miércoles, 23 de marzo de 2016

Andarás perdido por el mundo (4) Oscar Esquivias. La casa de las mimosas. No sobra ninguno.





"No quiero echar raíces-era su explicación."


Andarás perdido por el mundo (4) 
Oscar Esquivias 
La casa de las mimosas 

La emigración no es el tema principal de este cuento, pero sin ella las cosas no habrían ocurrido del mismo modo en el relato. La historia nos dice que las guerras, las revoluciones, las convulsiones sociales traen como consecuencia la calamidad de los desplazamientos humanos no queridos, la emigración de muchas personas. Oscar Esquivias escoge la reconocible fecha de 1917 como el momento exacto en el que la vida cambia para Mijaíl, protagonista del relato, incluso antes de ser engendrado según sus cuentas posteriores. 

Mijaíl es el protagonista y narrador de La casa de las mimosas, como el Chino de Cuatro Caminos, hijo de madre emigrante. También comparte con Édison Gutiérrez que ambos fueron engendrados en un continente distinto al que el destino les da para vivir. 

Mijail nace en Santa Mónica, California, en la costa oeste de los Estados Unidos en diciembre de 1918. Pero su corazón vive en San Petersburgo; sus raíces descansan bajo la tierra de la Rusia de los zares, la que dejó de existir cuando lo de Lenín. Nace en una casa con jardín, amplia y luminosa con vistas al sonido ronco del océano Pacífico. Peliculones como la historia de amor de El doctor Zhivago o Acorazado Potemkin pararon el tiempo de la revolución. 





"Una de ellas era  la de Johnny Pépin-de-Pomme (Juanito Manzanas), un simpático barbudo que recorría los Estados Unidos con un cazo por gorro, una biblia y un zurrón lleno de semillas"

El relato destila aroma de los años veinte. Uno de los primeros recuerdos que guarda de su niñez pertenece a lo más entrañable de la cultura americana. Recuerda las salidas al jardín para plantar semillas de manzana como hacía Johnny Appleseed en los cuentos que su madre le leía en francés. El jardinero fiel, Sidney, siempre le repite que es tontería sembrar nada en ese jardín enfrascado de exigentes raíces de mimosas que chupan toda la sustancia de la tierra. Sidney es otro hombre horrible. No es padre oficial, pero ejerce como tal, con esa querencia al uniforme de chófer que tanto le gusta a su madre. La única ventaja que le ve a las mimosas es que las semillas no se las come ningún bicho, así los pájaros no paran en el jardín lo cual le entristece a Mijaíl

Su madre, que no nombra en ningún momento del relato, pertenece a la rica aristocracia rusa. La revolución la pilla durante el viaje de novios en Lucerna, en la Suiza neutral de una Europa desatada en guerra contra ella misma. Entre los recién casados deciden su marcha a Estocolmo y que allí espere acontecimientos, como hacen numerosos miembros de las clases pudientes rusas que así pueden seguir rellenando hojas de sus diarios porque evitan que sus cabezas vayan al cesto de los descabezados. A él lo requieren en su país. Ella nunca regresará a Petroburgo. Nunca la llama Leningrado, ciudad que cambia de nombre más veces que las serpientes de camisa o las calles españolas, cada vez que hay alcalde nuevo. 

El caso es que desde que las hoces y los martillos de los bolcheviques segaron cuellos y machacaron cabezas de la aristocracia zarista, el símbolo del comunismo se mira con recelo. Otro gallo rojo habría cantado si en lugar de herramientas tan fatigosas de manejar, se hubieran regalado puros y varas de mimbre para ir a los toros de Sevilla, como iba Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de Camborios

Mijail se queda como hijo póstumo de padre y con madre dolorosa, viuda y huérfana. Pero a pesar del destrozo patrimonial que los alzados parias de la tierra causan en su hacienda, aún le queda una gran fortuna en valores y acciones de empresas que Kartz se encarga de multiplicar. Uno de los negocios que más productivos se revela es invertir en productoras y salas de cine que le suministran pingües beneficios. A la sala que construye en Los Ángeles la llama Alexander Nevski, héroe medieval ruso. Conocido por la película de Eisenstein y por la catedral de Sofía. 




