martes, 13 de octubre de 2015

Novelas Ejemplares (2) El Licenciado Vidriera. Miguel de Cervantes. Embrujo traicionero.





"Las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos"

Novelas Ejemplares (2) 
El Licenciado Vidriera 
Miguel de Cervantes 

“De los hombres se hacen los obispos,” sentencia un muchacho de no más de once años que duerme su soledad a la sombra de un árbol en la ribera del Tormes. Así reafirma su clara voluntad de tomar las riendas de su vida desde tan joven ante dos caballeros que lo despiertan y lo sacan de su invisibilidad para los demás. 

El muchacho dice llamarse Tomás Rodaja. Los dos caballeros lo acogen como criado a cambio de los estudios que se suelen dar a los sirvientes en la Universidad de Salamanca. Destaca pronto por su memoria prodigiosa, también por la diligencia y fidelidad hacia ellos. “Como el buen servir del siervo mueve la voluntad del señor a tratarle bien, ” más pronto que tarde Tomás Rodaja asciende de criado a compañero en la consideración de los amos. En los ocho años que está con ellos despunta por su ingenio y memoria y es estimado por gentes de la más distinta condición. 

Cuando los amos acaban los estudios, los acompaña a Málaga que es su tierra. Movido por los deseos de volver a los libros y regresar a Salamanca, “que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado,” les pide licencia y se vuelve, pero quiere el destino que en el camino se tope con un capitán que le pone los dientes largos con la “abundancia de Milán, los festines de Lombardía, las espléndidas comidas de las hosterías” la vida libre del soldado y la libertad de Italia, omitiendo el frío de las centinelas, el espanto de las batallas y las hambres de los cercos. Tan bien hiló el relato el capitán, que convenció a Tomás de acompañarle sin demasiada insistencia, el cual pronto se aficionó a esa vida “que tan cerca está de la muerte.” Lo hizo realmente convencido de la oportunidad que suponía para su formación, “pues las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos.” Con la clara intención de hacer un paréntesis de tres o cuatro años antes de retomar los estudios. Un Erasmus de larga duración por la Italia tan bien conocida como ponderada por Cervantes de joven. 





Se dirigen a Cartagena para embarcarse rumbo a Italia. Se viste de soldado y conoce la mala vida a bordo de las galeras, “adonde lo más del tiempo maltratan las chinches, roban los forzados, enfadan los marineros, destruyen los ratones y fatigan las maretas.” También conocen las grandes borrascas y tormentas, los peligros de la mar antes de arribar, “trasnochados, mojados y con ojeras,” a la bellísima ciudad de Génova donde entonan un gaudemus. Allí dan cuenta de la rica variedad de vinos que guarda el dios Baco en su bodega. Se quedan admirados de los cabellos rubios de las genovesas y la belleza admirable de las casas engastadas en las peñas como diamantes en el oro. Tomás viaja empotrado con los tercios en lugar de privilegio. Desde Génova las tropas parten para el Piamonte. Tomás se separa y sigue camino por su cuenta hacia Florencia y Luca, lugar donde “son bien vistos y agasajados los españoles.” Continúa su periplo por las ciudades más famosas de Italia sin faltar la gran Venecia, de riqueza infinita y gobierno prudente. Bien pueden invitar a algo los italianos a Cervantes por las alabanzas que vierte sobre su tierra. 

Una vez cumplido el deseo de ver lo que había visto, decide volverse a Salamanca para acabar los estudios de leyes, sin pasar por París por estar puesta en armas. En el tiempo que pasa en la ciudad del Tormes, coincide con una dama todo manejo, rumbo y poderío (mujeres del partido) que dice haber estado en Italia y Flandes. Tomás acude a visitarla, sumándose así a la larga cola de los que quieren conocerla. Queda ella enamorada de él como una adolescente. Amor a primera vista. Pero Tomás, que no tiene tiempo más que para sus libros, se hace el duro y no repara en ella, la cual al sentirse aborrecida y sola como un nido atacado por los gatos, cansada del asedio a una roca, recurre a la ayuda del exterior. Aconsejada por una morisca, le da un membrillo toledano que contiene un hechizo capaz de forzar el libre albedrío y que por ser veneno puro la llaman veníficas. 



"Determinó volverse a España y a Salamanca a acabar sus estudios"

Se debió de pasar en la dosis de membrillo porque al instante le entraron a Tomás temblores de muerte que le tuvieron muchas horas sin volver en sí. Al recobrar el conocimiento, medio atontado todavía por la comida amatoria, relata a la justicia quién lo ha envenenado, pero para entonces ya la malhechora se “había puesto en cobro.” (me piro,  vampiro) 

Seis meses de convalecencia le dejan para el arrastre, enjuto y más seco que la mojama. Los cuidados le sanan por fuera, pero no por dentro. Su entendimiento queda preso de la más extraña locura que pueda dar un bebedizo. “Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio,” siempre temeroso de que alguien le tocara porque al tocarle lo quebrara. Muchos lo abrazaban para convencerle de que no se rompía. Su respuesta era un alarido y un desmayo de cuatro horas antes de las plegarias y rogativas renovadas para que nadie le tocara de nuevo y le hablaran de lejos por ser hombre de vidrio y no de carne, así les respondería con más entendimiento y rectitud a todas sus preguntas. Las respuestas sorprenden a los más letrados de la Universidad y a los profesores de Medicina y Filosofía. A petición suya le ponen una funda para evitar que algún vestido estrecho lo quiebre. Siempre descalzo. Para comer le habilitan una vasera de orinal al extremo de una vara para que le pongan fruta del tiempo. No come ni carne ni pescado. Solo bebe agua de la fuente y de los ríos haciendo cuenco con las manos. Camina por el centro de las calles, temeroso de que una teja le caiga encima y le manque. 



