miércoles, 11 de enero de 2017

Novelas Ejemplares La gitanilla (1) Miguel de Cervantes. Cobre amarillo.





"Y,  finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo"



Novelas Ejemplares 
 La gitanilla (1) 
Miguel de Cervantes 

La gitanilla es una novela breve con final feliz. Si comienza con un exabrupto de carácter xenófobo que coloca a los gitanos fuera de la ley, en la periferia de la sociedad, termina con el triunfo de la clemencia, la victoria del amor y el enterramiento de la venganza. Pero ya sabemos que Cervantes tiene truco, como él mismo señala en el prólogo de los doce cuentos que llama Novelas Ejemplares y que a menudo nos advierte Pedro Ojeda,  nuestro maestro on line en asuntos literarios. Descubrir el truco, ese será el cometido del tercer acercamiento a Cervantes del grupo de lectura de La acequia. 

Las cosas pasan en Madrid y después en el camino. Camino de los montes de Toledo, camino de Extremadura, evitan Sevilla porque la gitana vieja tiene allí deudas pendientes, y la trama viene a morir en las tierras de Murcia

El peso de la narración lo lleva un narrador omnisciente clásico que narra la historia en tercera persona. Por apuntar algo que a mí me parece peculiar en una novela es su interés por aconsejar a la protagonista, Preciosa, La gitanilla, a la manera de los apartes de las obras de teatro, que suelen ir entre paréntesis en el texto escrito: “Mirad lo que habéis dicho, Preciosa, y lo que vais a decir; que ésas no son alabanzas del paje, sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés, que las escucha. ¿Queréislo ver, niña? Pues volved los ojos y veréisle desmayado encima de la silla, con un trasudor de muerte; no penséis, doncella, que os ama tan de burlas Andrés que no le hieran y sobresalten el menor de vuestros descuidos.” 

“Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones.” Para qué andar con rodeos, la primera frase de La gitanilla es un directo a la boca del estómago que deja medio grogui al lector desprevenido para el resto del relato. Pura provocación, un rabotazo inesperado, pero que nadie diga que este puñetazo en la mesa no es un comienzo magistral para atarte a la lectura. Y qué me dicen de “los gitanos y gitanas.” Faltaba bastante para la llegada de eso que llaman arroba, vete a saber por qué y ponen (gitan@s.) El lenguaje políticamente correcto, tan cursi y tan de moda. Por cosas como éstas se sigue leyendo a Cervantes. Todo está en Cervantes, pero nunca sabremos si el autor está de acuerdo con la afirmación cabecera del narrador o solamente pone de manifiesto algo que la gente comenta en la calle. 




"Al cabo sacó la mano vacía y dijo:" 


Resulta que una gitana vieja, jubilada en la ciencia de Caco, cría una chiquilla a la que llama Preciosa. Le enseña todas las gitanerías a su imagen y semejanza. La chica sale dotada con el arte y el innato flamenco compás para el baile además del temple necesario para el toque y el cante. Ni los aires ni los soles de la intemperie castellana consiguen deslustrar el rostro ni curtirle las manos. Viendo la abuela el diamante en bruto que tiene entre las manos, le busca maestros que le enseñen los secretos del baile y le escriban los mejores poemas para cantar. Total que con quince años por San Miguel y la venida de la edad, es decir, hecha la chiquilla una mujer de bandera, “en extremo cortés y bien razonada,” la presenta en la villa y corte donde todo se compra y se vende. El día de Santa Ana, patrona y abogada de Madrid, un plantel de ocho gitanas, guiadas por un gitano gran bailarín, hacen el paseíllo por las calles de la ciudad. Pronto corren los muchachos y la gente mayor a hacerle corro, atraídos por el run run de la belleza de La gitanilla que baila, toca y canta como los ángeles. 

“¡Lástima es que esta mozuela sea gitana!” Exclaman unos y se extrañan otros al verla desenvolverse con tanta gracia y donaire. Más de doscientas personas entusiasmadas congrega alrededor cuando entona el romance “Salió a misa de parida” sobre la reina doña Margarita en Valladolid, compuesto por un poeta de los de número (nada de un PNN cualquiera). Contentas por escuchar las buenas nuevas del vástago que asegura la sucesión de la monarquía. Dan vivas a la reina fértil que ha de “dar por crías águilas de dos coronas.” 

