jueves, 28 de noviembre de 2013

Ella dijo: Yo sé qué es estar muerta





"Hadiós" con hache y todo para que no digas"


Episodio Nacional 26 
La Estafeta Romántica (4) 
Benito Pérez Galdós 

XVIII 

Cambiamos de frente en el relato, nos convoca la gente de La Guardia. En un sobre dirigido a Fernando, escribe don José María para agradecerle una suya anterior, bien recibida y muy deseada. Incluidas en el mismo sobre van otras dos anotaciones de sus sobrinas, Deme y Gracia. Resulta interesante comparar y comprobar el tono diferente que el autor emplea en los tres mensajes. El estilo oscila desde la variedad semántica usada por el capellán culto - una persona que domina los niveles de lengua y puede subir o bajar el tono del escrito a deseo -, al estilo desenfadado de una adolescente que suprime las haches para no liarse al escribir, pasando por la expresión comedida de la hermana mayor. Don José María utiliza un esquema clásico, expresiones formales, frases hechas propias del lenguaje solemne, un tanto anticuado, usado en correspondencia, típicas del género epistolar. Encontramos ejemplos de lo anterior en la línea de saludo de las tres cartas: “Ilustre Señor y dueño”. Diferente a “Señor don Fernando” y “Fernandito”, encabezamiento de las otras dos cartas adosadas de las sobrinas. La carta es profusa en ejemplos que sirven de modelo para mostrar respeto, o cómo expresar el agradecimiento con un lenguaje ya en desuso: “Hágame el favor de decirle que en esta carta van cumplidos sus encargos con toda la eficacia que nos permite nuestra inutilidad”. 
 “Mi hermana María agradece a usted sus finos recuerdos, y se los devuelve con sinceros votos porque conserve usted su salud, así del cuerpo como del alma, deseando que encuentre su tranquilidad en la esfera del mundo que por su nobleza le corresponde”. 
“Y si se dignara usted honrarnos asistiendo a la boda, no tendríamos palabras con que mostrarle nuestro reconocimiento”. 

Da cuenta de la movida que Demetria forma en la casa para conseguir los mejores consejos de los más expertos profesionales de la comarca dedicados al cultivo del tirabeque y a la manufactura del dulce de tomate. 




"Recomiendo que se fijen principalmente en la elección de tomates, siempre de mediano tamaño, rechazando todos los que tengan daño o picadura por pequeña que sea, pues estos, aun los de apariencia más bonita, la pegan".


Bodegón con pepinos, tomates y recipientes de distintos usos 


    Óleo sobre lienzo, 41,6 x 62,5 cm 
    1774 
    Madrid, Museo Nacional del Prado 



En una lectura somera de la carta de Demetria puede parecer que se limita a mandar instrucciones sobre el cultivo del tirabeque, el dulce de tomate y la producción del mostillo, pero ya se apuntan entre líneas sus intenciones sentimentales cuando señala: “distráigase y lleve con paciencia su mal, que este no es de los incurables, y casi estoy por decir que quizás sea de los benéficos, o que, pareciendo que matan, lo que hacen es dar a la larga mejor vida. Usted me entiende”. O cuando le recomienda hacer lo mismo que hacía su madre con el mostillo: “Su sistema era empezar de nuevo lo que una vez salía mal, sin tratar de enmendarlo. Y tenía razón, porque las equivocaciones rara vez pueden corregirse, y lo mejor es aprovecharlas como enseñanza... y a otra”. Y su entrega en la despedida: “Y usted, Sr. de Calpena, disponga de su amiga Demetria”. 

Desde la línea de saludo se advierte el tono distinto del mensaje de Gracia. Una adolescente que escribe como los ángeles, con estilo sencillo y desparpajo inusitado, mezcla de limpieza, fluidez y gracia. Frescura sin retorcimiento. Directa al grano, aparece en la epístola como un ciclón, la campana de la alegría. Le dice que la perra lo echa de menos. Ahora que falta ya no busca flores frescas para el jarrón, le pone cardos borriqueros que dan menos trabajo y duran para siempre. Le reprocha que no haya venido a casa para curarse de su mal de amores que no es tal, pues “más pronto se cura un corazón flechado que una pata erida de bala”. Este año la cosecha de cerezas ha sido abundante, ha habido para dar y regalar “incluso para los de la vista baja”. Sus gustos literarios siguen la moda romántica: “Yo quiero relaciones de galanes y damas, amores con lances muchos, y trapisondas y contratiempos, que acaban en casarse, pues cuando se matan o no les casan me entristezco tanto, que lloro como si los ubiera conocido y fuesen de mi familia. Que aya mucho interés y sorpresas, me gusta; que se pase miedo y zozobra, siempre que al fin se casen”. No como dos que ella sabe bien que se quieren pero que no se lo dicen porque les da vergüenza. Así un tonto cualquiera le puede quitar la novia. 



