domingo, 17 de julio de 2011

El mundo, esa deforme criatura.

"Cansose Brahma de hacer experimentos, y abandonando el laboratorio, [...] tornó a montar sobre su cisne con el objeto de tomar aire."




LA CREACIÓN (POEMA INDIO)


Se publicó por primera vez y de una sola entrega en el periódico El Contemporáneo el seis de junio de 1861. El autor desarrolla su fantasía en una pieza poética escrita en prosa sobre un tema diferente en su obra, por lo alejado y exótico para la época: el orientalismo hindú. Hasta ese momento sólo presente en su vertiente más cercana del medievalismo árabe andaluz.

El narrador nos sitúa en el espacio con aparente precisión. Estamos cerca del Himalaya. Sus cumbres invisibles parecen tocar el cielo, perpetuamente coronadas por nubes oscuras que las ocultan. Otras nubes de ópalo cubren los valles de rocío. En las aguas del Ganges el cocodrilo verde se camufla entre las hierbas acuáticas. En tierra firme proliferan los árboles de la mala sombra que mata. Todo es contraste entre los moradores humanos de la habitan: luz y sombra; grandeza y pequeñez; perjurios y ternura.

“El mundo es un absurdo animado que rueda en el vacío para asombro de sus habitantes”: el narrador interviene para instarnos a oír la historia de la creación tal cual le fue revelada a un brahmín después de tres meses de ayuno. Brahma no tiene principio ni fin. Es como un círculo con cuatro caras. Cuando no había ni espacio ni tiempo, todo era él. Maya flotaba a su alrededor como una niebla confusa. Se cansó de tanto contemplarse. En medio de tanta eternidad, se aburría. Brahma es perfecto, no es vano como la mujer.

Brahma deseó y engendró a Maya. Creó infinidad de átomos microscópicos, como las motas de polvo encendidas que pueblan los rayos de luz que traspasan las sombras tupidas de los árboles. Este polvo de oro llenó el vacío de criaturas deseosas de glorificar al creador. Estos gandharvas arrancaron de Brahma la primera sonrisa. De ella brotó el Edén.

Los que le arrancaron la sonrisa no tardaron en aturdirle. El creador se retiró al lugar más apartado e impenetrable donde no llegan ni los ecos del silencio y se dedicó a la alquimia.

Si los miserables mortales pueden realizar transformaciones increíbles, imaginaos de lo que será capaz Brahma que es el principio de todas las cosas.

Crea los cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra junto a sus guardianes. A continuación, encierra en redomas transparentes los gérmenes de las cosas inmateriales: pasiones, deseos, virtudes, dolor, gozo, vida, muerte, bien, mal y las clasifica. De su casa sale humo negro en espirales y globos de fuego. La turba de rapaces que ensordecía los círculos inferiores del Paraíso, echan pronto en falta a su señor.

La imaginación y la curiosidad de los microscópicos cantores les lleva a trepar por las patas de los elefantes que sustentan los círculos del fuego. Por el hueco de la cerradura y las rendijas se sorprenden de la visión. En el interior del aposento había hombres a medio hacer, proyectos de monstruos, esqueletos, fragmentos y una marmita sobre un fuego inextinguible en mitad de la estancia que Brahma no da abasto a remover y agitar. Hace globos con un canuto que flotan sobre el abismo del universo. Son los astros que vemos flotar en el firmamento en las noches serenas.

Cuando Brahma se cansa de experimentar, sale a tomar el aire en su cisne. La turba de rapaces entra, manipula y enreda con todo en el laboratorio al observar que cierra la llave en falso. A sus anchas, sin que nadie se lo impida, deciden mezclar todos los ingredientes en la marmita, como en un caos. Cada llamarada azul o roja es recibida con júbilo y risotadas interminables. Los ingredientes tan dispares: grandeza y pequeñez o vida y muerte, mezclados contra natura, rabian entre sí en el interior del caldero.

Hecha la operación, uno de ellos hace un canuto con una pluma. Sopla asomándose al abismo y aparece un mundo deforme, achatado. Mezclados la nieve con arenales encendidos; humanidad con grandeza de dios y flaqueza de barros. El principio de muerte que todo lo destruye. Un mundo disparatado y absurdo. Los chiquillos que lo crean se saludan con una carcajada.

