
Hay numerosas referencias de viajeros y autores sobre la cueva de Salamanca como lugar de dudosa reputación. A su resguardo se cobijaban círculos heterodoxos -judíos, alquimistas, cabalistas y masones- que atraídos a la ciudad por la fama de sus estudios, practicaban en la cueva sus respectivos ritos herméticos y convocaban sus asambleas oscuras. La entrada a este mundo subterráneo se situaba en la iglesia de San Cebrián, frente al palacio del Marqués de Villena, quien, según la leyenda, bajó a la cueva para iniciarse en los misterios de la brujería a principios de XV. El destino quiso que al final de los siete años de enseñanza a la luz de una vela incombustible, fuera él el elegido para ayudar al diablo en sus quehaceres dentro de la gruta. El marqués burló la vigilancia del diablo escondiéndose en una tinaja – según otros en una redoma- . A la mañana siguiente ascendió a la iglesia y confundido con las beatas alcanzó la ansiada libertad. Se dice que el marqués olvidó la sombra dentro de la tinaja y durante el resto de sus días vivió sin ella. De esta forma un hombre sin sombra pasó a ser para siempre sospechoso de malas artes y magia. Desde entonces la Cueva sigue hechizando a todo el que no sigue la despejada senda de los descreídos.
La luz se enfrenta a la oscuridad, el conocimiento oficial impartido en la universidad salmantina, se contrapone, por la fuerza de su virtud positiva a las sombras intranquilizantes de la transgresión de la vida subterránea, objetivada en las asignaturas que allí se ofrecían: arte mágica, astrología, judiciaria, geomancia, hidromancia, piromancia, aeromancia, quiromancia y la repugnante nigromancia.
Foto del blog, Silbando al caminar
La fama de ciudad mágica se extendió por el mundo y así en Latinoamérica se llaman salamancas a todas las cuevas dedicadas a cultos mágicos.
Washington Irving en su narración El Soldado encantado incluida en Leyendas de la Alhambra dice: “La cueva de San Cipriano, en Salamanca, es un lugar del que muchos han oído hablar, pero cuyo emplazamiento exacto nadie puede afirmar con certeza cuál era. En tiempos remotos vivió en ella un astrólogo, versado en las artes de la quiromancia y que, al decir de las gentes, tenía profundos conocimientos de todo cuanto a plantas medicinales se refería. Pero, desde hace ya siglos, está cerrada sin que a nadie le preocupe demasiado dónde se encontraba en realidad. Los viejos del país, sin embargo, afirman que la entrada a esa cueva se hallaba donde hoy se encuentra la plazoleta del seminario Carvajal, cerca de la cruz de piedra que se eleva en el mismo centro. Y esa tradición la confirma en cierto modo la siguiente leyenda. Escuchadla:”
También el escritor romantico escocés Walter Scott se hizo eco de la cueva en uno de sus poemas:
A wizard of such dreaded fame
That when, in Salamanca's cave,
Him listed his magic wand to wave,
The bells would ring in Notre Dame.
That when, in Salamanca's cave,
Him listed his magic wand to wave,
The bells would ring in Notre Dame.
From "The Ride to Melrose" by Sir Walter Scott
