jueves, 5 de noviembre de 2009

Don Quijote se empoza*

Gustave Doré dibujó.
"Sancho se refociló tres días a costa de los novios"


CAPÍTULO 2. 22

Cervantes recurre al camino para marcar la transición de un episodio a otro. Es en estos capítulos donde, con el dinamismo que imprime a la trama, nos descubre su magisterio de novelista moderno. Nos dejamos llevar por su experta pluma de la vida relajada en casa de los recién casados a la angustia de los del exterior del pozo, que temen por la integridad del espeleólogo inexperto, pasando por los consejos de DQ a Basilio y Quiteria, el camino y el empozamiento de DQ. Cometeríamos un grave error si pensáramos que por esa apariencia de superficialidad nos lo podemos saltar alegremente.


Los tres días que nuestros protagonistas pasaron en casa de los novios “fueron regalados y servidos como cuerpos de rey”. A cambio de los tres días de pensión completa, DQ da una serie de consejos a los recién casados sobre la pobreza y el amor. Aconseja a Basilio que, ahora que ha conseguido la belleza, se dedique a conservarla; empresa nada fácil, siempre estará en el punto de mira de muchas aves de rapiña: “La mujer hermosa y honrada, cuyo marido es pobre, merece ser coronada con laureles y palmas de vencimiento y triunfo.” Al hacer esta aseveración DQ copia de la sabiduría popular. Parte de la observación, no hay quién pueda ir en contra de lo que se ve y palpa en la vida cotidiana. El Hidalgo da por supuesta la maldad intrínseca de la mujer; por lo tanto, para demostrar su bondad no sólo tiene que ser buena sino parecerlo: “…que mucho más dañan a las honras de las mujeres las desenvolturas y libertades públicas que las maldades secretas.” S que escucha, farfulla que esas reflexiones obtenidas de la observación también las había podido haber hecho él. Además, las podía haber escuchado antes de casarse con Teresa. Le confiesa a su amo que aunque ella no es mala, tampoco es buena, sobre todo cuando está celosa. No debía ver muy claro Teresa tanta salida del marido con su amo.


Antes de los consejos, C sigue con la ambigüedad que caracteriza sus escritos. Quiteria era ignorante de los planes de suicidio de Basilio; pero deja la puerta abierta a que lo supiera por terceras personas, los amigos del novio. DQ se siente halagado porque haya alguien que considere su valentía y su elocuencia, capaz de detener la trifulca que se adivinaba cruenta en la enramada.


Un primo sin nombre del Licenciado diestro les sirve de guía a la Cueva de Montesinos. C no se digna ponerle nombre pero lo define con detenimiento: humanista, editor que atiende a la máxima de “instruir deleitando”, dedicando con frecuencia los libros a príncipes, famoso estudiante y lector de libros de Caballería; sin embargo, sus múltiples ocupaciones no llegan para dar descanso a la burra preñada. También es verdad que cualquier montura no tendría mayor dificultad para ponerse al paso de los perjudicados animales de nuestros protagonistas. (Otro ejemplo más de la utilización del contraste en las narraciones cervantinas). Nos cuenta, también, los temas de las obras que edita, son paradigma e hipérbole de los saberes inútiles, como una descripción de los tipos de libreas, las fuentes de Madrid, el detallarnos la veleta de la Giralda o el Ángel de la veleta de la iglesia de la Magdalena de Salamanca ( nadie sabe de su existencia ) Sólo he encontrado una referencia en El Lazarillo al Comendador de La Magdalena y una mención a un Colegio Menor con ese nombre, sito en el Teso San Vicente- parte más alta de la Salamanca antigua - que daba cobijo a siete estudiantes. Me inclino a pensar que se trata de otra comparación barroca, entre la grandiosidad de la Giralda y una veleta de una iglesia que ni existe. Añade a los saberes inútiles: quién se pilló el primer catarro y el usuario pionero del ungüento que curaba la sífilis. Gracioso se muestra S en la apostilla al preguntar quién fue el primero en rascarse la cabeza. Su caletre le da para saber que el primer titiritero fue Lucifer sin necesidad de consultar libros: “para preguntar necedades y responder disparates no he menester yo andar buscando ayuda de vecinos.”



Grabado de la edición de Ibarra. Madrid 1780.

"... salieron por ella una infinidad de cuervos y grajos..."


Como la noche se les viniera encima, pernoctaron en una aldea a dos leguas de la cueva. Allí se abastecieron de lo necesario para que DQ bajara al pozo al día siguiente. Los aledaños, ciegos de maleza, los pajarracos se espantan al abrir camino con la espada, señal de que ningún humano se había acercado a la boca desde hacía mucho tiempo. ...tal empresa como aquésta, Sancho amigo, para mí estaba guardada.” Echa en falta una esquila, se encomienda a Dios, primero, luego a Dulcinea arrodillado. Media hora dejaron a DQ empozado, suficiente para sentir que la ansiedad se apoderaba de ellos. Presentían que se había desatado, perdido para siempre, al tirar y no sentir peso al final de la cuerda. Cuando ya sólo quedaban unas veinte brazas volvieron a sentir peso y se alegraron. Lo sacaron dormido. Les costó despertarlo. Con hambre nos emplazan a los lectores para el próximo capítulo con el relato de lo que DQ vio allí abajo.


