jueves, 31 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo (5) Oscar Esquivias. El arpa eólica. Locura creativa.





¡Ah, si vos supierais de lo que yo sería capaz! Barrunto algo revolucionario, que va más allá de toda imaginación. Pero me falta valor..."


Andarás perdido por el mundo (5) 
Oscar Esquivias 
El arpa eólica 

París, diciembre de 1823, el señor Cherubini, director del Conservatorio,  reina en la escuela de música como el pastor de un rebaño grande de ovejas. Un mastinazo suelto y sin bozal amedrentando al género lanar. Pasea su importancia por los pasillos, siempre pendiente del menor ruido. Escondido detrás de la mata, aparece en el momento más inesperado. Los muchos años de experiencia le han dotado de invisibilidad, de la capacidad de atravesar paredes como un fantasma. ¡Cuánto tienen las paredes que callar! Testigas mudas de cómo aquel profesor no devuelve el libro de la biblioteca, el bedel malencarado mea en los tiestos del pasillo o el afinador de pianos se beneficia a un jovencito estudiante esbelto como un gladiolo. Hoy ya le habrían abierto un change. La experiencia también le sirve para adivinar los problemas antes de que se produzcan y así poder evitarlos. Por eso y por ser un gran compositor le admira Maurice Pons, viejo músico que lo tuvo que dejar por la convulsa situación social del país. Los conflictos redujeron sus posesiones de forma drástica, hasta la indigencia. No tuvo más remedio que aceptar un trabajo de tono menor: afinador de pianos en el Conservatorio, incluso antes de su fundación, cuando era la Escuela de Música de la Guardia Nacional. 

 “Yo ya soy viejo y he vivido muchas decepciones.” Se presenta el veterano Maurice Pons, afinador de pianos y voz narradora del cuento, como tanteando un poco el camino hacia la tumba. A la manera de los narradores de Gustavo Adolfo Bécquer en algunas de sus leyendas más nombradas, mezclado con las maneras del Marqués de Bradomín, feo católico y sentimental, vencido por los años y la conquista de jovencitas, pero de la otra manera. 

Maurice es testigo de una conversación en la biblioteca del conservatorio entre Cherubini y Héctor Berlioz, veinte años recién cumplidos, una revelación erudita de conocimientos musicales y de la Historia Sagrada, para iniciados es la mezcla fantástica de instrumentos quiméricos (raros de cojones diría un castizo),  la Biblia, ópera y el silencio cargado de tensión narrativa a la espera del trueno, casi instantáneo, cuando la tormenta está encima. Maurice sabe tratar a los talentosos jóvenes artistas, que hartos de recibir portazos y promesas incumplidas, caen rendidos a los pies del experto adulador. 




"Los cementerios están llenos mi caro amigo"


El viejo afinador va a visitarle a un edificio noble, de planta palaciega que “según se ascendía por la escalera, ésta se iba estrechando, perdía la alfombra, el barniz de sus tablones, la fina labra de la barandilla, y conducía ahora a unos pasillos tenebrosos donde se multiplicaban los tabucos de alquiler, llenos de toses tuberculosas, lloros de niños hambrientos, peleas conyugales y otros sonidos terribles propios de la Sinfonía de la Pobreza, la más interpretada en nuestra desventurada ciudad.” Berlioz lo recibe en un chiscón hermético con un hedor insoportable y a la vez con unas corrientes frías inexplicables. El imperio creador del doctor Frankestein. El camaranchón es una especie de gabinete de instrumentos extraños, laboratorio de sonido de un lutier loco por la música en constante lucha por llegar al interior de la melodía, a la fuente donde nace el misterio del sonido armónico. Descubre abortos de instrumentos innombrables como el guitarrocorno o el tubacello, pero la joya de la corona es un arpa que descansa en un ángulo oscuro, un artefacto de cuerda que funciona con el aire de unos fuelles activados a pedal que hacen vibrar las cuerdas y produce unos sonidos escalofriantes, como maullidos de gato o el estruendo de una galera desencuadernada en mitad de una tormenta. 

La portera que llama a la puerta de manera imperiosa se impone y detiene el concierto aterrador. Trae una carta de su hermana Nanci. Por ella nos enteramos de la procedencia del músico joven y su plaga de vida. Su padre le da la asignación mensual al doctor Amussat que sólo se la trasladará a cambio de la asistencia a las clases de medicina. No es nuevo en Oscar Esquivias recurrir con magisterio al género epistolar como forma de avanzar en el relato. Sólo una carta es necesaria para enterarnos de sus circunstancias familiares. Un padre preocupado por el abandono de los estudios y por la dedicación exclusiva a la música de un hijo incendiado por la pasión de la música. 




"Mamá le implora que te rescate de París, dice que la ciudad te ha engullido como la ballena de Jonás"


Berlioz se presenta encolerizado en el despacho del doctor para exigirle la asignación paterna. El doctor Amussat se muestra inflexible, no admite blandura. De nada le sirve apelar al hambre y a las deudas contraídas, únicamente le dará el dinero si reanuda las clases. De momento le ofrece un trato para paliar el hambre: por cada fiambre completo que le traiga al hospital le dará diez francos a cambio. Si es un trozo, la parte proporcional. 

El músico hojea la sección del obituario de un periódico y ve que entre las bajas del día se encuentra madame Rusconi, célebre soprano en sus años jóvenes. Dispone encontrarse con Maurice a las puertas del cementerio de Père-Lachaise a media noche. Con el cadáver de madame Rusconi en la casa de la calle Saint-Jacques, barrio universitario de la Sorbona, concluye el relato, pero antes de cerrar la historia y el libro está el intento de resurrección del material sobrante. La redención de la carne inerte para el arte de la música que recuerda aquel solemne Miserere de la Abadía de Fitero de la leyenda de Bécquer. Merece la pena dedicar un rato a leer el tramo final del cuento con sorpresa. Es notable la habilidad del autor para la descripción del horror sin cargar las tintas, ni recrearse en los aspectos escabrosos del asunto cuando lo tenía todo a favor con el engendro macabro de la genialidad malvada, basado en el movimiento primario de la inspiración y la expiración que permite respirar y vivir. Otra muesca más en la narrativa de Esquivias.


