jueves, 16 de septiembre de 2010

Cada loco con su tema

"A la sombra del árbol estaba, [...] y allí, como moscas a la miel, le acudían y picaban pensamientos"
1905-1908 Madrid


DON QUIJOTE DE LA MANCHA. CAPÍTULO 2.67

El capítulo es de principio a fin un diálogo entre DQ y S. La aparición casi anecdótica del narrador abre y cierra la historia con indicaciones acerca de la naturaleza diferente de los pensamientos que acompañan a los dos protagonistas y una breve referencia de espacio entre relatos, que nos hablan de que es lejos del bullicio de la ciudad donde la novela vuelve a levantar el vuelo, a la altura de sus mejores momentos. A ello contribuye el entusiasmo de S con su adhesión a las ansias de vida de DQ. El hidalgo es consciente de que va desarmado. Su estrategia hasta ahora ha consistido en el uso de la fuerza, para eso salió armado a los caminos, para luchar con ellas. Las armas a lomos del rucio de S son su Waterloo, es necesario un giro. La novela continúa en clave de reconocimiento: esa búsqueda de conceptos en el amor que le dé sentido a su existencia.

Los diálogos son extraordinarias muestras de ironía, imposibles en un personaje que no tenga una visión clara de la realidad. Se descubre el lado humorístico de DQ, una vez alejado de las armas y también lejos del caballero de los ojos imantados, de una idea fija.


"... Dulcinea, a quien tú agravias con la remisión que tienes en azotarte y en castigar esas carnes"
1929-Maestricht-Leiter

La llegada de S al árbol que asombraba a DQ, aún con restos de la comida de las alforjas de Tosilos enredados en las barbas, sacó al hidalgo del torbellino de pensamientos que se le agolpaban. Dos asuntos por resolver le preocupaban, le carcomían hasta el punto de desvelarle: el encantamiento de Dulcinea, cuya resolución se alargaba debido a las continuas reticencias que el escudero alegaba al cumplimiento de la penitencia y cómo arreglárselas para llenar de contenido los días del castigo de un año.

A juicio de DQ, Tosilos está tan encantado como Dulcinea, pero su desencantamiento ya no depende de él, por eso se aleja del correo y achaca a la indolencia de su escudero el encantamiento de su amada, que prefiere guardar sus carnes intactas para los gusanos antes que azotadas para los lobos. S no encuentra posible relación entre sus posaderas azotadas y desencantamientos. Duda de que existan referencias de ello en los libros de su amo. Sin embargo, como criado obediente que es, se los dará cuando tercie. Su amo le recuerda su condición de siervo y la obligación que le asiste en las cosas de su amo.

"... ¡qué de gaitas zamoranas, qué tamborines, y qué de sonajas, y qué de rabeles!"
1895-New-York-Routledge

Envueltos en buena conversación llegan al sitio donde sufrieron el atropello de los toros bravos. Será el mal recuerdo del atropello que les hace pastores y no vaqueros, la cara y la cruz de la aventura. DQ le propone a S hacerse pastores, Quijotiz y Pancino de la Arcadia feliz. Que, entre otras cosas, Apolo les regale versos; sombra, los sauces; olor, las rosas; y “el amor conceptos, con que podremos hacernos eternos y famosos, no sólo en los presentes, sino en los venideros siglos”: DQ ve una alternativa, una salida a su derrota de caballero andante. Lo que no ha podido conquistar con el ejercicio de las armas, pretende conseguirlo de pastor. La meta es similar; el objetivo el mismo. Sólo cambia el camino. La Arcadia es un atajo, un camino diferente que lleva al mismo sitio: el ansia de renombre, de permanencia en la memoria de generaciones posteriores; en definitiva, no caer en el olvido. DQ será capaz de aguantarle la mirada a los sueños. Qué listo se nos antoja el autor en esta evolución de DQ: como ya no puede derrotar vestiglos y gigantes con el ejercicio de su brazo, pretende alcanzar la gloria haciendo de cabrero y recitando endechas de creación propia a la luna.

