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domingo, 27 de febrero de 2011

Fuego y Agua

"En esta ciudad el amor inmuniza de casi todos los peligros"
Agustí Centelles


LA CIUDAD DEL GRAN REY. OSCAR ESQUIVIAS
IV.- LA PUERTA NEGRA

En el resumen del capítulo final de la novela nos fijamos en el desarrollo del personaje Rodrigo Gorostiza, que había estado ausente en el capítulo anterior, porque la narración avanza cuando él se halla herido en el blocao. Aquí aparece recuperado. La disciplina del blocao, desdibujada. Las duras condiciones de la ciudad extraña y los diferentes intereses reducen los efectivos a siete, que son los que reviven el caos del final de Inquietud en el Paraíso dentro de la catedral, para intentar abrir la puerta que da acceso al fuego purificador que no quema y la vuelta a la realidad de la que partieron. Rodrigo prefiere intentarlo a través del agua que regenera.

En efecto, Rodrigo despierta en la enfermería del blocao. Ha estado cuatro días conmocionado por la explosión de las tortugas en su rostro, al sexto ya se encuentra con fuerzas para levantarse. Allí sólo se encuentra Albiñana que tampoco se encuentra bien. Envueltos en unos fardos, están los cadáveres de Paisán y dos más. Le habla a don Cosme Herrera como si le oyera, sigue en coma. El doctor le dice que le resta poca vida. Garrús, que no le dirige la palabra a Albiñana porque no quiere saber nada de derechistas, se ha preocupado de traerle sopa de doña Beatriz todos los días. El cabo Galaz se ha ocupado de él durante la breve convalecencia.

Desde que desaparece Paisán, se asienta la indisciplina y el blocao es una desidia.

Albiñana le pone al corriente de la situación de la expedición. Le informa de que el jefe ahora es el sargento Garachana, que sólo está interesado en regresar. Sale todos los días al exterior a intentar recabar información, ahora que saben cómo orientarse. Desde que Paisán murió el blocao es una desidia y abandono, la disciplina que él imponía desapareció. Nadie se atreve a abrir la extraña puerta del blocao por miedo a perder lo poco que tienen: la escasa seguridad de poder dormir sin sobresaltos.

Cuando Gorostiza se mira al espejo no se desagrada; esperaba más destrozo en el rostro. En cambio, le sorprendió su expresión adulta, como si los años hubieran pasado de repente. Le dieron ganas de mirarse desnudo para corroborar su madurez, no se sintió feliz.

Cuando detienen a Beatriz para que les ayude a llevar al doctor Dámaso y les proporcione la triaca que reavive a don Cosme Herrera, Rodrigo y Garrús le aseguran que ellos no tienen nada que ver con su detención. A ella le parecen Don Quijote y Sancho por su afán en defenderla.

Garachana abre la puerta que había en el blocao. Quería comprobar que no era la que buscaban que les llevaría de vuelta, porque no tenía cerradura. Propone ir a la catedral con las primeras luces. Garrús no quiere porque sabe que la vida que dejó al otro lado no era mejor que la de éste. Sospecha que le espera el fusilamiento y abandono del cadáver en cualquier cuneta. Gorostiza le da una patada a la puerta y se sumerge en el agua. Debajo hay una ciudad inundada. Agua con luz propia.

El sargento no pudo dormir aquella noche, le desasosegaba la fuga de Rodrigo y que Garrús prefiriese quedarse. Cuando al apuntar el día, se queda traspuesto. Una paloma, que seguidamente mata, le sobresalta. Viene de Burgos y trae un mensaje anillado desautorizando la misión del Purgatorio. Venía firmado por Francisco Franco.

Los siete que quedaban en el blocao estaban pensativos. Ventura les dice que a quien necesitan es al enamorado Rodrigo. El amor crea vínculos más fuertes que la muerte. En los poetas está la verdad de dios, eso lo han repetido todos ellos. Les asegura que Gorostiza
estará vivo porque el amor inmuniza en esta ciudad de odio. Se retira al hospital de agonizantes después de pedir permiso. Les conviene permitírselo pues la mano izquierda pertenece al Gran Rey que se aproxima con sus tropas para arrasarlo todo.