Alone I limp through town 
A lost cowboy at sundown 
Got my monkey on a leash 
Got my ear tuned to the ground 
My faith's been torn asunder 
Tell me is that rollin' thunder 
Or just the sinkin' sound 
Of somethin' righteous goin' under
Bruce Springsteen





El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



miércoles, 23 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo (4) Oscar Esquivias. La casa de las mimosas. No sobra ninguno.





"No quiero echar raíces-era su explicación."


Andarás perdido por el mundo (4) 
Oscar Esquivias 
La casa de las mimosas 

La emigración no es el tema principal de este cuento, pero sin ella las cosas no habrían ocurrido del mismo modo en el relato. La historia nos dice que las guerras, las revoluciones, las convulsiones sociales traen como consecuencia la calamidad de los desplazamientos humanos no queridos, la emigración de muchas personas. Oscar Esquivias escoge la reconocible fecha de 1917 como el momento exacto en el que la vida cambia para Mijaíl, protagonista del relato, incluso antes de ser engendrado según sus cuentas posteriores. 

Mijaíl es el protagonista y narrador de La casa de las mimosas, como el Chino de Cuatro Caminos, hijo de madre emigrante. También comparte con Édison Gutiérrez que ambos fueron engendrados en un continente distinto al que el destino les da para vivir. 

Mijail nace en Santa Mónica, California, en la costa oeste de los Estados Unidos en diciembre de 1918. Pero su corazón vive en San Petersburgo; sus raíces descansan bajo la tierra de la Rusia de los zares, la que dejó de existir cuando lo de Lenín. Nace en una casa con jardín, amplia y luminosa con vistas al sonido ronco del océano Pacífico. Peliculones como la historia de amor de El doctor Zhivago o Acorazado Potemkin pararon el tiempo de la revolución. 





"Una de ellas era  la de Johnny Pépin-de-Pomme (Juanito Manzanas), un simpático barbudo que recorría los Estados Unidos con un cazo por gorro, una biblia y un zurrón lleno de semillas"

El relato destila aroma de los años veinte. Uno de los primeros recuerdos que guarda de su niñez pertenece a lo más entrañable de la cultura americana. Recuerda las salidas al jardín para plantar semillas de manzana como hacía Johnny Appleseed en los cuentos que su madre le leía en francés. El jardinero fiel, Sidney, siempre le repite que es tontería sembrar nada en ese jardín enfrascado de exigentes raíces de mimosas que chupan toda la sustancia de la tierra. Sidney es otro hombre horrible. No es padre oficial, pero ejerce como tal, con esa querencia al uniforme de chófer que tanto le gusta a su madre. La única ventaja que le ve a las mimosas es que las semillas no se las come ningún bicho, así los pájaros no paran en el jardín lo cual le entristece a Mijaíl

Su madre, que no nombra en ningún momento del relato, pertenece a la rica aristocracia rusa. La revolución la pilla durante el viaje de novios en Lucerna, en la Suiza neutral de una Europa desatada en guerra contra ella misma. Entre los recién casados deciden su marcha a Estocolmo y que allí espere acontecimientos, como hacen numerosos miembros de las clases pudientes rusas que así pueden seguir rellenando hojas de sus diarios porque evitan que sus cabezas vayan al cesto de los descabezados. A él lo requieren en su país. Ella nunca regresará a Petroburgo. Nunca la llama Leningrado, ciudad que cambia de nombre más veces que las serpientes de camisa o las calles españolas, cada vez que hay alcalde nuevo. 

El caso es que desde que las hoces y los martillos de los bolcheviques segaron cuellos y machacaron cabezas de la aristocracia zarista, el símbolo del comunismo se mira con recelo. Otro gallo rojo habría cantado si en lugar de herramientas tan fatigosas de manejar, se hubieran regalado puros y varas de mimbre para ir a los toros de Sevilla, como iba Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de Camborios

Mijail se queda como hijo póstumo de padre y con madre dolorosa, viuda y huérfana. Pero a pesar del destrozo patrimonial que los alzados parias de la tierra causan en su hacienda, aún le queda una gran fortuna en valores y acciones de empresas que Kartz se encarga de multiplicar. Uno de los negocios que más productivos se revela es invertir en productoras y salas de cine que le suministran pingües beneficios. A la sala que construye en Los Ángeles la llama Alexander Nevski, héroe medieval ruso. Conocido por la película de Eisenstein y por la catedral de Sofía. 




"Creo que fue cerca de fin de año cuando Sidney nos llevó al Alexander Nevsky"

A mi juicio, he aquí la principal sorpresa que el cuento encierra. Hasta la mitad del relato no se nos presenta el verdadero tema principal, alrededor del que gira la trama y justificación del cuento. De la mano de Mauritz Stiller aparece por la casa una belleza rubia escandinava, pura dinamita. Magia emergente que viene a retirar a la casta acomodada del escalafón de actrices del momento, entre las que se encuentran las legendarias: Mari Pickford, Paola Neri o Lillian Gish. Se presenta tímida, incapaz de articular un discurso en inglés, pero explosiva y de nombre español impronunciable para una rusa. La madre cree que Garbo, Glenda Carpio ” dice ella, nunca llegará a nada en el mundo del celuloide, bien se podría volver a Estocolmo a vender sombreros. Mijaíl descubre la magia del cine aunque para su madre Charlie Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd no sean más que saltimbanquis. Para ella el verdadero artista es Rajmáninov

“A mí esto me llenaba de felicidad, porque pocas cosas me maravillaban más que el cine. Siempre sentía un escalofrío cuando se apagaban las luces de la sala, el pianista encendía la bombillita de su atril, se abrían las cortinas de terciopelo y aparecía por fin la pantalla, blanca, enorme. El pianista daba unos acordes y con esa señal, se oía cómo un motorcillo del proyector se ponía en marcha, un haz de luz atravesaba el vacío y allí surgía el milagro.” El autor describe con palabras precisas el asombro de un niño de ocho años ante la maravilla del cine mudo, el séptimo arte estaba dando sus primeros pasos. 