"Creo que fue cerca de fin de año cuando Sidney nos llevó al Alexander Nevsky"

A mi juicio, he aquí la principal sorpresa que el cuento encierra. Hasta la mitad del relato no se nos presenta el verdadero tema principal, alrededor del que gira la trama y justificación del cuento. De la mano de Mauritz Stiller aparece por la casa una belleza rubia escandinava, pura dinamita. Magia emergente que viene a retirar a la casta acomodada del escalafón de actrices del momento, entre las que se encuentran las legendarias: Mari Pickford, Paola Neri o Lillian Gish. Se presenta tímida, incapaz de articular un discurso en inglés, pero explosiva y de nombre español impronunciable para una rusa. La madre cree que Garbo, Glenda Carpio ” dice ella, nunca llegará a nada en el mundo del celuloide, bien se podría volver a Estocolmo a vender sombreros. Mijaíl descubre la magia del cine aunque para su madre Charlie Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd no sean más que saltimbanquis. Para ella el verdadero artista es Rajmáninov

“A mí esto me llenaba de felicidad, porque pocas cosas me maravillaban más que el cine. Siempre sentía un escalofrío cuando se apagaban las luces de la sala, el pianista encendía la bombillita de su atril, se abrían las cortinas de terciopelo y aparecía por fin la pantalla, blanca, enorme. El pianista daba unos acordes y con esa señal, se oía cómo un motorcillo del proyector se ponía en marcha, un haz de luz atravesaba el vacío y allí surgía el milagro.” El autor describe con palabras precisas el asombro de un niño de ocho años ante la maravilla del cine mudo, el séptimo arte estaba dando sus primeros pasos. 

A Mijaíl lo que realmente le estremece son las películas de romanos. Le entusiasman las carreras de cuadrigas de Ben-Hur, la solemnidad de los desfiles marciales de las legiones romanas. Las reuniones de su madre con las amigas son un manantial constante de cotilleos sobre actores y el mundo del cine. ¿La Garbo lesbi?, pero lo que realmente le conmueve es que Sidney ejerza de hombre horrible y mate un mirlo sin inmutarse. 

Por fin de año, Sidney los lleva al cine. Van a ver “El Demonio y la carne” con Greta Garbo de estrella. Tiene ocho años y es el momento exacto en el que siente la llamada de la sexualidad, el paso de la infancia a la edad adulta. Descubre que las  miradas de John Gilbert y Lars Hanson van más allá de la amistad. Los besos de la Garbo le parecen perturbadores. Ya no es un niño. Ha dejado la infancia, no sin antes crear un clima de obra grande en el relato.



Al tocar no falta nada
porque no sobra ninguno,

y en la motxila, los sueños,
suman más de veintiuno,
Mikel toca los platillos
al revés, como los buenos,
y el Piñas nos trae sonrisas 
que derriten los inviernos.
Motxila 21







El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



5 comentarios:

La seña Carmen dijo...

La magia del cine que nos hace meternos en las historias. Imprescindible que apaguen la luz, en el salón de tu casa no es lo mismo.


Me ha encantado y muy oportuno el libdup.

Abejita de la Vega dijo...

Este ni siquiera era una perlita, como el chino de Cuatroca. El niño saca las cuentas y descubre que fue engendrado en la villa californiana de las mimosas. Y que el padre no es el oficial ruso sino el vendedor norteamericano de inmuebles. La madre ejerce de aristócrata rusa en el exilio, con la aureola de viuda. Disciplina sueca al aire libre, a cargo de un jardinero que le hace de padre. Demasiado para un simple niño. El cine va a ser su gran descubrimiento. El cine va a ser su patria. Ya no soy un niño, mamá.

Las mimosas son invasoras. Llegan muy lejos sus raíces.

Un placer leerte. Abrazos, Pancho.

Myriam dijo...

Disfruté mucho leyéndote, lo mismo que este cuento. Me encanta la escena del niño en el cine. Esa fascinación, me recuerda a Cinema Paradiso.

La madre vivió de nostalgias y falsos recuerdos de un padre ausente que no era tal, sino el que Ma Angeles menciona en su Comentario metiendole todo eso al hijo. Cuando una persona a sido forzada al exilio, suele idealizar mal la patria dejada y en Parte, se puede llegar a crear y creer un novelon

Besos

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Este cuento es una delicia. Sobre todo por lo que has indicado: por la manera en la que se juega con el lector, llevándolo de un sitio a otro para sorprenderlo. Un cuento que lleva dentro muchos pequeños cuentos. Casi un germen de novela.

Óscar Esquivias dijo...

Greta Garbo encarnó el mitó de la mujer fatal como ninguna otra en el cine. "El demonio y la carne" es una película, todavía hoy, muy perturbadora (me parece a mí). Mil gracias por tus palabras.