"Llegó a Salamanca donde fue bien recebido de sus amigos"

Duerme al raso en los veranos; los inviernos en el pajero de algún mesón, bien envuelto entre la paja: la mejor cama para los hombres de vidrio. Cuando truena, tiembla como un azogado, se sale a campo abierto y no regresa hasta que pasa el peligro. 

Los muchachos le hacen corro como a fenómeno de circo, con tanta más intención cuanto más los aparta con la vara. Le tiran trapos y piedras por comprobar si realmente es de vidrio. “¿Qué me queréis, muchachos, porfiados como moscas, sucios como chinches, atrevidos como pulgas? ¿Soy yo, por ventura, el monte Testacho de Roma, para que me tiréis tantos tiestos y tejas?” les reprende con resignación. Por hacerle rabiar, oírle reñir y responder con cuajo deciden dejarle en paz, escucharle en las calles y plazas.

Eres fina de cintura, 
como junco marinero, 
pero tienes una hermosura, 
 y un embrujo traicionero. 
¿Qué le has daíto a mi niño? 
que no atiende a mis razones, 
y se muere de cariño, 
llorando por los rincones
Quintero/León/Quiroga



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


martes, 6 de octubre de 2015

Novelas Ejemplares (1). Prólogo. Miguel de Cervantes. Anciano con brillo en los ojos





"Al cincuenta y cinco de los años gano por nueve más y por la mano"

Novelas ejemplares 
Prólogo 
Miguel de Cervantes 

Corre el verano de 1613, el autor mira al lector a los ojos y le dirige unas letras a modo de presentación de sus últimos relatos. Las cartas están echadas para empezar a jugar la partida del último viaje, la que siempre se pierde, te pongas como te pongas. Cervantes cuenta con sesenta y cuatro años bien vividos, tanta experiencia acumulada que se permite calificar de ejemplares a la docena de historias que manda a la estampa. Han pasado ocho años desde la publicación de la primera parte del Quijote y se dispone a escribir una pequeña introducción de la entrega, poco convencido de la conveniencia de hacerlo en vista de la polvareda levantada por el prólogo de la primera parte del Quijote. 

Dice que sólo gracias a un amigo secunda con el presente. Su ambición se vería satisfecha si el tal amigo grabara su retrato en la primera página, como es costumbre hacer en la época, acompañado de un pie de foto explicativo: su justamente afamado autorretrato. Cervantes traspasa los siglos y se hace un selfie con palo y todo para no atosigarse, buscando siempre la distancia correcta sin invadir los terrenos sagrados de la mala sombra. 




"Algunos que querrían saber qué rostro y talle tiene quien se atreve a salir con tantas invenciones a la plaza del mundo"

 En efecto, el amigo le deja vacío, compuesto y sin novia, “en blanco y en figura.” A cambio, ganamos los lectores, porque no le queda más remedio que echar mano de la pluma y escribir dejando para los restos una muestra en bronce de la inseguridad de los grandes, la célebre fragilidad cervantina que, sin embargo, es capaz de sacar del caos de las palabras sin ahormar la obra fundacional de la novela moderna. “Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros” Los dientes como obsesión, a menudo mencionados en su obra maestra. Y los veinte años de nada pero que argenta los pelos, antes dorados,  del más pintado. “El cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni pequeño.” Cervantes que huye de la extravagancia, en busca de la centralidad, ambiguo como los políticos que evitan el apartamiento de los extremos y pescan en el caladero de votos de la moderación. 

Hace camino entre la soldadesca. Muchos años de soldado forjaron su espíritu altivo. Las cordilleras de toros con el orgullo en el asta de Miguel Hernández, cojonudismo hispano, gallo de pelea que nunca rehúsa el desafío, reciedumbre de trinchera. Cinco años y medio de cautividad le amansan la bravura. Cuando sale de nuevo al camino de la vida, rumia su derrota. La mano izquierda seca, la de los naturales,  es el recuerdo que le queda de la Batalla de Lepanto:  “la más memorable y alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros." Orgulloso de haber sido militar, de defender el imperio bajo las banderas invencibles de Carlos V, el hijo de la guerra. 

