martes, 15 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo (3) Óscar Esquivias. El príncipe Hamlet de Mtsensk. La noche anterior.






"Yo me había puesto mi americana de verano y una corbata de Timoféi Borísovich (tenía docenas de ellas en el antiguo armario de mi padre, colgadas de perchas como anguilas muertas)"

Andarás perdido por el mundo (3) 
Óscar Esquivias 
El príncipe Hamlet de Mtsensk 

Yuri es el protagonista y voz narradora del cuento. Para que el relato no se atranque en el monólogo el autor le da a Vania, compañero sacado de su costilla. La narración gana en fluidez con esta estrategia que Esquivias maneja a la perfección como vamos viendo en estas historias breves de longitud, pero intensas en contenido. 

 Los hechos ocurren en la ciudad rusa de Mtsensk (intente usted pronunciar nuestro Sánchez sin vocales: / Snchz /) La Wikipedia dice que la ciudad es un poco mayor que Soria en número de habitantes y también al lado de un río. Las cosas pasan en doce horas de cuerpo escombro, resacosas,  después del desparrame nocturno. Que, sin embargo, no les impide ensayar toda la mañana, pasear en bici hasta el río para visitar a los tíos de Vania, el regreso a casa pedaleando con la tarde ya vencida y una coda final de Vania rondador, mariachi nocturno rechazado por Yuri. La banda sonora es la música de Borodin, cuya  obra ensayan como homenaje a su profesora de piano, la señorita Kotkowska que acaba de morir. La música clásica es el hilo conductor que guía la construcción del relato, la argamasa que une los pensamientos de Yuri, que sacan a la luz los recuerdos de sus experiencias vitales desde la niñez. Los ensayos junto a Vania desde niños, la escuela de Oriol. Los viajes de cuarenta minutos de ida y vuelta en tren. El coche de la madre. La muerte de su padre a los catorce años y matar a Lanskoi, su padrastro, otro hombre horrible. De él ha hablado con Vania la noche anterior y no se acuerda de qué. El homenaje es una excepción: ha decidido no volver a tocar en público más. 




"Las clases eran siempre individuales y estaban organizadas con una severidad estalinista"


En efecto, Vania y Yuri son dos músicos jóvenes. Vania toca la viola y Yuri el piano. Ambos están con resaca, se les amontonó la noche sin esperanza de día y se pasaron con la bebida. Los ojos enrojecidos, la voz ronca, el rostro lívido y el aspecto enfermizo delatan los excesos de la bebida sin medida. Yuri paga ahora las consecuencias, pero los diecinueve años de juventud pueden con todo. Tienen ensayo con otras tres chicas en casa de la señorita Kotkowska a las afueras de la ciudad. Como todos los extrarradios de las ciudades desordenadas, la casa está rodeada de antiguas tierras de labor, algunas sembradas de centeno, salpicadas de desmontes, escombreras, vertederos incontrolados y edificaciones semi abandonadas dedicadas a establos de ganado, naves industriales guardadas por feroces perros morales, que se alborotan a la menor, ahora lo hacen al sentir la levedad de las bicicletas rodando por la proximidad y el correteo nervioso de la perra Aliosha con embudo para evitar que se lama y deje cicatrizar las heridas. De vez en cuando, bares de luces con amplios aparcamientos de vehículos a la entrada. 

“Matar a Lanskoi” es el mensaje que su cerebro revuelto lanza al vacío desde la larga noche anterior. 

Yuri se encuentra en Mtsensk porque se ha organizado un homenaje a la señorita Kotkowska;  ha venido desde Moscú y cuentan con una semana para ensayar las piezas que van a tocar en la función. Esa mañana Vania y el perrito o perrita Aliosha lo esperan, cargado con la viola para ir juntos al ensayo. Yuri tiene la ventaja de ir descargado de peso –no de cabeza- por tocar el piano, pero el inconveniente de necesitar un camión cada vez que se muda de residencia. Como le pasó a la señorita Kotkowska cuando se vino con su piano desde Polonia cargado en la caja de un camión militar, el rostro surcado de cicatrices de guerra y acompañando a un coronel del Ejército Rojo al terminar la Segunda Guerra Mundial. 




