, se siente agradecido, feliz porque: “aquella había sido su única oportunidad de escapar del pueblo, de estudiar, de poder dedicarse a la música, de estar cerca de la poesía y de Dios, de evitar el matrimonio y los negocios familiares”.

Aquella mañana el padre Cosme le pone al día de lo que cuentan los periódicos del asesinato de Calvo Sotelo y le sorprende con sus teorías sobre la Educación Física, cuando por su aspecto no parece haberla hecho en su vida. Le confiesa que ha luchado para que el capitán Mingo les dé clase, en un ejemplo claro de conexión milicia – clero. Piensa que el único partido nuevo es la falange, por eso se lleva a los jóvenes. El resto están trasnochados, repitiendo esquemas del XIX. Será porque son vestigios del antiguo régimen que las Casas del Pueblo sufren ataques frecuentes. Afirma que el mensaje de Cristo es fascista. De decirlo se arrepiente seguidamente y le pide a Rodrigo su opinión sobre el viaje al Purgatorio. El seminarista se siente decepcionado porque sólo le haya requerido de porteador de su maletín. Esperaba una invitación a un viaje al que sólo pueden ir poetas, como él se considera. Una anécdota con uno de los cubos de fregar de las monjas que hacen la limpieza, ponen la nota de humor a la profundidad teórica de la conversación, de la misma forma que hacía Cervantes en el Quijote con sus famosos juegos de contrastes barrocos.



"Cuando Rodrigo abandonó el coro para dirigirse a la sacristía comenzó a sonar de nuevo la música de César Franck".


Rodrigo acude a una cita con el organista de la catedral, padre Belzunegui. Éste le da una carta de recomendación para Antonio José Martínez Palacio, joven músico que da clases particulares en el verano. El padre le recomienda que sólo atienda a lo que hay en un pentagrama. Él sabe que ha estado en París, conoce la música moderna y además es algo sociata.

Manuel Machado:
"Yo soy más bien de derechas [...] porque eso de hacer la revolución es muy cansado"

Oscar Esquivias nos introduce a continuación, además del músico citado, a Manuel Machado, otro personaje real del mundo de la cultura de la época. Ambos coinciden en Burgos en esas fechas. Nos presenta una divertida escena de Manuel Machado del brazo de su mujer por las calles de Burgos. El escritor manda a su mujer que pregunte por sus obras en las librerías. Para Eulalia se trata de un viejo verde. Fácil de hacer feliz poniéndole un culo gordo delante. Da bastonazos al andar, como asegurándose de que las baldosas no bailan en el suelo. Se declara derechista por higiene. Afirma que ser revolucionario cuesta trabajo. Hay que leer autores extranjeros como,Kierkegaard o Marx. Dibujado como un Bon Vivant al que la política se la trae al pairo, sería el primero en hondear la bandera roja si las chicas guapas se hicieran de izquierdas. Escandaliza a su mujer al afirmar que el torno de los conventos es el invento más erótico que existe, con todas esas jóvenes virginales desaprovechadas. El director del periódico de extrema derecha El Castellano le advierte de que no regrese a Madrid el dieciocho porque le han dicho de Pamplona que va a hacer mucho calor.

Rodrigo al recibir la beca se convierte en operario de usos múltiples, además de tocar el órgano. Le encargan trabajos finos, de confianza. Tiene que llevar al Santo Cristo de Burgos al barbero una vez al mes. Lo bajan de la cruz, lo meten en una especie de ataúd y lo llevan a la barbería. Al no existir una norma clara de corte de pelo y barba, hacen la faena a gusto del transportista, lo pelan como un quinto; así le tardará más en crecer.

Rodrigo acompaña a don Cosme en su peregrinaje por las distintas instituciones, al objeto de recabar apoyo para su viaje al más allá. En el Obispado, Monseñor Castro rechaza de plano la idea del viaje al Purgatorio. Ni siquiera tolera la posibilidad de que alguien se lo proponga. Le advierte de que si sigue con una propuesta tan desatinada, le aplica el Código Canónico en toda su severidad. El padre Cosme piensa que un éxito del viaje sería un golpe al ateísmo.