Un paje que la oye cantar le pone en el pecho un romance junto a una moneda de escudo. Si es bueno, le pagará para que le componga, le asegura ella. Otro caballero le da permiso para que lea en público la glosa de un enamorado a la belleza y donaire de la gitanilla, Preciosa. La gitanilla sabe leer y escribir, la vieja gitana la está moldeando con finura, gitana fina. 

Un día temprano camino de Madrid se presenta un joven mancebo vestido como un pincel, solo y a pie, cosa extraña porque afirma ser caballero, hijo único y heredero de mayorazgo. Quiere servir a Preciosa para hacerla su igual y señora. Como prueba de que no va de farol, trae consigo cien escudos de oro como arra y señal de lo que piensa entregar por la mano de Preciosa. Ella lo acepta, pero su única joya es su entereza y virginidad y está dispuesta a llevarla a la sepultura, ni se compra ni se vende. “Cortada la rosa del rosal, ¡con qué brevedad y facilidad se marchita! Éste la toca, aquél la huele, el otro la deshoja, y, finalmente, entre las manos rústicas se deshace.” No se la llevará sino atada con las ligaduras del matrimonio. Primero ha de pasar un noviciado de dos años, llevar el traje de gitano y seguirla en su caravana. Le impone condiciones tan bien expuestas que ni un colegial de Salamanca. Esta chiquilla “habla latín sin saberlo.” Dice asombrada la gitana vieja. 




"Cabecita, cabecita/Tente en ti no te resbales"


Todavía otro día van los gitanos a Madrid a hacer por la vida y comprobar quién es Andrés (Por el interés te quiero Andrés). Otro encontronazo con el paje poeta y un nuevo soneto dedicado que le leen los caballeros con el consiguiente soponcio de Andrés enfermo de celos. Andrés se presenta en la acampada de los gitanos a lomos de una mula de alquiler. A los gitanos se le van los ojos detrás de la caballería. Una buena moza, todavía sin cerrar y andariega. Tendrá buena venta puesto que no presenta mataduras ni llagas de las espuelas. La harán dinero en el mercado de los jueves de Toledo

Muera pues la sin culpa le dicen los gitanos cuando Andrés les quita la intención y les pide que la maten y la entierren. Nada de dejarla para los buitres por miedo a ser descubierto. El pagará de lo suyo lo que valga, lo que piensan sacar en la feria de Toledo. Que los despojos de la mula fertilicen la tierra. 

A continuación, un elocuente patriarca gitano le canta las cuarenta. Le endiña un discurso de categoría cervantina. La severa ley de los gitanos explicada a un payo lego, el código inviolable de aplicación inmediata entre su gente. Lo trataremos de resumir, pues se trata de otra perla cervantina, pero será otro día porque esto se alarga. 


 Las piquetas de los gallos 
 cavan buscando la aurora, 
 cuando por el monte oscuro 
 baja Soledad Montoya. 
 Cobre amarillo, su carne, 
 huele a caballo y a sombra. 
 Yunques ahumados sus pechos, 
 gimen canciones redondas.
Federico García Lorca /Manuel y Alba Molina





 Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


4 comentarios:

Paco Cuesta dijo...

De tu letra comienzo la relectura de La gitanilla. Seguro que ahora la veo de otra forma.
Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Genial tu comentario hacia el truco cervantino. En efecto, todo está ya en él. Sólo se le escapó el surrealismo... mejor.
La clave del arranque y la posición de ese entrometido narrador omnisciente está en el parece inicial. He ahí el hilo para hallar el truco...
A disfrutar.

La seña Carmen dijo...

"... los gitanos y gitanas..." lo he puesto yo más de una vez de ejemplo de que no molesta tanto el que en un momento determinado se desdoble el género, como la insistencia en ese machaqueo, que a la cuarta línea ya no llega porque no hay quien lo aguante.

Otro buen ejemplo cercano es aquel de "exíen lo veer mugieres e varones, burgueses e burgesas, por las finiestras sone"...

Abejita de la Vega dijo...

Sabe latín sin saberlo, sabe ´más de lo que le han enseñado, Preciosa es un extraño caso, así lo dice Cervantes. Tan lista que chirria un poco.
Nos batiremos el cobre. Me voy a Rinconete y Cortadillo.
Besos