jueves, 26 de marzo de 2009

La dura realidad

dibujo de Gerardo Trives

Capítulo XLVII

De la misma manera que el barbero, paisano de DQ, fue el urdidor del principio de solución del asunto de la bacía y la albarda, con el referéndum y posterior tumulto; aquí es el cura el que toma los trastes para tratar de convencer a los cuadrilleros de la Santa Hermandad de la inutilidad que supone encerrar a un loco. No es necesario que se lo lleve la SH; ya se encargan ellos de atarlo, meterlo en una jaula y subirlo a un carro de bueyes: la realidad es mostrenca y se impone a la visión quijotesca del mundo. Ya está bien de locuras, incluso los cuadrilleros ayudan a intercambiar las albardas. El cura se rasca el bolsillo y paga a socapa, que es lo mismo que a hurtadillas, ocho reales por la bacía.

Se da prisa el autor por cerrar los episodios que aún permanecen abiertos, ahora que la venta ha quedado amortizada, más que de sobra, como escenario de acontecimientos. Se le ha quedado pequeña incluso desde el punto de vista del espacio: demasiada aglomeración de gente y de animales. Vamos descubriendo que el relato marcha a su final – no sólo porque la parte leída va incrementando su grosor, que también - sino porque vemos a DQ resignado, transportado en contra de su voluntad, con el único consuelo de su Dulcinea que; idealizada como es, le espera.

No quiere C que perdamos la referencia de que lo importante y sustancial de la novela son DQ y su escudero, después de la vidilla que le ha dado a tantos secundarios que han pasado por la novela, cuando afirma: Sosegadas, pues, estas dos pendencias, que eran las más principales y de más tomo” refiriéndose a la albarda y la bacía.

D Fernando ayuda a resolver la otra pendencia pendiente de D. Luis y Clara, ofreciendo su casa para alojar al enamorado y uno de sus criados hasta que su padre reciba noticias de la situación y dé consentimiento. Asimismo, paga los desperfectos del desenfreno de DQ con los cueros de vino, cuando le parecieron el gigante Pandafilando de la Fosca Vista, quedando la venta tranquila como una balsa de aceite.

La paz que reina en la venta en este momento no convence a DQ que, utilizando la misma táctica de cuando rompió el lanzón contra el suelo; es decir, usar la sorpresa como arma de ataque, propone a su señora Dorotea marchar en busca de Pandafilando, pues si se demoran “dándole lugar al tiempo”, podría fortificarse y hacer imposible el asalto y derrota. Dorotea cede la decisión a su guardián que decide que la partida sea inmediata.

Sancho se muestra reticente a la marcha. Prefiere esperar, sospecha de las penurias y zozobras que le esperan. Al fin y al cabo él sabe que las deudas, desperfectos y costas ya han sido saldados por D Fernando y el cura. Los escudos de oro de la maleta de Sierra Morena todavía están a buen recaudo, en algún lugar que sólo él conoce y, lo que es más importante, sin sufrir un ardite de merma.

La reacción de DQ es iracunda, cuando S le sale con el cuento de que ha visto a Dorotea haciendo arrumacos con su marido, D Fernando. Se salvó el escudero, porque no tenía el amo el lanzón a mano. Al suceso le sucede un avergonzado S que no vuelve a decir ni pío en lo que resta de capítulo, si no es para agradecer las promesas de cobro de su minuta.

Intervienen Dorotea y D Fernando para apaciguar la ira de un herido DQ, como consecuencia de la insolente observación de S a sus convicciones más sagradas. La primera achaca al encantamiento de S que le hizo decir y ver lo que no vio. DF le ruega al hidalgo perdón para S “sicut erat in principio” que por contexto debe querer decir borrón y cuenta nueva.

Dos días después de la llegada – que parecieran meses a los lectores por la cantidad de sucesos que ocurrieron – deciden procurar la cura de la locura de DQ en su aldea. Rápidamente hicieron una jaula, se disfrazaron todos menos S, que poco le faltaba para faltarle el sentido como a su amo, vio cómo lo ataban, le encerraban y clavaban “los maderos tan fuertemente que no se pudieran romper a dos tirones”.