Los cañones del Gran Rey disparaban sobre la ciudad. Las gentes escapaban. Los supervivientes expedicionarios se dirigen a la iglesia de San Gil a preguntar por Rodrigo. El higúmeno no sabe nada, pero les indica que si se fue buceando, estará muerto. Como los polillas tienen que evacuar la ciudad, les dejan el robot Capablanca, que hace de todo menos jugar al ajedrez.

El tiempo no tiene clemencia con los que se quedan. Para no envejecer, hay que largarse un tiempo. Arraigar significa morir lentamente.

And who by fire?
Who by water?
Who in the sunshine?
Who in the night time?
Who by high ordeal?
Who by common trial?
Who in your merry merry month of May?
Who by very slow decay?
And who shall I say is calling?
(Who shall I say is calling?)
Leonard Cohen

domingo, 20 de febrero de 2011

Hijos de Caín

"El joven (no llegaria a los veinte años) temblaba. Estaba a punto de llorar."
Francisco de Goya

LA CIUDAD DEL GRAN REY. OSCAR ESQUIVIAS
III.- LA SEGUNDA SALIDA

El Comandante decide salir del blocao para tratar de averiguar todo lo que pueda de la ciudad. Sospecha que si descubre el misterio de las “Plantas mudables”, también será capaz de trazar un plano de la ciudad cambiante que le indique dónde se encuentran. Le acompañarán Albiñana, Garrús y tres soldados elegidos. El sargento se quedará al mando del blocao.

Necesita hacer una requisa de todo el dinero y objetos de valor que tengan los presentes. Ejecuta en el acto a un soldado que descubre que se ha quedado con cuatro pesetas en los calcetines para que sirva de ejemplo. El único que entrega todo es el perseguido Garrús. Los soldados prefieren tirar el dinero a la calle. Les obliga a ello el miedo a ser pillados.

Al busto de Cervantes había que darle de comer. Al no tener la cabeza erguida, se chocaba con los troncos de los árboles y se quedaba inconsciente en mitad de los jardines.

Paisán sintió la soledad del mando aquella noche; estuvo tentado de matarse o escapar. Se masturbó varias veces sin eyacular.

El felpudo del director de la fábrica de fósforos es peligroso. Varios han muerto abrasados por frotar con energía.

Las ventoleras de cierzo habían volado los billetes que los soldados habían arrojado desde las ventanas del ático. Le rezan un responso al soldado ejecutado, sólo Albiñana lo sigue.

En tiempos de guerra los niños no tienen escuela, juegan los juegos de los mayores.
Agustí Centelles

No hay dicha más perfecta que la del niño bañándose y chapoteando en un barreño de agua.

Los expedicionarios entran en la tienda de antigüedades Dundurri. Quieren comprar alfombras mudables de la ciudad actual. El propietario les informa que la técnica se perdió en el S. XVI, considera imposible que pueda existir lo que piden. En cambio tiene un amplio surtido de antigüedades como la armadura que Carlos V usó en la batalla de Mühlberg o la paleta de Velazquez que aparece en Las Meninas. No tiene lo que buscan. Los expedicionarios se sienten fascinados por el mecanismo que esconde el envés de las alfombras. Imaginación del autor haciendo horas extras.

El padre Talí es un sacrílego que se dedica al estraperlo. Vende hostias consagradas. Filareto le explica las reglas de la orden de los polillas. Juegan al ajedrez simulando batallas de la historia. Dos polillas, de nombre no recordable, juegan hoy la batalla de Cavite, en la que sacrifican “vidas a lo tonto”. No se puede jugar por jugar, el demonio acecha y la tentación sólo se puede derrotar con una disciplina estricta. Si no se representa una batalla auténtica, automáticamente se juega la batalla de los ángeles contra los demonios. Entonces existe el riesgo de que ganen las negras. En ese caso las parturientas padecen más dolor del normal al parir. Las manzanas se pudren en los árboles, los pájaros cantan las obras del Maestro Guerrero y mil signos funestos más. A los maestros que caen en la tentación, el Higúmeno les saca los ojos y hace que se los coman. Les corta las manos y los abofetea con ellas posteriormente. Los que de ellos mueven las piezas con la boca los decapita y hace fósforo con los huesos para hacer cerillas con las que prender las velas.

Paisán, el Comandante más joven de Europa.