A Mijaíl lo que realmente le estremece son las películas de romanos. Le entusiasman las carreras de cuadrigas de Ben-Hur, la solemnidad de los desfiles marciales de las legiones romanas. Las reuniones de su madre con las amigas son un manantial constante de cotilleos sobre actores y el mundo del cine. ¿La Garbo lesbi?, pero lo que realmente le conmueve es que Sidney ejerza de hombre horrible y mate un mirlo sin inmutarse. 

Por fin de año, Sidney los lleva al cine. Van a ver “El Demonio y la carne” con Greta Garbo de estrella. Tiene ocho años y es el momento exacto en el que siente la llamada de la sexualidad, el paso de la infancia a la edad adulta. Descubre que las  miradas de John Gilbert y Lars Hanson van más allá de la amistad. Los besos de la Garbo le parecen perturbadores. Ya no es un niño. Ha dejado la infancia, no sin antes crear un clima de obra grande en el relato.



Al tocar no falta nada
porque no sobra ninguno,

y en la motxila, los sueños,
suman más de veintiuno,
Mikel toca los platillos
al revés, como los buenos,
y el Piñas nos trae sonrisas 
que derriten los inviernos.
Motxila 21







El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



martes, 15 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo (3) Óscar Esquivias. El príncipe Hamlet de Mtsensk. La noche anterior.






"Yo me había puesto mi americana de verano y una corbata de Timoféi Borísovich (tenía docenas de ellas en el antiguo armario de mi padre, colgadas de perchas como anguilas muertas)"

Andarás perdido por el mundo (3) 
Óscar Esquivias 
El príncipe Hamlet de Mtsensk 

Yuri es el protagonista y voz narradora del cuento. Para que el relato no se atranque en el monólogo el autor le da a Vania, compañero sacado de su costilla. La narración gana en fluidez con esta estrategia que Esquivias maneja a la perfección como vamos viendo en estas historias breves de longitud, pero intensas en contenido. 

 Los hechos ocurren en la ciudad rusa de Mtsensk (intente usted pronunciar nuestro Sánchez sin vocales: / Snchz /) La Wikipedia dice que la ciudad es un poco mayor que Soria en número de habitantes y también al lado de un río. Las cosas pasan en doce horas de cuerpo escombro, resacosas,  después del desparrame nocturno. Que, sin embargo, no les impide ensayar toda la mañana, pasear en bici hasta el río para visitar a los tíos de Vania, el regreso a casa pedaleando con la tarde ya vencida y una coda final de Vania rondador, mariachi nocturno rechazado por Yuri. La banda sonora es la música de Borodin, cuya  obra ensayan como homenaje a su profesora de piano, la señorita Kotkowska que acaba de morir. La música clásica es el hilo conductor que guía la construcción del relato, la argamasa que une los pensamientos de Yuri, que sacan a la luz los recuerdos de sus experiencias vitales desde la niñez. Los ensayos junto a Vania desde niños, la escuela de Oriol. Los viajes de cuarenta minutos de ida y vuelta en tren. El coche de la madre. La muerte de su padre a los catorce años y matar a Lanskoi, su padrastro, otro hombre horrible. De él ha hablado con Vania la noche anterior y no se acuerda de qué. El homenaje es una excepción: ha decidido no volver a tocar en público más. 




"Las clases eran siempre individuales y estaban organizadas con una severidad estalinista"


En efecto, Vania y Yuri son dos músicos jóvenes. Vania toca la viola y Yuri el piano. Ambos están con resaca, se les amontonó la noche sin esperanza de día y se pasaron con la bebida. Los ojos enrojecidos, la voz ronca, el rostro lívido y el aspecto enfermizo delatan los excesos de la bebida sin medida. Yuri paga ahora las consecuencias, pero los diecinueve años de juventud pueden con todo. Tienen ensayo con otras tres chicas en casa de la señorita Kotkowska a las afueras de la ciudad. Como todos los extrarradios de las ciudades desordenadas, la casa está rodeada de antiguas tierras de labor, algunas sembradas de centeno, salpicadas de desmontes, escombreras, vertederos incontrolados y edificaciones semi abandonadas dedicadas a establos de ganado, naves industriales guardadas por feroces perros morales, que se alborotan a la menor, ahora lo hacen al sentir la levedad de las bicicletas rodando por la proximidad y el correteo nervioso de la perra Aliosha con embudo para evitar que se lama y deje cicatrizar las heridas. De vez en cuando, bares de luces con amplios aparcamientos de vehículos a la entrada. 

“Matar a Lanskoi” es el mensaje que su cerebro revuelto lanza al vacío desde la larga noche anterior. 