"... ya pensábamos que se quedaba allí para casta..."

* Me sorprendió encontrar aquí el verbo empozarse. Sólo lo conocía por Cesar Vallejo

Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D Pedro Ojeda Escudero y ya ha sido publicado en la misma.

8 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Me gusta eso de "empozarse". No lo había oido nunca. Me pregunto si el hecho de que Cervan fuera tan misógino (aunque lo suaviza con los comentarios de nuestro Quijo) ¿no sería debido a que en esa época la mayoría de las mujeres no leían? De hecho, muchas ¡ni sabrían leer! Lo de Teresa siendo celosa, la entiendo por las ausencias de su hombre y sigo pensando que en la relación Quijo/Sancho había mucho de amor platónico homosexual. Besotes, M.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Si aún quedan trazas de misoginia...que no sería en el siglo de las luces...no creo que cervantes lo fuese, pues en algunas ocasiones defiende a la mujer...pero la épcoa contagiaba y lasmentes no debieran ser muy abiertas...un abrazo

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Cómo me gusta tu forma de saborear las palabras del Quijote: aquí con la descripción de la cueva y el rescata de empozar. Sin duda, una lectura con placer, querido amigo.

pancho dijo...

Merche: Difícil ponerle algún pero a tu teoría. Las mujeres aún no eran conscientes de que había que luchar para ganarse el respeto. Aquí en esta sociedad todo son conquistas, no se regala nada. Hay que estar siempre con el cuchillo entre los dientes.
No estaba ya DQ muy apto para mucho despliegue amatorio. No importa la tendencia.

Me encantó este verbo cuando lo descubrí en C. Vallejo.

Tucci: La emancipación de la mujer no empezo en este país hasta bien entrado el S XX. Seguro que las había que no le interesaba la lucha. Debían vivir regular a la sombra y cobijo del marido. Desde la sombra desplegaban sus armas.

Pedro: La lectura es sumamente reconfortante, una vez que vamos entendiendo las claves cervantinas y de la época. Mucho gracias a ti.

Un abrazo a los tres y gracias por la visita y comentario.

Antonio Aguilera dijo...

Pancho, disculpa que siempre sea el último, pero, como sabes, publico los viernes tarde y comento los fines de semana.
Mi padre decía por el año 1976, en mis tiempos del instituto (luego dejé los estudios académicos), que para dar conmigo bastaba con estar atento a quién llegaba el último a clase, y quién salía el primero: sólo podía ser mi menda.

Bueno, una vez expuestas estas endebles excusas..., vemos cómo no es la primera vez que Cervantes alude a la "inestabilidad" emocional de la mujer.
Algo debió de sufrir en sus carnes el de Lepanto, alguna frustración, desdén etc.
Pone a la mujer bajo guardia. Aunque el caso de Sancho es peculiar, su Teresa debía de tener unas manos que uno no quisiera verlas estampadas en cara propia. Más que celos, creo que lo que tiene es deconfianza de don Quijote, de que no le pague los servicios prestados.

Buen personaje el primo, de los más estrafalarios que Cervantes ha creado.
Es posible que C pensara en Avellaneda; de todas formas, un individuo que se esfuerza por cosas inútiles.

Te dejo mi agradecimineto por tus palabras de ánimo en la Lectura del Manifiesto: seguro que por todos vuestros buenos deseos salió "de lujo". Espero que por fin Ojito monte el video sobre parte del acto, tiene algún problema técnico.

Gracias por todo, mi charro preferido.

pancho dijo...

Aguilera: Los títulos sólo son garantía de que puedes trabajar en un sitio que otro, sin él, lo tendría complicado, pero no son sinónimo de sabiduría. Ésta sólo se consigue con el sosiego que da el paso del tiempo y la acumulación de lecturas, estudios, mucha observación y sedimentación de experiencias. De éstas y de aquellas, se ve a simple vista que no careces.

Te voy a tener que invitar a algo por lo de charro preferido.

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

¡Qué consejos tan misóginos los del hidalgo solterón!
Estoy de acuerdo contigo en lo de los títulos.También, en lo que dices de Antonio.Qué duda cabe que tiene sus saberes sedimentados y contrastados.
Saludo a los dos, bueno, y a todos los que pasan por aquí...

pancho dijo...

Abejita: Son misóginos, de otra manera no se los hubieran publicado. Él sabía hasta donde podía llegar. Saludos también para ti, ahora voy a leerte, que ya he visto que te has explayado allí abajo en la cueva. Un abrazo y gracias por la visita.