Dos jóvenes con abrigos pardos ejecutan a dos soldados que habían quedado a la puerta. Paisán, que estaba tomando el té que dan los vendedores de alfombras en los países árabes tratando de engatusarte, saca la pistola y dispara.

Los buzones de correos tienen boca de león. Cuando alguien echa una carta con franqueo insuficiente, se enfurecen y escupen los trocitos a la cara del infractor.

Aún a riesgo de perderse, el coma andante, Paisán, y los demás escapan. Redobla la fuerza del viento y se hace la noche. Albiñana pronostica nieve.

La biblioteca compartía edificio con la academia de dibujo. Cuando los adolescentes bajaban de las clases molestaban a los lectores. Uno que preparaba un trabajo de Garcilaso se siente más molesto por las peticiones de silencio del bibliotecario que por los ruidos y voces de la escalera. Está enamorado y se imagina en los versos del poeta.

La cocina de los pobres. Brueghel el Viejo

El dinero de la requisa no tiene validez en este lado de Burgos, por eso el tabernero de La Pampa, al querer cobrar todo lo que el grupo había comido y bebido se cobra con dos proserpinas de la boca del cabo Galaz. Descubre que el cabo tiene el ombligo intacto y caga, por lo tanto se trata de impuros extranjeros, pero hace la vista gorda y les invita a la ronda siguiente. Pronuncia las palabras de Sancho: “Abrenuncio, hijo” con un sentido distinto.

Un airón le dio la vuelta al paraguas cuyo mecanismo no entendía. Lo tira a la papelera desvencijado como si fuera un calamar con un temblor de vida.

Como el cantinero estaba contento con las muelas de excelente calidad del cabo Galaz, Paisán le hace preguntas. Por las respuestas se enteran de que los habitantes de este Burgos se orientan por la sombra, que siempre apunta en la dirección del caminante. De noche todo cambia. Les informa de que efectivamente están en Burgos. Al otro lado sólo se va después de muerto; les corta la retirada.

La taquillera niega un billete para el tren de la semana pasada a un joven muy guapo, el auténtico canalla que enamora a las incautas, porque el reglamento no lo permite.


El tabernero había muerto en la acción de Beni Salem, la misma en la que Sanjurjo resultó herido. El había muerto desangrado y con los huevos rebanados en la boca.

Beatriz también daba la sopa a las estatuas que habían escapado de los sepulcros o de algún retablo del barrio de La Alteza, en la trasera del Hospital de Ciegos, Mancos y Contrahechos. Eran la escoria de las estatuas: las más señoras de todas las p… . Quemaban los bustos de madera para calentarse. El mismo obispo, Mauricio, atizaba la lumbre con la estola. Les informa asimismo de que Sanjurjo está en la ciudad, legal, sin ombligo y con papeles. Si quieren hablar con él deben ir a Correos a preguntar por la dirección. Les aconseja que se corten la patilla por seguridad. Así se sabra que pertenecen a un dueño. Si no lo hacen, cualquiera les puede retorcer el pescuezo y arrancar los dientes. No deben salir de noche porque en la oscuridad los legales pierden el juicio y obedecen las órdenes que silba el Gran Rey.

Los miembros de la banda de San Marcial crearon Los Jenízaros, banda de música popular, compusieron melodías bailables de gran éxito:

¡Ay , qué gusti, ay, qué gusti; ay, qué gustirrinín!
Me da el pipermín.

¡Qué bien me sienta, qué bien me sienta!
El tequila con salpimienta.

Paisán y los suyos vuelven guiados por la sombra. Al cadáver del soldado asesinado por el coma andante le habían arrancado ya los dientes, alguien se les había adelantado.

El padre Talí es un sacrílego de cuidado. Trae a la curia de cabeza con sus barrabasadas dentro de la catedral. Un día que entre él y el sacristán se habían bebido todo el moscatel de la sacristía, quisieron comprobar que los muros de la catedral eran traspasables no sólo para los fantasmas. El sacristán dejo los sesos desparramados fuera del tiesto y el padre Talí los cruzó con la ayuda de la Virgen del Carmen.

Paisán llega al blocao para descubrir que el lugar ha sido arrasado y la mitad de los hombres han desertado.