Dejar que un amigo escriba el prólogo es tontería. El aventamiento de alabanzas o vituperios al ingenio del escritor, una pérdida de tiempo. Como lo han dejado colgado, le resulta forzoso valerse de su propio pico de oro para proclamar las cuatro verdades fundamentales, incluso entendidas por señas. Dirigiéndose a los amables lectores advierte que los relatos no tienen ni pies ni cabeza ni entrañas, todo lo escrito ha pasado por el filtro de la razón y del discurso cristiano por lo que no moverá a malos pensamientos ni al descuidado,  ni al cuidadoso, ni al desocupado lector. 



"Se cultivan con curiosidad los jardines"


 Nos invita a la lectura de estas Novelas Ejemplares porque no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los oratorios. Por algo “se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se allanan las cuestas y se cultivan con curiosidad los jardines.”  La velocidad de los jardines que requiere un jardinero sin prisas, como la lectura atenta. 

Añade que aplicó su ingenio a la novela, se proclama el primero en hacerlo en lengua castellana, pues las muchas que por ahí andan son traducciones de autores extranjeros. Por lo tanto,  las suyas no son plagio ni robadas; tampoco palabra etérea o inactiva. A la vista está que sus obras crecen después de publicadas en manos de los lectores y el tiempo que las aviva. 

 Antes de ir a dar con los huesos a una fosa común, el osario de una iglesia y si la vida no le deja antes de tiempo, anuncia nuevas historias dilatadas de don Quijote y Sancho, Los trabajos de Persiles y las Semanas del Jardín. Nos anima a los lectores a descubrir el misterio que tienen escondido y ruega a Dios que le dé fuerzas y paciencia “para llevar bien el mal que han de decir de mí más de cuatro sotiles y almidonados. Vale.”


Había un anciano 
con brillo en los ojos 
de ver como de nuevo 
está cambiando el tiempo
Depedro





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

jueves, 1 de octubre de 2015

La saga/fuga de J.B. (18) Gonzalo Torrente Ballester. Un crucigrama sin terminar




"Sistema de símbolos más o menos encadenados en sistemas de apariencias en la que se traduce la compleja realidad de la Conciencia Cósmica"


La saga/fuga de J.B. (18)
Gonzalo Torrente Ballester

Los estorninos se fueron como vinieron y dejaron los porqués. ¿Por qué en ese momento y por qué en Castroforte? La prensa local pide que sean los doctos los que respondan que por algo lo son.

El catedrático de historia natural del instituto da una conferencia en el casino sobre las costumbres de las lampreas y estorninos, pero divaga tanto en la exposición que se le acaba el tiempo sin dar razones de la batalla. Don Acisclo confiesa su ignorancia sobre el tema. Don Perfecto dice que lo está pensando. La respuesta viene del púlpito, de quien nadie lo esperaba, viene del Deán de la Colegiata, rival de don Acisclo que asiste indiferente y escaso de interés a la homilía sentado en un banco. Bastida asiste por casualidad. La misa le pilla dándose el paseo habitual por el claustro intentando descubrir la identidad de los personajes esculpidos en los relieves y capiteles de la girola. Cada día descubre un nuevo retrato que añadir a los de don Celso Taladriz con su sonrisa ambigua, al abogado del estado Blanco Beltrán, o al ingeniero de obras públicas don Julián González. Hoy ha descubierto la cara del alcalde, metido de patas y confundido entre la rebujina de ingredientes de una enorme caldera que Pedro Botero remege con un tridente. Incluso la cara de don Acisclo tallada para los restos, rematando el extremo de una gárgola con forma de falo gigantesco.

El Deán hilvana el sermón en torno a tres realidades observables acompañando el discurso con ostensibles manoteos, golpes y aspavientos. Primero; Castroforte está fuera de la ruta migratoria de los estorninos en sus desplazamientos norte-sur. Segundo; no existe literatura alguna de que las lampreas y estorninos hayan entrado en contienda por vivir en planos distintos, unos arriba y otros abajo. Y tercero; como ni la carne de unos sirvió de alimento para los otros, ni los ojos de las lampreas lo hicieron para las aves, concluye que Castroforte ha sufrido una alteración de la ley natural que no admite explicación racional. Ha sucedido un milagro. La conclusión arroja más dudas que certezas en don Acisclo. ¿Milagro de quién y para qué? Se pregunta incrédulo, además el Santo Cuerpo es apócrifo y no puede hacer milagros.





"Su cabeza de gallo portugués encanecido emergía de la sotana ribeteada de púrpura"

Bastida corre a contarle el sermón a Barallobre, morriñoso a consecuencia de una mala noche, una pesadilla que presagia su propia muerte “entre muñecas rotas, brazos quebrados, cajones vacíos, lanzas.” Le cuenta que como hace más de tres meses que no se suicida nadie en Castroforte, el Deán cree que la aparición de los estorninos ha sido un milagro del Santo Cuerpo para las lampreas que habían entrado en una fase de delgadez extrema y,  como consecuencia,  pérdida de sabor. Propone una procesión de acción de gracias el jueves por la tarde.

La procesión se celebra un poco más tarde de la fecha propuesta por el Deán, pero antes de que salte la noticia de la supuesta muerte de Barallobre, que no fue por los Idus de Marzo sino algo antes, con unas dos o tres semanas de antelación.

