jueves, 19 de marzo de 2009

Un plebiscito, un acuerdo y un tumulto

Ilustración de Gerardo Trives

CAPÍTULO XLV

Un diálogo multibanda, cuya banda está formada por dos barberos, DQ, el cura y D Fernando… nos introduce en un capítulo de gran dinamismo y agilidad que cierra DQ; crecido en sus convicciones, después de ser capaz de detener el pandemónium venteril, con un monólogo – apología de la Caballería Andante. Se despacha a gusto con los cuadrilleros, ladrones, salteadores de caminos con licencia de la Santa Hermandad. No deja títere con cabeza en su fogoso ataque al sistema fiscal de los Austrias de la época, consistente en: pechos, alcabalas, chapines, monedas foreras, portazgos y barcas. Pero volvamos al principio que hay mucho cuento que contar.

Siguiendo la corriente a “nuestro sobrebarbero”, el perteneciente al grupo que se formara en las asperezas de Sierra Morena, sobrero que toma la palabra, (no confundirlo con el otro, con el desprovisto). Todos de acuerdo en apoyar las alucinaciones de DQ, con el fin de burlarse de él. Entre todos concluyen que la bacía no es bacía, tanto que: está tan lejos de serlo como está lejos lo blanco de lo negro y la verdad de la mentira” Sin embargo, conceden que el yelmo no está entero, como queriendo indicar que el encantamiento y la locura del hidalgo no es completa.

El oidor no oía nada de la quimera de la jofaina con rebaje, de lo concentrado que estaba en encontrar una salida al dilema de D Luis, ahora que sabía que podía sacar beneficio.

El barbero desprovisto argumenta que si la bacía es yelmo, entonces por lógica, la albarda debe de ser jaez de caballo. Como a DQ no le interesa la albarda, (En su locura sólo hay sitio para una bacía que es yelmo) deja que sean los demás los que decidan en plebiscito, pues considera probable que al no ser caballeros tienen la mente más lúcida, es decir, no les afecta el encantamiento del castillo. Los participantes deliberan que si corroboran que la albarda es albarda, entonces el razonamiento de DQ con relación a la bacía se viene abajo. No les queda más remedio a los presentes que seguir el hilo del absurdo del mundo al revés. Por consiguiente; el barbero sobrero, portavoz del grupo plebiscitado, que con tanta gente en la venta estaba p’ayudar – por sierto, desaparecido en la trifulca posterior - sentencia que la albarda deja de ser albarda para ser jaez de caballo.

Uno de los cuatro criados de D Luis, que no conoce lo andado por el grupo originario en Sierra Morena da la clave al afirmar: “… Que no carece de misterio el porfiar una cosa tan contraria de lo que nos muestra la misma verdad y la misma experiencia; porque, ¡voto a tal! -y arrojóle redondo-, que no me den a mí a entender cuantos hoy viven en el mundo al revés de que ésta no sea bacía de barbero y ésta albarda de asno.”

Tan abismado estaba DQ en la “quistión” que al oír cómo un cuadrillero de la Santa Hermandad, que no comulgaba con ruedas de bacías, cuestionaba su verticalidad actuó. Sin mediar palabra intenta descargar su lanzón en las costillas de uno; cosa que hubiera conseguido de no ser porque el autor decide advertir al sujeto en el último momento para que esquive el golpe. Ello provoca que DQ se quede sin arma al romperla contra el suelo. No estuvo aquí valiente C, seguro que en el último momento pensó que ya fue suficiente con la liberación de los galeotes. Demasiado, incluso para un Caballero Andante, infringir dos veces la ley en un periodo tan breve de tiempo.

Lo que sucedió fue un pandemónium de golpes, de unos contra otros, que zanjó DQ de la siguiente manera y que sirve como conclusión de la historia de la bacía: ¡Ténganse todos; todos envainen; todos se sosieguen; óiganme todos, si todos quieren quedar con vida!” - concluyendo - “que es gran bellaquería que tanta gente principal como aquí estamos se mate por causas tan livianas.” Quedando en su imaginación albarda por jaez, bacía por yelmo y venta por castillo.

Seguidamente, D Fernando echa una mano al Oidor en la búsqueda de una salida al contencioso de D Luis, algo que parecía insoluble; resultando una apología del diálogo; elemento imprescindible en la resolución de conflictos.

El mismo al que iba dirigido el lanzonazo que DQ hizo trizas contra el suelo, resentido, prepotente y rencoroso; escudriñó y encontró, en algún lugar de sus recuerdos, que estaba en posesión de un pergamino que incriminaba al Hidalgo por haber liberado a los galeotes. Allí mismo hubiera dejado sin aire para siempre al cuadrillero si no es por la intervención de los presentes. Termina el capítulo con el discurso - apología de La Caballería Andante de DQ con el que comenzamos - hace ya un rato - este comentario, que yo habría querido más breve, pero el interés de tanta acción lo han hecho así de extenso y con perspectivas nada halagüeñas para nuestro héroe.


Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote. Ya ha sido publicado en los comentarios de La Acequia

7 comentarios:

DianNa_ dijo...

Pues es uno de los capítulos mas enrreversados y divertidos de los que hemos leído hasta ahora. Con qué maestría incluye a tantísimos personajes y diferentes situaciones en pocas lineas.