"Caín rompió con un gesto
su yugo de esclavitud
huyó del ojo insaciable
llevó su propia cruz"
Barón Rojo





Este comentario pertenece al club de lectura sobre la trilogía de Oscar Esquivias, basada en la Guerra Civil, que dirige desde La Acequia, Pedro Ojeda Escudero.

domingo, 13 de febrero de 2011

Fulgor , rebeldía y caída de Rodrigo Gorostiza.




 
La fiesta de los locos


LA CIUDAD DEL GRAN REY. OSCAR ESQUIVIAS

II.- LA PRIMERA SALIDA


Esquivias abre el capítulo con una descripción de la visión de Burgos desde el blocao. Se trata de un ático en el centro de la ciudad en el que se junta el grueso de la expedición para defenderse del medio hostil. Como si el autor quisiera cerciorarse de que el espacio donde ocurren las cosas más extrañas y disparatadas que imaginarse puedan es reconocible. Los que sufren transformación son los personajes que pululan, como almas en pena, por los mismos lugares de los que proceden. Las cosas nunca parecen mejorar en el blocao. Descorazona pensar que todo cambio es a peor.

Paisán ha intentado distribuir el trabajo entre la tropa para que no cunda el desánimo, para dar la sensación de hacer algo útil con el fin de que la desidia y el abandono no les invada. Poco más podían hacer en un sitio tan reducido las veintiséis personas, quince militares y once civiles, que allí se reúnen. Paisán se encierra en el despacho y mecanografía el diario. Escribe una carta a Cabanellas. La envía por una paloma mensajera. Considera esta actividad esencial para que los soldados comprendan que no están incomunicados y mantengan la moral. La organización es militar: la aguada diaria, el abastecimiento, el racionamiento, el merodeo de los alrededores en busca de comida requiere disciplina militar para llevarla a cabo. Todos estos conceptos y vocabulario recuerdan a los relatos de la Guerra de África de Arturo Barea y otros.



La avaricia

Continuamos con la trayectoria de Rodrigo Gorostiza en este segundo capítulo. Su juventud y apariencia le proporcionan un éxito que para sí mismos quisieran muchos de los otros expedicionarios, aunque al final su rebeldía y las tortugas explosivas le jueguen una mala pasada. Asistimos también a su despertar a la sexualidad. Un correo le entrega un paquete con comida y un mensaje en el interior del higúmeno Teódulo. El maestro Ventura le dice que es un afortunado, le enseñará zarzuela que es lo que les gusta a los polillas. En el Teatro Principal tiene una actuación junto a Gunfrunila Gunfrun. Un recital en beneficio del Rombo Altruista. Acude lo mejor de la sociedad con el portaproserpinas bien repleto. Va tan embutido en unos pantalones de un par de tallas menos que va marcando “topaunlao” como los toreros. No se sabe la partitura y se muestra reacio a tocar en esas condiciones. Cuanto peor suene, más aplauden – le animan -.

La actuación constituyó un gran éxito para La Millonetis y para él. La gente se quedó dormida y les desvalijaron en el patio de butacas. Beatriz recibe un ramo de flores de calabacín que ella recibe entusiasmada. Él le dio un beso a un joven guapo que estaba en la primera fila, pero se arrepiente rápidamente.


"Los carteros tienen fama de honrados, pero también brilla en ellos la virtud de la paciencia"

Gorostiza recibe con indiferencia al maestro Ventura y el saquito de dientes ganado en la exitosa actuación. Le comenta que nunca se habían visto tantos zapatos sobre el aire en la ciudad. Rodrigo se niega a vestirse de faquir con el ombligo al aire para actuar en casa de una familia pudiente. Se desfoga golpeando un saco de paja que ha puesto en un rincón del almacén. Como sabe que a Ventura le gusta, se desnuda el torso como los boxeadores. El maestro teme que se lastime las manos y no pueda tocar.

Un suceso de ausencia prolongada de luz sume al seminarista en la desesperación. Combate el intenso frío con una montaña de mantas. Intenta matar el aburrimiento masturbándose. Sólo pide luz y un libro.