Don Perfecto Reboiras pide silencio a los que no creen en milagros, hombres de poca fe, con un “¡Callese!” sonoro, imperioso, pero más suave que aquel real “¿Por qué no te callas?” que está en la Wikipedia. A su juicio la versión del Deán es falsa en su texto, pero si nos acostumbráramos a admitir la realidad como un sistema de símbolos encajados, de experiencias admitidas por todos, en los que se traduce la Conciencia Cósmica, no nos costaría admitir la conclusión del episodio de las lampreas y estorninos como un hecho extraordinario ante una deficiencia imprevisible, por azarosa, del sistema. Añade que la batalla ya estaba profetizada desde hacía tiempo, “si hemos de entender por episodio algo no necesariamente necesario, sino azarosamente azaroso o casualmente casual.” "La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte" Frase de Groucho Marx en una película, citada hasta la extenuación.



"En el capitel de la columna de la izquierda de la Puerta del Perdón, existe una decoración de aves y peces que los arqueólogos estudiaron a causa de la perfecta estilización de los animales allí representados"


En efecto, en un capitel de la columna de la izquierda- según se mira- de la Puerta del Perdón existe una decoración de aves y peces de boca grande que zampan a las aves de pico largo que - a su vez- sacan los ojos a las lampreas.

 El Rey Artús, que estos días considera la eventualidad de una viudedad inesperada, hablar en pasado de su propia mujer, porque una muchacha difícil únicamente entregará su tesoro previo paso por el altar, quiere saber si hay más profecías. Don Perfecto menciona al hombre que porta en brazos el Cuerpo Santo en el parteluz de su capilla. Hasta ahora todo el mundo ha asumido el hecho fundacional de que es Barallobre el portador, así lo repiten los guías turísticos una  y otra vez en todos los idiomas. Falso de toda falsedad, porque el Cuerpo nunca salió de la urna. Lo que interesa es en lo que nadie se ha fijado, los siete círculos por encima de su cabeza. Considerados caprichos del cantero. “¿Qué capricho, ni que niños muertos!” Se trata de los siete planetas alineados. La profecía puede aplicarse a la ocasión que esperamos con las siguientes posibilidades:







Tu cuello es una rama para colgarse, 
tu mente un crucigrama sin terminar, 
tu ombligo anda buscando donde ocultarse, 
tu boca es un milagro de la humedad.
Joaquín Sabina




Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



jueves, 24 de septiembre de 2015

La saga/fuga de J.B. (17) Gonzalo Torrente Ballester. Renacen las plantas





"Eso mismo me pregunto desde entonces.¿Por qué?"


La saga/fuga de J.B. (17) 
Gonzalo Torrente Ballester 

Aquella mañana Jesualdo se acerca a casa de Lilaila con la sortija de compromiso: “un enorme brillante montado en platino por Cartier y comprado en la Quinta Avenida.” Clotilde les regala más solera, la cruz de Carolina Soto. La boda ha de ser por los Idus de Marzo. El lío gordo está montado: dos hombres que pretenden a la misma mujer. “Cuchillos afilados para la muerte, pistolas cargadas para el disparo nocturno.” Ruido de facas que cortan el aire en seco, las cosas del querer. Viejas rencillas, odios ancestrales heredados de caínes y abeles. Barallobres y Bendañas. 

 A don Acisclo le llegan rumores del conflicto a través de las rejillas del confesionario. Desde ese momento un renacuajo remueve las aguas del cerebro con su cola despertando imágenes dormidas. La justicia trascendente exige que el muerto sea Barallobre. El clérigo ya se ve a sí mismo transmutado, un ejemplar único “portador de la muerte e irradiando luz de victoria.” La ceguera de la dama justa puesta en evidencia. Don Acisclo, que entró en la ciudad acompañando a las tropas de Bendaña para sofocar la proclamación de la republiquita de tres al cuarto, le cuenta al Poncio que los alborotadores habían propuesto a Barallobre como presidente. La gente de orden no lo fusila, vaya usted a saber por qué. Agua pasada, cuento muerto para el Poncio, lo que importa ahora es evitar que los dos se maten. También Pura muestra su preocupación, ahora que parecía que tenía a Lilaila bien colocada con el rico americano. Una boca menos que mantener en casa. 




"Desde el momento de oírlo,  le bullía algo muy movedizo en el meollo."


Nutridas bandadas de molestos estorninos que nublan el sol se abaten sobre la población. Acobardan al loro Belcebú y obligan a don Acisclo y a la criada a cerrar ventanas después de haber echado a escobazos a la noche pausada a unos cuantos. Un estornino atolondrado golpea la cabeza de don Jacinto Barallobre, otro se choca contra la ventana y cae al suelo. A don Anibal Mario le revolotean por el sombrero. El loro Perfecto afirma no tener nada que ver con estas aves chillonas, que sólo saben piar en continuada queja permanente. El ruido a papeles arrugados del tejado no deja pegar ojo a Bastida en toda la noche. Para el Espiritista una congregación de espíritus se cierne sobre Castroforte. Toda la gente cierra puertas y ventanas, pero los pájaros se tiznan más de negro al meterse por las chimeneas. Se corre la voz de que vienen a sustituir a las lampreas en su labor de reciclaje. 

