jueves, 19 de noviembre de 2009

Nota al margen, camino y una arenga

El auténtico autor del Quijote en la ficción. Ilustración tomada de aquí.


CAPÍTULO 2.24

A pesar de que DQ promete seguir contando historias del interior de la cueva, éstas serán más adelante, porque ahora se echan al camino marcando el final del relato montesino. Los lectores sentimos cómo se nos rompen los esquemas que nos hemos ido creando durante la lectura: al final del capítulo no nos da ninguna pista sobre la dirección que tomará la novela. Capítulo con poco atractivo para los ilustradores, pero que ha provocado que ríos de tinta intenten dar una interpretación de la nota al margen de Cide Hamete Benengeli.


Los lamentos de S, por la locura de su amo, en vista del efecto que en él ha tenido el encantamiento, con la descompensación horaria que sufrió en la bajada a la cueva, nos llevan a dudar de lo mismo que el autor primero- Cide Hamete- : la más que dudosa verosimilitud del relato de DQ sobre su experiencia en la cueva, expresadas en unas notas al margen en la versión en árabe. Se duda de la autonomía del autor para inventar un relato y darlo a la estampa. Da protagonismo a los personajes: deja que sea el propio protagonista de la novela el responsable de lo que en ella se vierte. Al lector le otorga el privilegio de que juzgue sobre la veracidad de algo que ocurre lejos de testigos desencantados. Muy moderno se nos muestra aquí el autor al permitir que el lector intervenga en el proceso creador de la novela. De alguna forma permite interactividad con el receptor del mensaje.


El primo del Licenciado espadachín, que no conoce los entresijos de la relación entre ambos, ve falta de respeto en el comportamiento de S con su amo. Comenta que de la historia de DQ es aprovechable casi todo para sus libros; desde el propio conocimiento del Caballero de la Triste Figura hasta el nacimiento del Guadiana, junto a los misterios de la cueva y la invención de los naipes, cuyos principios se ahondan a los tiempos de Carlomagno.


DQ duda de que su interlocutor tenga licencia para publicar y mecenas que ampare económicamente la creación y difusión (obsérvese la utilidad de un blog). Aquí C saca a colación las dificultades que tuvo para encontrar mecenas: “Un príncipe conozco yo que puede suplir la falta de los demás, con tantas ventajas que, si me atreviere a decirlas, quizá despertara la invidia en más de cuatro generosos pechos.”


La tarde, que ya alargaba las sombras, les obliga a pensar en el cobijo para la noche; el primo propone una ermita cuyo ermitaño tiene buenas gallinas y una casa que acepta huéspedes. Nada mal debía vivir el ermitaño pues DQ incide en su pensamiento de que hace más daño un pecador público que un hipócrita que se dice bueno. La compañía frustrada de un mulero que, a pie, arrea el mulo cargado de lanzas, apremia también la mente de DQ, ávida de conocimientos. Es por ese afán que deciden seguirle hasta la venta, no sin antes pasarse por la ermita a echar un trago. La sotaermitaña que cuida al eremita no les ofrece más que agua de la fuente. Esto no convence a S que esperaba algo más consistente, añorando la abundancia de los capítulos anteriores.


Continúan la marcha rumbo a la venta y se topan con un mancebo, mozo de dieciocho años, que a pie, iba cantando seguirillas corridas manchegas. Le quedaban unas doce leguas para llegar al banderín de enganche donde pensaba alistarse; llevaba la ropa en un hatillo, como los maletillas, para no gastarla: más quiero tener por amo y por señor al rey, y servirle en la guerra, que no a un pelón en la corte.” Había tenido malas experiencias con los amos que hasta entonces había servido, dándonos una panorámica exacta de los personajes de pretendida grandeza que pululaban por la corte y sus aledaños: mucho había vivido este muchacho con apenas dieciocho.



El Quijote universal. Espléndido ejemplar del Quijote en dos tomos. De una tienda de libros de segunda mano de Utrecht. Por sólo 15 Euros en holandés.



Como entre patriotas anda el juego, el relato del mancebo sirve a DQ para arengar al joven que va a servir en los ejércitos más temidos del momento. Eran los soldados del imperio. C nos da una visión un tanto desengañada de los tercios. Nos muestra cómo en ellos se alistaba gente que apenas tenía para comer, menos para vestir. Sin embargo, DQ le dice que “más bien parece el soldado muerto en la batalla que vivo y salvo en la huida.” Si por casualidad cayera herido en el combate, no debe preocuparse, pues ya se está dando órdenes para que los veteranos heridos o mutilados tengan privilegios en su vida posterior. No como los amos que liberan a los esclavos de viejos para que no gasten, dejándoles indefensos, abocados al hambre.


El paje no acepta el anca de Rocinante que tan amablemente le ofrece DQ, pero sí la cena en la venta.