Yuri se encuentra en Mtsensk porque se ha organizado un homenaje a la señorita Kotkowska;  ha venido desde Moscú y cuentan con una semana para ensayar las piezas que van a tocar en la función. Esa mañana Vania y el perrito o perrita Aliosha lo esperan, cargado con la viola para ir juntos al ensayo. Yuri tiene la ventaja de ir descargado de peso –no de cabeza- por tocar el piano, pero el inconveniente de necesitar un camión cada vez que se muda de residencia. Como le pasó a la señorita Kotkowska cuando se vino con su piano desde Polonia cargado en la caja de un camión militar, el rostro surcado de cicatrices de guerra y acompañando a un coronel del Ejército Rojo al terminar la Segunda Guerra Mundial. 




El buen uso que el autor hace de las paradas narrativas es también digno de resaltar. Recuerda a Pío Baroja y sus descripciones de los descampados de las afueras de Madrid en “La Busca”. Cómo se para a observar el espacio que le rodea y ofrecernos en pocas palabras una descripción mezcla de tonos cromáticos, lejanía que empieza con los colores difusos de lo lejano y que va acercando con técnica cinematográfica,  hasta llegar al plano detalle de la algarabía de los gorriones comiendo las pipas de un equivocado girasol solitario bajo el sol de plomo del verano que cuartea la piel y arrebata la velocidad de los jardines. Indiferencia a las melodías abortadas de los ensayos de Boronin que salen por las ventanas. 

Este cuento es una joya, un trabajo minucioso de orfebrería. Uno de esos relatos que certifican la categoría en la que juega el autor. No tiene una lectura fácil en un primer intento porque hay elementos que se escapan en una lectura superficial. Te empieza a atraer cuando lo has terminado y te hace volver atrás para atar los cabos sueltos, fijarte en cómo está escrito. Hasta la última línea no terminas de rellenar los huecos del puzle.


Cuando se despertó, 
No recordaba nada 
De la noche anterior, 
demasiadas cervezas, 
Dijo, al ver mi cabeza, 
Al lado de la suya,en la almohada... 
Y la besé otra vez, 
Pero ya no era ayer, 
Sino mañana.
Joaquín Sabina





El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.




martes, 8 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo (2) Oscar Esquivias. El Chino de Cuatroca. Desórdenes.






"En aquel tiempo, cuenta mamá,  no había internet, ni webcams, ni celulares, ni siquiera locutorios"

  Andarás perdido por el mundo (2) 
Oscar Esquivias 
El Chino de Cuatroca. 

Los papeles dicen que Édison Gutiérrez es español, pero su corazón late panchito de Ecuador. Se siente guayaco auténtico aunque su conocimiento sea el barrio de Tetuán y sus límites no pasen de la glorieta de Cuatro Caminos. A Édison lo llaman el Chino desde niño por sus ojos rasgaditos como ojales. Tiene ya dieciséis años, los mismos que lleva su madre en Madrid cuando nada más llegar se le puso cuerpo de ola. 

El Chino es el narrador del relato, un soliloquio que narra en primera persona las peripecias propias y las de su familia, que encierra en sí mismo la virtud de la categoría. Como muchos otros de los relatos de Esquivias,  tiene la virtud de poder referirse a las vivencias de los cientos de miles de Brayan, Shirley, Gisela o Jefferson que poblaron de nombres sonoros la geografía nacional antes de la crisis. El cerebro desordenado del Chino bulle de recuerdos y nervio narrativo a pesar de su corta edad, recién salido de la adolescencia. Su testimonio es oro viejo. En su corta edad ha sido testigo de la revolución de internet y los teléfonos móviles. El cambio de costumbres. La vista baja en los semáforos (para qué tanto follón en cambiar los símbolos si nadie los mira) y en las calles, la fiebre del oro en las tiendas de compraventa del material dorado. La gente debe tener mucho oro en las casas para dar faena a tanto chiringuito de compraventa. Las colas en las cabinas de teléfonos después de las diez. La llegada de los negocios inestables, con ellos, los trabajos en precario. Inmobiliarias en quiebra por la burbuja, sustituidas por tiendas de chinos. En fin, Madrid a ras de suelo, a través de los ojos de un madrileño con rasgos andinos, con prisa y prosa atropellada, impaciente por contar algo importante, todo lo que recuerda antes de que se le olvide. 

Los salesianos de Estrecho, San Juan Bosco, Santo Domingo Savio, María Mazzarello, el Rector Mayor que vive en Turín. Los misioneros de África. Ejercicios espirituales, el miedo al infierno. Las filminas y la voz del trueno que anuncia: Ediciones don Bosco presenta… María Auxiliadora. 




"Al principio no fue fácil porque España estaba ya en sus años malos"

La mamá del Chino se casó con el hombre horrible y tienen dos hijos malcriados. Del hombre horrible, una especie de Manolo y Benito, aprendió a ser mañoso, a trabajar con las manos. Aprendió desde bien chico a arreglar enchufes, desmontar grifos para remediar averías de agua, a poner azulejos. 

Justo al cumplir los dieciséis se va de casa con lo puesto y una maleta. Encuentra una habitación compartida en el vecindario. Su compañero de habitación se llama Radhamés, un caribeño grandote como Bramidán de Tajayunque que se pasa las horas muertas de cliente y camarero en una discoteca latina. 

 “Un hombre no pue andar con pelos en el güevo, eso es de puros monos.” Le dice un día al Chino al tiempo que le pide ayuda para rasurárselos porque la barriga impide vérselos. 

La patrona vive en el principal del edificio. Todo el inmueble es suyo, emperadora del edificio. Parece una torre de babel de idiomas con jóvenes venidos de todos los rincones del planeta. Madrid mestizo, rompeolas mezcla de culturas. Aquí no hay okupas que vivan de gorra, todos pagan religiosamente cuando la señora Isabel la Católica se pasea por cada uno de los pisos cobrando la mensualidad. Sólo el ático lo tiene alquilado a una pareja de españolas que trabajan de “lanzadoras de cuchillo por llevarse algo al bolsillo.” O de tragafuegos por las calles. Y media docena de perros que les comen medio sueldo de ambas, canes que vigilan desde lo alto las ratas del patio. Perros centinela siempre con las orejas tiesas ladrando cuando las sienten correr por el patio. Tienen de uñas al vecindario porque los despiertan de tanto ladrar. Un día cazan la paloma equivocada de Alberti y arman la zapatiesta por los despojos. Nadie da cuenta a la protectora de animales desde que la alcaldesa de Barcelona ha dado licencia para matar palomas. Claro que estas pobres, Excalibur alado, no son palomas de la paz, son casta, la plaga. 