"... hanos de ayudar mucho al parecer en perfeción este ejercicio el ser yo algún tanto poeta"
1938-Paris-Secretaire

S no está para pensamientos tan profundos. Sólo acepta la propuesta pastoril como cebo, para que sus paisanos el barbero, el bachiller y el cura se unan al aprisco. Los necesita de testigos de su nueva vida. La gran vida que se han de pegar y el sonido acompasado de la percusión de los albogues le da pie a DQ a disertar sobre el origen de las palabras. Una lección de filología. A cobijo e inspiración de la música , compondrán sus versos los pastores de la Arcadia. Unos harán de poetas, otros de guitarristas y copleros. S no se ve en este papel, pero aprovechará el tiempo para tallar buenas cucharas de madera con la navaja. Su hija Sanchica les llevará la comida al corte, algo que no termina de convencerle pues tanta caterva de poetas juntos pueden engatusarla con sus versos.

Para que no falte de ná, los pastores Quijotiz, Pancino y todos los demás, menos el cura que compartirá las de todos, tendrán amantes en la Arcadia. Le cambiarán el nombre a todas menos a Dulcinea cuyo nombre no distorsiona de pastora. No se atreve a cambiárselo a su Teresona, “pues no ando a buscar pan de trastrigo por las casas ajenas”.

"Sanchica mi hija nos llevará la comida al hato."
1836-1837-Paris-Dubochet

Las estrecheces del camino y la dureza del lecho son la causa de que a S lo que se le agolpen sean los recuerdos de la abundancia que ha vivido al lado de su amo en las casas nobles que ha visitado y los ágapes de ceremonias a los que ha asistido en el curso de sus hazañas. Termina su disertación engarzando una sarta de refranes que no vienen a cuento a juicio de DQ: “tráeslos tan por los cabellos, que los arrastras, y no los guías”. Se retiran ambos a dormir y permitir que la noche deje lugar al día.

Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D. Pedro Ojeda Escudero.






9 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Ay Pancho, me he equivocado en esa parte de las cucharas que Sancho menciona, creía que se refería a cocinar no a tallarlas en madera... ¡Qué despiste! Lo tendré que leer de nuevo y corregirlo. Besotes, M.

Paco Cuesta dijo...

Sancho, con la misma habilidad que mostró en su etapa de gobernador, alarga el desencanto hasta más allá de sus posibilidades.

Myriam dijo...

De acuerdo contigo hay mucho humor en DQ y muuuuucha tristeza....

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Sancho muestra su adhesión entusiasta a los sueños pastoriles de su señor. Tallará cucharas y meterá en el aprisco al cura, al barbero y al bachiller.
Don Quijote espabila un poco soñando esta ilusoria Arcadia, incluso nos da una lección filológica etimológica.

Un abrazo bucólico

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Sancho desde que se da cuenta de que el ideal no coincide con lo real... esta un poco rebotado con su señor... aunque no le disgusta eso de ser pastor...lo mismo para él es sinónimo de queso, carne y leche a mano....un abrazo

Cornelivs dijo...

Como siempre, acertado y certero tu analisis, estimado amigo.

Un abrazo enorme.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

La Arcadia era ya el sueño imposible.

Asun dijo...

jejeje. Lo de " Quijotiz y Pancino de la Arcadia feliz" parece el título de un cuento.

DQ sigue soñando, ahora con lavida de pastor, y S. no le hace ascos. Los dos coinciden, excepto en el uso de refranes.

Besos

Anónimo dijo...

Buenas noches, pancho:

Coincido con lo expresado por todos los comentaristas.

Y ¡qué bien me cae Sancho!:
...Sancho..."no se ve en este papel, pero aprovechará el tiempo para tallar buenas cucharas de madera con la navaja. Su hija Sanchica les llevará la comida al corte, algo que no termina de convencerle pues tanta caterva de poetas juntos pueden engatusarla con sus versos.

Para que no falte de ná, los pastores Quijotiz, Pancino y todos los demás, menos el cura que compartirá las de todos, tendrán amantes en la Arcadia. Le cambiarán el nombre a todas menos a Dulcinea cuyo nombre no distorsiona de pastora. No se atreve a cambiárselo a su Teresona, “pues no ando a buscar pan de trastrigo por las casas ajenas”.

Sancho, fiel a Don Quijote y a su familia.

Saludos. Gelu