jueves, 8 de septiembre de 2011

Septiembre, tomates maduros y conclusiones a vuela pluma de la lectura colectiva de Gustavo Adolfo Bécquer

En Septiembre la maduración de los tomates se apresura.


Los ciclistas de La Vuelta a España ocupan el corazón de las ciudades.



Y suben a las cumbres como las águilas. En La Covatilla.


En Septiembre los pueblos se vacían de la gente que los llenó en Agosto por las fiestas.

Las noches más largas y frías, las horas de luz que decrecen porque al sol, perezoso, le cuesta dar la cara por los balcones de oriente son signos externos que nos advierten de la llegada de septiembre.

Los restos de arena de la playa en los zapatos, la conclusión del ciclo de las plantas del huerto que estos días, rendidas, se apresuran en su maduración, abandonando el verde del crecimiento con una rápida transición al rojo, un libro de Rimas y Leyendas de Bécquer con un cuaderno de notas, que nos han hecho compañía durante el verano, los ciclistas que recorren la geografía subiendo las cumbres y los quioscos atestados de nuevas colecciones nos indican que el tiempo de ocio y despreocupación del verano ha llegado a su fin.

Me imagino las palabras que GAB, maestro en crear atmósferas con menos palabras, emplearía para dibujar el ambiente de la vuelta a la rutina al desgaire; con despreocupada corrección, pero con la firmeza y solidez de los que tienen por oficio escribir bien y lo saben.

Valgan las anteriores palabras de presentación de estas notas que, a vuela pluma, la lectura del clásico romántico sugieren.

GAB quedó huérfano de padre a los seis años de edad y de madre a los once. Murió a los treinta y cuatro. Lo que en otros escritores correspondería a su obra de juventud, en Bécquer fue la única y definitiva. En muchas épocas de su corta vida vivió de sus escritos y colaboraciones en prensa. Conocemos su obra poética de milagro. Su conservación en un libro de cuentas y su título: “El libro de los gorriones” dan cuenta del poco apego que tuvo a su producción literaria. Prefirió el perfil bajo del vuelo sobresaltado y nervioso del gorrión a la majestuosidad del águila que planea sobre las cumbres.

El tiempo se suspende en los poemas y relatos de GAB. A esta atemporalidad contribuye el rigor en la forma y la pulcritud de su expresión, modelo de concisión que huye de lo extravagante y maestro de la precisión del lenguaje. Incluso cuando aborda temáticas de moda o nuevas para la época como sus relatos de temática oriental, las hace suyas adaptando las novedades a su manera de hacer las cosas: dejando brochazos para que sea el lector el que llene los silencios, porque a GAB se le entiende todo cuanto escribe. Bien diferente de otros contemporáneos que parecen malgastar las palabras vaciándolas de significado.

También es un maestro en llenar sus relatos de sonidos y sensaciones como las campanadas de las iglesias de Toledo en El Beso; asimismo, magistral la manera de resolver la transición de los ruidos de la naturaleza (el grito del búho, el siseo de los reptiles, el silbido de la serpiente, el aleteo de la penumbra o el temblor de la inspiración) a la música profunda y grave del Miserere. GAB tiene el talento de hacer que lo sobrenatural adquiera tintes de normalidad en su pluma.

GAB es un clásico porque es un símbolo sólido, manantial caudaloso de certezas al que acuden los poetas y demás creadores de la pluma en busca de inspiración, más allá de modas porque escribe con palabras capaces de descubrir la armonía entre los extremos, de resolver con acierto la tensión entre contrarios o la inquietud de la duplicidad. Armoniza los avances de su época con las tradiciones. El bien y el mal. Los soles y las nieves. Luces y tinieblas. Los rumores de la soledad o los ecos del silencio.

Nada mejor que terminar esta lectura colectiva de Bécquer llamando al amanecer
Rima LXII (56)


Al Amanecer
Primero es un albor trémulo y vago,
raya de inquieta luz que corta el mar;
luego chispea y crece y se dilata
en ardiente explosión de claridad.

La brilladora lumbre es la alegría,
la temerosa sombra es el pesar.
¡Ay! en la oscura noche de mi alma,
¿cuándo amanecerá?


Este comentario pertenece al grupo de lectura que desde
La Acequia dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

9 comentarios:

Myriam dijo...

Muy linda tu pluma voladora. Para mi ya amaneció y ando entre Gatos.

Un beso desde aquí abajo.

Merche Pallarés dijo...

¡Excelente resumen becqueriano! y esa última rima es preciosa. También me han gustado mucho las fotos de los tomates. Muy hermosos. Besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Es excelente la perspectiva de atemporalidad en Bécquer: una de las claves de su literatura, sin duda alguna.
Qué ricos esos tomates cuando maduran, recién cortados y, con un poco de sal, mordidos allí mismo, en la huerta.

Paco Cuesta dijo...

Transmitir sensaciones por medio de la lectura, es la gran lección que podemos aprender de Bécquer

Asun dijo...

¡Qué pinta tienen esos tomates! en pocos días estarán para chuparse los dedos.

Abejita de la Vega dijo...

Estamos en tiempo tomatero y de vuelta al cole.

Despides a Bécquer destacando sus mejores cuaidades: la intemporalidda, el color, los sonidos...

Dejemos a las golondrinas y vamos con los gatos, los de Madrid de toda la vida, que son muy pocos.

Gelu dijo...

Buenos días, pancho:

Sí, en parte de este verano, Bécquer ha estado con nosotros y viceversa.
Me ha gustado mucho su obra en prosa: Las cartas desde mi celda, las cartas literarias a una mujer, la Reseña de la Soledad de A. Ferrán, las leyendas...
Como explica R. Correa en el Prólogo de la I y II edición de sus Obras: “A fin de poseer el sustento escribió mucho y en géneros diferentes, como zarzuelas, traducciones, artículos políticos y de crítica, un tomo sobre Los templos de España, y tenía meditados y bosquejados, a la manera que antes he dicho, multitud de obras,..."

De sus Rimas, pocas son alegres, así que hay que aprovechar las que lo apuntan, aunque sea por poco tiempo, y no de forma completa, como parece que se desprende en el comienzo de la 18. Rima LXVII -¡Qué hermoso es ver el día,
pero es que ya nos explica él a qué se debe en la 9. Rima LV - Entre el discorde estruendo de la orgía

Acabo el comentario con el momento en la que parece ser realmente feliz, 50 Rima XVII – Hoy la tierra y los cielos me sonríen

Saludos.

P.D.: Hace ya unos días que comimos los últimos tomates del huerto de mi nieta. Los tuyos son hermosos, y más tardíos que aquí con este clima más suave.

Aldabra dijo...

Excelente broche final, Pancho, aderezado con ese canto a la naturaleza.

biquiños,

Monica Torres dijo...

Me encantó