"No creas, mi querida Tostada, que las dimensiones de tus cartas puedan serme enfadosas". 

La carta. 1875. 
Óleo sobre tabla. 24 x 18 cm. 
Colección particular. Obra de José Villegas 


XIX 

Valvanera responde a las cuatro cartas seguidas que Pilar le escribe como un repentino turbión creador de literatura o como un “sacudimiento extraño” epistolar que se le viene encima en el mes de abril. Revela que lejos de sentirse abrumada por su estado de gracia y fertilidad literaria al estilo de El Tostado, le declara la admiración que le profesa. Su sinceridad asusta, le señala: “En tus cartas estás como eres: traviesa, sutil, amante, nerviosa, voluble”. Le informa de la línea directa que ha conseguido con las chicas de La Guardia gracias a la horticultura, al asunto de los tirabeques. En relación al secreto que se traen entre manos no piensa que haya otro peón sobre el tablero. El verdadero peligro para el plan proviene de Fernando y el honor mancillado. Se resigna a comprender que en este punto está todo perdido. Los hombres lo dejan todo por rescatar princesas o desfacer entuertos: “Un hombre, un galán, un caballero no puede desamparar en trance aflictivo a la que fue su dama, aun teniéndola por culpable. La caballería, tal como Fernando la ve, es la suprema justicia, superior a todas las justicias de nuestras leyes divinas y humanas”. Cuando le menta a Pilar, su madre, y le dice que morirá “de pena si él, por meterse en lances de poesía teatral, comprometía su existencia”, Fernando serena su ánimo un poco y le promete que solo procederá como caballero en caso de necesidad, si el drama viene en su busca. 

Como ya hemos apuntado, Valvanera confiesa la admiración que profesa a su talento innato y portentoso ingenio para la creación literaria. Fernando también la admira, admite haber leído veinte veces la carta en la que se hace pasar por Miguel de los Santos. Fernando no se creyó nada. Fue el instinto del hijo que recién nacido busca la leche de la madre de buenas a primeras lo que le llevó a descubrir la broma. 




"Lo ha leído veinte veces, celebrando tu ingenio; el legítimo orgullo se le sale por los ojos en llamaradas".

La confidente.1910. 
Óleo sobre lienzo. 150 x 150 cm. 
Colección Masaveu. Obra de José Villegas 


XX 

La presente viaja de Cintruénigo a Villarcayo, de Juana Teresa a Valvanera que se congratula de las buenas noticias sobre don Beltrán que “allí donde matan, él vive y triunfa”. Le pide cuatro onzas para compartir los gastos del abuelo en El Maestrazgo, “para que se reparta equitativamente la persona del primer noble de Aragón”. Informa de que las conversaciones entre Rodriguito y Demetria se han reanudado hace dos semanas y a su parecer presentan cariz positivo. Para ella se trata del eterno “no quiero, no quiero, échamelo en el sombrero”. “Si el “sí” de las niñas tiene mucho que estudiar, no son menos intrincados y misteriosos los “noes” de estas muchachas trabajadorcitas y que no quieren ser marquesas...” Le exige información sobre la estancia en su casa de Fernando. ¿Acaso no hay fonda en Villarcayo? Que no la tomen por tonta en lo relacionado con Pilar. Lamenta la separación con su media hermana y la invita a la posible boda. Es lista y tiene mala leche. 





"Veinte días hemos tenido a la pobre criatura entre la vida y la muerte"

Las Parcas. 1913. 
Óleo sobre lienzo. 156 x 147 cm. 
Colección particular. Obra de José Villegas 

XXI 

Fernando muestra a Pedro Hillo una alegría desbordante por la recuperación de los dos pacientes, hijos de Valvanera. La vida triunfa sobre la muerte. No solo han ganado la batalla al tabardillo, también ha sentido el espesor del calor familiar. En los días de incertidumbre ha respirado el mismo aliento que los padres: “Ellos me daban su temor, yo les daba mi esperanza”. 

Valvanera le revela el enigma de sus raíces. El desgarrón del velo que tapaba el misterio de su origen le sume en un estado cercano al idiotismo. Llora al sentir el desconsuelo que le provoca que su madre tenga que esconderse como si fuera un delito. Se dedica a la papiroflexia para entretener al enfermito. Con tanto internet ya no hay quien se dedique al noble arte de hacer pajaritas de papel. No se considera digno de “disputar al marqués de Sariñán la excelsa niña de Castro”. Solo siente admiración por ella. “Me achico cada día más, me siento enano, microscópico”. Si no hubiera sido por la madre “no habría bien como la muerte”. Envidia la paz de los que duermen en los sepulcros, protegidos de la luz por el peso de una lápida. Le advierte que no malinterprete sus lúgubres amistades con la muerte, pues ahora quiere vivir, no dar disgustos, que las personas que aman su vida la tengan, aunque le pese. Antes de despedirse le queda tiempo para pedirle que se acerque a Boix y se haga con libros en francés de Victor Hugo, Dumas y Walter Scott. También de Lope y Schiller. Se alegra del runrún que sobre el arreglo entre Demetria y Rodrigo llega a Villarcayo . Le solicita noticias desde La Guardia. 