Lujuria
Cuando despierta ya hay luz. Sale a comprar libros. Había visto librerías en sus paseos por la ciudad con el carro de Beatriz. Entra en “Íncubos de Yago Pérez”. Se gana una reprimenda del librero y la expulsión a cajas destempladas del local por leer en voz alta un trozo del libro. En esta ciudad lo que se lee en voz alta se queda definitivamente escrito en los libros lo cual estropea la mercancía. Sale de la librería junto a Nadir Corbí, poeta que quiere publicar un libro escrito con esperma. Gracias a su guía llegan al almacén vacío. Rodrigo y Nadir se aparean con urgencia. Con gestos aprendidos se vaciaron uno sobre el otro. Éste se marcha sin darle ni un beso de despedida, no le convenía a ninguno de los dos.

Rodrigo sigue con su negativa a vestirse de faquir. Se escapa del almacén. Ventura corre detrás de él con el carro del piano. El no quiere ser esclavo, siente que lo están explotando. Ventura le advierte de que aquí la rebeldía no sirve más que para amanecer cosido a navajazos. Todo el mundo se esconde del peligro de las tortugas. Garrús también lo hace. El sargento Garachana y el cabo Galaz le reconocen. Rodrigo sabe que las tortugas muerden, pero no que exploten como le explotó una que le destroza el rostro. Los militares lo suben a un carretillo cuando ya unos habían empezado con la tarea de arrancarle los dientes como si fuera cadáver. Escapan de allí.

A merced del sargento y del cabo entran en una casa de baños. Le curan como pueden porque allí no hay nada útil. A la mañana siguiente tienen que salir por una ventana para no ser descubiertos. Se meten en una sociedad deportiva de gente importante. Aquí lo curan con el material bien surtido del botiquín. Ventura da con ellos y organizan las cosas para llevar a Rodrigo al blocao y que el doctor Albiñana le cure. Lo opera a dolor vivo como puede y le dice que después de todo ha tenido suerte; en dos o tres semanas estará restablecido.


"Quando for grande vou ser
quero ser um realejo
ter um pedaço de terra
fogo que salta ao braseiro
dormir no fundo da serra
quero ser um realejo"
Joao Afonso





Los grabados B/N son de Brueghel el Viejo


Este comentario pertenece al club de lectura sobre la trilogía de Oscar Esquivias, basada en la Guerra Civil, que dirige desde La Acequia, Pedro Ojeda Escudero.

domingo, 6 de febrero de 2011

Un mundo errático

Portada


LA CIUDAD DEL GRAN REY. OSCAR ESQUIVIAS
I.- LA CIUDAD DOLIENTE.

Una imagen parcial de la catedral de Burgos en B/N con los pináculos que se alzan sobre el cuerpo de la catedral, que parece sostenida por los huecos góticos, le dan un misterioso aire de levedad, como si de una escultura gigante suspendida en el aire se tratara. Ni la joya más valiosa y con mayor esmero conservada se ve libre de la huella que en ella deja el paso del tiempo y las reformas de las diferentes generaciones de conservadores del monumento. La parte rehabilitada deja al descubierto la blancura original de la piedra.

Una dedicatoria a la memoria de Virgilio Mazuela y una nueva cita en italiano del Canto I, Purgatorio, de la Divina Comedia de Dante nos introducen en el primer capítulo. Nada perdemos por buscar la traducción de los versos que es la siguiente: “¿Quién sois vosotros que del ciego río habéis huido la prisión eterna?”

Nos damos de bruces con la complejidad narrativa de este novelista. Si en “la Inquietud” era Rodrigo el encargado de alzar el telón pidiendo perdón, en ésta son unos manuscritos mecanografiados, comentados por una especie de transcriptor o paleógrafo que con gran dificultad parece haber salvado el material mecanografiado. Ello nos reafirma en lo que creemos de la influencia cervantina en este comienzo de la novela: el manuscrito escrito en árabe por Cide Hamete Benengeli, traducido por un morisco aljamiado y los distintos planos narrativos del Quijote.

Los monos roban al comerciante dormido.

Después de los sucesos de la catedral reina la desorientación entre los atrevidos que cruzaron los arcos de fuego y se aventuraron por las grutas de la Escalera Dorada. Las piernas les pesan como si tuvieran que avanzar por un barrizal, hundidos en el ciemo hasta las rodillas. Las ratas huyen de unos recién llegados, tan desmejorados que, al sonarse, les salen los mocos negros. Se encuentran en un lugar errático donde las iglesias carecen de puertas, las piedras de los edificios se caen y se vuelven a levantar solas. Las guardias largas son como castigo y los sepulcros se hinchan y explotan. Los mancos se presinan con el muñón del miembro mutilado y los orines de murciélago sirven de conjuro para evitar males mayores. Se trata de un espacio aberrante donde ni se respeta el pacto tácito de no mezclarse los vivos con los muertos.