S se sorprende, de nuevo, al ver cómo DQ ha pasado de la locura montesina a la arenga al futuro soldado a modo de gran capitán. También de que su locura parece haberse desvanecido al no confundir la venta por castillo como solía. Al anochecer llegaron a la venta y S acomodó a Rocinante en la suite de la caballeriza: el pesebre de privilegio, preparándole para un futuro que se adivina exigente.



Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma.

10 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

"Muy moderno se nos muestra aquí el autor al permitir que el lector intervenga en el proceso creador de la novela. De alguna forma permite interactividad con el receptor del mensaje". Ésto tambien me llamó la atención por, efectivamente, su modernidad. Muy bueno tu resumen, como siempre, querido Pancho. Besotes quijotescos, M.

Cornelivs dijo...

Perfecto tu analisis Pancho. Me ha gustado mucho. Especialmente la anotación al margen de Cide Hamete.

Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Veo que tu viaje ha sido provechoso y que ni allí te libras del Quijote...
¡Qué oportuna forma de llamar la atención a la manera en la que Cervantes maneja la narración para romper la espectativa del lector!

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Estoy contigo con lo del despiste....a mi me dejó un poco aturdido: ni maravillas de hisotira, ni aparece el ermitaño, ni vino....

Me imagino que el mancebo no quiso sentarse sobre Rocinante...porque sería un jamelgo esquelético...

A mi me queda una duda sobre los mecenas: verdaderamente estaban interesados por la cultura o es que daba "caché" el tener a vairos de ellos a su alrededor??? no se....saludos

pancho dijo...

Merche: Nos destripas los capítulos a fondo en tus comentarios; imposible que se pasara por alto. Sin forgeries ni fakes, sin trampa ni cartón.

Cornelius: C, por lo que estamos viendo, es mucho más moderno que muchos de los novelistas actuales que van de posmodernos, creyendo que inventan algo. No es que les quiera quitar su mérito, pero lo que hacen ya lo hacía C hace cuatrocientos años.

Pedro: En esta ocasión lo busqué. Le pedí al librero algún Quijote con ilustraciones y me enseñó dos. Uno en Inglés y el de la foto. Las ilustraciones eran las de Doré que ya las tengo. Por quince Euros era un regalo. Una pena que el texto me sonara double Dutch to me.

Tucci: Si el ermitaño hubiera tenido vino del bueno, allí se habrían quedado a pasar la noche. Tienes razón.

El pobre Rocinante no tiene más que huesos. La estancia en la suite pesebril le hará mejorar.

Pedro nos hablará sobre este tema el lunes: estemos atentos.

Un abrazo a todos y gracias por vuestra visita y comentario.

Antonio Aguilera dijo...

Comparto lo de jugar al despiste por parte del ilustre Manco, impredecible siempre lo que està por venir.

Al mecenas habrìa que hacerle bien "la pelota". Èstos escritores seguro que eran especialistas en el agasajo: tener un par de ellos es como llevar rueda de repuesto en el coche; por si..

Final muy autobiogràfico el del capìtulo. Cervantes estropeado, o lisiado, y sin ninguna prestaciòn por desempleo.

Rocinante en la Suite màs pija con pesebre de privilegio: ya iban olvidando, caballo y caballero, lo de no comer pan a manteles.
No le vendrìan mal unos kilillos de màs a tan "liviana" pareja de pasarela.

Un placer mi charro.

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

¡Cómo debían andar los gloriosos tercios,Pancho! ¡Qué ánimos da don Quijote al pobre chaval en esa arenga de gran capitán! Como tú bien dices...
¿Y qué me dices de los ermitaños que se ausentan de la ermita, beben de lo mejor y tienen sotaermitaño?¿Sota? Erasmo, Erasmo...
En esta parte del Quijote el caballero cada vez más caído y la sociedad en que vive, esa no digamos...Y Cervantes estaba ya muy pachucho y viejito.
Provechoso y quijotesco viaje.
Un abrazo

pancho dijo...

Aguilera: Es una de sus tácticas para mantener la atención del lector. Aquí no consideró oportuno dejar pistas al final porque ya lo había hecho antes cuando se encontraron con el que arreaba al mulo cargado de lanzas.

La seguridad Social todavía no existía. Los mutilados sin medios tenían que vivir de las limosnas.

DQ no es de este mundo. Su caballería le llenaba.

Abejita: No vivían nada mal estos cuidadores de ermitas, tenían cuidadoras para las tereas domésticas y para lo que hiciera falta. Si fuera así ahora, seguro que no faltaban postulantes.

Un abrazo a los dos y felices relatos quijotescos.

Myr dijo...

Lindos ejemplares, pero ¿en Dutch?... Puajjjjjjjjjjjj, todavía estoy pensando de si leerlo en hebreo...

pancho dijo...

Myr: Leerlo en hebreo tiene que ser un puntazo, como dicen los jóvenes.
Gracias por tu visita