"Soy especialista en el método del doctor Tang"


A Radhamés lo que realmente le preocupa es que el Chino no aporte los setenta euros mensuales del ala por la habitación. Por eso le busca un trabajo y le amenaza con desahuciarlo y hacerle un escrache si no lo acepta. “Los mariconasos te nesesitan”, le dice. El trabajo consiste en cantarle en chino a Luna, la hija que tienen fruto de la fecundación in vitro e hija de vientre de alquiler. La madre de alquiler o biológica es una americana, hija de un exiliado chino, cuando lo de Tiannamen. De su padre artista heredó su afición por la escultura. Aprovechando los desechos, hace esculturas de balones pinchados, ratones de ordenador, bicicletas oxidadas, moñicas resecas de vaca, panales vacíos, ruedas de coches de bebés, móviles obsoletos y cosas así, rebuscadas con gancho en los contenedores de basura. 

Engendrado de prisa y corriendo una noche de amor en una playa de Guayaquil, el Chino envidia a Luna porque tiene dos padres y él ninguno. La sirvienta filipina con cofia (medio china) de la pareja desconfía desde el primer momento en que el candidato al empleo aparece para la entrevista. Se da cuenta de que los padres adoptan roles diferentes en la casa. Francisco es menudo y delicado. Julio es un armario empotrado que se pasa media vida en el gimnasio. Es como Radhamés, pero en fino. Francisco cambia los pañales. Los dos saltan como tocados por un calambrazo al menor llanto del bebé. Interiorismo de pareja de hecho. Naturalidad en lo raro, para lo que no hemos sido educados. 

El final hay que leerlo porque es la bomba real de la nit del foc. Lagrimones, goterones de risa rodando por el rostro garantizados. Hay que leer la forma espectacular con la que el autor sale airoso del compromiso que tiene a nuestro protagonista contra las cuerdas.


Acórtate la falda nueva 
despiértate al oscurecer 
túmbate al sol cuando llueva 
no desordenes mi taller
Joaquín Sabina




El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


lunes, 29 de febrero de 2016

Andarás perdido por el mundo (1) Oscar Esquivias. Ismael. Mar eterno.





"Se le ha enfriado la fe"


Andarás perdido por el mundo (1) 
Oscar Esquivias 
Ismael 

Lo bien hecho, bien parece (¿por qué no usar el refranero si es de lo mejor que tenemos?). Así reza el dicho y eso mismo pensamos de la sugerente portada de “Andarás perdido por el mundo.” Me refiero a la fotografía que llena la portada y a las pastas de cartón fuerte con solapas grandes que le dan un aspecto de firmeza y solidez al tacto, algo que se agradece cuando pagas al librero y te quedas con la impresión de que te llevas algo sustancioso y valioso a casa. Esa es la primera sensación que sobre cualquier libro recibe el lector y por lo tanto no debería descuidarse. Antes incluso o tan importante como la lectura de la primera página del primer cuento, auténtica bala trazadora que indica a los bíblicos perdidos por el mundo el camino más recto al objetivo. 

Andarás perdido por el mundo es una de las maldiciones que el Todopoderoso le endosó a Caín y a sus descendientes. El castigo por matar a su hermano Abel, que sufrimos los herederos y sufrirán nuestros vástagos desde entonces. ¿Qué,  si no,  es la exitosa serie de documentales de televisión “Españoles por el mundo” y la huida de la población siria del temible trueno de la guerra en Oriente Medio que deja las ciudades reducidas a escombreras? O el niño que se suelta de la mano de su madre en el trajín de Textiles Marín (como Chencho se pierde de su abuelo en aquella mítica escena en blanco y negro de la Plaza Mayor de Madrid). Salvando las distancias y la gravedad, claro. 

Recurrir a los libros sagrados para encontrar un título ya es una declaración de intenciones: nadar contra corriente. La primera página con catequesis y catequistas, concurso de belenes, Papá Noel, “la gloria infinita de ser español,” las cabalgatas de los Reyes Magos revestidos con ropas de los chinos de la esquina y la lista de las personas por las que hay que orar en el círculo joven de oración, forman un cóctel de ingredientes activos que puede ser explosivo como el trueno a poco que se le agite. 




"Los monitores nos hicimos una foto con las cabezas arracimadas"

Se están perdiendo las costumbres más cimentadas en el imaginario español de toda la vida. La prueba está en que de doce niños asistentes a la catequesis, solo cuatro de ellos monten el Portal de Belén en casa por Navidad. Hay que organizarse para ser efectivos. La reconquista de la tradición se hace imperiosa. Los cristianos deben sacudirse los complejos y dar testimonio de Jesús por el mundo. Así, con el aliciente de un premio, los niños obligan a los padres a buscar en los armarios empotrados y trasteros las cajas de zapatos arrumbadas, sabe Dios desde cuándo, con las figuras del Belén y montarlo en las entradas o los salones de las casas. El éxito es rotundo. Aquellas navidades no hubo casa sin el Misterio, así lo llama Ismael – ahora sabemos el nombre del monitor protagonista - apuntado a voluntario, paliativo de todas las desgracias y miserias del mundo. Defensor de los desheredados del tendido de sol. Andanada norte. Alma de Quijote. 