Un tabernero hace suyo el dicho de que ave que vuela a la cazuela y anuncia pajaritos fritos en la pizarra del bar. La Voz se hace eco de la plaga que les asola y calcula que si “cada ciudadano se comiera un ciento diario, quedaban estorninos para dar y tomar.” Ofrece distintas recetas para guisarlos. La abundancia de materia prima caída del cielo, sin embargo, no compensa al erario porque si bien arregla un poco el secular problema del paro al contratar operarios de escaso escrúpulo olfativo para recoger excrementos, es mayor el daño que causan las aves en los bienes públicos y privados. Incluso se ha entablado un verdadero struggle for life (lucha por la supervivencia) entre las lampreas y los estorninos.

La batalla cruenta la descubre un muchacho que viste una chaqueta de color castaña, pantalón gris, sweater beige y que lleva un lobanillo ostentoso en la oreja izquierda un día de novillos que había cambiado la escuela por un paseo junto al río con tres colegas. Matan el tiempo fumando y hablando de la más guapa de la clase; si le habían visto el chocho o las tetas un día mientras lavaba el pañuelo en las aguas cristalinas de un regato. Observan fascinados a cientos de estorninos que se lanzan en picado como camicaces nipones contra las lampreas y no vuelven a salir. Los peces los atrapan y los llevan a los palacios ocultos del cieno. Dramática “operación de arrancar ojos y sumergir aves a que los dos bandos con frenesí se entregaban.” 

La batalla aeronaval, los hechos insignificantes que conforman el día a día y la historia de los pueblos, termina a la mañana siguiente cuando los estorninos toman las de Villadiego, hasta luego Lucas,  siguiendo su camino más al sur. Se hace el silencio. 



Hoy todo ha pasado. 
 Renacen las plantas. 
 Un himno a la vida 
 los arados cantan.
Le Pera/Gardel





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


martes, 15 de septiembre de 2015

La saga/fuga de J.B. (16) Gonzalo Torrente Ballester. Lejano amor.





"Pero, claro, para que lo admirasen tendría que haberse dejado matar en el treinta y seis, y, de haberlo hecho así, no estaría ahora Bendaña escuchando la música, ni nosotros metidos en la niebla"


La saga/fuga de J.B. (16)
Gonzalo Torrente Ballester

La junta de la Real Sociedad Santa Lilaila de Músicos y Poetas acuerda que la rondalla dé una serenata de bienvenida al “descolado mueble viejo” que regresa. A pesar de la niebla entonan Volver, el tango de la nostalgia por el primer amor que nunca se olvida:
Volver con la frente marchita
Las nieves del tiempo
Platearon mi sien
Un tropel de gente sigue a la rondalla por las calles del pueblo, paran a la puerta del pazo de Bendaña cuyo titular escucha la interpretación en su honor acodado en el barandal. Melancolía ante el desguace de las jubilaciones.

Bohor rompe el silencio con su vozarrón de macho joven. ¡Bienvenido! –Grita- y la gente lo premia con una salva cerrada de aplausos. Bastida piensa que esta apoteosis del enemigo va a sentar mal a Barallobre. Claro que eso le pasa por salvarse de la quema, no dejarse matar en el treinta y seis.

Cuando Bendaña conmovido toma la palabra para lanzar el consabido “Me falta la voz para daros las gracias, ” en lugar de inventar otro “Como decíamos ayer”, oleadas olvidadas de deseo que reaparecen como enjambres de avispas furiosas arañan las entrañas de Julia. Las ventanas de la plazuela y de la plaza de los Marinos Efesios se abren de par en par, las siluetas difusas de las mujeres abrigadas flotan en la niebla como maniquíes inmóviles revestidos para la temporada de invierno. Mientras tanto los acordes de la Danza Quinta ganan los espacios de la plazuela para sus armonías meridionales. A Lilaila, vestida de ingravidez y trasparencia no usada, le tiemblan las canillas más de emoción que de frío. Bastida siente por los pies los temblores trémulos de la creación. El ritmo llama a las imágenes y a las palabras trenzadas de los versos, como las piedras milenarias tramadas de arte rural e intemperie en la fábrica de una pared de carga. Bastida hace un soneto del impulso, anota el soneto de su vida en un papel arrugado que saca del bolsillo para que no se le olvide. El mismo gesto de don Antonio al escribir su último verso: “Estos días azules y este sol de la infancia.”



"Al escribir sobre aquella blandura, el lápiz rasgaba el papel"

Bastida se va a casa, oye a través de la puerta cerrada que Julia llama a su madre al llorar, pero sin vocativo, usando el nombre como materia verbal de una exclamación apenada. Como él no es su madre, pasa de largo y se mete en su habitación. Al pasar a limpio el soneto, descubre que entre los versos escritos está la clave del misterio de JB, que no su explicación. El soplo original que sacude al artista para dar vida a la materia inerte, el hálito divino que enalteció el barro en el principio del hombre, que nos extrajo de la inmovilidad permanente por imposición de manos. Bendaña ha venido porque tenía que venir por los Idus de Marzo y sanseacabó.

