miércoles, 28 de enero de 2015

El Quijote de Avellaneda (25) Alonso Fernández de Avellaneda. Como una regadera.





"Lleváronse consigo a don Quijote, armado de todas las piezas, y más de coraje, y con él a la reina Cenobia y a Sancho llevando un lacayo del diestro a Rocinante"

El Quijote de Avellaneda (25) 
Alonso Fernández de Avellaneda 

Capítulo XXXIV 

Sería un desperdicio que el entretenimiento con la trinidad de caminantes fuera de uso exclusivo de la nobleza adosada a ellos desde su llegada a Madrid, pronto se corre la voz de la risa gratis y llega a universal pasatiempo de toda la corte. A costa del empeoramiento de la locura de don Quijote, sobre todo al ganar a su escudero para la causa de la caballería andante, armado caballero gracias a la victoria sobre el escudero negro. Desde ese momento marcando estilo, revestido de un gracioso vestido, caperuza nueva, unas calzas atacadas y de repente armado, portador de espada de manera permanente. 

Los señores deciden deshacer el trío de aventureros para ir dando cima y fin al relato; primero, apartan al hidalgo de Bárbara para seguidamente dejarlo de exponer al público. Consideran que Sancho no corre peligro de perder el juicio. Determinan a continuación que don Álvaro Tarfe se encargue del internamiento de don Quijote en la casa del Nuncio de Toledo que le pilla en el camino de regreso a Córdoba ocho días más tarde. El noble caballero andaluz se siente culpable de levantarle la cabeza al animarle a echarse a los caminos,  por dejarle la armadura nueva para las justas de Zaragoza y haber alabado su valentía. Pero antes debe rematar la aventura con Tajayunque tantas veces aplazada. Será al día siguiente en la Casa de Campo,  numerosos amigos y conocidos estarán entre los invitados

El príncipe Perianeo se ocupa de que Bárbara acepte “el recogimiento que le quería procurar en una casa de mujeres recogidas.”  El Archipámpano se compromete a darle la dote y la renta necesaria para que cubra los gastos de la estancia en ella. 

Todo listo, la hora de la verdad ha llegado. Se presenta don Quijote revestido de todas las piezas a lomos de Rocinante, más lucido después del ocio, el poco trabajo y el buen pesebre en las cuadras de la nobleza. El secretario de don Carlos habilita uno de los gigantes que se sacan en procesión el día del Sacramento, hace de Bramidán que en tono desafiante está dispuesto a cortar por lo sano. Se presenta imponente,  con una espada de palo entintada de tres varas de larga y un palmo de ancha. Forjada en la fragua de Vulcano, herrero del infierno. Su aparición asusta a Sancho que se admira de la bestia “más desaforada que en toda la bestiería se puede hallar.” El demonio Tajayunque en persona, que lleva persiguiendo a su amo desde hace más de cuatro meses desde el cabo del mundo. Un carro tirado por bueyes transporta el armamento del gigantón. Su espada es capaz de cortar al medio el yunque de un herrero y partir en dos de un revés a diez o doce personas a la vez. 



"El Archipámpano para mayor recreación hizo hacer un gracioso vestido a Sancho, con cuyas calzas atacadas que el llamaba zaragúelles de las Indias"
La historia marcará un antes y un después. Viene Bramidán a la Corte del Rey Católico a cumplir con la palabra dada. Hoy es el día de la victoria, el día de cortar y llevar la cabeza de don Quijote al reino de Chipre. De coronarse pacíficamente rey de todo el mundo, de quitar de en medio el estorbo de don Quijote de una vez por todas. De llevarse todas las damas a Chipre. Hoy comienza Bramidán y termina don Quijote. 

Las amenazas no ponen ni un asomo de temor en el indómito corazón del Caballero Desamorado. Ya no es tiempo de palabras, sino de manos. Para que no haya quejas ni reclamaciones posteriores, le pide a Sancho que le desvista por vez primera en toda la novela. El desarme definitivo significa que vamos llegando al final de la historia y del guerrero don Quijote de la Mancha. Componiendo el momento más triste del relato. Casi tanto como dolorosa fue la derrota del hidalgo en las playas de Barcino, a manos del Caballero de la Blanca Luna y la tristeza andante del regreso a morir entre los suyos. Lucharán cuerpo a cuerpo. Dejando a la vista de todos su cuerpo “consumido y arruinado que no parecía sino la muerte.” Señalados sobre el sayo negro el peto, gola y espaldar, el jubón y la camisa medio podridos del sudor: “pintiparado un rocinazo viejo de los que echan a morir al prado,” a decir de Sancho. 



"No se puede un hombre con ellos rebullir, ni abajar a coger del suelo las narices, por más que so le caigan los mocos"
El secretario se quita de encima el artefacto de gigante y aparece vestido de mujer. Se presenta como la infanta Burlerina, hija del rey de Toledo, sitiado por las tropas del rey de Córdoba. El sabio Alquife la tiene encantada, transformada en el gigante Bramidán. Ha venido a pedir a don Quijote que acuda en ayuda de su padre asediado, siendo ella misma el premio de sus trabajos. El rey de Córdoba exige la entrega inmediata de la infanta con doce doncellas más para evitar el arrasamiento, el saqueo y posterior pase a cuchillo de todas sus gentes. Don Quijote irá en persona a dar favor y socorro a su padre, solo queda concertar el cuándo y el cómo pues desafiado tiene al príncipe tirano, pero – cobardón- ha huido. 

El príncipe Perianeo se da por vencido y colabora con el plan trazado para encerrar al hidalgo, abandona su aspiración  deshonesta sobre la infanta Florisbella para que don Quijote se centre en la marcha a Toledo y así facilitar el internamiento en la Casa del Nuncio. Bárbara, en principio remisa a ello, accede a la voluntad del Archipámpano para quedarse en las Arrecogidas con la dote suficiente “con que pagar la vida lo que durase.”


Y dejar de lado la vereda de la puerta de atrás
por donde te vi marchar
como una regadera que la hierba hace que vuelva a brotar
y ahora es todo campo ya.

Sus soldados
son flores de madera
y mi ejército no tiene
bandera, es sólo un corazón
condenado
a vivir entre maleza
sembrando flores de algodón.
Extremoduro




 Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige desde hace unos cuantos años su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.

2 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Se va arreglando todo para que triunfe lo políticamente correcto. Eso sí, después de echar unas risas a costa de un loco y un tonto...

Abejita de la Vega dijo...

¡Cuántas figuras quijotescas! ¿Te imaginas la cara del vendedor si algún turista le pide una del Quijote de Avellaneda?

La guasa ya es demasiada, esto tiene que acabar de manera que satisfaga a la gente de orden. Los locos al manicomio.
Besos, Pancho