El cuento está narrado en primera persona del plural. Hay que leer varias páginas para descubrir que el otro se llama Bernardo, otras cuantas páginas más adelante se nos desvela que el narrador es Mateo. Esta estrategia de ocultación del narrador sin que se resienta la historia es bien cervantina. La materia narrativa se organiza en torno a un cuento de Navidad con protagonistas incómodos para la mayoría. A contrapelo de la moralidad vigente. Catequistas que organizan concursos de belenes, ahora que los quieren quitar. Viajes organizados a Roma a saludar al nuevo Papa argentino que pone mala cara a Macri y se ríe con Fidel. Amigo de la gente de la calle, de los invisibles y de los pobres, que le lava los pies a los desheredados de las andanadas y gallineros de los teatros. 



"Cantábamos un par de villancicos, pampanitos verdes, hojas de limón, rezábamos un avemaría y nos íbamos"

El cuento destila cultura musical a raudales, fiel reflejo de una generación de jóvenes privilegiados que aprenden a tocar instrumentos en sus ratos libres, en lugar de practicar un deporte o ir por ahí a tirar piedras como hacen otros. No hay más que ver la proliferación de bandas musicales en las procesiones de Semana Santa y los grupos de todo tipo de músicas formados por músicos excelentes, la mayoría salidos de los conservatorios que tocan de maravilla sus instrumentos. De antes no pasábamos de escuchar música en la radio. Solo los pertenecientes a familias acomodadas podían permitirse el lujo de comprarse un tocadiscos o un radio casete, un lujo asiático en los años setenta, no hace tanto tiempo. Estas cosas se las cuentas a los adolescentes actuales, todos con un móvil de última generación en la mochila y te miran raro. 

Y luego está el final explosivo del relato a bordo de un ferri de vuelta a Barcelona. Contrapunto de cervezas italianas para mitigar el bamboleo de la Bañera de Ulises. Valiente Oscar Esquivias para empezar.


Restos de naufragios 
bajo el mar eterno 
los muertos ahogados 
sirven de alimento 
a pequeños seres 
que serán pescados 
por barcos con redes 
luego cocinados
Paskual Kantero.





El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



miércoles, 24 de febrero de 2016

Los Pazos de Ulloa (9) Emilia Pardo Bazán. Plantar cara.







"Largos días estuvo Nucha detenida ante esas lóbregas puertas que llaman de la muerte, con un pie en el umbral como diciendo: "¿Entraré?, ¿No entraré?"


Los Pazos de Ulloa (9) 
Emilia Pardo Bazán 

Ya hemos señalado aquí el desparpajo de la Pardo Bazán para llenar de palabras escogidas ambientes singulares. Auténtica brujona gallega. Pues bien, este capítulo décimo octavo que nos ocupa es un modelo de cómo tratar la llegada y los primeros meses de una criatura a una casa. Magia que desde lo más profundo de los valles gallegos sube hasta los altos cegados por la niebla y nos llega intacta a los lectores tantos años después. Sensibilidad a flor de piel, maternidad consciente, más o menos como la parlamentaria gallega en las Cortes con su cuadrilla de entretenedores de bebés alrededor. Es admirable la maestría que la autora demuestra para plasmar los balbuceos, lloros, fisiologías y gestos de la criatura recién nacida. Con lo difícil que se nos antoja escribir de algo anterior al hecho del habla y la sonrisa. Magno, como ella dice de los senos de la nodriza que nutren al bebé. Pardo Bazán encuentra el contrapunto al atontamiento y cursilería en torno al bebé en la rotundidad de las hechuras de la mocetona proveniente de los valles linderos con Portugal

En efecto, Nucha está durante varios días con un pie en la sepultura como consecuencia del parto. A un tris de pasar al más allá sin decir ni pío. Los nervios sacudidos por dolores internos, una fiebre que le sube como oleaje de la leche inútil que empantana los pechos ayudan a darle el empujón definitivo. Pero la juventud, las pocas ganas de pensar en el final, las medicinas de Máximo Juncal y, sobre todo, un puñito cerrado a ratos y otros una manita abierta, le recuerdan que no debe rendirse en la lucha por la vida. 

Julián acude a visitarla pasados unos días, cuando se incorpora un poco. La madre mantiene aún una palidez de marfil amarillento. No ha vuelto a ver a la niña desde el bautizo, la madre le dice que ha crecido una cuarta desde entonces. Aparece el ama con la niña que parece un pajarillo recostado en el magno seno de la oronda mocetona que lo nutre. Nucha y Julián no se cansan de mirarla, la miran como se mira una televisión encendida. Por un momento los labios dibujan una leve sonrisa que hace que el rostro macilento y desvaído de la madre se olvide de su extrema debilidad. Su felicidad no es completa, le duele que no la hayan dejado criarla. 

El médico, Juncal, la visita un día sí y otro no. Julián lo hace como una obra de caridad. Le lee en alto textos piadosos y de mártires que llenan de sosiego la lentitud de las largas tardes de verano. Hay tristeza en sus ojos; su rostro es “la demacrada imagen de la soledad.” Sólo la reaniman los cuidados de la niña. El ama solo para nutrirla, un tonel de leche con la espita abierta cuando sea menester. 




"Aran, cavan,  siegan, cargan carros de rama y esquilmo, soportan en sus hombros de cariátide enormes pesos y viven"

La descripción que hace de la nodriza es cruel. Lleva mala intención. Rebusca las palabras más hirientes del vocabulario para humillar a las campesinas gallegas. En su desmedido afán por describir la torpeza y rudas maneras del ama, su trapío como si fuera un toro bravo, su saque a la hora de comer, hace que Nucha parezca una burguesita remilgada y escrupulosa, miramelinda frágil en peligro constante de quiebra técnica. Pero llega Máximo Juncal a redimirla, para aplicarle las leyes de Darwin de adaptación al medio. La supervivencia de las especies en su lucha constante por la vida. 