El alboroto despierta a Brahma. Su acento airado atruena en el cielo. Los gandharvas desaparecen. Únicamente su amago ha provocado el diluvio. Cuando levanta la mano para destruir la creación, el más travieso de ellos le ruega que no les rompa el juguete. Brahma es grave porque es Dios y les deja marchar alejados de su vista. Piensa que ese mundo en que los átomos se pelean unos contra otros tiene la vida corta en esas manos. Los chiquillos se ríen al marcharse. Desde entonces ruedan con él por el cielo. Brahma lo predijo: el juguete en sus manos no durará.

"Ese mundo no debe, no puede existir, porque en él hasta los átomos pelean con los átomos; pero marchad, os respeto; mi esperanza es que en poder vuestro no durará mucho."

En definitiva, Bécquer toma este breve relato de gran ritmo narrativo como un ejercicio de disfrute literario, no exento de un cierto mensaje. El tono humorístico que adopta, le quita seriedad al tema de la creación, al tiempo que pone de manifiesto su fantasía e imaginación. Nunca abandona un tono cómico al dibujarnos un dios juguetón como un niño, capaz de montar en su cisne para darse una vuelta por el aire. Siempre narrado con gran pulcritud, tratando de describir lo fantástico como si de la realidad se tratara.

Este comentario pertenece al grupo de lectura que desde La Acequia dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


8 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Ese cocodrilo, esas nubes de ópalo, el laboratorio multicolor de ese Brahma juguetón, qué pintura más bella es esta leyenda.
El mundo es un juguetito en manos de...a saber.


Veo que el parón blogológico no nos impide leer tus atinados análisis literarios,de lo cual me alegro mucho, tampoco vas a estar todo el rato con las hortensias.

Besos

Merche Pallarés dijo...

Ja,ja... Me ha hecho gracia el comentario de ABEJITA... Esta leyenda no la he leido pero debe ser muy divertida por lo que leo. ¡Un "trippy" auténtico! Besotes, M.
P.D. Me voy a escuchar la novela de la SER "Las bicicletas son para el verano". Ví la peli hace años pero me da ilusión volver a escuchar, como en mi infancia, una novela en la radio.

Gelu dijo...

Buenas noches, pancho:

Has escogido una leyenda preciosa, y 'oportuna' como profesor acostumbrado a tratar con alegres chiquillos. Cuando la leí, hace años, como me ocurrió con todas las demás, no me ayudé de enciclopedias ni de internet. Me parecieron preciosos los nombres nuevos que aparecían, pero no me detuve a ‘investigar’.
Ahora, he ido minuciosamente detalle a detalle, y he podido descubrir el contenido maravilloso que hay detrás de cada escrito.
Dejo unos enlaces.
Agni
Vayú
Varuna
Prithvi

Muy a propósito el fotograma de
El gran dictador.
Se me ocurre terminar con las palabras del más travieso de los gandharvas, que consiguieron en medio del gran enfado de Brahma, detener la destrucción y hacerlo reír:
¡Señor, Señor, no nos rompas nuestro juguete!.

Un abrazo.

Aldabra dijo...

¡que pedazo de frase me has dejado como comentario!

¡me ha gustado muchísimo!, yo soy mucho de frases largas, aunque las construya generalmente cortas (es más sencillo).

además lo que dices en ella es muy hermoso.

te la dejo porque igual ya no eres consciente de lo que escribiste:

"los padecimientos de los pies de la mujer de los tacones altos sirven al moribundo del beso de nieve a pasar al más allá con una sonrisa de miel en los labios."

y ahora salgo y entro de nuevo a leerte.

biquiños,

Aldabra dijo...

No estoy leyendo a GAB pero sí vuestros comentarios, y leyendo el tuyo me quedo sorprendida. Porque como que "no me pega" GAB escribiendo de ese modo y sobre un tema tan alejado de la realidad, aunque por lo que dices aprovecha ese mundo fantástico en forma de ironía para dar a conocer su verdadera opinión sobre el mundo.

Esto me recuerda a "La Ciudad del Gran Rey" de Esquivias en la que todo es un disparate pero al mismo tiempo real.

biquiños,

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Es uno de los textos más singulares de Bécquer y que sorprenderá a muchos lectores. En la época comenzó una euforia por el orientalismo de origen hindú por varias razones (estudios británicos y germánicos de aquella civilización, exposiciones universales, etc.). Bécquer estaba, sin duda, muy a la moda.

Myriam dijo...

Lástima que haya dioses juguetones como el de tu ilustración que hayan hecho tanto daño.

Me gustó mucho esta leyenda por su exotismo disparatado y más aún leída, así que gracias por el enlace a la grabación.

Besos

Paco Cuesta dijo...

Tu disección de la leyenda es justo el apoyo necesario para llegar más allá.