jueves, 23 de septiembre de 2010

La noche no tiene pared














"Llegó de tropel la estendida y gruñidora piara, y, sin tener respeto a la autoridad de don Quijote"
1964-Madrid-Nacional

DON QUIJOTE DE LA MANCHA. CAPÍTULO 2.68

Este capítulo es otra nueva manifestación de que Cervantes tenía en su cabeza de escritor el arte de hacer novelas. En su afán de no permitir que sus lectores se acomoden, etiqueten la lectura, nos vuelve a sorprender con su juego de contrastes, llevando a los protagonistas, a nosotros con ellos, de la pastoril ensoñación de la Arcadia feliz a un nuevo atropello de otros animales sólo “inmundos”, ya no “inmundos y soeces” como en el anterior atropello de los toros bravos. De la luz del día a la oscuridad de dos noches consecutivas en las que transcurre todo el capítulo. La transición de una noche a otra la hace el narrador en una sola frase: “…volvieron los dos a su comenzado camino, y al declinar de la tarde vieron que hacia ellos venían hasta diez hombres…”, como si a las aventuras del camino les molestara la luz del día.

"El tropel, el gruñir, la presteza con que llegaron los animales inmundos, puso en confusión y por el suelo a la albarda, a las armas, al rucio, a Rocinante, a Sancho y a don Quijote".
1674-Madrid

Si en el capítulo anterior hablábamos de la importancia de los diálogos, haciendo hincapié en la ausencia del narrador, en éste prosiguen los mismos pero es su presencia la que toma la iniciativa del relato, toma la palabra para, entre otras cosas, narrarnos con precisión y detalle el atropello. Luego, el diálogo desaparece en el suceso del rapto debido al silencio impuesto por los raptores a los secuestrados, convirtiendo los diálogos en intentos de monólogos al no haber posibilidad de respuesta al mensaje.

"... arbolando las lanzas, sin hablar palabra alguna rodearon a don Quijote y se las pusieron a las espaldas y pechos"
1947-Paris-Latines


DQ vela, S duerme, el amo vigila el descanso del escudero al tiempo que compone versos en los que incide en sus ansias de permanencia, en borrarse del silencio del olvido. Versos que declaran lo más íntimo del espíritu quijotesco. En verso, lenguaje natural que sale de lo más profundo del espíritu. En verso descubre los abismos de su locura – gracias don Miguel de Unamuno - .

En efecto, los planes para llenar de contenido el año de retiro en la aldea desvelan a DQ. Tampoco quiere que S duerma; la serenidad y soledad de la noche le empujan a despertar al escudero y a proponerle que aproveche para darse unos trescientos o cuatrocientos azotes a cuenta de los miles. S le responde que su compromiso no ha llegado aún al punto místico de confundir el dolor con la música celestial. S sabe que tiene un año de plazo para cumplir el castigo. Su amo no podrá hacer efectiva la nueva promesa de un condado hasta después del retiro. A DQ le parece tan elegante la disertación que S hace a continuación sobre los beneficios del sueño que la firmaría como propia de sus momentos más inspirados.

“Un sordo estruendo y un áspero ruido” en la oscuridad de la noche los alerta. DQ “puso mano a la espada” (¿No estaba desarmado?). S pone a su rucio de parapeto. Les pasa por encima una piara de seiscientos cerdos, inmundos animales, que llevan deprisa a la feria. Sorprende la reacción de los sufridores, mientras S pide la espada del amo para liarse a mandobles con media
docena de animales. DQ, pisoteado, le pide calma: “que esta afrenta es pena de mi pecado, y justo castigo del cielo es que a un caballero andante vencido le coman adivas, y le piquen avispas y le hollen puercos”. Nada que ver con: “¡Deteneos y esperad, canalla malandrina, que un solo caballero os espera”, pronunciado por el hidalgo en el atropello anterior de los toros.







"...durmió a sueño suelto, sin que fianzas, ni deudas, ni dolor alguno se lo estorbase"
1905-Barcelona-Tasso

A S no le parece justo merecer la misma suerte que el amo y se va a dormir lo que queda de la noche. DQ entretiene su desvelo con un madrigal, unos versos que abundan en el tema de la muerte como liberación. La vida como un continuo morir. La muerte que torna en vida, ansias de pervivencia más allá del deceso. Aspiración quijotesca también recogida por Unamuno, de manera a veces obsesiva, en su obra.

Así el vivir me mata,
que la muerte me torna a dar la vida.
¡Oh condición no oída,
la que conmigo muerte y vida trata!

Versos que le salen a DQ de lo más profundo de la derrota y ausencia de su amada.