Para Julián la niña es “un lirio, una azucena de candor. La cabezuela blanca, cubierta de lanúgine rubia y suave por cima de las costras de leche, tenía el olor especial que se nota en los nidos de paloma donde hay pichones implumes todavía.” La blandura de un bollo. La madre chochea de alegría ante la primera sonrisa. Julián empieza a querer a la niña con ceguera. Pero no todo es vida y dulzura en los pazos. El marqués esquiva a la niña, vuelve a las cacerías. Cada vez son más frecuentes las ausencias de semanas completas, las idas a cotos de caza cada vez más lejanos. Las cosas en la parte de abajo de la casa regresan poco a poco a su ser anterior. Sabel vuelve a ser la emperadora de la cocina. Cumple con la labor social de quitar hambres a una corte de comadres y astrosos mendigos de la parroquia. Pedro y Sabel vuelven a las andadas. Julián empieza a verla merodeando la habitación del marqués a deshoras. 

A Julián se le caen los pazos encima la mañana que sorprende a Sabel saliendo de la habitación del marqués. Revueltas las entrañas y una olla de grillos a punto de estallar en la cabeza le da por pensar. Se considera un Juan Lanas que se deja engañar, incapaz de imponer orden y disciplina entre los costales de malicia. Un sin agallas para echar a la calle a toda la canalla que merodea por la cocina de la casa. Nunca debía haber vuelto a pisar en los pazos. Mientras prepara otra vez la maleta, empareja los calcetines, ordena y cuenta pañuelos doblados, rumia su derrota. No entiende la infidelidad, cómo un hombre se puede ir con un pendón desorejado teniendo en casa la esencia de la mujer fuerte, la esposa castísima y modelo de virtud. Se muestra decidido a dejarlo todo por imposible, no puede luchar el solo contra el infierno en la tierra. 

Sólo las diez de la mañana, la hora de darle la sopa a la niña, lo ata al suelo. No pasa nada.  “Por veinticuatro horas más o menos…“ Al fin y al cabo “la vida es una serie de aplazamientos” a la espera del último y definitivo. Y luego está la madre, no puede dejar sola a la madre, ella necesita un defensor en aquella huronera hostil. Ahora su estancia cobra sentido, tiene una misión que cumplir. 




"Lo sorprendente es que el lanzazo lo sentía Julián en su propio costado"


Por la noche intenta buscar la serenidad en la lectura de Balmes, pero su cerebro está demasiado agitado con su monólogo interior para entender las honduras del filósofo. Se sosiega un poco al darse cuenta de que es capaz de afrontar cualquier riesgo si el deber se lo demanda. Una pesadilla surge entre las sinuosidades cerebrales cuando el sueño le otorga sus favores. 

Hay días que parecen noches oscuras del alma. Una sucesión de horas que te hunden en la desesperación. Te hacen un nudo en la garganta que te impide respirar, que aprieta hasta asfixiarte. Días de horizonte ciego que tiran paladas de ceniza a los ojos. Sin embargo, también pueden ser días que sirven de palanca para luchar más y sacar fuerzas de donde ya no quedan para sobreponerte si encuentras el motivo. Todo parece ir de mal en peor. Se produce un derrumbamiento general de lo que parecía encauzado en el soliloquio nocturno en forma de pesadilla del horror.

No sabes el dilema que me crea 
 pasar de todo y no decir ni mú, 
 por eso estoy aquí, maldIta sea, 
 plantando cara como harías tú
Luis Eduardo Aute



El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


jueves, 18 de febrero de 2016

El Alcalde de Zalamea (y 5) Pedro Calderón de la Barca. Al mono castigar.






"Y si queréis desde luego/ poner una S y un clavo / hoy a los dos y vendernos"


El Alcalde de Zalamea (y 5) 
Pedro Calderón de la Barca 

Jornada tercera 

Aparece en escena el escribano. El nuevo personaje está ungido de autoridad. Como fedatario, viene a dar marchamo de legalidad al cambio de jerarquía de Pedro Crespo, el concejo lo ha elegido Alcalde de la localidad. Llega también como heraldo del Rey, advierte de que el monarca llegará a la villa en el curso del día y confirma que han traído al capitán a curarse de una herida. De ahora en delante de don Pedro Crespo dependerá que se imparta justicia en Zalamea

Al parecer,  la herida del capitán ha sido leve y apremia al sargento a marchar antes de que entre los villanos se corra la voz de que están en la villa. El capitán se siente seguro de la impunidad que le ofrece su campanario, el aforamiento militar. La fuerza de la milicia le protege. La justicia ordinaria carece de competencia para juzgarle, únicamente tendrá que rendir cuentas ante un consejo militar. Sin embargo, el escribano actúa con severidad, ordena apresar a todos los hombres y matar al que intente escapar. 

Pedro Crespo tendría todo el derecho a aparecer en escena portando la vara de ayuntamiento, con la solemnidad del recién nombrado mandamás del pueblo, pero el alcalde recién elegido sabe que tiene que gobernar para todos, en contra de nadie, dando así una lección de buen gobernante. Retira el símbolo de la autoridad y se desgrana con el capitán. Considera que “buscar remedio a mi afrenta,/ es venganza, no es remedio.” 

