jueves, 20 de agosto de 2009

Don Quijote toma las riendas

Dibujo de Gerardo Trives

CAPÍTULO 2.11

Tras el fiasco de toda una noche siguiendo el rastro de una esquiva Dulcinea, la fingida ida y vuelta de S al Toboso y el episodio de las tres labradoras, C nos presenta a un S preocupado, cumpliendo con su labor de amigo y compañero. Gran diferencia con el S interesado que conocíamos o tal vez, más interesado que nunca, porque ve peligrar la posibilidad de medrar o recibir los tres potrillos que su amo le acaba de prometer. Tan alicaído ve a DQ, que ni siquiera tiene fuerzas para llevar a Rocinante de las riendas. Un hidalgo profundamente decepcionado por no haber cumplido las expectativas de recibir la bendición de su amada, pero que progresivamente va cogiendo aire, haciendo caso de los consejos de su escudero.


Los encantadores que habían hundido en la miseria a DQ hasta el punto de hacerle exclamar "soy el más desdichado de los hombres" aparecen ahora como causantes del encantamiento de Dulcinea, a ojos de DQ, tan ensimismado como estaba en la búsqueda de un remedio. Al poner C en boca de DQ: "... tocar las apariencias con la mano para dar lugar al desengaño", está dando cancha a sus tribulaciones con relación a su amada, pues no olvidemos que la supuesta D no permitió que el Caballero Andante llegara a rozarle la mano en el episodio anterior. Asimismo, vemos entre líneas una de las pocas cosas que se nos revelan en la novela de un DQ joven, cuando dice de sí mismo : "...en mi mocedad se me iban los ojos tras la farándula".


Nos encontramos con una triple faceta de S en el capítulo: hace de psicólogo, levantando el ánimo del caballero; traumatólogo, componedor de huesos y magulladuras; amigo, ahorrándole una paliza más que segura cuando los contendientes son pocos contra muchos. Además comprobamos la fidelidad de S con su amo, que va más allá de su interés material al elegir ayudar a DQ a subir al caballo, en lugar de evitar un nuevo robo de su burro por el diablo de las vejigas hinchadas y cascabeles, si bien también es verdad que la buena acción obtuvo su recompensa gracias a que el asno regresó solo a la querencia.


También es interesante observar el protagonismo que C concede a Rocinante en el episodio. Primero, guiando una marcha lenta, que aprovecha para pastar, como consecuencia del alicaimiento de su jinete. Luego, dando con sus huesos en tierra, junto a DQ "ordinario fin y paradero de las lozanías de Rocinante y de sus atrevimientos" . Aterrizaje consecuencia de un espanto provocado por un diablo bailador con vejigas hinchadas, componente de una de las ocho compañías de teatro autorizadas a representar en los escenarios y que por allí caminaban, todavía vestidos en una carreta. Finalmente un DQ recuperado, que vuelve a coger las riendas de su vida y de la historia junto a las de Rocinante, continuando su camino con dirección a Zaragoza.


Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma.


5 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

A mi tambien me llamó la atención que Cervan, en boca de Quijo, dijera lo de su fascinación por el teatro desde joven. Excelente tu análisis y el dibujo estupendo. Muchos besotes, M.

Jan Puerta dijo...

Don Quijote coge las riendas, pero parece subordinado a las palabras de Sancho.
En este capitulo nos llevamos mas de una sorpresa tanto por lo que explica a grandes rasgos como lo que detalla con una gran sutileza.

Un abrazo

pancho dijo...

Merche: Seguro que muchas de las afirmaciones de DQ son autobiografía de su creador. Del dibujo no tengo otra responsabilidad que escanearlo y subirlo. Pertenecen al libro: "Flor y nata de la Andante Caballería". Ilustraciones de Gerardo Trives. Edición al cuidado de J. Leyva. Lo encontré en una feria del libro que hacen todos los años en la Plaza Mayor de Salamanca.

Jan: en este capítulo DQ se recupera del batacazo recibido en el Toboso. Se deja aconsejar por un S tan socarrón como Sansón.

Abejita de la Vega dijo...

A Cervantes le apasiona el teatro y no se aguanta sin decir lo de la farándula y la carátula, bien por los esdrújulos.
Sigue con el tema del teatro en el capítulo siguiente....A Cervantes ¡lo que le hubiera gustado ser Lope de Vega!
Un abrazo, pancho

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Desde luego la nueva faceta de Sancho es fascinante..como ha cambiado...saludos amigo ya de vuelta...