"El compositor era un hombre de gruesas cejas, mirada intensa y noble que se imponía tras sus gafas redondas"
Rodrigo acude a casa del músico Antonio José que vive en una habitación de la casa de su hermano. La música clásica no debe dar para vivir. El seminarista lleva consigo dos recomendaciones de bien diferente procedencia. Una del clero, representado por el padre Belzunegui; otra de la madame de la casa de mancebía. Tanta variedad sorprende al maestro. Descubre que Rodrigo conoce músicos, pero le extraña que no sepa de Bach, aunque piense que es bueno. Bach es protestante; por lo tanto, lo que no se escuche en el cielo tampoco se puede escuchar en la tierra. Tiene una cotorra a la que le enseña el Oriamendi. No hay manera de que lo aprenda. Entre ambos se establece una evidente atracción. Será un placer darle clases particulares al seminarista.

Se disponen a explicar el proyecto al gobernador catalán Fagoaga, un republicano blando. Sus expectativas de apoyo se ven completamente frustradas. Abandonados del apoyo oficial, ni la iglesia, ni el gobierno quieren saber nada de la expedición. El representante del gobierno en Burgos se muestra temeroso del uso de la dinamita en el interior de un monumento nacional en el que la República gasta mucho dinero en su conservación. El portazo de don Cosme al dejar el despacho del gobernador retumbó en todo Burgos. El tratamiento que los periódicos locales dan de su conferencia saca de sus casillas al padre Penitenciario. El ultra El Castellano no dice ni una palabra de su expedición. Trata a Dante como un Eunuco. El Diario de Burgos confunde a Petrarca con Dante.

Rodrigo ve lágrimas en los ojos de don Cosme al bajar las escaleras del Gobierno Civil. Se ofrece para ir con él donde haga falta. Don Cosme le intenta disuadir diciéndole que será señalado, se quedará sin beca, será expulsado del seminario. Rodrigo insiste en su lealtad. Incluso le señala que el Arcediano le está indicando el camino. No puede decepcionarle. Don Cosme le pide perdón por meterle tantas ideas, extrañas para los demás, en la cabeza.

"En la plaza de Prim les echó el alto un grupo de hombres que portaban banderas rojas"

Rodrigo acompaña a don Cosme a llevar el viático a la señora Anastasia. Un grupo de hombres con banderas rojas dan el alto al taxi en el que van. Román está entre ellos. La revolución va a comenzar y no quiere que le pille en la cama. Los dejará pasar si dicen en voz alta: “Viva el desnudismo y el amor libre”. Los de la patrulla los escoltan como si fuera el ejército que desfila a paso lento en las procesiones. Lo que en realidad les interesa es el moscatel que se reparte después del sacramento. Es tarde y no vendrá nada mal un trago para entonarse. Don Cosme echa a toda la gente ajena de la habitación y firma un certificado de los suyos, de administración de sacramento, que eran ilegales, pero hacía mucho bien a los desahuciados; como si el papel firmado por el padre Penitenciario fuera una garantía o carta de recomendación ante las autoridades del más allá. Justo en el momento que va a administrar el sacramento, una tortuga muerde un dedo de Rodrigo que le hace chillar. Don Cosme se sorprende de la presencia de tanta personalidad reunida en el mismo sitio. Reconoce a Dávila, al padre Zamora, a Urraca Pastor. Muchos buitres juntos – piensa -. Aprovecha para pedir un pelotón de soldados para escoltar su misión. El capitán Paisán promete hacer todo lo posible para concertarle una cita con el Gobernador Militar. Quizá necesite los soldados para defenderse del animal que hay en medio de PUR – GATO – RIO.

Entre la portera y la criada echan a todos los socialistas de la patrulla que se habían dado de bruces con los golpistas sin enterarse en casa de la moribunda. Perfecta metáfora de los ciudadanos de las dos Españas bajo el mismo techo, pero a punto del navajeo para despellejarse unos a otros.

[...]catalán, galego, euskera,
lacandón, Castilla,
tópica España,
fibra óptica y ladillas.

Joaquín Sabina.