La acción se encamina al garrote y hay necesidad de justificar la pena capital, que el escarmiento sea merecido. Con ese fin, al militar se le ofrece una segunda oportunidad, una posibilidad de arrepentimiento si se casa con la agraviada. Él la rechaza con arrogancia. Don Pedro le presenta toda su hacienda, se humilla hincándose de rodillas y le ofrece lo más valioso para un hombre: su libertad, en ingenioso juego de palabras: “y si queréis desde luego/ poner una S y un clavo.” Para nada porque lo que recibe es un altanero: “viejo cansado y prolijo, /agradeced que no os doy /la muerte a mis manos hoy, /por vos y por vuestro hijo.” Le niega hasta el aire de respirar. Hay que tener ganas de tener razón para continuar con la ofensa y llamarle “caduco y cansado viejo.” Son palabras arrogantes, hirientes y rebuscadas, una declaración de guerra unilateral que hace imposible el acuerdo, amparándose en la justicia militar que le corresponde por su condición de soldado. 

Pedro Crespo toma la vara de mando al ver imposible el pacto y exclama a lo más alto: “¡Juro a Dios! Que me lo habéis de pagar! […] Con muchísimo respeto/ os he de ahorcar ¡Juro a Dios!” Ordena que le pongan un par de grillos y una cadena, a todos tres que los pongan en prisión. 



"Con respeto / un par de grillos le echad / y una cadena y tened / con respeto gran cuidado."

Primero hará cantar a Rebolledo y a la Chispa por las buenas o por las malas - en el potro de las torturas de Torquemada- acerca de lo acontecido por la noche. La ley ampara a la Chispa que está preñada. No la pueden torturar para sorpresa de la concurrencia por creerla varón. 

Aparece Juan cansado de andar por el monte a la búsqueda de Isabel. Se ha atrevido a desertar para volver a la casa familiar en busca del consejo paterno otra vez. Sus intenciones son matarla para lavar la honra familiar. Y lo habría hecho de no ser por el padre que aparece con la vara de autoridad ordenando que lo lleven preso por herir al capitán, al menos por guardar las apariencias y que nadie diga que utiliza la ley a su antojo, que se toma la justicia por su mano. La justicia siempre ha de ser la dama ciega, nunca sectaria para que sea justicia y no venganza ni escarmiento. 

Pedro Crespo obliga a Isabel a denunciar al injuriador, no sin algún reparo, echándole en cara que no la vengara por no darle publicidad a la afrenta. Ahora le pone altavoz a la investigación como acto de libertad, única manera de compensar su honra perdida. Deja a un lado el particular código del honor con su liturgia sinuosa que ordena venganza y escarmiento como reparación, así ha sido educado. 

La acción se precipita hacia el final. Aparece don Lope en escena para reclamar al capitán. Ha vuelto porque el sargento, que se libró de las detenciones, le dio aviso. ¿Cómo se atreve un alcalducho de pueblo a procesar a un militar? No tiene jurisdicción sobre los militares. Ellos no actúan al margen de la ley, se rigen por sus propios códigos, mucho más severos que los que se aplican en la calle y los quiere aplicar. Aún no sabe que Pedro Crespo es el nuevo alcalde. Vuelven a chocar los dos personajes principales con su verdad propia y error ajeno siempre a cuestas, ahora por un tema de competencia jurídica. Mientras el militar se basa en la ley escrita, el labrador se rige por el código del honor, no escrito en parte ninguna, pero que todo el mundo conoce y cumple porque es la tradición y la costumbre si no quieren verse apartados de su grupo. El encontronazo está servido entre estos dos personajes de casta, con sables en las defensas. Don Lope obstinado: “Yo me he de llevar el preso; ya estoy en ello empeñado.” Y don Pedro decidido a seguir con la investigación de la violación de su hija. Don Lope no tiene nada que ofrecer, menos que dialogar. Ordena a un soldado que las tropas: 
“ bien ordenadas 
 lleguen aquí en escuadrones, 
 con balas en los cañones 
 y con las cuerdas caladas.” 
El conflicto en su punto más álgido cuando don Lope amenaza que si no le entregan el preso: 
“poned fuego y la abrasad. 
 Y si se pone en defensa 
 el lugar, todo el lugar.” 





"No hemos de dejar, señor, / salirse con todo al tiempo, /algo hemos de hacer nosotros /para encubrir sus defectos."


Justo en ese momento el Rey Felipe II hace su aparición en escena. Una vez enterado de los pormenores de la querella, pone paz entre los bandos, pero ya la sentencia está ejecutada. Don Álvaro ya criando malvas está. Don Pedro ha puesto especial cuidado en que todo se haya hecho con cierta legalidad. El Rey se encuentra ante una situación de hechos consumados. No quiere dejar enemigos en la retaguardia, necesita toda la tropa en Portugal. Dicta sentencia a favor del alcalde a pesar de que el ajusticiamiento fuera por garrote y no por degollamiento como marca la ley militar. El verdugo del pueblo no ha aprendido a degollar, solo sabe agarrotar. Su Señor el Rey dicta sentencia irrevocable:

“bien dada la muerte está; 
 que errar lo menos no importa 
 si así acertó lo principal..” 

Y nombra a Pedro Crespo alcalde de Zalamea a perpetuidad. Allí no queda más lugar que el acatamiento, dar cumplimiento a lo dispuesto por el Rey. Liberan a Rebolledo y a la Chispa; a Isabel la internan en un convento donde le espera un novio menos exigente en calidad. Sin honra y sin barcos no pasas de ser un residuo nuclear que nadie quiere cerca de su hogar, material conventual. 

Y se despide el autor afirmando que lo escrito, escrito está y además, basado en la realidad. Y si todo no es verdad; al menos aparentar, como establecía el maestro Lope de Vega a quien sigue Calderón con fidelidad.

They’re driving long nails into coffins 
You’ve been having sleepless nights 
You've gone as quiet as a church mouse 
And checking on your rights 
The boss has hung you out to dry 
And it looks as though 
They'll punish the monkey 
Let the organ grinder go
Mark Knopfler




El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.