XXII 

El marido de Valvanera descuelga la pluma para contestar a Juana Teresa, su cuñada y Marquesa de Sariñán. Disculpa a su mujer por no ser ella quien lo haga en persona por el cansancio que arrastra debido a los cuidados que la enfermedad de sus hijos requiere. El señor Juan Antonio templa gaitas en una carta breve, pero ello no le impide aclarar que Fernando proviene de buena familia, además de ilustrado afrancesado y liberal. Le sugiere que rectifique “juicios temerarios, originados quizás de vulgares hablillas”. Como ha llegado a sus oídos que Rodrigo se presenta a diputado por Tudela le desea éxito porque lo será también para todos y así “España se levantará del suelo ensangrentado en que yace, recobrando su dignidad y poderío”. 


"Si e de decirte la verdad,  me pareció gitana"

Pura, la gitana. 1906. 
Óleo sobre lienzo. 81 x 65.5 cm. 
Museo de Bellas Artes de Bilbao. Obra de Isidro Nonell


XXIII 

Sabas regresa a Villarcayo. Gracia envía una carta a escondidas para Fernando por mediación suya. En ella le pide que se declare de una vez y deje de hacer tiempo, de mirar a la higuera con la boca abierta a ver si la breva cae directa en la boca. Le urge a que deje de ponerse baboso y pesado porque la enamorada se va a aburrir de tanto esperar y lo puede perder todo. Después no le va a quedar más remedio que tomarse el veneno como Ernesto de Mellville en La Eponina. Le informa de que una señora con rasgos agitanados se presentó en casa preguntando por él para entregar una carta que no quiso dejar. Iba con otros dos hombres de malas trazas. Después supieron en la casa que la señora enfermó y la llevaron al hospital de Miranda. No firma la carta porque no le da la gana, para que él no se dé tono con ella. 


She said I know what it's like to be dead
I know what it is to be sad
And she's making me feel like I've never been born

I said who put all those things in your head
Things that make me feel that I'm mad
And you're making me feel like I've never been born
The Beatles



Este comentario pertenece al grupo de lectura colectiva que desde La Acequia coordina y dirige su autor, el profesor Pedro Ojeda Escudero.
 
 

7 comentarios:

Gelu dijo...

Buenos días, pancho:

¡Qué bien conocía Don Benito el alma femenina! ¡Me encantó la carta de Gracia y la naturalidad con la que se expresaba en su escrito la hermana pequeña de Demetria, entregado a su tío dentro del sobre bien lacrado!.
Contaré cómo me obsesionan las haches. Las veo por todas partes.
Se nota que has disfrutado con esta lectura.
Si me da tiempo prepararé una nueva entrada para la tarde.

Abrazos.

P.D.: En cuanto a las ilustraciones, he tenido tentaciones de llevarme unos tomates y preparar una buena ensalada. Qué maravilla de cuadros Luis Meléndez. ¡Qué guapo, y qué manos tan bonitas!. Leo en la biografía que enlazas ...” En contraste con su actual reputación, conoció una gran miseria.”
Por cierto, el profesor Ojeda, disfrutaría con las acerolas que se ven en varios de los bodegones. Tengo que decírselo en un comentario.

Cornelivs dijo...

Veo que sigues brillando a gran altura, querido pancho.

Encantado de estar de vuelta.

Saludos...!

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Me gusta cómo has visto la variedad de tono y temática de estas cartas que avanzan ya, decididas, hacia el meollo de la obra.

Paco Cuesta dijo...

Tenemos (nos) el firme propósito de leer, en época mejor, Los episodios para desfacer entuertos.
Gracias, un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Gracias por tus indicaciones sobre el HTLM y demás. Es como dices, el conflicto lo traen las imágenes y las letras pequeñas que solemos colocar debajo. Me ponen de mal humor, lo reconozco.

Tu análisis, extraordinario. Y las imágenes sno le van a la zaga. El trabajo es arduo porque Galdós es muy grande y tiene muchísimas capas. Olé.

Ahora tenemos que salir del diecinueve burgués y romántico para zambullirnos en esta España en crisis, donde todo se nos licúa.

Besos, Pancho.

Estrella dijo...

Qué diferencia, aquella maravilla de cartas con estos correos y sms sin alma, sin arte, sin nada. Me encantó la carta sin haches :-)

Qué buenas y acertadas ilustraciones.

Saludos

Myriam dijo...

Me gustó muchísimo como describes a Gracias, estoy muy de acuerdo contigo en tus apreciaciones.

Un abrazo