Este comentario pertenece al club de lectura que dirige desde La Acequia, Pedro Ojeda Escudero.

Hoy martes tocaría subir la entrada correspondiente al Habla de Lumbrales, pero como vamos mal de tiempo con "Inquietud en el Paraíso" y el que manda en el blog es uno mismo ( que es de los pocos sitios que dejan a uno mandar), dedicaremos el espacio del martes de esta semana a Oscar Esquivias.

10 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Bien ilustrado...vaya con los enlaces... muchas educaciones y malas educaciones confluyen al igual que los intereses...me pareció simpática la escena de Machado...no me refería a triunfar monetariamente...si no por obra... para mi que Manuel tuvo mala suerte por ambas partes en la guerra por ser hermano del que fue y después y ahora por sus ideas...a eso me refería...un abrazo

Asun dijo...

PANCHO, me dejas asombrada con el curro que te pegas. Esto sí que es implicarse y comprometerse con la lectura: resumen, imágenes, enlaces, vídeos, música... Vamos, completa, completa.

Un beso.

Merche Pallarés dijo...

Me he entretenido yendo a tus enlaces. En el de "Oriamendi" me ha subyugado la cantidad de cuadros carlistas. ¿Quién sería el pintor? No lo he logrado ver bien del todo.
Como dice ASUN, MUY currado tu post. Besotes, M.

Ele Bergón dijo...

Pancho, que bueno y meticuloso analisis del mundo del arte: poesia y musica.

Te digo lo de los aneriores, muy currado y muy bien ilustrado: fotografias, videos, textos. Todo fenomenal.

Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Una de las mejores cosas retratadas por Esquivias en la novela, es el ambiente cultural de la ciudad de provincias... que no lo olvidemos, se convirtió en "corte" franquista llena de escritores e intelectuales partidarios de la sublevación al poco.

Myriam dijo...

Una entrada supercompletita que me ayuda a fijar màs la sociedad de esa época tan particular retratada por Esquivias. Gracias y besos.

Aldabra dijo...

un resumen estupendo y muy buenos enlaces, tenía pendiente escuchar el Oriamendi que me ofrecía curiosidad y ahora ya lo escuché; en realidad lo había oído alguna vez, supongo que de pequeña.

desde luego algunas de las escenas que nos propone Óscar son esperpénticas o quijotescas, porque anda que hacer una reunión en la casa de una moribunda... y lo de la tortuga... es que no tiene desperdicio.

por cierto Antonio José era un hombre muy atractivo... je je

biquiños.

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

Has trabajado mucho la entrada. Y si consigues memorizar los personajes, ya te has ganado el premio. Y si lo hay, el Cielo.

Cuando comience la lectura con el libro, y a comprobar fechas y datos, le voy a tener que dedicar un tiempo en exclusividad. Qué cantidad de personajes.
De todas maneras, sí es de Burgos, porque hay morcillas por todos lados. Lo de 'La traviata', por ejemplo, no tiene punto de lógica por ningún lado.
Y lo del corte de pelo, no le veo la gracia.
Ay, Esquivias, que vamos a tener que hablar, y cotejar.

Saludos.

Paco Cuesta dijo...

Rodrigo me parece todo un símbolo de la época. En cuanto al Cristo de Burgos, la leyenda popular -layenda al fin- mantuvo durante mucho tiempo y posiblemente algunos lo mantengan que realmente le crecían el pelo y las uñas.
¡Trabajas mucho!

Abejita de la Vega dijo...

Rodrigo se refugia en la poesía, en la música, es un soñador que huye de lo que tiene delante, que no es muy atractivo. Es un personaje encantador. También Román tiene su encanto, sólo desea sobrevivir.

Antonio José fue nuestro ruiseñor, al que mataron. También a su hermano Julio, maestro y periiodista. En el monte de Estépar.

El personaje de Manuel Machado siempre lo he justificado como fruto del miedo, vete a saber.

La canción de Sabina viene al pelo. Has hecho un buen trabajo, bueno, nos tienes acostumbrados.

Lo del Cristo de Burgos en la pelu tiene su chispa, aunque sea morcilla y de Burgos.

Un abrazo