DQ sólo se alivia al oír decir al barbero disfrazado, que no se aflija pues así conviene para acabar yaciendo con la blanca paloma tobosina. Igual de satisfecho queda S al escuchar cómo le ofrece pagar el salario prometido en caso de que no pueda pagarle con ínsulas que ya ve difícil de alcanzar a estas alturas del cuento.



Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote. Ya ha sido publicado en La acequia

7 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Ay mi amigo Pancho¡¡¡ que me mareas con tus S DQ y C...menos mal que uno se acostumbra a todo...jeje..era una broma...

Dese luego que el batiburrillo de aventuras, aventurillas , novelas...en que se convirtió la primera parte parece que llega a su fin...se ve como cierra y da candado a cualquier historia...a veces creo que C no pretendió escribir las aventuras de DQ y S... fue algo que se le ocurrió una vez tenía todas estos escritos elaborados...en fin que me pegaste los "apocopés"... un abrazo compañero de fatigas y quijotadas

Merche Pallarés dijo...

Te he leido en el blog de Pedro y como siempre genial tu análisis querido Pancho. Muchos besotes, M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Muy bien visto este giro hacia el final. Como bien dices, la venta ya está amortizada y hay que volver a la acción principal para llevarlos a casa.

DianNa_ dijo...

He tenido que cerrar mi blog, por problemas de plagios y falsas acusaciones, ahora tengo otro GRACIAS Y PERDONAD LAS MOLESTIAS.
http://paseandoporterra2.blogspot.com/

Besosss

Abejita de la Vega dijo...

¡Hola Pancho!
¡Has puesto una cabecera muy bonita!
Sí, lo de yacer con la paloma tobosana en yugo matrimoñesco es una idea bálsamo para nuestro héroe, sólo pensarlo le quita todos los enfados y todas las penas.Hay qu ver cómo vivimos, entre todos, estos capítulos..
Sigamos, estamos llegando al final de la primra parte. Compartimos y aprendemos.
Un abrazo

Antonio Aguilera dijo...

El cura que era toda una autoridad, y lo sigue siendo en nuestra "cristiana" sociedad, consigue convencer a los cuadrilleros de que don Quijote està como una regadera.

Que bien recoges el espìritu inquieto y combativo de don Quijote que "usa la sorpresa como arma de ataque", como tù dices, cuando coge por banda a Dorotea y le propone continuar con la reconquista del reino de Micomicòn.

A mì, como a tì, tambi``en me parecieron meses el tiempo que estuvieron en la venta. La verdad es que llavamos varias semanas con la venta como telòn de fondo.
Suerte que tengo a Ojito Saltòn que me ilustra los capìtulos venteros con sus blancas damas jajaja.

Al final recojes la resignaciòn del de la Trste Figura por la promesa de que "yacerà" con la tobosina, y traeran al mundo muchos quijotinos desdentados.

Para mì tambièn ha sido un feliz capìtulo.

Un abrazo

pancho dijo...

Tucci: El uso de los acrónimos es un truco para que no se note tanto la repetición a la hora de escribir los comentarios. C en bastantes ocasiones deja claro que la acción principal es lo que le ocurre a los protagonistas. Lo demás son añadidos, muy bien engarzados, que le dan cuerpo y solidez a la obra. Sólo un genio como C fue capaz de hacerlo.

Merche: Pues todavía no has visto nada de lo que queda por salir de esta mollera. Es broma, la verdad es que lleva su tiempo escribir algo coherente con las notas que uno va tomando de la lectura.

Pedro: Es que con los trucos que nos enseñas todas las semanas no se nos escapa una.

Dianna: Ya he leído el lío del plagio. Con lo buena que eres escribiendo no me extraña nada que te copien.

Abejita: La foto es de Manolo de “puntos de mira”. Si quieres echarle una ojeada a su blog: http://manuelcasadiego.blogspot.com fotógrafo con un punto de mira especial.

Aguilera: No se hubieran permitido muchos párrafos de ataque a las instituciones si no los hubiera proferido un loco. En el comentario de este capítulo habéis subido un peldaño en la creación de palabras. Me encanta esa faceta vuestra.

Vaya un elenco de blogueros con casta. No me lo merezco. Un abrazo a todos y todas.