Barallobre y Bendaña observan entre visillos la calle repleta de mujeres amilagradas y chiquillos. El novio de Lilaila ha llegado por la noche y ella va a subir descalza a la colegiata para cumplir una promesa. 

A continuación siguen unas páginas que requieren aún más concentración a la lectura -siempre atenta en este libro - si no quieres volverte loco de aturuxa. Investigar cómo el autor se las arregla para contar tres historias a la vez. Tres momentos distintos entrecruzados en el mismo espacio. Distintos niveles de lengua y maneras de narrar. La subida de Coralina a la Colegiata en paralelo a la silenciosa ascensión a las alturas de Lilaila y el  solemne advenimiento del Cuerpo Santo Iluminado en barca en la neblina del tiempo a manos del primer Barallobre, remero galeote, quinientos años más tarde de la victoria de Emilio el Romano un día de luna crecida. Una obra de arte literaria de la descripción de personajes y mezcla de estilos, a veces solemne, a veces narración coloquial: “Por fin, depositaron en el ara blanca, intacta, la urna del Cuerpo Santo, y allí mismo cantaron un tedéum.” “Se prosterna delante de la entrada y don Apapucio (Pafnucio) le da con la puerta en las narices.” Y el Tortugo:  ¡E tantarantán, e nada nos dan! La voz que entona, el cajón que marca la diferencia en el ritmo.




"El viento marinero trae con su salitre ecos de letanías que vuelan por encima de las aguas tranquilas"

Formaciones de mendigas se aproximan a Coralina como falanges tebanas para pedirle una limosniña: “A mín, a mín, a mín.” “Viejas terrosas, viejas sanguinolentas, viejas pálidas de tez negra, gritonas, chillonas tienden la mano: A mín, a mín. Manos callosas, sarnosas, descabaladas, como garras, como sarmientos, como garfios: palmas sin dedos, muñones cárdenos o sangrientos, muñones que muestran esquirlas del cúbito y del radio.”

El ascenso de Lilaila descalza a la Colegiata destaca por su mutismo, la gente del pueblo extiende ropas en la calle para que no pise las piedras frías; Clotilde desenrolla las mejores alfombras de la casa. Ella no habla en toda la subida sino al final para el insulto: “Imbécil” y rogar la soledad dirigiéndose al Deán: “¿Quiere dejarme sola?”


Lo que daría por verte, 
de nuevo aquí, 
lejano amor, dueño y señor, 
no soy feliz. 

No hay pena como soñar 
que nos morimos de sed 
y ver el agua pasar 
y no poderla beber.
Rafael de León





Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.


martes, 8 de septiembre de 2015

La saga/fuga de J.B. (15) Gonzalo Torrente Ballester. Vagas lejanías




"Imágenes de un mundo en que no hubiera más que mujeres"


La saga/fuga de J.B. (15) 
Gonzalo Torrente Ballester 

La teoría de la creación de niños por destilación a través de alquitaras llega a oídos de don Acisclo desvariada. El misterio se congrega en el confesionario. Es la mujer de Galaor la que acude al sacramento y le confiesa que su marido, por miedo a la desaparición de las hembras, se ha lanzado a hacer uso de la suya con verdadera incontinencia que para el confesor traspasa la línea roja del cumplimento conyugal (quatuor eadem nocte; cuatro en la misma noche en romance) con variantes y exigencias que a ella se le antojan más pecaminosas de lo acostumbrado. 

En vista de que la verdad inicial se ha modificado al ir y venir de boca en boca, don Acisclo se presenta en casa del boticario, don Perfecto, al objeto de ir directo a las fuentes originales: la colección de revistas científicas francesas que guarda en el sanctasanctórum de la ciencia en Castroforte. De vuelta a casa se pone a redactar un sermón condenatorio de cualquier intento de reproducción del género humano fuera de los métodos naturales estimados por la tradición y por los doctos. Pero las ideas brillantes se resisten a brotar de la mente, seguramente porque ya le rondaban por la imaginación imágenes subterráneas que lo estorbaban. Ya veía en su intelecto un mundo exclusivo de mujeres organizadas en conventos y orquestas; “de este mundo se habrían excluido, entre otros objetos, las jeringas, las lavativas, las mangarriegas, los volcanes, las fuentes de surtidor, los grifos del agua o del vino, y todo cuanto implicase expulsión de líquidos en chorro o gota a gota.” 

Los encargados del gobierno de esas sociedades deberán tener cualidades intelectuales y morales únicas, fotocopia del propio don Acisclo, repetición y multiplicación bioquímica del mismo modelo. Era su oportunidad de perdurar, de gobernar el mundo y ser el único hombre sobre la tierra, una vez excluidos todos los varones por innecesarios. Su íntima y original utopía aflora desde los rincones más secretos y escondidos del alma. 