Una mujer se come su corazon. Dos perros se disputan un hueso.

La nueva ciudad no es menos peligrosa que el Burgos del 36 que dejaron. Los personajes siguen escondidos y desconfiando de todo el mundo. Se trata de un lugar que no se rige por la lógica. El clima es impredecible. Se rige por otros modelos térmicos. La alternancia de días tórridos y de frío helador es repentina y al azar, sin la lógica aprendida de los distintos lugares. Un lugar hostil donde tienen más derechos los perros que los humanos. Éstos disputan los rebojos de pan duro a los canes. Sin embargo, hasta en los lugares más inhóspitos surgen excepciones como doña Beatriz, que da de comer a las estatuas y columnas que aguantan a la intemperie, heladas y canículas extremas. Esta novela tendría un serio problema de género si no fuera por este personaje tan bien trazado, altruista y original, como todo el relato que rebosa de imaginación.

La caridad

Rodrigo aparece en los albañales de la ciudad. Se guía por la corriente de aire frío que procede del exterior. Pierde la noción espacio temporal de los mortales, tiene que gatear en la oscuridad, pierde una bota y comienza a distinguir las manos, sólo para reparar en una visión sacrílega: las mulillas de la carroza del Corpus, muertas por desfallecimiento; la custodia por el suelo y la carroza llena de golpes. Cuando sale a la luz, vocea, obtiene el silencio de la ciudad por respuesta.

Las Lanzas de Velazquez

Rodrigo recibe de saludo pellizquitos en el pene por parte de Filareto, a quien le regala las mulillas para que le quite los dientes que hacen de dinero en este mundo. Le sale un pavo por la boca cada vez que miente. Casi se ahoga. Le lleva volando a lomos a Burgos. Aterrizan a una cierta distancia del Arco de San Esteban, no le está permitido entrar en el recinto interior de la ciudad. Cuando Filareto se aleja, Rodrigo siente miedo. A pesar de sus extravagancias, siente haberle dejado. Una muchedumbre bebía y bailaba sin control. Una gitana le pone una máscara de zorro con una corona de tres picos. Rodrigo se une al desfile de carnaval con su máscara. Unos llevaban cabezas humanas en unas picas como si fuera la Rendición de Breda y los lanceros del cuadro bailaran danzas salvajes, borrachos de la sangre de las decapitaciones. Del tren de los horrores sale y reconoce al doctor Albiñana. Éste le cuenta que lo encarcelaron en La Modelo de Madrid junto a otros tres mil. Se vuelve loco y dispara con su pistola al aire.

Los locos llevan cabezas humanas en sus picas.

Rodrigo se queda dormido en un desguace de pianos. Tiene pesadillas. Por allí aparece el maestro Ernesto Ventura que le ofrece trabajar con él a medias. Ambos van a la Iglesia de San Gil. Ventura le confiesa que él fusilaría a toda la gente sin bachillerato porque degradan la belleza del mundo. Deja solo a Rodrigo no sin antes advertirle de que allí los ángeles tienen malas pulgas. Cuando llegan todos los polillas, toca el himno para dar comienzo el campeonato de ajedrez. Antes hace manos y observa cómo las columnas se inflaman y todo se esponja como un perro al desesperezarse. Capablanca, un extraño ser robótico con aspecto de estufa con ruedas y varios brazos articulados, le ofrece de beber.

Aquel Purgatorio no se parecía nada a lo que había leído de Dante y Virgilio. Tampoco a los horrores que predicaba el obispo Castro. Mientras el enroque de las negras se celebra con petardos, Rodrigo se llena de tristeza y le entran ganas de llorar.

"So, so you think you can tell Heaven from Hell,
blue skies from pain.
Can you tell a green field from a cold steel rail?
A smile from a veil?"
Pink Floyd




Este comentario pertenece al club de lectura sobre la trilogía de Oscar Esquivias, basada en la Guerra Civil, que dirige desde La Acequia, Pedro Ojeda Escudero.

Las ilustraciones en B/N son de Brueghel El Viejo