El buen uso que el autor hace de las paradas narrativas es también digno de resaltar. Recuerda a Pío Baroja y sus descripciones de los descampados de las afueras de Madrid en “La Busca”. Cómo se para a observar el espacio que le rodea y ofrecernos en pocas palabras una descripción mezcla de tonos cromáticos, lejanía que empieza con los colores difusos de lo lejano y que va acercando con técnica cinematográfica,  hasta llegar al plano detalle de la algarabía de los gorriones comiendo las pipas de un equivocado girasol solitario bajo el sol de plomo del verano que cuartea la piel y arrebata la velocidad de los jardines. Indiferencia a las melodías abortadas de los ensayos de Boronin que salen por las ventanas. 

Este cuento es una joya, un trabajo minucioso de orfebrería. Uno de esos relatos que certifican la categoría en la que juega el autor. No tiene una lectura fácil en un primer intento porque hay elementos que se escapan en una lectura superficial. Te empieza a atraer cuando lo has terminado y te hace volver atrás para atar los cabos sueltos, fijarte en cómo está escrito. Hasta la última línea no terminas de rellenar los huecos del puzle.


Cuando se despertó, 
No recordaba nada 
De la noche anterior, 
demasiadas cervezas, 
Dijo, al ver mi cabeza, 
Al lado de la suya,en la almohada... 
Y la besé otra vez, 
Pero ya no era ayer, 
Sino mañana.
Joaquín Sabina





El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.




8 comentarios:

Óscar Esquivias dijo...

Adoro la literatura de Baroja. No sé qué pensaría de mis cuentos, seguramente le parecerían demasiado desvergonzados y quizá le escandalizarían (le parecerían que todos los protagonistas son unos invertidos), pero creo que reconocería que, en muchos aspectos, soy hijo (literario) suyo. Y me encanta el párrafo que has destacado (me encanta no porque sea mío, sino justamente porque me has hecho leerlo como si fuera ajeno y me ha parecido muy plástico y delicado, con esos pinos y ese girasol y la música escapando por las ventanas, y me he dicho: "esto está muy bien".)

pancho dijo...

Está cumbre, claro que sí. Uno ya va siendo capaz de detectar la excelencia desde que comentamos aquí libros de vez en cuando. Baroja no se casaba con nadie, por eso no lo hizo, seguro. Cualquiera sabe por dónde saldría, pero me parece que estaría encantado de leer tus cuentos.
Un abrazo y gracias de nuevo por dedicarnos tanto tiempo.

María del Carmen Ugarte García dijo...

A mí este cuento me ha sonado familiar. Nunca he estado en Rusia ni en ningún sitio parecido, pero será la música, o será ese aire a ciudad de antes, cuando las ciudades no empezaban y terminaban invariablemente en una hilera de naves industriales.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Excelente entrada, Pancho, llena de aciertos para desmenuzar la técnica narrativa del autor y con un fino humor que se agrdc.

Ele Bergón dijo...

De este cuento lo que más me gusta es cómo va desvelando a lo largo del relato, todos los datos que desconocemos.

Yo sí he estado en Rusia y en Bielorrusia por tres veces y sí he reconocido el entorno y el ambiente porque tengo allí amigos muy queridos.

Como siempre una lectura atenta y bien especificada.

Por si te extraña, al leer mi recreación del cuento, sí he bebido zumo de abedul y me gusta mucho más que el vodka.

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Excelente entrada.

Myriam dijo...

Desde mi móvil y ya con poco tiempo no alcanzo a Comentarte. Volveré

Myriam dijo...

Desde mi móvil y ya con poco tiempo no alcanzo a Comentarte. Volveré