"Una sociedad de la que se habrían excluido los varones por innecesarios"


 Es una lástima que el clérigo renuncie al sermón porque la teoría no esté bien anclada. Los parroquianos echan de menos la posición clara del clero, alejada del modo subjuntivo carente de objetividad cuando no paran de llegar  rumores desde los Estados Unidos que ya están listas las probetas de plástico de las que saldrán las nuevas criaturas de dos en dos. 

 Lanzarote ruega a José Bastida que escriba algo sobre el asunto, pues el infundio ya ha llegado a las tabernas y mercados. El mismo Castroforte corre peligro de desaparición el día en que la patraña alcance y penetre en las clases populares. Bastida promete ponerse manos a la obra esa misma noche. Como carece de conocimientos de jerga de biólogos, le pide al boticario su colección de revistas y en un par de horas escribe un artículo, incluso con una entrada presentando al autor como uno de esos sabios investigadores españoles desparramados por el mundo que publican en las revistas científicas mejor consideradas y en espera del Premio Nóbel. Según el sabio la cosa va para largo, pasarán al menos mil años antes de conseguir un cromosoma proporcionado, al ser el actual del tamaño de un chícharo, tiene suficiente material genético para crear un mastodonte porque la verdadera dificultad no radica en hacer la síntesis sino en lograr el germen del tamaño exacto para producir género humano. Ahí radica el verdadero peligro de una producción que repueble el mundo de dinosaurios plesiosauros y gigantescos toros prehistóricos con grave perjuicio para los toreros de arte, alma cascabelera apuñalada de miedo y acostumbrados a reses chicas. 

 El Poncio queda tan satisfecho del artículo que le da veinte duros de los fondos reservados, con tan mala suerte que se quedan en el camino, entre los dedos huéspedes de algún comisionista intermediario. Desde los tiempos de Mitriades -por citar a alguien desconocido y remoto- pasa lo mismo en estas tierras del sur de Europa. Los que quieren vivir a costa de los demás, engañando, estafando. Se valora más al trepa allegado, a la  picaresca que al trabajo honrado y bien hecho para ganarse la vida. 




"Lo importante es precisamente el orden, el del cosmos, el de la sociedad, el de la música."


 La tranquilidad del Poncio no es duradera. La inquietud surge de nuevo de la niebla en una noche en que los ríos Baralla y Mendo escupen neblina que se espesa al llegar el atardecer. Un caballero de aspecto llamativo,  tocado de boina y  gabardina entra a todo correr en Castroforte por el camino de Villasanta. Va de taberna en taberna contando que ha visto un coche aparcado en el pazo de Bendaña. Bien puede tratarse de don Jesualdo el Americano. Trae la baca del taxi cargada hasta los topes de maletas extranjeras. Al pagar el servicio no tiene pesetas, los dólares entusiasman al taxista. 

 El regreso de don Jesualdo Bendaña trastoca la rutina, el caos de la armonía invertida. El orden caótico de los habitantes de Castroforte, amalgama de soldados rasos y generales, directores de rondalla y solistas de violín. Escritores de sueltos y propios. El loro Belcebú, periódicos leídos. Galios y godos. Inmigrantes y nativos. El hermano Agatocles, Robespierre. El falsificador de moneda. Burlador de la censura, el reino del lápiz rojo. Golondrinas de un solo verano.

Criollita de mi pueblo, pebeta de mi barrio, 
La golondrina un día su vuelo detendrá; 
No habrá nube en sus ojos de vagas lejanías 
Y en tus brazos amantes su nido construirá. 

Su anhelo de distancias se aquietará en tu boca 
Con la dulce fragancia de tu viejo querer... 
Criollita de mi pueblo, pebeta de mi barrio, 
Con las alas plegadas también yo he de volver.
Carlos Gardel






Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.



jueves, 3 de septiembre de 2015

La saga/fuga de J.B. (14) Gonzalo Torrente Ballester. Daños a terceros





"Le equiparaba tan exactamente a un espantapájaros que a poco viento que hiciese le venía la tentación de ponerse a menear brazos y piernas contra los inocentes e inexistentes pajarillos"

La saga/fuga de J.B. (14) 
Gonzalo Torrente Ballester 

La idea soluble de que los niños salgan de los alambiques no es nueva para José Bastida, la viene madurando desde el día en que pillaron a don Celso Taladriz en un acto indecente con un menor pagando aranceles sin daños a terceros. Cuando los primeros niños salgan por destilación, todas las especies ignoradas, incluidas en el género neutro o marica (a la busca de la centralidad en todo) se lanzarán a estudiar Biología como fieras y se harán con el control de los laboratorios. Como consecuencia del asalto desde  la acera de enfrente, empezará a mermar el nacimiento de hembras para desaparecer a la larga. ¿Para qué mujeres si ya no hacen falta para renovar la especie? La amenaza sombría de una humanidad sin mujeres planea aquella noche sobre el colectivo entristecido de los miembros de la Tabla Redonda. Las mentes desecadas por el futuro incierto del erotismo sin género femenino. 

La entrevista es crucial ya que del resultado depende la pitanza. Mejor andar con pies de plomo. José Bastida tiene la sensación de encontrarse ante una casa conocida y olvidada. Un bosque de la infancia, la puerta del primer amor. La fachada regular de piedra esconde una compleja arquitectura, concebida para alejar toda forma racional de espacio interior hasta entonces conocido. Mutismo y seriedad, representación del caos. “Espacios caprichosos que subían bajando y bajaban subiendo.” 

