jueves, 8 de julio de 2010

Resumiendo

1964-Madrid-Nacional

DON QUIJOTE DE LA MANCHA. CAPÍTULO 2.57

La estancia en el castillo que comenzara en el capítulo treinta se da por terminada veintisiete más tarde con la decisión de DQ de abandonar la vida impropia de un caballero andante, de reanudar la marcha en dirección a Zaragoza. Le remordía la conciencia de la vida regalada del castillo, habiendo tanta necesidad de la fuerza de su brazo fuera.

El capítulo es breve de extensión, pero intenso de contenido. Tiene lugar en el patio del castillo con los protagonistas y sus monturas listos para marchar. La intervención de Altisidora desenvuelta, sin pasar los límites de la discreción, le sirve a Cervantes para resaltar, a modo de resumen de la estancia, dos aspectos que no son nuevos: la honestidad de S y el atractivo que para ellas tiene DQ.

Antes, sólo un comentario de S sobre las cartas de Teresa en las que hace hincapié en la ausencia de corrupción de su gobierno. Vuelve a incidir en ello, poniendo especial cuidado en dejar clara su honestidad, como también hará luego en el asunto de las ligas.

En efecto, tan breve fue el gobierno de S que no dio lugar a que llegaran las cartas de su mujer en las que su ambición soñaba el cambio de vida de la mujer de un gobernador. S se complace al comprobar que el regalo de las bellotas de Teresa fue posterior al nombramiento de gobernador, por lo tanto no puede haber sospechas de enriquecimiento en su salida del cargo.

Bien pertrechados, previamente despedidos de los anfitriones, amo y escudero se disponen a partir. S recibe doscientos escudos de oro del mayordomo: "el triste precio de las burlas, el salario de los juglares" como lo llama Don Miguel de Unamuno.

Altisidora los detiene y les dedica un poema de lamentos, maldiciones y acusaciones de mal caballero. Despechada por la indiferencia y abandono del hidalgo le acusa de llevarse tres gorros de dormir, unas ligas y dos mil suspiros. Le desea una serie de males que entrarían a formar parte de cualquier antología de maldiciones. Destacan entre otras: Dulcinea que siga encantada. Las aventuras que sean desventuras. Las firmezas, olvidos. Los pasatiempos, sueños. Que su falsedad sea famosa en el orbe conocido. La ruina en la baraja y la más dura de todas: "Quédente los raigones si te sacasen las muelas".

El duque le desafía a combate mortal si no devuelve lo que no es suyo. D Q puede devolver los tocadores, pero no las ligas que no tiene. Sugiere que la doncella mire en sus escondrijos. Pide licencia para marchar, algo que concede la duquesa para evitar más corazones rotos de doncellas. Altisidora pide perdón pues las lleva puestas. S se muestra satisfecho por la resolución del asunto y salir indemne del conflicto: desnudo, pero con doscientos escudos en la faltriquera.

Por fin salen DQ y S del castillo, enderezando su camino a Zaragoza.

1843-Pforzheim-Finck

Este comentario pertenece al grupo de lectura del Quijote que coordina y dirige desde La Acequia el profesor D. Pedro Ojeda Escudero. En este momento estoy sin Internet en casa por obras, seguiré haciendo los resúmenes del Quijote y subiéndolos cuando pueda, pero no podré comentar en los vuestros. Cuando esto termine, esperemos que todo pueda volver a la normalidad.

9 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Ya se han ido ¡por fin! Que se te arregle pronto el internete. Echo de menos tus comentarios, querido Pancho. Muchos besotes, M.

Myriam dijo...

¡Por fin, camino a Za-ra-goooo-za!

Ojalá arregles pronto lo de tu conección a Internet-

Al igual que Merche, te echo de menos.

Un abrazo veraniego.

Asun dijo...

Pues para andar con la casa patas arriba y despachándote de los cibercafés muy apañado te veo. Has vuelto a bordar el resumen del capítulo. Yo ando más rezagada, el capítulo lo he leído, pero los asuntos domésticos (aunque la pintura se ha acabado, los cambios de decoración siguen) y los sanfermines ocupan de momento el resto de mi tiempo.

Finalmente salen de ese maldito castillo. A ver ahora que aventuras les depara el camino.

Besos

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

desde luego que son muchos capítulos...demasiados para relatar las peripecias y burlas de una alta nobleza para con los débiles, pero me imagino que Cervantes lo necesitaría para poder criticar a la época...saludos

Abejita de la Vega dijo...

A don Quijote le duele más lo de desencantar a Dulcinea que un raigón infectado. Cómo atiza la alta Isidora donde más duele. Al final, nos parece que se ha covertido en la gitana del ramito de romero.
Tiene razón Asun, muy apañao te veo para andar de cibercafé en cibercafé. En Estepona, usé un ordenador de esos de monedas: robo a mano armada. Porque lo tenía ya escrito que si no, no hay quien se inspire ...
Un abrazo, Pancho

Antonio Aguilera dijo...

PANCHO:

Nada menos que 27 capítulos han estado don Quijote y Sancho alrededor de los duques. Pero no se nos hizo largo, aunque llevamos medio año “duqueseando”, porque la cantidad de aventuras ha sido variada y divertida.
El Pepito Grillo de don Quijote hace tiempo que le da la tabarra para que abandone aquella vida ociosa que lleva en el castillo de los duques.

Las historias de los gorros y las ligas bastante ridículas, para hacer reír al lector de todos los tiempos, no me cabe la menor duda. Y además con su punto sexi, Cervantes sabía que estos detalles picantes eran deleite del pueblo.
Un abrazo, y que esas obras de reforma te sean leves al bolsillo.

Paco Cuesta dijo...

Muy a tiempo la cita de Don Miguel, sobre la que Sancho como hombre práctico, calla y otorga, al fin, es único provecho que ha sacado de tanta desventura.

pancho dijo...

Gracias por vuestras palabras escritas y visitas. Sigo sin Internet. Creo que la cosa no está para correr. Un poco más contentos después de un mes de incertidumbres en el campeonato del mundo de fútbol. Al fin consiguieron ser campeones, algo sumamente difícil, pero que a veces sale.

Un abrazo a todos y buenas siestas con la canícula de Julio y el verde alpino del tour de Francia en la pantalla.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

En efecto, breve pero intenso: lo que más sobresale es ese silencio con el que salen de una casa en donde han estado tanto tiempo. A veces un silencio es más expresivo que mil palabras.