"Al declinar de la tarde vieron que hacia ellos venían hasta diez hombres de a caballo y cuatro o cinco de a pie"
1880-1883 - Barcelona-Montaner

Madrugó S esa mañana (pero la madrugá del cabrero; le daban los rayos del sol en la cara y creía que era el lucero) y se echaron de nuevo al camino sin que nada digno de ser contado les sucediese hasta que, al oscurecer, las siluetas recortadas de “diez hombres de a caballo y cuatro o cinco de a pie” armados, les salen al encuentro. Los arrestan y en silencio, sólo roto por insultos no usuales que les meten el miedo en el cuerpo, los conducen al castillo de los duques una hora después del oscurecer. Unas reformas no impiden que reconozcan el patio, lo cual les redobla el temor de cuyas causas sabremos en la próxima ocasión.

Magnífico grabado del atropello en juego de luces y sombras.
1929-Maestricht-Leiter

Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D. Pedro Ojeda Escudero.

9 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Ya imaginaba yo que esto de los cerdos tenía sin duda un doble sentido, me imagino a Cervantes de un lado retomando su novela para darle un giro para revolcar a Avellaneda y por otro y de paso volver a machacar al poder en decadencia...!que buenas ilustraciones, en especial la primera¡...un abrazo

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Así es, juego de contrastes para no dejarnos ir a los lectores, llenando de asombro cómo logra retenernos en el camino de vuelta.

Paco Cuesta dijo...

Soledad, humillación, rapto, que bien utilizados para mantenernos en vilo.

Cornelivs dijo...

Esta claro: D. Quijote cae en picado. Simbolico lo de los cerdos: ha tocado fondo.

Estupendo analisis.

un abrazo.

Asun dijo...

En esa primera imagen, si te fijas en la expresión de la cara de los cerdos y en la de DQ se respira la humnillación.

Muy buen resumen y análisis.

Besos

Myriam dijo...

Si, que fuerza tiene el dialogo entre DQ y S... Cómo se percibe el abatimiento de Dq y la sagacidad de S.

Las ilustraciones preciosas, como siempre.

Besos

Abejita de la Vega dijo...

Esos cerdos sonrientes de la primera ilustración son encantadores.
Los cerdos son menos dañinos, mucho menos que esos duquesones, capaces de mandar a quince personas armadas para arrestar a un pobre loco, viejo y derrotado. La que tienen preparada este par de guarros, con perdón o sin perdón.

Un abrazo y gracias por tus palabras, las de este blog y las que has puesto en el mío.

Antonio Aguilera dijo...

Generosa siempre tu aportación en imágenes; destaco la´última, es muy buena. Excelentemente titulada: "Magnífico grabado del atropello en juego de luces y sombras".

Parece mentira que Cervantes pase de un cuadro idílico a uno humillante en cap. consecutivos, de la Arcadia al infierno, cuasi. Destacas acertadamente este contraste -coincidiste con el gran P.O.E en esto-, esta situación que está en las antípodas una de la otra; del cielo al infierno..., a no ser que los extremos se toquen.

"Como si a las aventuras del camino les molestara la luz del día", hay que leer muy atenta y minuciosamente para pescar estos detalles; muy bueno.
Otro detalle que no se te escapa es que cómo va don Quijote a atravesar cerdos con la espada si va desarmado.
Sancho, a la postre, quería también ejecutar a seis de ellos (en el escudero se sobreentiende que es de buen comer, y tiene una bien nutrida -con el doble sentido- familia.

Como buen salmantino, Unamuno es una de tus referencias. A mí me pasa que cuando acabo de leer una página suya tengo que de nuevo que volver al principio..., y eso que a veces incluso leo a Kierkegaard a quien, como sabes, tradujo del danés.

Bueno, ya estamos inmersos en "El principio del fin" de esta aventura quijotesca; ahora con tan enjundiosa sabiduría:
http://www.youtube.com/watch?v=ChYtveo0yPk

un abrazo amigo

Anónimo dijo...

Buenas noches, pancho:

- Veo que habéis coincidido en alguna ilustración Abejita de la Vega, Jan Puerta, y tú.
- Este capítulo LXVIII está lleno de poesía, y de saber en cada renglón.
Cada vez me admiro más, pues los escritores de ese siglo estaban informadísimos de todas las novedades de otros poetas. Así por ejemplo, de Pietro Bembo, con el madrigal que has enlazado. En cambio, a Sancho le parecía que..." los pensamientos que dan lugar a hacer coplas no deben ser muchos".

- El título que acompaña a la ilustración de 1947, Paris-Latines, está desastrosamente traducido. Lo de "joyeuse" (= alegre), molesta, viendo como los cerdos pasaron por encima de D. Quijote, de Sancho, de Rocinante y hasta del rucio.

Creo que cuando acabemos la lectura de El Quijote, volveré a leerlo otra vez, con todas las explicaciones y comentarios. Tiene tanto por descubrir, en cada renglón, que no soy capaz de asimilar ni una pequeñísima parte.

Saludos. Gelu