José Bastida viene dispuesto a aceptarlo todo, también que Clotilde sea eterna, como sostiene su hermano, Jacinto Barallobre, o los intentos “de explicarse lo inexplicable o admitir lo inadmisible.” Incluso someter sus conocimientos a examen, una continuada reválida de sus creencias, porque los mitos no son nada por sí mismos, solo significan algo si nosotros los encarnamos. Los mitos ejercen de faro y guía si el hombre los reivindica. 





A qué orden de figuras pertenece? Al mismo que el Manco de Lepanto"

 ¿A quién llamamos el nieto de las ondas? ¿Cree que el sacrificio religioso es, propiamente hablando una metáfora? ¿Ha oído hablar de los Idus de Marzo? Las respuestas a semejantes cuestiones nos dirigen a Jesualdo Bendaña, desterrado político que no lo será eternamente,  como tampoco lo fue Barallobre que sobrevivió, se salvó de la quema en el treinta y seis. Un político apestado abandona la Tabla Redonda en el 36, salva el pellejo como puede: traiciona. A cambio se libra de abrir boquetes en la tierra, no cava trincheras de defensa. Se mete en la cueva, sube a las campanas, toca a rebato y se encierra con el Cuerpo Santo cuando ya las tropas mandadas por Bendaña cruzaban el río por el vado del Baralla. Paso secreto, solo conocido por Bendaña. De nuevo un Bendaña entrando en la ciudad y un JB que les hurta el Cuerpo Santo. 

 En la biblioteca Clotilde les prepara la merienda. Bastida clasifica las viandas en “lo cocido, lo crudo y lo misterioso.” Aprovecha para exponer otra de sus ideas solubles, un temor sólido sobre el tiempo que no convence a Barallobre, tal vez porque la exposición de Bastida carece de profundidad, con trabazón únicamente poética, desatendiendo la lógica, Más pendiente de crear una metonimia que de armar un silogismo. 

 No hay tira y afloja en cuanto al sueldo porque aquella tarde Bastida saca la barriga pobre con la merienda. Pero detrás de la tarde viene el entripado de la noche acompañado de bascas y sudores fríos. Un torzón que parece algo más serio que un empacho. “Una noche incómoda en que la mente de Bastida se sentía tan sumisa al paquete intestinal, que ni pensar podía durante los intervalos de un viaje al retrete y otro viaje; noche ominosa, de pesadillas fisiológicas e intermedios de fatiga, de la que amaneció cansado y un poco más flaco todavía, mal color, lengua gorda y pesadez de cabeza.” 



"Acabó quedándose absorto ante aquella magnificencia"

De bien poco le sirve porque el casero, enterado de que Bastida tiene trabajo fijo, aprovecha para sacarle las entretelas, cobrarle todo lo que le debe. El Espiritista, padre de Julia, no tiene compasión. Después de la negociación de las condiciones, aceptaciones y renuncias, nuevas propuestas y cálculo de excedentes concluyen en que Bastida siga en el mismo mechinal de siempre: la habitación bajo tejavana. Condiciones leoninas neoliberales, ferocidad contra el griego que no paga lo que debe. Entrega de la totalidad del sueldo hasta saldar el débito. ¿Qué es eso de la quita? Ni un gramo de corazón con el deudor. Ni siquiera para hacerse un traje para el trabajo o comprarse ropa interior que le quiten de encima el aspecto de pobre de pedir. La intervención de su hija tampoco consigue blandura, continúa firme en la exigencia de sus derechos indiscutibles sobre los sueldos futuros de Bastida. Si el deudor tiene que comprar ropa, que lo haga al fiado si es que alguien le presta con la fama de gorrón que se ha echado encima por ir todas las noches al café y seguir fumando como un trabajador honrado y buen pagador. Menos mal que el pillín de JB confiesa un jornal de quinientas pesetas menor y con ellas puede hacer frente a los plazos del sastre, pagar al contado unos zapatos nuevos y unos calcetines y no tener necesidad de lavarlos todas las noches y zurcirlos por la mañana, casi siempre húmedos, como había hecho desde tiempos remotos. 

Tanta tacañería y falta de caridad, llevan a Julia a amenazar con tomarse un veneno, dejar de respirar un rato largo o dedicarse a “vivir de su cuerpo en las casas de la vida.” Cuando llega a sus oídos la versión sobre la inminente desaparición de las mujeres, se presta a ser de las primeras en desaparecer, total las mujeres no vienen al mundo más que a sufrir.


Nones, porque no quiero 
que tus pezones me requisen las despedidas de soltero, 
ni que me pisen por segunda vez, 
con daños a terceros, señor juez. 
Mantis religiosa, pantis gaseosa, 
botas con media suela rota a fin de mes. 
Las vecinas se han sentado a ver 
cómo agoniza el del noveno B, 
entre vírgenes milagrosas.
Joaquín Sabina


Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.