La falta de respeto a la autoridad y la crítica a todo lo de su época es admirable. Nos pinta una visión de una España en la que la injusticia debía ser el lema :) y él uno de sus sufridores.

Yo, no me preocuparía por si son largos o no tus textos; al que le guste leer, leerá todo y al que no, ni media linea. Tú a tu bola que lo haces genial. Cuando algo es bueno, se hace corto.

Así que no te gustan los mordiscos... bueno... vale :)entonces te dejo un beso.

Merche Pallarés dijo...

Te leí en donde PEDRO y, como siempre ¡genial! mi querido guapetón. Muchos besotes y seguro que los mordiscos de nuestra Diannita son suaves y sensuales y..., saben ¡a gloria bendita! mucho mas que mis insulsos besotes... M.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Acertada síntesis en la que das las claves del dinamismo y los puntos esenciales de este capítulo tan interesante para cerrar mucho de lo anterior y comenzar el final del libro.
¡Cómo me gusta que tengas blog!

PENELOPE dijo...

Buenos días, pancho:

Tendré que pedir una tregua, pues no voy a tener tiempo de despedirme de todo el mundo, que ha llenado el mío, en mis viajes por internet.
El profesor Ojeda,-con sus lecturas de mi querido loco maravilloso D. Quijote- y tú sin conocerte más que por tus comentarios, me transportábais a los tiempos de Cervantes.
Cuando ví tu autorretrato, acababa de ver una película de Godard, y Belmondo estaba en mi tejado. Al verte, tuve la impresión de que te conocía. Me había fijado en tus escritos, tu elegancia, y tu humildad.(Hasta en lo de tu "p" minúscula)
Quizás, la suma de todo me hizo recordar a un muchacho, a quien dediqué un montón de páginas, en mi época de adolescencia, en el diario que escribía.
Posiblemente, él nunca imaginó lo importante que fue para mí. Ni yo tampoco, hasta que hace unos años, y para enviar a una amiga un regalo, busqué los párrafos en los que ella aparecía.
Utilicé el word. Y me quedé anonadada. El resultado era una preciosa historia, enmarcada en mi ciudad helada y falsamente puritana de entonces. Casi la tengo completa, pues no quiero cambiar nada del manuscrito. No sé por qué motivo me faltan unas fechas, quizás una libreta entera. ¿Cómo pudo desaparecer?.
No sabes cuánto me habría gustado que fueses tú, y poderte regalar una copia.
Veremos como supero esto de no hacer mi recorrido virtual que me llevaba cada día a Burgos.
Te deseo lo mejor en tu blog, pues lo mereces.

Saludos. Gelu

P.D.: La canción de Marie Cherrier, Je t'ai inventé, es la que me hizo ayer tomar la decisión. Parece un cuento, pero no lo es.

Antonio Aguilera dijo...

Estimado Pancho: estuve leyendo los comentarios que me preceden.....¡y no veas cómo tienes de alborotado al patio femenino!!. Besotes, mordiscos, jajaja ¡qué envidia!!. Ya sabes que soy incondicional adepto al buen humor.

En cuanto a tu "rico" comentario....pues que está muy bien elaborado. Muy concienzudo....., y ya sospechaba yo que no serías ningún lego en asuntos literarios:¡descubrí que eres docente!. Pues a mí se me metió en la cabeza que tenías que ver con el teatro (paranoyas mías).

De todas formas estoy muy agradecido de que nuestros caminos se hayan cruzado.

Le dijiste a Tucci ( soy un cotillo): "saludos del oeste pal sur".
La expresión me dejó pillao. Quizás signifique de Huelva para Cádiz?? esto son elucubraciones mías, no sé.

Creo que a tí no te mandé Espolón, en mi perfil viene mi email, o me lo dices en mi blog si te interesara, me dejas domicilio donde mandarlo.
A las damas les cobro besos, a los hombres, de momento, nada. jajaja

Buen fin de semana

Abejita de la Vega dijo...

Este capítulo se las trae ¿verdad Pancho? Pero lo has resuelto maravillosamente, como siempre.
Has dado en el clavo.¡Qué osadía la de Cervantes!¡Atreverse con la Santa Hermandad, los diferentes impuestos, la administración de Justicia!

Un abrazo

pancho dijo...

Dianna: Cervantes atacaba, pero siempre poniendo al loco por delante. Sólo los locos tenían y siguen teniendo bula para hacer lo que les dé la gana.

Merche: Cuando lleve un tiempo se te van a acabar los calificativos: exagerada. Gracias por tus geniales “genial”.

Pedro: Si acierto en algo es porque tú nos has enseñado el camino antes. Tengo blog pero estoy buscando el sitio. No sé si lo encontraré.

Penélope: Lo de la minúscula sólo es por economizar esfuerzos.

Antonio: En este caso el Oeste no está en las playas de Huelva, sino en las dehesas salmantinas. El gusto es mío por los caminos cruzados. La red posibilita estas cosas.

Abejita: Gracias por tus halagos que halagan. Qué cervantinos nos estamos volviendo.

Encantado de vuestras visitas y sabrosos comentarios. Un honor que los “hacedores” de unos blogs en los que me miro, se dignen darse una vuelta por este cuento…