lunes, 29 de febrero de 2016

Andarás perdido por el mundo (1) Oscar Esquivias. Ismael. Mar eterno.





"Se le ha enfriado la fe"


Andarás perdido por el mundo (1) 
Oscar Esquivias 
Ismael 

Lo bien hecho, bien parece (¿por qué no usar el refranero si es de lo mejor que tenemos?). Así reza el dicho y eso mismo pensamos de la sugerente portada de “Andarás perdido por el mundo.” Me refiero a la fotografía que llena la portada y a las pastas de cartón fuerte con solapas grandes que le dan un aspecto de firmeza y solidez al tacto, algo que se agradece cuando pagas al librero y te quedas con la impresión de que te llevas algo sustancioso y valioso a casa. Esa es la primera sensación que sobre cualquier libro recibe el lector y por lo tanto no debería descuidarse. Antes incluso o tan importante como la lectura de la primera página del primer cuento, auténtica bala trazadora que indica a los bíblicos perdidos por el mundo el camino más recto al objetivo. 

Andarás perdido por el mundo es una de las maldiciones que el Todopoderoso le endosó a Caín y a sus descendientes. El castigo por matar a su hermano Abel, que sufrimos los herederos y sufrirán nuestros vástagos desde entonces. ¿Qué,  si no,  es la exitosa serie de documentales de televisión “Españoles por el mundo” y la huida de la población siria del temible trueno de la guerra en Oriente Medio que deja las ciudades reducidas a escombreras? O el niño que se suelta de la mano de su madre en el trajín de Textiles Marín (como Chencho se pierde de su abuelo en aquella mítica escena en blanco y negro de la Plaza Mayor de Madrid). Salvando las distancias y la gravedad, claro. 

Recurrir a los libros sagrados para encontrar un título ya es una declaración de intenciones: nadar contra corriente. La primera página con catequesis y catequistas, concurso de belenes, Papá Noel, “la gloria infinita de ser español,” las cabalgatas de los Reyes Magos revestidos con ropas de los chinos de la esquina y la lista de las personas por las que hay que orar en el círculo joven de oración, forman un cóctel de ingredientes activos que puede ser explosivo como el trueno a poco que se le agite. 




"Los monitores nos hicimos una foto con las cabezas arracimadas"

Se están perdiendo las costumbres más cimentadas en el imaginario español de toda la vida. La prueba está en que de doce niños asistentes a la catequesis, solo cuatro de ellos monten el Portal de Belén en casa por Navidad. Hay que organizarse para ser efectivos. La reconquista de la tradición se hace imperiosa. Los cristianos deben sacudirse los complejos y dar testimonio de Jesús por el mundo. Así, con el aliciente de un premio, los niños obligan a los padres a buscar en los armarios empotrados y trasteros las cajas de zapatos arrumbadas, sabe Dios desde cuándo, con las figuras del Belén y montarlo en las entradas o los salones de las casas. El éxito es rotundo. Aquellas navidades no hubo casa sin el Misterio, así lo llama Ismael – ahora sabemos el nombre del monitor protagonista - apuntado a voluntario, paliativo de todas las desgracias y miserias del mundo. Defensor de los desheredados del tendido de sol. Andanada norte. Alma de Quijote. 

El cuento está narrado en primera persona del plural. Hay que leer varias páginas para descubrir que el otro se llama Bernardo, otras cuantas páginas más adelante se nos desvela que el narrador es Mateo. Esta estrategia de ocultación del narrador sin que se resienta la historia es bien cervantina. La materia narrativa se organiza en torno a un cuento de Navidad con protagonistas incómodos para la mayoría. A contrapelo de la moralidad vigente. Catequistas que organizan concursos de belenes, ahora que los quieren quitar. Viajes organizados a Roma a saludar al nuevo Papa argentino que pone mala cara a Macri y se ríe con Fidel. Amigo de la gente de la calle, de los invisibles y de los pobres, que le lava los pies a los desheredados de las andanadas y gallineros de los teatros. 



"Cantábamos un par de villancicos, pampanitos verdes, hojas de limón, rezábamos un avemaría y nos íbamos"

El cuento destila cultura musical a raudales, fiel reflejo de una generación de jóvenes privilegiados que aprenden a tocar instrumentos en sus ratos libres, en lugar de practicar un deporte o ir por ahí a tirar piedras como hacen otros. No hay más que ver la proliferación de bandas musicales en las procesiones de Semana Santa y los grupos de todo tipo de músicas formados por músicos excelentes, la mayoría salidos de los conservatorios que tocan de maravilla sus instrumentos. De antes no pasábamos de escuchar música en la radio. Solo los pertenecientes a familias acomodadas podían permitirse el lujo de comprarse un tocadiscos o un radio casete, un lujo asiático en los años setenta, no hace tanto tiempo. Estas cosas se las cuentas a los adolescentes actuales, todos con un móvil de última generación en la mochila y te miran raro. 

Y luego está el final explosivo del relato a bordo de un ferri de vuelta a Barcelona. Contrapunto de cervezas italianas para mitigar el bamboleo de la Bañera de Ulises. Valiente Oscar Esquivias para empezar.


Restos de naufragios 
bajo el mar eterno 
los muertos ahogados 
sirven de alimento 
a pequeños seres 
que serán pescados 
por barcos con redes 
luego cocinados
Paskual Kantero.





El presente  comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



6 comentarios:

Óscar Esquivias dijo...

Mil gracias, precioso comentario. Como bien describes, los personajes son un poco quijotescos, pero sin exaltación (o sea, cervantinos): viven en un mundo que no les acaba de comprender, sobre todo al protagonista, Ismael. En este relato es más importante lo que no se dice, lo oculto, lo que se calla, que lo que sucede explícitamente. Y hay un viaje, como en muchos textos de Cervantes, y canciones (villancicos) y (espero) algo de esa compasión de nuestro querido escritor (que se casó en Esquivias, así que seremos algo parientes, je, je). Un abrazo emocionado.

María del Carmen Ugarte García dijo...

Desmenuzando las historias, sin desvelar lo que va pasando.

Esos belenes con actores poco habituales, esos animales selváticos que yo llegué a ver de verdad, y entre medias las canciones, el aire libre y el aroma del mar.

¡Larga vida a Cervantes en este su año!

Gelu dijo...

Buenas tardes, pancho:

Por las fotografías parece que has adelantado la Primavera.
Reconozco mi ciudad y sus gentes en esos escritos.
Dejo música de ♫♪♪ pampanitos verdes, hojas de limón… ♪♫ ♪

Abrazos.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Una vez que ha comentado el propio autor, qué voy a decir yo...
En efecto, es un arranque valiente que deja las cosas en el nivel querido por el autor.
Y me ha gustado mucho que te hayas fijado en este libro como objeto desde la extraordinaria fotografía de la portada.
Arrancamos una nueva lectura.

Abejita de la Vega dijo...

Cómo no se le va a enfriar la fe integrista a un catequista tan excepcional como Ismael. En cuanto vuele libre.
La fe se enfría y se petrifica pareces decirnos con tu foto.
Qué voy a decir yo después de Óscar y Pedro.
Besos, Pancho.

Myriam dijo...

¿Y que te digo yo que no hayan dicho
los comentaristas anteriores si encima de entre ellos,
se cuentan el escritor y el profesor?

Veo que te ha gustado el cuento
tanto como a mi. Ya terminé el libro
y me reído mucho con las ocurrencias
de Esquivias en algunos de los cuentos.

Besos